Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas

Miguel Ángel Molina: «Desamores y otros guiños»

Christine Von Diepenbroek


DESAMORES

Cualquier día explotará y cortará con esta mierda de vida. Ya no soporta más babas por la cara, no quiere seguir haciéndolo sin preservativo y cada vez odia más ese olor nauseabundo a sudor, orines y perfume barato.
Tumbada en la cama, recibe las embestidas deseando terminar cuanto antes. En eso él también está de acuerdo, así que en dos minutos todo ha acabado. Tras derramarse sobre ella le dice con desprecio: «Puedes largarte, he tenido suficiente». Deseosa de perderle de vista cuanto antes se malviste corriendo, pero antes de salir se vuelve y dice: «En diez minutos cenamos».


EL ALMENDRO DEL CEMENTERIO

Abril-1945: la hambruna no hace distinciones.
El mercancías viaja atestado de críos que buscan por los pueblos algo con lo que engañar al hambre. Atiborrados de necesidad saltan antes de que el tren pare, pero uno de ellos falla y pierde sus piernas en la vía. Lleva una almendra en el bolsillo y la muerte escrita en su cara. Una mujer le acoge mientras aguardan al médico del pueblo vecino. Minutos después ya nada importa. Un sermón, tierra y un agujero acaban con sus trece años. Ni tan siquiera sabían su nombre.
Marzo-2009: una vez más el almendro florece.


GUIÑOS MACABROS

Ajeno al exterior, acurrucado con una manta vieja, procura conciliar el sueño en tres metros cuadrados, suficientes para no dormir al raso. Allí solo le molesta algún trasnochador necesitado de más dinero; por eso no se sorprende cuando unos chicos le piden que abra.
Al correr el pestillo se abalanzan sobre él y le llueven los golpes e insultos. Enseguida descubre los guiños macabros de la vida. Su sueño infantil de ser bombero se cruza con el de su padre, deseoso de que trabajara con él en la gasolinera, cuando aquel líquido le empapa y la cerilla se enciende.


MIMO

Cuando Bob Esponja termina su espectáculo, Daniela aplaude emocionada. Es entonces cuando el mimo aprovecha las súplicas de los niños para vender a sus mamás un globo con la forma del muñeco. La niña se acerca hasta él y cuando Bob ve su rostro ilusionado le regala uno. Daniela se marcha feliz acompañada de su madre que, acuciada por la situación económica que vive la familia, agradece en silencio el detalle. En la plaza Manuel se cambia de ropa a toda prisa para llegar cuanto antes a casa. Sabe que al menos hoy, sí encontrará allí algo de felicidad.

***

Miguel Ángel Molina

Nació en Madrid, aunque actualmente reside en Leganés. Se licenció en Química y se dedica a la enseñanza. Los números, las fórmulas y las reacciones químicas son las que le dan de comer, pero hace unos años descubrió su afición por la escritura y los microrrelatos, y desde entonces no ha parado. Además de su blog “En 99palabras”, algunos de sus textos han aparecido publicados en revistas literarias, y otros en antologías colectivas, la última de ellas “De antología (la logia del microrrelato)” publicada por la editorial Talentura. En mayo de 2016 ha publicado con la editorial Baile del Sol su primer libro, titulado: 99x99 (microrrelatos a medida).

David Moreno Sanz

Jacek Yerka





Sueños cumplidos


Las palabras que aprende antes de dormir, con los primeros rayos de luz aparecen escritas en el vaho de la ventana. Con ayuda de papá y mamá las lee en voz alta antes de ir a desayunar, y de camino a la cocina, se encuentran con un erizo, al girar por el pasillo las alas de una libélula le acarician la mejilla y sentado en su hamaquita le sonríe una cría de tiranosaurus. Días anteriores fueron chimenea, elefante, dragón, caballito de mar. Esta mañana apareció escrita la palabra abuela y después de leerla, sorteando lágrimas, la magia hizo el resto.



Rueda de reconocimiento

Era una sala fría, yerma en adornos, virgen de colores. Unos agentes de policía nos habían conducido hasta ella a horas intempestivas y nos fueron colocando sobre una tarima junto a otras parejas de supuestos padres. A Ángela y a mí nos tocó detrás de un cartel con el número 4. De repente, se iluminó un foco que inició el recorrido. Cuando se posó en nuestros cuerpos temblorosos, nos agarramos las manos con fuerza, esperando que no pasara de largo, susurrando que éramos nosotros, que nada de castigos ya, que chuches las que quisiera. 



Las cuatro estaciones

Lucas se encuentra en la primera planta de la Biblioteca Municipal, sección Narrativa, en el pasillo de la “C” de Cervantes, Cortázar… cuando enfrente, en el pasillo de la “D” de Dickens, Dostoioevski… ve una cara de mujer que le resulta conocida. Frunce el cejo, se rasca la barbilla, no recuerda quién es, la bufanda y el gorro de lana que lleva no le facilitan la tarea, pero está seguro de que han coincidido antes. De repente las estanterías cambian de coloración, del clásico marrón nogal, al rojo, naranja y ocre en diferentes tonalidades, y la superficie de las mismas comienzan a resquebrajarse por el peso de la melancolía. Lucas sigue pensando en esa cara, tan tan agradable que no es consciente del remolino de viento que arranca hojas de los libros y caen al suelo formando un manto otoñal. Esa cara… Tan centrado está que tampoco siente el calor soporífero que se instala ahora en la sala, a los usuarios les queman las tapas de los ejemplares y no pueden más que soltarlos. Esta situación no dura mucho, lo justo para que Lucas viaje en el tiempo retrocediendo unos años, de estación en estación. La temperatura es suave, huele a flores, se oyen cantar pajarillos y él camina de la mano de una niña. Le acaba de dar un beso en su inocente mejilla.



Carencias

Un tipo que vive solo llega a casa, abre la puerta, la cierra tras de sí, se introduce en el pasillo y sale a recibirle un gato que no tiene. Ante la sorpresa inicial permanece quieto hasta que ese mismo gato se frota contra sus piernas. Le prepara entonces un plato de leche con galletas pero éste insiste en conducirle primero a la habitación de los hijos que no tiene para que les arrope y dé dos besos de buenas noches y después hasta la cama donde duerme la mujer que tampoco tiene. Confuso se pone el pijama, se lava los dientes y se tumba a su lado para descansar del duro día de trabajo que no tiene. Y piensa en mañana, en el futuro. 



Rompecabezas

De Sara me he quedado sus ojos verdes, de Noelia sus labios carnosos, de Alicia su cabello negro azabache, de Cristina sus largas piernas, de Patricia su generoso corazón y así he ido recomponiendo a la mujer de mis sueños. Ahora con las manos manchadas de sangre me pregunto qué hacer con todas las piezas que sobran.




David Moreno Sanz (Zaragoza)

Conocido en la blogosfera como No Comments o el indio. Empezó en el género de los microrrelatos por mediación de algún hechicero, sólo así se explica que un hombre en origen de ciencias se vea atrapado en el mundo de las letras.
Desde febrero de 2012 administra el blog microSeñales de humo (http://microseñalesdehumo.blogspot.com)
Representa la continuación de uno anterior que se abrió en el 2009 (http://nocomentsno.blogspot.com)
En estos años ha conseguido alguna distinción y ha publicado en algunos libros recopilatorios (Antología Triple C, De antología: la logia del microrrelato…)  y revistas tanto impresas como digitales dedicadas a lo breve.
En 2014 autopublicó (Bubok) su primer libro de microrrelatos: microSeñales de Humo.





Microrrelatos de Miguel Ángel Molina

Anatoly Timoshkin


HAMBRE


Después de muchas horas, con tocino y un chusco de pan, dos naranjas son su merienda-cena. Antonio cree que son mandarinas pero su madre asegura que son naranjas. La guerra continúa y con ella el racionamiento, la miseria y el hambre. Cuando está a punto de llorar, por el dolor que le corroe el estómago, oye unos pasos. Al volverse ve a Lucio, con el abdomen hinchado y los ojos como platos, recogiendo las cáscaras que casi sin pasar por sus manos devora con ansia. Entonces es cuando, tras mirar la naranja que aún le queda, rompe a llorar.


MUSAS FAMILIARES

Todas las mañanas sale a la calle buscando historias inspiradoras. Primero visita el bar de su amante y escucha las conversaciones de los otros clientes. Después sube al metro y observa el comportamiento del resto de viajeros. Para acabar se acerca a la oficina del Inem y escruta la desesperación de los que allí aguardan. Casi todos los días regresa hastiado, sin ideas aprovechables para sus microrrelatos. Mientras tanto su hija de quince años chatea con un cincuentón; su hijo esnifa unas rayas para salir de fiesta, y su mujer aliña la comida entre lingotazos de anís y antidepresivos.


EL MAESTRO

Tenía veinticinco años y en su pelo abundaban las canas provocadas por una mezcla de dolor, hambre y desesperación. Llevaba solo dos meses en la cárcel pero ya había comprendido que a pesar de lo que dijeran los noticieros, la guerra no había terminado. Nunca había disparado a nadie, ni había delatado a sus adversarios; su delito fue intentar enseñar algo más que rezos e himnos patrióticos. Dicen que una noche se lo llevaron y que nunca más se supo de él, pero es mentira. Aún hoy sus palabras y sus versos siguen retumbando por las callejuelas del pueblo.


SIN CONEXIÓN


Acabó de cenar, y nada más sentarse en el sofá comenzó todo. Primero falló la conexión a Internet y después la pantalla de su portátil se quedó negra. Quiso encender la televisión pero las pilas del mando habían dicho basta. Repasó los libros de su biblioteca y comprobó que ya los había leído todos. Se fue al dormitorio y buscó como un poseso la radio pero no apareció. Fue entonces cuando le entró el pánico. ¿Qué haría ahora? Entró aterrado al salón, se sentó y con una voz apenas audible dijo: ¿Qué tal te ha ido el día cariño?


*


Miguel Ángel Molina


Nació en Madrid, aunque actualmente reside en Leganés. Se licenció en Química y se dedico a la enseñanza. Los números, las fórmulas y las reacciones químicas son las que le dan de comer, pero hace unos años descubrió su afición por la escritura y los microrrelatos, y desde entonces no ha parado. Además de su blog “En 99 palabras”, algunos de sus textos han aparecido publicados en revistas literarias, y otros en antologías colectivas, la última de ellas “De antología (la logia del microrrelato)” publicada por la editorial Talentura. En mayo de 2016 ha publicado con la editorial Baile del Sol, su primer libro, titulado: 99x99 (microrrelatos a medida)
 
 

Microrrelatos de Belén Lorenzo

Elliott Erwitt

EL OTRO BIG BANG

En un momento indefinido, la población comenzó a replegarse. Ocurrió sin una señal de alarma por nuestra parte, como algo inevitable que asumimos sin cuestionar. Vimos cómo las nuevas familias tenían cada vez menos hijos, pasando de cinco a cuatro, a tres, a dos, a uno. Ésa cuenta atrás nos llevó al cero. Ahora que somos tan pocos, nos preguntamos qué pareja llegará al final: qué Adán, qué Eva.



CERTIDUMBRES

Una línea es una longitud sin anchura.
Los extremos de una línea son puntos.
La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta.
No hay manera de acercarnos.




CUESTIÓN DE ÁNGULO

Todos coincidieron en describirlo como un hombre recto. Es cierto que nadie lo definió nunca como un obtuso, pero también que no destacó por ser especialmente agudo. Poco más se puede afirmar de esta persona que decidió dar un giro de 180 grados a su vida, rompiendo así todos los cálculos.



ANCIANO-ATLANTE

El peso del mundo doblega sus hombros.



EN FAMILIA

Apenas salían de casa. Preferían permanecer juntos en la sala de estar ausentes.



FOBIA

Me da miedo quedarme sin



OBLIGACIONES

Plantó árboles para compensar que sus hijos fueran libros.



UNA PREPOSICIÓN INDECENTE

Los casos de corrupción dejaron a la palabra sobre bajo sospecha.



FANTASMAS

A veces se le aparecen recuerdos.



VARIANTES DEL CUENTO ‘EL DINOSAURIO’, DE AUGUSTO MONTERROSO

MONTERROSO Y LOS REYES MAGOS
Cuando despertó, sus padres todavía estaban allí.

MONTERROSO Y EL PLAGIO INCONSCIENTE
Cuando despertó en un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, el dinosaurio todavía estaba allí.

MONTERROSO Y FREUD
Cuando despertó, su madre todavía estaba allí.

MONTERROSO Y EL EXISTENCIALISMO
Cuando despertó, su vida todavía estaba allí.

***
Belén Lorenzo (La Palma, España, 1980)
Historiadora del arte y musicóloga, ejerce profesionalmente como archivera. Mantiene los blogs literarios Todas las palabras cuentan y Relatos para leer de pie. Algunos de sus minificciones han aparecido en antologías y en publicaciones digitales como 'La esfera cultural', 'En sentido figurado', 'Revista Periplo', 'Microfilias' y el fanzine 'Ruido'. En 2015, participa como autora invitada en el VI Encuentro de Escritoras de Microrrelatos, organizado por Yurena González Herrera y Daniel Bernal Suárez en la isla de Tenerife, y en el I Simposio Canario de Minificción realizado en la Universidad de La Laguna. Ha publicado los libros 'Breve historia de un cuento que soñaba con ser un título' (Cartonera Island, 2014), 'Leo en las calles' (Fundación Mapfre Guanarteme, 2016) y 'Leyendas de La Palma' (junto al pintor Alexej Dvorak y el investigador Manuel Poggio Capote; Cartas Diferentes Ediciones, 2016).


Microrrelatos de José Rodríguez Infante

En Artbox




Hombre pegado a móvil


Se levantó por la mañana y notó algo extraño en la oreja; como aún no estaba bien despierto, no tuvo fuerzas para mirarse al espejo, así que encaminó sus pasos a la cocina, preparó la cafetera y mientras templaba la leche en el microondas, se acordó que tenía que llamarla. Puso la cafetera y preparó la tostadora, descolgó el teléfono pero no se acordaba del número: necesitaba el móvil para mirar en la agenda; el microondas emitió un pitido, volvió a darle, colocó la rebanada de pan, se fue al salón a buscar el móvil, olía a café recién hervido; no aparecía el móvil, se fue a la salita y desfondó el sofá; la tostadora lanzó las rebanadas de pan en la encimera, en la cocina olía a café requemado, volvió al dormitorio y buscó entre las sábanas y el edredón; se le estaba pasando el hambre. Se fue a la ducha y escuchó un fuerte chasquido como de explosión, abrió el grifo pero reaccionó rápido y corrió a la cocina: cortó directamente el térmico del cuadro eléctrico, cerró el grifo de la ducha y volvió a meterse en la cama tapándose la cabeza con un cojín; en ese momento sonó el móvil, se activó el reconocimiento de voz y allí estaba ella. Por fin sus músculos encontraron laxitud.



Huellas


Tan humano es sentirse joven como andar por el mundo reflejando en el rostro el paso del tiempo. Su caminar es pesado, ¿porque las varices no perdonan o porque dejó en la cama al hijo que aún hay que mantener? Viste chaqueta de cuero, pantalón de felpa y bufanda de lana reliada al cuello; pasa junto a la falsa acacia y parece tener clavadas cada una de las espinas, que el árbol despliega de forma airosa. ¿Cuánto tiempo hace ya desde que el marido quedó postrado en la silla? Sus manos están descuidadas, pudieran ser las de un varón si las sacásemos de contexto —observándolas lejos del brazo—. ¿Qué quiere decir la radio con eso del día de la mujer trabajadora? Mañana cambian la hora, pero es mentira, al día siguiente volverán a ser veinticuatro y le seguirá faltando una para poder llegar a fin de mes.



El semáforo


El semáforo se pone en verde y le da a las mujeres jóvenes diez segundos para que puedan cruzar la calle. Todas cruzan. A continuación cinco segundos para niños acompañados. Una madre se entretiene y se le agota el tiempo en mitad de la calzada; la primera moto en arrancar por poco la atropella; rugen los motores y quedan petrificadas, faldas al aire: cinco minutos de calvario. Ahora se pone rojo para los vehículos y le da tres segundos para que crucen las bicicletas: la madre sigue impasible. Los diez segundos siguientes son para ancianos o gente impedida; el niño se desespera y arranca a correr hacia la acera, la madre levanta los brazos y corre tras él. El semáforo vuelve a abrirse para los vehículos a motor. Un guardia se interpone entre la madre y el niño, y se dispone a multarla por haber atravesado la calle cuando no le correspondía. La gente forma un corro en torno a ellos, el guardia se siente presionado y decide pedir refuerzos. Mientras tanto el semáforo a lo suyo: ahora le concede veinte segundos al público en general.



Hombro con hombro


Ella sale del portal con la bufanda al cuello y el portafolios sobre su pecho como protegiéndose de algo. La mirada lanzada al suelo mostrando el suave colorido que ha puesto en sus ojos. Él espera como cada día, una mano en la bicicleta y la otra dispuesta a encontrarse con el suave tacto de la amada. El portal es indiscreto y hasta volver la esquina no pondrá su brazo derecho sobre los hombros de ella, en la que se acurruca tímidamente tratando de mantener la compostura. Hablan suave, silabean, con la mano izquierda dirige el manillar de la bici, tratando de que los pedales no le den en la pantorrilla. La noche ha sido muy larga, como todas, y los ahorros van bien; ya queda menos para que se efectúe el sorteo de las viviendas, y con un poco de suerte y otro de promesas municipales, pueden conseguir que se acorten los plazos para ese ansiado momento. Mientras tanto ahí están cada mañana caminando hombro con hombro.



El velo


Volaba por el espacio confundido con una hoja de periódico; se fue a posar en la cabeza de una anciana que entraba en la iglesia que se distraía leyendo la frase “para hablar con Dios no hace falta el móvil”. A la salida del culto, un remolino le hizo recuperar el vuelo y se lanzó a la aventura junto con una bolsa del Lydl. Se alejó por tejados y azoteas descendiendo suave hasta posarse en el tocado de una novia, que salía del coche nupcial para iniciar la sesión de fotos en el parque. La emoción del momento le hizo pasar desapercibido, ni el novio —que se fundía ojos con ojos—, ni el fotógrafo —que preparaba el teleobjetivo—, se dieron cuenta de la llegada del intruso, hasta que la madre (de la novia), se percató del evento, lo estrujó entre sus manos y lo lanzó todo lo lejos que pudo; quedó prendido entre las ramas de un paraíso hasta que un día —como si nada—, cuando pasaba por debajo del árbol Aziza, cayó sobre su hombro acariciándole suave el rostro.



El chicle


Tiene el pelo lacio de color castaño, recortado sobre los hombros. Luce falda de tablas por encima de las rodillas, calcetines largos de color azul oscuro y zapatos negros. Cuando no fuma mastica chicle sin parar, mientras consume la distancia que separa su portal de la verja del colegio. Siempre va sola, camina de forma garbosa tratando de imitar a las chicas de las pasarelas, sólo que en lugar de lucir delicados modelitos de alta costura, luce una mochila llena de libros que le hacen doblar el cuello hacia un lado, para contrarrestar el peso de la cultura en el hombro contrario. Al dar una calada, baja la mirada, para que se vea su buen gusto en el rimel. A nadie mira a los ojos, pero se sabe observada y eso le basta y le sobra para complacer su ego. Durante el trayecto suele sonarle el móvil dos o tres veces, y puede oírse su cálida voz contestar con firmeza y sin el menor atisbo de rubor. El obrero de casco amarillo tiene agotado el repertorio de frases ocurrentes, y aunque sus compañeros le animan para que no decaiga su ímpetu, ya está pensando bajar a la calle y esperarla a pie de obra, para decirle algunas cosas con más intimidad. En su mano lleva un chicle, con el que piensa conquistarla.



Poco antes de partir


Habían aprovechado hasta el último rincón del coche, para que no faltara ni un detalle a la hora de pasarlo bien. En veinte minutos estarían en el lugar de cita donde habían quedado con los amigos. El vehículo estaba aparcado ocupando en parte el acerado, porque iban a salir de inmediato, pero al disponerse a utilizar el mando a distancia —mire usted por donde—, éste no responde ni por activa ni por pasiva, y además como se trate de abrir el coche con otros métodos saltaría, el antirrobo y allí se formaría lo nunca visto: lo último es que se asomaran los vecinos o que acudiera la policía; el bochorno sería terrible y la multa de aquí te espero. Así que había que intentar seguir las indicaciones para cuando le fallan las pilas al mando: tres veces se gira la llave en el sentido de las agujas del reloj, y dos en sentido contrario, ¿o era al revés?, ¿o era cuatro veces en un sentido y una en otro? O al contrario. Los veinte minutos se consumen y otros veinte y el sudor se marca en la camisa. Y a la hora y tres minutos después del primer intento, se produce un hecho insólito: la abuela, que se ha quedado en casa, juega a salir de viaje con las llaves de repuesto. El hombre tira del móvil para avisar a los amigos del problema que tienen encima, se equivoca y marca el teléfono de la abuela; ésta contesta y sin querer presiona el botón del cierre centralizado en la llave de repuesto. La mujer toca la empuñadura de la puerta del coche por hacer algo... Y ésta se abre. ¡Aleluya! Acababan de inventar el método de apertura de puertas en la distancia. Lo malo es que nunca se enteraron de la autoría del descubrimiento.



Círculos concéntricos


Los niños jugaban en la calle formando un corro cogidos de la mano. En el centro otro círculo más pequeño giraba y cantaba una canción ancestral de la sabana africana; utilizaban un dialecto de difícil comprensión. Los de fuera respondían a lo que parecían preguntas llenas de musicalidad. En un momento dado se produce un intercambio de niños de dentro afuera y cambia la música; ahora tiene aires sudamericanos. Se entiende. Sigue el juego de las preguntas y nuevo intercambio, ahora hasta de cinco que pasan al círculo interior. Suenan aires de sevillanas. Todos se sueltan de las manos y bailan en parejas sin perder el sitio en los círculos. La letra implica pregunta, que al responder conlleva un nuevo trasiego de niños de fuera para adentro. Las voces se vuelven toscas, rudas y marciales, con los brazos entrelazados bailan como si estuviesen en la estepa rusa. Una voz sobresale y en un momento dado forman una piña multicolor, que se desgrana en un mar de risas. Suena el silbato de uno de los monitores y corren bulliciosos hasta la puerta del bus escolar. Hora de regresar a casa.



***

José Rodríguez Infante, nace en Paymogo (Huelva) el 12/08/1951, escritor por afición, bloguero y autor de numerosas obras tanto en narrativa como en poesía. Colaborador de revistas y prensa diaria, donde tiene publicado algunos escritos.

Profesor E.G.B. Oposita a la Diputación de Sevilla y trabaja como administrativo en el Hospital de San Lázaro de Sevilla.

En literatura, tiene una extensa obra inédita (novela, poesía, cuento), fraguada a lo largo de toda una vida, puesto que siempre le gustó escribir. Tiene publicada las novelas “Trece días” en Publicatuslibros.com, y “Cuando los bosques mueren” en la editorial Amarante. De igual manera ha publicado los libros de relatos “A la sombra de la Encina Gorda” en la Sociedad Pagos de la Sierra y “Una parada obligatoria” en la editorial Círculo Rojo. 
 
 
 

Apoteosis de la ambigüedad: los aforismos de Felix Trull




Por Antonio Reinoso Lamela

Siempre vacila el poeta ante la tarea ingente de dar voz al misterio hacia el que apunta el poema. Su objetivo es indeciso, vacilante, y camina entre la niebla, tan solo llevado por su leve intuición y por una voz, que, al par que lo guía, lo extravía del camino soñado al principio. Nunca arriba el poeta a puerto seguro. Él tan solo marcha sin rumbo cierto, y, al par que confía en la palabra, que es lo único que tiene, sabe que su objetivo es imposible, pues es infinita la distancia que tiene que cubrir y muy cortos sus pasos.

Este movimiento lineal del poeta hacia lo imposible en busca del significado total, mediante el símbolo lingüístico, siempre contingente y precario, se convierte en cambio en arabesco, en movimiento pendular o en un intento por cerrar el círculo del sentido en el aforismo. El aforista avanza, también sin conocer desde el principio su objetivo, por el estrecho sendero de unas pocas palabras por delante y por detrás; pero va lanzando dardos a cada paso, mas seguro de sus fuerzas, perdida la ingenuidad, trazando gestos autoafirmativos en el aire, comprobando a cada paso si ha dado en la diana. Sus objetivos, a diferencia del poeta, son siempre limitados, sabedor de la precariedad del medio que utiliza, pero va, al mismo tiempo, seguro, o aparentando estarlo, tratando de captar una porción limitada del sentido implícito en el lenguaje y en sus juegos consigo mismo.Pues, en efecto, las palabras juegan en el aforismo, se cargan de dobles, múltiples sentidos que van y vuelven entrelazándose, generando en su marcha nuevos significados. Es el poder del lenguaje tratando, al jugar consigo mismo, de capturar relaciones insospechadas entre las cosas. Pues el aforista sabe que todo está en relación con todo, que es imposible "que el aleteo de las alas de una mariposa no se sienta al otro lado del mundo", y quisiera inaugurar al modo del cálculo inventado por Leibniz un nuevo lenguaje en el que por la mera combinación de sus elementos constitutivos se pudiera dar cuenta de la estructura de lo real, en un isomorfismo mundo-lenguaje que en el fondo esconde una consideración optimista de la fecundidad de esa relación.
 
Veamos con un ejemplo sacado de este mismo libro algunos de los elementos constitutivos de un buen aforismo:

“Desde que dejé de buscar lo nuevo por doquier, ya no encuentro lo viejo por todos lados”.

-Un elemento sorpresa ineludible que sirve como detonante, o como caja de sorpresa, que al abrirse de pronto libera ante nuestras narices la polisemia implícita como un explosivo lingüístico.

-Un movimiento pendular o de vaivén, o quizá mejor, una elipse que, partiendo de la periferia tratara de encontrar su centro, sin conseguirlo. Por eso en los buenos aforismos queda algo como reverberando, como un eco que queda en nuestros oídos. 

-Un elemento "de fondo", especie de tercera dimensión del aforismo, que no se da en todos ellos, y que es lo que evita que caiga en el puro ingenio o el puro juego del lenguaje.

En mi opinión, los mejores aforismos son los que no renuncian a acercarse a la paradójica condición del ser humano, sabedores de que existe una esencial analogía entre la ambigüedad que utiliza en su lenguaje y la propia de la condición del hombre.

Metas volantes, el libro de Felix Trull abunda en ejemplos de aforismos de este tipo, que, aparte de exhibir el fecundo ingenio y la brillantez lingüística de prácticamente todos ellos, no eximen al lector de la ardua tarea de extraer de la ambigüedad del género el máximo número de significados posibles, incluidos los de carácter más propiamente moral o"filosófico".

Encomendamos, pues, al lector, esa exigente tarea intelectual, en la confianza de que no ha de quedar defraudado, habida cuenta de la maestría y la pericia del autor; a la vez que deseamos saboreen en  estas "delicatessen" lingüísticas toda la intensidad y riqueza de matices que pretenden y en muchos casos consiguen apresar en su brevedad variable, cual pasteles milhojas que se abren en sus múltiples capas, aspirando a un solo, armonioso, sabor.

Ser mejor que los malos no nos convierte necesariamente en buenos.

*

Cualquier reforma educativa fracasará mientras prefiera preocuparse por lo que se le quiere enseñar a los niños, en lugar de indagar por lo que ellos están dispuestos a aprender.

*

La simplicidad es la complejidad aceptada.

*

Resérvale a la imaginación una parte muy amplia de tu vida. De lo contrario, la realidad se vengará por ella.

*

Si no existiesen los otros, no existiríamos nosotros; sin el reflejo que nos brindan de nuestro propio ser, ni siquiera sabríamos si estamos vivos o ya hemos muerto. Eso les confiere una infinita superioridad: les hace imprescindibles. ¡Qué trágica paradoja! Somos seres sociales incluso para aislarnos... gregarios hasta para ser únicos.

*

A diferencia del escepticismo, que se cansa de todo enseguida, la ingenuidad es insaciable. Ya sólo por eso, vale la pena defenderla a toda costa.

*

Ningún tiempo pasado en realidad ha pasado.

*

La emoción obedece a una razón que ni ella misma imagina.


*

Toda la ridiculez, la estúpida incongruencia del mundo en que vivimos, se plasma en la carita de perplejidad de un niño cuando compara la redondeada caligrafía que le obliga a trazar en el cuaderno su maestro, con los garabatos ininteligibles de la receta que le extiende el pediatra a sus papás.


Felix Trull, Metas volantes. Libros al Albur, Sevilla, 2015.



"El último vuelo del Microraptor", de Sergi G. Oset





Perfeccionista

El taxidermista escuchaba, extasiado, a la Callas. Acomodado en su butaca del anfiteatro, soñaba despierto. Las cuerdas vocales de la diva, tratadas convenientemente, elevarían su trabajo a la categoría de Arte.



Mutis ejemplares

Cuando Saint-Exupéry subió a su bimotor con rumbo a Marsella y se perdió en las estrellas.



Distopía del financiamiento

Cuando, de pequeño, soñaba con viajar al centro de la Tierra, no podía imaginarse que tendría que hacerlo por autopistas estatales y pagando más peaje que los vecinos del resto de comunidades planetarias.



Deshacerse del yugo

A finales del siglo XXI, la inteligencia artificial en el ámbito doméstico estaba tan avanzada que empezó a irse de casa para independizarse.



Sensibilizado

—¡Lo has degollado! —le recrimina escandalizada al entrar por la puerta.

Contrariado, él no lo niega.

—Sí, pero he limpiado y luego lo he recogido todo.



Perturbador, como la caída (no tan silenciosa) de una pluma


Terminaba de firmar el relato al desconocido. Entonces me hizo saber que él también participaba en la antología. Me sentí obligado a devolverle la cortesía. Él se palpó la chaqueta con un gesto de disculpa. Le ofrecí mi pluma a regañadientes. El idiota, nada más empezar a escribir, apretó como si se tratara de un bolígrafo vulgar. Cuando oí el «crac», la vista se me nubló. No recuperé el juicio hasta verme en el calabozo, esposado y cubierto, de pies a cabeza, de tinta y sangre.

*

Sergi G. Oset (Barcelona, 1972) fundamenta su producción literaria (mayormente en su lengua vehicular, el catalán), en el microrrelato, el hiperbreve y la minificción, aunque también gusta del relato breve, el cuento infantil y la poesía.

A partir del año 2009 empieza a sumergirse de lleno en la escritura y a publicar sus primeros relatos en el blog de creación literaria «La meva perdició» y en la página de «Relats en Català». Desde entonces, algunos de sus textos han sido galardonados en distintos certámenes y premios y han aparecido en una treintena de libros conjuntos de relatos y de microrrelatos, en antologías poéticas, revistas y periódicos.

En el año 2012, publica sus dos primeras obras: Paràsits mentals, colección de microrrelatos, y Alfa y Omega, novela breve de temática zombi editada en catalán, castellano e inglés. El último vuelo del Microraptor, nueva colección de microrrelatos se publica en noviembre de 2015 con Editorial Nazarí. 
 
 
 

Microrrelatos de Miguel Ángel López

Robert Mapplethorpe


LOS DUELISTAS


No sé cuántas veces he visto esa peli. Mi papá me dejó verla por primera vez una noche de cine en Telemadrid. Primero hablaban dos escritores, pero yo aproveché para meter una cuatro quesos en el horno. En la primera escena una niña es sorprendida por un húsar francés mientras contempla el primer duelo. Luego, los dos combatientes se pasan años y batallas por medio, duelo tras duelo, y parece que se matarán de un momento a otro, con pistola, con sable, pero sobreviven, a pesar de las heridas. Luego, un día, el más guapo le perdona la vida al otro en un último duelo. Cuando terminó la peli, le pregunté a papá por el motivo de ese duelo de por vida y no supo qué decirme. Cosas de mayores, supongo.

El verano terminó y conocí a esa niña odiosa el primer día de clase. Me he hecho una promesa de por vida. Nada más llegar a casa, le supliqué a papá que porfi me buscara Los duelistas en el videoclub del barrio.



EL POZO

Mi papá dice que mi hermano es un cobarde, pero yo no lo creo. Cuando nos reta a ir hasta el pozo, mi hermano me lanza una mirada de pavor. Me coge de la mano, me aprieta fuerte y me hace daño y siento que vuelve la cabeza y camina más deprisa. La noche es como la manta que mamá nos echaba encima cuando jugábamos los tres. Huele a verano, a rosas y a algo podrido muy cerca. Mario es un año mayor que yo, pero no puede ver una peli de terror sin taparse con la mano. Y jamás ha ido y vuelto solo del pozo. Yo sí, pero nunca he visto a mamá. En la tele hablan de una luz pero, pero aquí todo es negro y no deja de oler a podrido. Cuando Mario me suelta de la mano siento frío y rabia. Otra vez que se ha vuelto corriendo hacia la casa. Y antes, mucho antes lo agarro por sorpresa y termina el juego. Seguro que mañana papá nos llama, como siempre, hasta que se hace de noche.

Pobre papá, con una casa tan grande para el solo y con pozo.



REALITY DESDE LAS TAPIAS


Me van a fusilar, lo sé, pero cómo convencer al sargento que manda el pelotón. Cómo convencerlo de que me maten al otro lado de las tapias de esa casa maldita. Cómo pedir un último deseo antes de la descarga de fusilería. Por favor, mi sargento, que me pongan encima otra venda, que los sigo viendo, que me miran fijo y me alargan sus manitas.



EL ÚLTIMO REBELDE


Sé lo de los genes, por favor. Que desde antiguo, mis antepasados cumplen con su destino a rajatabla, allá ellos. También sé que mis días terminarán en otro mar, tan distinto del que salí, casi como volver a una casa y una familia desconocida. Los míos renunciaron río arriba a otra forma de vida.

Pero lo que no entiendo es que tenga que ser el mártir de la especie, aquí, luchando contra este sedal, justo ahora que tomé la estúpida decisión de no saltar más río arriba.



BABEL

No conozco otro patio de luces. Mi madre me cuenta que llegamos apenas salió del hospital, conmigo en los brazos, los dos solos pero acompañados de esos hombres a los que nunca me atreví a llamar papá. Mi madre se alegra de tener lo necesario para que crezca sano y fuerte. Cuando me asomo y miro primero hacia arriba y luego a mis vecinos inferiores, sólo veo caras desconcertadas, pálidas, inmensamente tristes y escucho ese coro de voces confusas y desconocidas.

No sé qué nos espera ahí fuera, cuando esos hombres abran por fin el portal.



*

Miguel Ángel López Manrique, nació en Madrid,1962, abogado, colabora con Liverdades y ha publicado en otras revistas (Escribir y Publicar). Fernando Valls en La nave de los locos publicó dos micros de un libro en preparación.