Desde el ojo del huracán


Por Nana Rodríguez Romero

Narciso

Mi rostro reflejado en el manantial, ha sido arrebatado por ninfas de miradas húmedas.

Yazgo entre algas y guijarros. Vienes desnuda a contemplar tu belleza en el espejo.

Te miro desde el fondo del pozo, te corono de nenúfares...

¿Qué fuerzas te protegen para que no caigas a mi lado?
 
 
Elliot Erwitt

 
Perséfone

Mi niña de ojos florecidos:

Despierta del reino de los muertos, contigo vendrán los cereales y las aves, los árboles se doblarán de carnosidad, el trigo será un temblor amarillo, ven a mis brazos por una temporada y seremos dueñas del día, haremos sonreír a los desiertos, el colibrí beberá de tus pechos. Perséfone: El amor florece contigo en primavera


Medea

El amor y el crimen han acompañado los días de mi vida.

Mi hermano muerto, mi rival coronada por diademas de veneno, su traje de fuego, mis horrorosos crímenes.

¿Jasón, sabes qué sentí al degollar a mis hijos? ¿Sabes del valor de mi corazón para arrancar esas flores de mi vientre antes que verlas víctimas de manos enemigas?

No me bastará la eternidad para llorar por ellos, sus bucles dorados, sus ojos inocentes, sus gritos, la sangre tiñendo las habitaciones.

Conozco los venenos, pero ninguno tan letal como la mirada aterrada de mis hijos.


Leda

¿Quién es ese cisne

que ha cruzado los cielos

me estrecha entre sus plumas

y pone entre mis pechos

su pico rosado y su respiración?


El hacedor de lluvia


Mujeres:

Desnudaos e id por los campos y las praderas sobre la hora décima de las estrellas. Sembrad granos de azafrán alrededor de los sauces, orad con vuestros besos, que la danza estremezca vuestras entrañas hasta que broten los cabellos del día.

Mientras tanto, iré en busca del pájarolluvia, el de las plumas azules, él me conducirá al ojo de agua. Entonces el cielo derramará sus vasijas y tendremos trigo para amasar la tierra.



Ad portas

Mujeres sagradas, bajo remolinos de tiempo he sido arrastrado hacia aguas profundas, unión de caudales, estrépito de ríos. Mirad, Mirad al ojo del huracán y decidme:

Saben más vuestras manos, vuestros ojos, vuestros vientres, que el alud de las palabras vanas.

Decidme mujeres, una espiral de fuego ha marcado el portal de mi casa.

Perséfone, Diana, Afrodita, María Magdalena; abridme las puertas del día, mi corazón quiere hacer eclosión en primavera.


***

Nana Rodríguez Romero

Escritora colombiana. Ha publicado los libros de poesía: Permanencias, Hojas en mutación, Lucha con el ángel, El bosque de los espejos, El oro de Dionisios, La piel de los teclados. Libros de minificción: La casa ciega y otras ficciones, El sabor del tiempo, Efecto mariposa. Estudio literario: Elementos para una teoría del minicuento; novela corta Juanantonio. Invitada a varios encuentros de escritores y poetas en México, Uruguay, Venezuela y Colombia. Seleccionada para varias antologías nacionales e internacionales en poesía y minificción. Becaria del Ministerio de Cultura y ganadora del Premio Nacional de poesía Ciro Mendía 2008. Trabaja como docente de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.

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