Virginia G. Dorta: Variaciones en torno a la barra


Edward Hopper-Nighthawks



Quimera

Se acerca a la barra y pide un vaso de sifón.

Entre las burbujas, cree ver todo un mundo.

En una, un bosque; en otra, un barco velero; en la más grande, un trozo del Amazonas y en aquélla que acaba de brotar, un friso del altar de Pérgamo.

Cuando las burbujas se acaban, vuelve a la oficina, ya no le hará falta irse de vacaciones.



Arrebato


Se acerca a la barra, toma un par de servilletas y se frota los labios con vehemencia, acaba de pelearse con el novio y no quiere ni rastro de sus besos. Para su asombro el papel tiene trozos de lengua y algunos dientes.

Es lo que tiene la pasión, nos despedaza sin darnos cuenta.



Apariencias


Se acerca a la barra donde una anciana lee el periódico. Ella lo mira y lo identifica, a pesar de la gorra, el bigote postizo y la bufanda. La mujer se aleja y él, impávido, recoge el periódico y sigue leyendo sobre el atraco. Más allá, la anciana logra quitarse la peluca, el pañuelo anudado al cuello y las gafas oscuras. Se han reconocido, pero ninguno sabe cuál de ellos mató al cajero y se llevó el botín.



Lance



Se acerca a la barra y una tía, insinuante, lo mira. Él le enseña la lengua, retador. Un momento después, sobre el mostrador, sangra un trozo de lengua y una muesca más queda grabada en el mango del cuchillo.



Nocturno


Se acerca a la barra, temblando de emoción. Allí está ella, no ha faltado a la cita. Tacón de agujas, medias con costuras, un traje negro bien curvo, el pelo en una trenza que ya sueña en deshacer.

La noche da para mucho y la barra también. Le servirá con afán, por si el novio tampoco aparece hoy.



Bambalinas


Se acerca a la barra, la noche es gélida y el frío le camina por las venas. Se tomará un par de whiskys, se quitará el abrigo y podrá comenzar su número diario, el del borracho que entra con frío en un bar y pide una copa.




Retorno



Se acerca a la barra, en el espejo detrás de las botellas se adivina su cara macilenta. Sin mirarlo, el camarero espanta una mosca y pasa el paño, el mismo gesto que ya hacía cuando venía a tomar el café cada mañana. Hace tanto, tanto.



Otredad


Se acerca a la barra. Antes de llegar, resbala en el suelo húmedo. Se ve reflejado en los cristales del techo. Y se admira de verse así, en posición horizontal, sin haber tomado tan siquiera una copa.



Hobby


Se acerca a la barra en medio de un jolgorio casi de fin de año. Allí está él, de animada charla con los de siempre. Del bolso saca un atadijo y se lo deja sobre el vaso de whisky. El hombre la mira, ni siquiera la reconoce.

Harta de las conversaciones eternas sobre deporte, le ha dejado el bien más preciado: su colección de autógrafos de futbolistas famosos.



Simulacro


Se acerca a la barra, dispuesta a empezar el fin de semana sin beber ni una gota. Una detrás de otra van cayendo al platillo las pipas de aceitunas y las cáscaras de los cacahuetes, la piel de las gambas, los palillos de las croquetas…

Ya aplacará su sed cuando llegue a casa, donde nadie la vea.



Presagio



Se acerca a la barra. Tiene prisa, la esperan para una reunión importante. Pide un zumo y un cruasán. El zumo tiene una pequeña semilla y por el cruasán se pasea una hormiga.

Se lo toma como un mal augurio, mejor vuelve a la ginebra.



Compañerismo


Se acerca a la barra, allí están los amigos de siempre, los de las penas y las confidencias junto a la botella, durante horas y horas. Pero hoy no, hoy no les contará nada triste. Al fin lo han contratado y su primer trabajo será de seguritas en el bar de la plaza: tendrá que encargarse de los pesados que aguantan hasta la salida del sol.


Apariencia


Se acerca a la barra y el camarero lo ignora. Una y otra vez lo llama, y otra y otra. Sólo quiere un sándwich mixto y un café con leche. Lástima, hoy sí trae dinero.



***

Virginia G. Dorta, enseña, lee, escribe, camina, hace fotos, le cautiva el arte. En su bitácora cuelga los resultados de estas sus aficiones.

Algunos de sus relatos cortos han sido publicados en diferentes medios digitales y sobre papel, así como en el Proyecto Tradabordo de la Universidad de Poitiers.

Recientemente ha publicado el libro “Paisaje de infancia y viento”. 

2 comentarios:

  1. Un lujoso placer leerme aquí, casi no me lo creo, tendré que echarme un trago.
    Mi agradecimiento a quienes me han traído desde tan lejos a este paisaje de palabras.

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  2. Para lo que da la barra de un bar, Virginia. Muy buenos.

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