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"Ideas, Palabras, Sonidos", por Adriana Alarco de Zadra

Robert & Shana ParkeHarrison

Ideas

Jalo una idea de la frente.  Es larga y elástica; está llena de letras y colores. La observo maravillada. Se va envolviendo alrededor de mi cuerpo y me abraza.  Rauda como el viento, empiezo a poner todos los signos en su sitio para percibir su significado cuando, al fin, se rompe la idea y se desvanece nuevamente, silenciosa, en medio de la nada, por el mismo camino que llegó.

Palabras

Hoy salen de mi boca palabras fluidas como finas cuerdas de seda esperando recibirte con halagos y promesas.  Tratan de ser dulces y a veces son amargas. Ocupada, tejo una cuerda diariamente y la convierto en vocablos floridos de color y seda pero tú no llegas nunca.  Luego desamarro, destejo, destiño y empiezo con el nuevo día, día a día, noche tras noche.  Esperándote, las telarañas que me rodean, poco a poco se van anudando y convirtiendo en áspera soga de cáñamo, hasta que, enronquecida, se me hace un nudo en la garganta, sabiendo que no llegarás, y ya no salen más palabras de mi boca.

Espera

Lo espero mientras crecen de mis dedos, sin mayor esfuerzo, ramas llenas de hojas y una que otra flor.  Es largo el día y va anocheciendo. Las acaricio, las siento, percibo su aroma.  ¿No vas a llegar nunca? El cabello se vuelve follaje y de pronto me encuentro de pie, plantada como un árbol en la esquina de mi casa, sintiendo entre mis brazos vegetales la brisa, áspera como tus dedos, acariciarme con el viento de la noche.

Sonidos

Aferro los sonidos musicales que llegan a mi oído como los símbolos del pentagrama.  Si no es do es sí, si no es re es sol que alumbra. ¡Vamos corriendo todos a la sombra, a colgar en los árboles la música que tañe con campanas domingueras y festivas, fa fa fa! ¡Te das cuenta que hoy silba con el viento, la la la, mi mi mi, y que yo estoy siempre aquí!! Y al llegar finalmente encontrarás, esperándote, una orquesta movida por el viento…

La Muerte

Bajo capas de tristeza resplandece la luz de la creatividad.  Lleva un fardo pesado: no hay dinero ni joyas ni perlas ni diamantes. Sólo ideas que son buenas o malas, deliciosas o perversas, sembradas en medio de las horas.
Desde el alféizar de la ventana, la Muerte contempla la caída del sol. Llueve toda la tarde.  La ve que inmóvil desde el lecho, cuenta las gotas de lluvia.  Son tantas como las horas que debe esperar a que regrese el nuevo día. Sus pétalos se cierran y se prepara a dormir hasta el año venturo.

La Culpa

Las estrellas alumbran un sendero oscuro. Por allí pasa la vieja aplastada por su costal de pecados, cada vez más encorvada, esperando encontrar un resplandor que alivie el peso de sus culpas. Teme al infierno más que otra cosa. Viaja hacia el paraíso esperando tomar el tren correcto y que todos olviden por el camino sus maleficios, mezquindades y hechicerías. Debe llegar antes de fin de año y se le acaba el tiempo. Cae el hacha y muere el año decapitado.
Nace un nuevo día, regresa el huracán y ráfagas de viento en el arenal levantan el polvo milenario de las horas cubriendo culpas y miserias.


Danza Macabra

Un rayo atravesó la noche. El viandante pareció aliviado y siguió adelante con su plan macabro: enterrar a su suegra en el jardín botánico bajo la planta carnívora para eliminar vestigios.
Arrastró el costal por el páramo; pesaba tanto que no logró llegar a su destino y lo enterró en el altiplano bajo el ichu, frente a la laguna helada.  Horas después salieron bailando fémures, tibias, radios y falanges a celebrar el acontecimiento de una nueva luna. Se encontró rodeado de ánimas bailando a su alrededor. Su grito llenó la noche, espeluznante y desquiciado.  Las ánimas lo acompañaron al otro mundo sin pasar por el umbral de un nuevo año.


Hambre

Llanto de dolor, frío invernal, hambre insaciable.  Un año tras otro va arrastrándose por   calles vacías cubierta de harapos. Luego de cocinar un plato caliente con agua y pan, recoge sus hilos de colores y teje un poncho de lana para abrigar a sus hijos. La vida no es fácil. ¿Cuándo terminará de tejer? ¿Cuál será el año feliz para esa familia?
Los niños duermen para no llorar de hambre. Asoma por la teatina un gato negro. Rin Tin Tin sueña, bajo la mesa de la cocina, que en vez de ser perro flaco es un hueso perseguido por la jauría y corre como alma que lleva el diablo.
Bajo un infierno estrellado, cuatro hilos de dolor y de colores se estremecen en las manos agrietadas. 

Paraíso Al Vuelo
Estoy deprimido: ¿Por qué me dejó? Ella, mi amor único y verdadero.  No puedo vivir así. He venido a la estación con intención suicida… Cinco pasos, cuatro pasos, tres pasos… el vacío… Cuando llegue el próximo tren me aviento y…  ¡Adiós, ingrata! ¡Vuelo al más allá! Pero, ¡qué veo! Una belleza morena que llega a la estación para subir al tren.   Lo pensaré mejor… En vez del aventón, ¡me voy tras ella y me largo derechito al paraíso!

Almuerzo Familiar
Esa mujer sin igual, bellísima, dulce, que cocina estupendamente, buena como la pongas, no sé lo que pasó... Mi mayor desconsuelo es que está lejos de mi alcance… La quise mucho, pero no fui fiel ¡claro! ¿quién lo es? Le avisé, le expliqué, le conté: “Me voy con otra esta noche, pero no cierres la puerta por favor, quizás regrese pronto si su marido nos descubre.”  No lo entiendo….  Es frustrante saber que se casó con mi hermano y no conmigo. Menos mal que no me arrojé por el balcón como le juré que haría y así, al menos, la veo los domingos en el almuerzo familiar.
*
ADRIANA ALARCO DE ZADRA

Nació en Lima, Perú y estudió idiomas. Le han publicado 17 libros:  de geografía, de teatro para la escuela y cuentos en varios idiomas, además de artículos y relatos en Antologías y Revistas en América y Europa.
Este año 2016 saldrá a luz su libro número 18, una recopilación de cuentos en italiano con el nombre: Aspri Mondi, racconti di personaggi insoliti, Ed. Reverdito, TN, Italia.


Cuentitos con menos de 200 palabras

Unicornio cautivo. Tapiz (1495-1505)


Por Adriana Alarco de Zadra

100-Sueño


Soñé que cabalgaba un unicornio. Volaba con sus alas equinas desplegadas, sobre árboles de bosques tropicales donde asomaban orquídeas y helechos. Los ríos serpenteaban entre la floresta con cantarinas aguas y canoas. Remaban nativos de la zona y alzaban sus brazos saludando. Me estremecí con tanta belleza y tan emocionada estaba que resbalé y apreté el cuerno frontal de mi cabalgadura, pero empecé a caer, flotando entre el rocío del atardecer. Caí sobre un lecho de flores, que eran las de mi colchón en la cabaña amazónica donde me alojaba, y desperté en brazos de mi amante estupefacto y dolorido.

 
160-La sombra

Me desperté tarde ese domingo porque en invierno de noche, a menos que sea de luna llena, no existo para el mundo. Observé por la ventana el sol que entraba a raudales mientras preparaba el café cuando me di cuenta de que una sombra me seguía al otro lado de la mesa. Era una sombra sólida y brillaba contra la pared, por los anaqueles de colores. Extrañada y enojada por tal persecución cogí la tijera de trozar el pollo y separé la sombra que me seguía. La corté al borde y dio un salto hacia atrás. De pronto caí en cuenta de que todo era tan irreal que podía pertenecer a un sueño. Me despertaría luego, como una sonámbula, en la cocina. Continuaría mi vida deslizándome por las paredes, arrastrándome por los suelos teñida de negro, como cualquier sombra digna que se respete y todo resultaría otra vez normal en este mundo de sombras en el que vivo…


190- El Fantasma en el Espejo

Una vez encontré un espejo de marco dorado con un fantasma al fondo que me conversaba. Traía un pañuelo bordado con manchas de rouge y de vino tinto, como triste recuerdo de la última fiesta a la que asistió. Lo reconocí luego entre los retratos oscurecidos de personajes atemorizantes que se guardaban en el ático. El fondo mostraba un cielo tempestuoso y un paisaje demasiado alucinante para ser real. Los relatos de viajes y aventuras de mi amigo del espejo, llenó mi imaginación de fantasía desde muy tierna edad. Entonces no existía el televisor y yo pasaba horas delante del antiguo espejo escuchando sus historias.

Hoy, cuando veo que se botan a diario los lapiceros, los pañuelos, o se cambian los celulares, las casas y hasta las parejas cada año, me pregunto ¿adónde va todo eso? ¿Y las personas olvidadas, se esconderán en los espejos? Por las dudas, nunca dejo de atisbar los reflejos en cada uno de ellos que veo, porque quizás pueda encontrar otra vez al fantasma de mi niñez para agradecerle por las horas encantadas que pasó conmigo y decirle que yo sí lo recuerdo con cariño.
 
 


158-El Minotauro de Piedra

Lo veo entrar en el laberinto. Recorre husmeando túneles y pasadizos, grutas y cavernas. Está buscando a la divinidad encerrada entre paredes húmedas de musgo, sobre helechos y hongos que cubren las piedras. Por el sendero donde camina, asoman flores negras, venenosas. Aproximarse al lugar de terribles acontecimientos da prueba de su intrepidez y ferocidad. No lo reconozco desde aquí, puede ser algún guerrero.

Lanzo un terrible rugido para espantarlo y entonces él vislumbra mi máscara monstruosa pero no se detiene. Asomando a la entrada, Pegaso revolotea fuera de la gruta en lo alto de la colina sobre el mar. Dos serpientes envuelven mi cintura y se enroscan en mis cabellos. Pero él no es ninguno de los cazadores de monstruos. Es el mismísimo Minotauro que me observa mirándome directamente a los ojos. Nunca se dio cuenta que yo soy Gorgona y él ha quedado allí, convertido en estatua de piedra, custodiando mi secreto.

 
135-La Cita

Esperé por horas y horas, mi paciencia se acababa. No podía soportar que pasaran los minutos uno detrás de otro, sin saber de él. Me había jurado amor eterno, me ofreció todo lo que tenía; me hizo vislumbrar una vida sin penurias, colmada de pasión y de hermosura junto a él y yo lo espero aún… tic tac, tic tac…

El alma se escapa del cuerpo en torbellinos. Se va acercando el ocaso con su cielo de nubes rojas y esperanzas en el aire. La tormenta se aleja en el horizonte y luego la calma apacigua mi espíritu inquieto. ¿Pero, por qué no está conmigo?

Cuando por fin él llegó a la cita, encontró solamente una estatua de hielo que se derretía poco a poco, en medio de una fuente húmeda de lágrimas.

***

 
Adriana Alarco de Zadra

Nacida en Lima, Perú, de padres descendientes de europeos, creció hablando varios idiomas. Estudió en Perú, en Estados Unidos y en Italia. Trabajó como secretaria, traductora, profesora y directora de un Museo. Siguió a su esposo a los campamentos de trabajo en los Andes así como en otros continentes por lo que a veces se siente extranjera en su propia vida. Le han publicado libros de geografía, de teatro, de ciencia ficción, poesías y cuentos en varios idiomas. Es viuda pero sus hijas y sus nietos le llenan la vida. Cuando se le terminan las palabras, pinta. Los colores le dan alegría y serenidad. Italia, 2015.