Microcuentos de Álvaro Ruiz de Mendarozqueta


Christine Von Diepenbroek


Sonidos

El toc toc de los tacos en el piso de madera. El zip zip de la seda. El muac del beso. El flip flip de las fotos que me mostró.

Plaf plaf los sopapos.



Mago
Lean bien mi mano, nada por aquí, nada por allá: voy a hacer desaparecer el cuento.


Mujer en la luna
 

Raquel Armstrong se fue a trabajar como maestra primaria en la Puna.
Ese primer entusiasmo se fue entumeciendo por las soledades y las carencias. El paisaje baldío sembrado de piedras le recordaba su sentir.
A la noche, a la luz de la luna y de las estrellas conseguía su bálsamo. El que le permitía continuar.
El alivio llegaba a su expresión máxima en las noches de luna llena. Caminaba hasta la laguna cercana y se quedaba horas mirando el reflejo congelado en la superficie.
Pensaba en subir a la luna aunque sea con la escalera de Calvino.
Una noche y sin saber por qué, se metió en las aguas heladas para tirarse a flotar sobre el reflejo: y fue la mujer en la luna.


Comenzar

Él está tranquilo aun avistando la decisión de ella. Ella no vendrá porque sí. Analizará una y otra vez como quien pica en una cantera.

Él se prende con debilidad a una ilusión. La de ese enamoramiento que ocurrió hace tanto tiempo.

Todo parece inevitable. Ella vendrá a decir que no. Si hasta luce sensato. Los recuerdos aplastan la esperanza.

Llega espléndida, con color, ajustada. Ríe, y una hebra de ilusión flota.

La boca de ella cae sobre la de él y todo parece igual que entonces.


Pedido

Estaba tomando mate en la cocina cuando se me ocurrió que la pava de agua caliente podría ser una lámpara, una lámpara o vasija de los deseos. Sonriendo apoyé una mano sobre el borde tibio y pensé: quiero escribir como Borges.

Distingo manchas y sombras en movimiento como si estuviesen proyectadas en un telón blanco, como sombras sobre un vidrio esmerilado. Los libros son sombras también.

Dicto mis ideas y mis cuentos a un estudiante de literatura que las escribe en una computadora. Luego puedo escucharlas. Él me dice que los cuentos son muy buenos y acepto su piedad.

Cuando descansamos él ceba mate y de vez en cuando hago el intento de hacerlo yo; más que nada para tocar la pava de nuevo.

Aún no me atreví a pedir que los cuentos sean buenos.



Álvaro Ruiz de Mendarozqueta

Nació en Santa Fe, Argentina, en 1957. Vive en Córdoba, Argentina.

Publicó su primer cuento en la revista SuperHumor en el año 1981.

Participó de la convocatoria de la revista El Péndulo que derivó en la creación, en el año 1982, del Círculo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía del cual fue socio fundador.

Publicó relatos en las revistas SuperHumor, Sinergia, Clepsidra, Cuasar, Vórtice, Gurbo, Gestalt, Axxon y miNatura y artículos en Sinergia y en la revista Puro Cuento.

El artículo ‘Acerca de escribir, desde adentro’, publicado en la revista Sinergia #12, ganó el premio Más Allá en 1987, otorgado por el C.A.C.Y.F (Círculo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía).

También publicó relatos en el diario El Litoral de Santa Fe y en las antologías Fase Uno, Fase Dos, Grageas 2, Todo el país en un libro. Incluido en las antologías Microrrelatos navideños y Fútbol en breve de Internacional Microcuentista.

Alción Editora está preparando su libro de cuentos ‘El arte de lo efímero’.

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