RICARDO MORENO: «VUELO CORTO»

  


 

Brizna

 

Ya está aquí otra vez la corriente de aire. Irrumpe en la estrechez del último albergue. No es aliento, suspiro ni exhalación. Bajo la losa sin rendijas, los gusanos no susurran. La corriente roza mis labios sellados y ensaya un silbido etéreo.

 

Vuelo corto

 

Si los pájaros te miran extrañados es porque no te vieron volar antes. Ellos te observaban inquietos cuando imitabas sus trinos con tus manos aferradas a la reja del ventanal. Te acompañaron en paseos de jardín hasta que tus lacónicos silbidos los hacían huir. Algunos se posaron sigilosos en la banca del patio donde dormitabas intranquila. Hoy te ven deambular por el balcón prohibido, en silencio, con los brazos extendidos y la mirada extraviada. Saben que buscas volar, y también saben que será un vuelo corto.

 

Hijos de Calendario


Nuestros nombres eran los meses del año, un capricho de nuestro padre. Mamá sufría en silencio el rigor de su marido, la constante paridera y la burla de los vecinos. Enero, Febrero y Marzo eran sanos y dóciles. Abril sufrió el orden rígido, confundido con una niña. Nuestra hermana Mayo parecía un hombrecito raro, y los gemelos Junio y Julio intercambiaban identidades. Yo, Agosto, aprendí a decir «Augusto» cuando preguntaban mi nombre. Septiembre se ahogó al nacer y Octubre sobrevivió solo unos minutos. Diciembre convenció a Noviembre de huir para cambiarse los nombres. Calendario los busca desesperado, mientras mamá oculta su dicha.

 

Mejor inadvertido

 

Tengo que cocinar un poco peor o lo arruinaré todo. El patrón me mira con sospecha y recelo anda averiguando cómo llegué a su cocina. Le dicen que fui raspachín, también mula, que casi me atrapan y por mi familia dejé los viajes. He aprendido rápido el oficio. En solo un mes hice el trabajo de dos con producto de primera. Eso no le gustó al don, la desconfianza es su mayor virtud. Dicen que lo ha salvado de traiciones, enemigos y de la cárcel. «Con él es mejor pasar inadvertido», dijo el oficial de narcóticos cuando me ofreció el trato.

 

El virtuoso

 

El bueno de Juan no aguantó más. Me contó que estaba ahogado en deudas; su mujer lo odiaba por tanta escasez y hasta perdió el afecto de sus amigos. Para los del banco era un mediocre, pronto perdería su trabajo. Era blanco de burlas por débil, torpe e ingenuo. «Ser bueno no alcanza para mucho», dijo con amargura cuando quise animarle con su mejor virtud. Tenía razón: la desesperación no siempre se mitiga con bondad. Un día trabajó algunas horas extras, vació la caja fuerte, y desapareció sin dejar rastro.

 

 

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Ricardo Moreno (Bogotá, Colombia, 1965). Diseñador industrial. Ha publicado el ensayo “Cómo entender el inconformismo social” en El Espectador y el microrrelato “Pi, infinito”. Su obra ha sido seleccionada en antologías como el XI Concurso de Microrrelatos “Pluma, tinta y papel” (España) y En pocas palabras (Elipsis Editores, 2023). Es autor de Lunáticos y otros microrrelatos (autoedición, 2024).