Cuentitos con menos de 200 palabras

Unicornio cautivo. Tapiz (1495-1505)


Por Adriana Alarco de Zadra

100-Sueño


Soñé que cabalgaba un unicornio. Volaba con sus alas equinas desplegadas, sobre árboles de bosques tropicales donde asomaban orquídeas y helechos. Los ríos serpenteaban entre la floresta con cantarinas aguas y canoas. Remaban nativos de la zona y alzaban sus brazos saludando. Me estremecí con tanta belleza y tan emocionada estaba que resbalé y apreté el cuerno frontal de mi cabalgadura, pero empecé a caer, flotando entre el rocío del atardecer. Caí sobre un lecho de flores, que eran las de mi colchón en la cabaña amazónica donde me alojaba, y desperté en brazos de mi amante estupefacto y dolorido.

 
160-La sombra

Me desperté tarde ese domingo porque en invierno de noche, a menos que sea de luna llena, no existo para el mundo. Observé por la ventana el sol que entraba a raudales mientras preparaba el café cuando me di cuenta de que una sombra me seguía al otro lado de la mesa. Era una sombra sólida y brillaba contra la pared, por los anaqueles de colores. Extrañada y enojada por tal persecución cogí la tijera de trozar el pollo y separé la sombra que me seguía. La corté al borde y dio un salto hacia atrás. De pronto caí en cuenta de que todo era tan irreal que podía pertenecer a un sueño. Me despertaría luego, como una sonámbula, en la cocina. Continuaría mi vida deslizándome por las paredes, arrastrándome por los suelos teñida de negro, como cualquier sombra digna que se respete y todo resultaría otra vez normal en este mundo de sombras en el que vivo…


190- El Fantasma en el Espejo

Una vez encontré un espejo de marco dorado con un fantasma al fondo que me conversaba. Traía un pañuelo bordado con manchas de rouge y de vino tinto, como triste recuerdo de la última fiesta a la que asistió. Lo reconocí luego entre los retratos oscurecidos de personajes atemorizantes que se guardaban en el ático. El fondo mostraba un cielo tempestuoso y un paisaje demasiado alucinante para ser real. Los relatos de viajes y aventuras de mi amigo del espejo, llenó mi imaginación de fantasía desde muy tierna edad. Entonces no existía el televisor y yo pasaba horas delante del antiguo espejo escuchando sus historias.

Hoy, cuando veo que se botan a diario los lapiceros, los pañuelos, o se cambian los celulares, las casas y hasta las parejas cada año, me pregunto ¿adónde va todo eso? ¿Y las personas olvidadas, se esconderán en los espejos? Por las dudas, nunca dejo de atisbar los reflejos en cada uno de ellos que veo, porque quizás pueda encontrar otra vez al fantasma de mi niñez para agradecerle por las horas encantadas que pasó conmigo y decirle que yo sí lo recuerdo con cariño.
 
 


158-El Minotauro de Piedra

Lo veo entrar en el laberinto. Recorre husmeando túneles y pasadizos, grutas y cavernas. Está buscando a la divinidad encerrada entre paredes húmedas de musgo, sobre helechos y hongos que cubren las piedras. Por el sendero donde camina, asoman flores negras, venenosas. Aproximarse al lugar de terribles acontecimientos da prueba de su intrepidez y ferocidad. No lo reconozco desde aquí, puede ser algún guerrero.

Lanzo un terrible rugido para espantarlo y entonces él vislumbra mi máscara monstruosa pero no se detiene. Asomando a la entrada, Pegaso revolotea fuera de la gruta en lo alto de la colina sobre el mar. Dos serpientes envuelven mi cintura y se enroscan en mis cabellos. Pero él no es ninguno de los cazadores de monstruos. Es el mismísimo Minotauro que me observa mirándome directamente a los ojos. Nunca se dio cuenta que yo soy Gorgona y él ha quedado allí, convertido en estatua de piedra, custodiando mi secreto.

 
135-La Cita

Esperé por horas y horas, mi paciencia se acababa. No podía soportar que pasaran los minutos uno detrás de otro, sin saber de él. Me había jurado amor eterno, me ofreció todo lo que tenía; me hizo vislumbrar una vida sin penurias, colmada de pasión y de hermosura junto a él y yo lo espero aún… tic tac, tic tac…

El alma se escapa del cuerpo en torbellinos. Se va acercando el ocaso con su cielo de nubes rojas y esperanzas en el aire. La tormenta se aleja en el horizonte y luego la calma apacigua mi espíritu inquieto. ¿Pero, por qué no está conmigo?

Cuando por fin él llegó a la cita, encontró solamente una estatua de hielo que se derretía poco a poco, en medio de una fuente húmeda de lágrimas.

***

 
Adriana Alarco de Zadra

Nacida en Lima, Perú, de padres descendientes de europeos, creció hablando varios idiomas. Estudió en Perú, en Estados Unidos y en Italia. Trabajó como secretaria, traductora, profesora y directora de un Museo. Siguió a su esposo a los campamentos de trabajo en los Andes así como en otros continentes por lo que a veces se siente extranjera en su propia vida. Le han publicado libros de geografía, de teatro, de ciencia ficción, poesías y cuentos en varios idiomas. Es viuda pero sus hijas y sus nietos le llenan la vida. Cuando se le terminan las palabras, pinta. Los colores le dan alegría y serenidad. Italia, 2015.
 
 

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