Microrrelatos de Pedro Sánchez Negreira

Juan Yanes

[DES]ALIENTO

Ocho meses, tres días y catorce horas han pasado desde que te marchaste sin explicarme por qué y yo aún no he podido deshacerme de tu cepillo de dientes.

LLANTO

Sentada en la mecedora a los pies de la cuna y oculta en la oscuridad taciturna de la habitación, ella se consume en un balanceo vesánico acunando en sus brazos el vacío. En sus anhelos, el niño aún llora.

ENVÉS

Le llamó la atención la mueca de desagrado de la vecina del quinto, cuando se cruzaron en las escaleras; el gesto de sorpresa del portero, al verlo salir del edificio; el miedo en los ojos de la secretaría del bufete colindante con su oficina, al encontrarse con ella en el ascensor y que Pili –la recepcionista– disimulase e hiciese como que no le había visto, negándole el saludo, cuando llegó a la empresa.
No fue hasta las once, una vez en el baño y viéndose en el espejo, que se dio cuenta de que esa mañana, después de afeitarla, se había puesto la cara del revés.

VÓRTICE

Lo primero que engulló el remolino, cuando aún era imperceptible, fue una esponja pequeña. Luego –a medida que ganaba intensidad– se llevó un pez payaso, dos defines que permanecían inmóviles y un tiburón tigre. Al tiempo que crecía y se hacía notorio, enredó en su torbellino a un buzo –con tanques de oxígeno– y a otro –sin tanques–, una pequeña lancha neumática y el velero que se suponía su nave nodriza. Finalmente hizo desaparecer a tres soldados de los U.S. NAVY S.E.A.L., a dos submarinos –uno el doble de grande que el otro–, cuatro vaqueros, dos pelícanos y al bebé que jugaba con unas tijeras de plástico y un pato amarillo de pico naranja. Con el rejilla aún en una mano y su sirena con el pelo trasquilado en la otra, la niña sonrió ante la alberca vacía.

CORVIDAE

«Sr. Corvidae, han tenido ustedes un ángel» me anunció la enfermera, disimulando un rictus de desconfianza, a las puertas del paritorio. Aún cautivos de la sorpresa inicial y el miedo propio de los principiantes, su madre y yo lo aceptamos como el niño que habíamos deseado durante tanto tiempo y lo criamos con todo el amor que fuimos capaces de sentir. A pesar de nuestra inexperiencia lo colmamos de cuidados. Protegimos aquellas dos alas negras que hacían que los demás le negaran su condición. Intentamos enmascarar sus diferencias y encubrir sus obsesiones; como esa costumbre compulsiva de acicalarse las plumas de sus alas. Le consolábamos asegurándole que, a pesar de esos reflejos azabache que decía no soportar, era tan hermoso como el más hermoso de los ángeles. Le sobreprotegimos y ese exceso de mimos fue nuestro error irremediable. Ayer, antes de huir y abandonarnos, nos quitó los ojos.

PREGUNTAS ABIERTAS

En el instante en que le doy la espalda –después de un polvo subrepticio en el cuarto de los manteles del restaurante donde celebra la comunión de su hija pequeña– con el vestido aún arrollado alrededor de su cintura y el tanga en el suelo –enganchado al tacón de su zapato de fiesta– me pregunta, en un susurro como de letras minúsculas, si la amo de verdad o lo hago sólo por joder a su marido. Su marido –conviene aclararlo– no es otro que el cabrón de mi jefe.

Me vuelvo y tomo su cara entre mis manos, mientras dejo que mi mirada se pasee por su piel percudida en un falso moreno, como de cartón antiguo.  Me acerco dos pasos hacia ella hasta notar el roce de sus pezones en mi camisa.  Al tiempo que cuelo mi muslo entre sus piernas, acerco mi boca a su oído con el único fin de que mi perfume se pegue a sus dudas. Entonces la miro a los ojos y sonriendo le respondo: «¿Tú qué crees?»



Pedro Sánchez Negreira por Pedro Sánchez Negreira

Aprendí en Montevideo, a orillas del Río de la Plata, que no sabría vivir sin leer; pero no comencé a escribir hasta que afirmé mi pluma en el fin del mundo, allí, entre nunca y quién sabe. Desde entonces he participado como autor en el libro «deantología. la logia del microrrelato», antologado por Rosana Alonso y Manu Espada y publicado por la editorial Talentura; así como en las antologías digitales «Grandes microrrelatos de 2011» y «Destellos en el cristal» (ambas publicadas por la Internacional Microcuentista) y en «LECTURES D'ESPAGNE, une anthologie vivante. AUTEURS ESPAGNOLS DU XXI SIÈCLE». En noviembre de 2013 vi publicado mi primer libro de microrrelatos, «Verde como el Hielo».



2 comentarios:

  1. Pedro no solo es un escritor brillante, al que apetece leer siempre. Me gustaría resaltar su generosidad y su gran humanidad. Yo me siento orgullosa de que un autor con su prestigio haya aceptado ser el presentador de mi modesta obra: Instantes hallados. Nuestra amistad ha surgido recientemente y estoy segura de que perdurará en el tiempo. Gracias, Pedro.

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  2. Grandes historias en pequeñas dosis. Inquietantes y sorprendentes. De gran calidad, como el dueñi de su pluma.
    Un placer volver a leerte, Pedro.

    Abrazos

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