J. GUSTAVO TOCHETTO: «31 GOTAS DE SANGRE»

 


Sientes unas manos frías y no hay nadie cerca. Sientes un aliento en la nuca y corres otra vez.

 

El hacha se cansó y los cortes son cada vez menores, tu vida escapa un poco más lento. Él observa complacido su juguete.

 

En el charco que vas dejando, la luna y tu rostro son los únicos acompañantes.

 

Sueñas con una sonrisa cadavérica, mirándote, esperándote ansiosa. Despiertas antes en la operación.

 

Miras tus manos manchadas de sangre seca. Estás solo en tu cama inmaculada. No recuerdas quién fue esta vez.

 

Despiertas en la oscuridad, tratas de levantarte y golpeas algo duro y piensas en cuánto aire aún tienes. Gritas, mientras nadie escucha.

 

El hombre siente unos rasguños cuando cierra el horno del crematorio. No es la primera vez.

 

La puerta se cierra nuevamente, ya pasaron seis meses de encierro y trata de ocultar su otra vida a ese que apenas conoce.

 

Escribe sin parar. Los dedos ya dejaron de conocer sus uñas. Las teclas tienen manchas de grasa y sangre. Los otros esperan su turno...

 

Ella famélica y él tan pequeño y tierno. El bebé empieza a llorar. La madre corre pensando en brujas y calderos. Silencio.

 

Cae la mano del príncipe inquieto, ante la Reina Nieves que ya no lo ve tan perfecto.

 

El esqueleto yace en un rincón, los huesos lisos por el fuego. La manzana pudriéndose en su mano.

 

Se sienta en el auto, busca sus hijos. No tiene auto, ni hijos. Sólo él tratando de escapar de esta realidad.

 

Se besan. Ella muerde primero. Él siente su calor. Cuando los encuentran, solo hay cenizas.

 

El hombre destapa una tumba, luego otra. En la siguiente oye rasguños y gritos muertos. Sonríe encontrando su futuro experimento.

 

Una casa gris. Niños traviesos. Noche oscura. ¿Fantasmas? En cada ruido o broma. Hasta que encuentran al real. Los que quedaron aún no hablan.

 

Las luces inquietas me deslumbran. Miro resignado como se acerca mi muerte en forma de un conductor dormido.

 

Hay una ambulancia. Trato de esquivarla. Luego estoy en ella. Cierro los ojos y me olvido de respirar.

 

Deseo verte. Deseo olvidarte. La luz de la heladera muestra tu rostro tan bello. Lo único que queda ya de ti.

 

Agua por todas partes, tapo una gotera, luego otra. El agua entra rompiendo la ventana y tomo aire para la próxima ola.

 

Luna de cazador llena de recuerdos. Ya no quedan hombres , solo los lobos.

 

Celular sonando, otra vez. Miro, contesto. Otra vez suena. Miro, contesto. El celular del otro suena. El mío yace tan apagado como yo.

 

 Cárcel de piel, quiere arrancarla a mordiscos. Odia esos pelos, el sudor repugnante. Le ofrecen una alternativa. El robot sonríe en su perfección. Esos ojos tan humanos.

 

Ángel de venganza, los hombres ya siguen tu podredumbre, la tierra es una guerra ¿Qué más puedes ofrecerme que este infierno de todos los días?

 

El viejo camina sin rumbo. Sus ojos ciegos no ven el pozo que se acerca. Solo la noche siente su grito.

 

Negro sobre blanco, pasan las hojas. Trata de dejarlo, lo atrapa, lo termina. Quiere apagar la luz, otro libro aparece. Ya no dormirá otra vez. Nunca. Pasan las hojas.

 

Ella acaricia la mejilla lampiña del hombre de turno. Él mira extasiado su conquista. Pronto no tendrá nombre, ni vida, será el juguete del súcubo de turno.

 

Salen las llamas, trato de detenerlas. Inútil. Miro consumirse el amor imposible de mi princesa y un monstruo como yo.

 

No hay palabras, solo ojos observando las caras olvidadas. No hay miradas solo bocas abiertas sin dientes. Rostros que se pierden en el granito de su piel. Fisuras de piedra que buscan el aliento de su creador. Él trae a otro, con los ojos vendados, el cemento lo preservará como la carne no pudo.

 

Ella está a la orilla de la playa, perdida en recuerdos. Siente el frío tacto de una caricia olvidada, la compañía del viento que la abraza. Él está cerca, casi tocando su mano. La mira triste mientras desaparece en una ola.

 

Ella revisa lenta, pausada, mira cada punto, cada coma. Se pierde en la historia, respira. Vuelve atrás, encuentra una falta, se gira hacia el escritor y agarra el cuchillo.

Él sabe que le quedan pocos dedos y muchas palabras aún.

 

 

***

J. Gustavo Tochetto (Montevideo, Uruguay, 1973). Soy Analista programador, apasionado de la informática, la botánica y la narrativa. Además, integro un taller literario hace 11 años, escribiendo cuentos en sus páginas compartidas.

A veces me gusta pensar que creo algunos universos donde las palabras se cruzan con las personas incorrectas y suceden historias difíciles de olvidar.

Soy fanático de Stephen King, Rowling, Arthur C. Clark y me gusta leer cosas poco conocidas, como grimorios o biblias infernales, pero eso no lo quieren saber.

Proyecto una novela de historias invisibles para el año que viene, con 53 cuentos un número mágico para mí.

He publicado en varios libros de Taller, algunos como:

Antología: La rebeldía de los objetos

  • Relato incluido: «Cosas»
  • Editorial / Edición: Taller Literario Club Brasilero

 Antología: Por Beber los Vientos

  • Relato incluido: «Purificación»

También con el cuento «Gato» gané un 3er premio en un concurso hecho por la «Parroquia Reducto».

 


 

 

 

NÉLIDA CAÑAS: «BEBERSE EL MAR»

  


 

RITUAL CON CANCIONES TRISTES

 

Sola, en la cocina, se sirvió una copa de vino blanco y dulce, que siempre le enmarañaba la boca de palabras y comenzó la primera página del día: “Sola, en la cocina, se sirvió una copa de vino blanco y dulce, que siempre le enmarañaba la boca”…Después miró la bruma del puerto y a los pescadores alejándose con sus redes y sus canciones tristes. A veces, pensó, una imagen basta para contar una historia: “Después de servirse una copa de vino, miró la bruma del puerto y a los pescadores alejándose con sus redes y sus canciones tristes”. Mientras se mojaba los labios, en su copa de vino blanco y dulce, se preguntó: ¿Siempre serán así las despedidas, lentas y tristes como la bruma de los puertos?

 

LO QUE MURMURA EL MAR

 

A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.

Suena, resuena el mar lejano,

Pablo Neruda

 

No recordaba dónde había escuchado la frase: Cuando envejeces tu mundo se vuelve más pequeño. La frase regresaba empujándola como las mareas. Miró su mundo ordenado: las tacitas, los vasos, la mesa con el cuaderno y la lapicera de tinta violeta. Caminó hasta la ventana y la abrió. El mar estaba ahí, profuso, azul, inabordable. El oleaje le trajo las imágenes: un hijo intentando conocer a su padre, quien dibujaba una y otra vez a la misma mujer abandonada hacía tanto tiempo: su madre. El mar murmura una y otra vez la misma historia. Su historia a puro golpe de ola.

 

ALFONSINA

 

Era Octubre cerca del mediodía. La vi marcharse y la seguí. No vestía una túnica blanca ni se hundió en el mar caminando sobre la blanda arena. Se arrojó al mar desde un espigón. Las olas salpicaban con fiereza la escollera. Y uno de sus zapatos quedó enganchado de un hierro. Había recibido un diagnóstico fatal y no quería el deterioro de su cuerpo. Escribió la última plegaria a su nodriza de manos de hierbas y cofia de rocío para que la recibiera en su lecho y la cubriera con su edredón de musgos. También pidió una constelación y la luz de la lámpara. Tenía miedo y estaba triste. La lámpara alumbra todavía.

 

ISADORA

 

La encontré un amanecer a orillas del mar. Parecía que no había dormido. Tenía el cabello despeinado por el viento. En su túnica de espumas parecía una diosa pagana. Me invitó a beber de su copa. Meció mi cuna el rumor del mar, dijo. Bailé despojada de todo, entrando y saliendo de las mareas. Su boca tenía un rictus amargo. Y su voz era un bramido bruno, desolado. Dijo: Vi inscripto en la cara de la luna mi destino. El agua me arrancó los hijos de los brazos. Ah, el destino, dijo. Y levantó su copa.

 

BEBERSE EL MAR

 

Se sienta cerca de la mesa donde están sus recuerdos. Se queda mirando la botellita con arena blanquísima traída desde La isla de los Frailes en Bahía del Salvador. Toda la naturaleza se vuelve tenue y alcanza a ver un destello a lo lejos. El lucero acompaña la tarde noche de su soledad.  Acerca la copita de Jerez a los labios y bebe con deleite, a pequeños sorbos. La sala en penumbras la recibe con los pies desnudos. El oleaje suave desdibuja los bordes de su túnica  y todo su cuerpo emana el inasible aroma de algas y espumas.   

 

MUJER-CRISÁLIDA

 

En su capullo de hojas la pequeña crisálida no supo si aquel desprendimiento era algo que llegaba o se marchaba de su cuerpo. Un ramalazo de luz la cegó por un momento. No quería moverse. Quería permanecer así. Libre del vértigo del vuelo. Olvidada de sí plegó sus alas.

 

MUJER CARACOLA

 

Apagó las luces y se quedó en silencio vuelta sobre sí misma. Sentía un frío oscuro como de alquitrán escarchado. No era invierno. No hacía frío. Era el dolor cubierto por el caparazón de la noche.

*

Estos textos han sido publicados en el libro De Zerzura a Ada Kaleh, de Nélida Cañas, Ediciones del Callejón, Argentina, 2026. Cuentan con la autorización de la autora para ser reproducidos en Brevilla.

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Nélida Cañas, escritora argentina y profesora de literatura. Escribe poesía, microficción, cuentos y ensayos. Ha publicado más de veinte libros. Los más recientes: Respiro un campo de lino -poesía- (Mora & Barnacle, Bs.As. 2023) y Collares de acacia-microficción- (Ediciones del callejón, Córdoba, 2023)

Ha recibido Premios Nacionales e Internacionales: 

Premio Poesía Artes y Letras, Jujuy, 1988, Faja de Honor de Poesía ADEA, Mendoza, 1991; Primer Premio Poesía, UNJU, Jujuy, 1994 ; Primer Premio Nacional de Poesía Walter Adet, Salta, 1997; Premio Nacional de Poesía Marcelo Torelli, Córdoba, 1998; Premio Accésit Internacional de Poesía “Revue la porte des poetes”, Francia, 1998; Faja Nacional de Poesía ADEA, Mendoza, 1999; El agua y la greda, Mención de Honor  de Poesía Luis de Tejeda 2000, Córdoba; Animal de Transparencias, Mención de Honor Premio Revista Lea - Poesía, 2001, Capital Federal; Primer Premio Poesía NOA y NEA 2011, San Miguel de Tucumán. Corolas de caminante Mención en el Premio Nacional Luis de Filippo. 2015. Jurado: Matías Aimino, Teresa Guzzonato y Osvaldo Valli. Organizado por La asociación Santafecina de Escritores (Asde). Sinfonía de Agosto Mención de Honor en el Certamen Nacional de Poesía Quinto Elemento 2021, Hacia Ítaca en poesía y microrrelato (2021), Animal de lo transparencias Mención de Honor en el Concurso Nacional de poesía Homenaje a Alejandra Pizarnik. 2022 Jurado: Rafael Felipe Oteriño, Cristina Piña, Pablo Anadón- Aura entre las sombras Finalista de la V Convocatoria del Premio Rubén Reches 2022- Ruinas Circulares y Páginas de Babel.

 


 

CARLOS MARCHENA GONZÁLEZ: «RETIRADA»

Magnific

 

MUERTE

Nunca supe cómo llamarla, porque su nombre no quería ser mencionado. Su presencia era inmaterial, como ese pecado original que nunca existió. La lluvia no mojaba sus pisadas, pues ya dejo de caminar. Perdió su deseo de seguir creciendo y decidió acompañar a los ríos que añoran el mar.

 

PROFETAS

Maldigo todo aquello que no llego a entender, jugando al escondite con la más ortodoxa de las lógicas. Siempre un para qué pendiente de entrar en escena, borrarlo todo y volver a comenzar. Un suspiro que no rompe a salir, que comprime tus sentimientos y te obliga a dejar pasar una oportunidad más ¿Cuántas han sido?

Esperas a la próxima, convencido que vendrá a poner fin a este sufrimiento huérfano que te dejaron en herencia. Pero no llega ese momento, siempre está flotando en el limbo de los deseos. Te sientes estafado, tus creencias traicionadas. Las salidas tabicadas.

 

RETIRADA

No espero más que encontrar un rincón donde dejar pasar el no tiempo, bajo la sombra de un árbol cuyas raíces me alimenten de soledad. Quiero encontrar una orilla sin olas, donde la mar no tenga prisa en marcharse y deje permanentemente húmeda la arena. Un lugar cubierto por un cielo plomizo que ayude a volver a recordar todo aquello que nunca llegue verdaderamente a olvidar. Poder respirar el calor sincero de todos aquellos momentos vividos y cuyo vacío nunca será llenado, pues con ellos se fue marchando mi existir.

 

FILOSOFANDO

El orden garantiza la estabilidad. El cumplimiento de las normas se hace imprescindible para una convivencia adecuada. Sin reglas reinaría el caos y, por tanto, la imposibilidad de evolución. Las Historia está escrita sobre cimientos estables y cuando no ha sido así las contiendas bélicas reinaron. Es bien fácil, acatemos las normas que nos regulan y todo fluirá como el agua en una pendiente. Por todo ello, le rogaría guardase la fila. Hay personas que llevan tiempo esperando su turno, con resignación, para poder ser atendidas.

¡ Vaya gilipollas estás hecho!

El número cuarenta y tres.

 

SER

No existen lugares, sino recuerdos de su visita. No existe el tiempo, sino momentos que añorar. No existe el pasado, sino experiencias vividas. No existen metas por conquistar, sino espacios desocupados. No existen paraísos, sino miradas diferentes para los mismos lugares. No existen diferencias, sino igualdades por completar. No existe la perfección, sino la suma de cosas bien hechas. No existen altruistas, sino avaros camuflados. No existen banderas, sino trapos de egoísmo volando al viento. No existe el destino, sino opciones para elegir. No existe la eternidad, sino promesas religiosas incumplidas.

 

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Carlos Marchena González. Sevilla. Maestro, pedagogo y psicólogo «singular». Lector infatigable y descubridor del mundo mágico de la escritura. Autor de relatos cortos aparecidos en revistas como Alborismos, Nagari, Falsaria, Almiar, Ruta, Freibrújula, Papenfuss, Versal y Montaje. Finalista en el VII concurso «Gadis de microrrelatos» (2026). La primera novela, editada en Amazon, se titula Eternity (septiembre 2025).

 


 

RAMÓN GIL: «ASTILLAS»

Freepik

 

 

 

 

Hay pausas que no tienen final.

*

Hoy mi caracol se disfrazó de escalera.

*

Simplificando: el mundo es un lugar salvaje.

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Las uñas de las estatuas crecen hacia dentro.

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También hay desconocidos en mi yo, sombras opacas.

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La verdad que devuelve un espejo es un espejismo.

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Un espantapájaros me observa violentamente quieto.

*

No está claro que las dunas se dividan sin resto.

*

En el hueco de mis ojos bailan mis ojos.

*

Los mancos pesan sus heridas en balanzas sin brazos.

*

Para acertar elijo al azar cualquiera de mis errores.

*

Mi oído interno es mi guarida.

*

Vagabundeo decidido hacia una meta.

*

Escribo puntos suspensivos sin pausas.

*

Mi mapa mudo habla por mí.

*

La trayectoria de la luz termina en los ojos.

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En la superficie me defiendo de los arañazos de la profundidad.

*

Solo las estrellas fugaces son verdaderas.

*

Parpadeo dentro de mí.

*

Lo insalvable: la discontinuidad del dormir.

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¿Dónde está mi centro? Yo soy periferia.

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Un poema es la muleta de un mendigo.

*

Mi reloj de arena adelanta sus gritos.

*

Oigo a mis fotografías murmurar a mis espaldas.

*

La poesía es una lupa.

*

Vuela la sombra del pájaro que vuela.

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Tengo un bonsái al que se le han caído todas las hojas. Es su pequeña venganza, imagino.

*

La muerte escribe silencios a una velocidad de vértigo.

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La ira se abriga en palabras a quemarropa.

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Después de una marea viva se entierra el cadáver del mar.

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¿Qué se gana al ganarse la vida?

*

Mi piel es mi maleta.

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Los espejos guardan las apariencias.

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Ventaja: en minoría de uno contra nadie.

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El artista, un pintor de bodegones, conoce doblemente la verdad brutal.

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También el feliz tiene cicatrices que enseña cuando pronuncia la palabra felicidad.

*

Los suicidas mudos no saben morderse la lengua.

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Es posible que de todas las escaleras de caracol la escritura sea la más lenta.

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El asfalto es la vejez de los caminos.

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Hay líneas negras en los mapas, restos de hogueras.

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Siempre quise ser transparente. Mi codicia no tiene fin.

*

Mi bala está en el hueco de mi sien jugando a las cuatro esquinas que son tres: derecha e izquierda.

*

El juego es anterior a sus reglas.

*

El cielo es un acantilado azul.

*

Un relámpago lentísimo, el poema.

*

Todo llanto es simétrico.

*

Se llega, tarde o temprano, siempre a un punto muerto.

*

¿Qué sudario elegir para ser sincero?

*

Mi lengua materna murió ayer.

*

Me veré en un espejo pero me queda saber contra qué ojos.

*

Los puntos de partida son mis finales.

*

En el caso contra mi muerte alegaré defensa propia.

*

En paz descansa mi lucha.

*

Hoy perdí mi guerra civil.

*

Cuando la memoria es exacta al olvido, ninguna vida nos alcanza.

*

Hay un animal que examina mi conciencia cuando yo respiro.

*

El tiempo violenta su tregua.

*

Nadie comprende lo que significa verdaderamente la sentencia: morirás.

*

Un vigía ciego admira el otoño que crece dentro de mí.

*

Cada uno es el único testigo de su propia muerte.

*

La eternidad no tiene amparo.

*

Mis huellas abandonan a mis pies.

*

Aquí la distancia no se alcanza.

*

Seré breve.

*

También hay cuencas en los ojos de la tierra.

*

¿Cuántos dentros hay en mi dentro?

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La noche más larga no tiene día.

*

Yo es tú.

*

Esta ambición por ser el último.

*

Todo termina en un gesto mínimo.

 

 

 

Astillas es la tercera parte del poemario (Los actos simples). Las otras dos son Los actos simples y Mecánica interior. 

 

 

Ramón Gil Sánchez (A Coruña, 1964) es escritor y profesor de filosofía en la enseñanza pública. Mantuvo durante años el blog «Textos ocasionales», donde publicaba poemas y cuentos. Ha colaborado con otros espacios literarios en Internet como Letras de Chile, La máquina de coser palabras, La nave de los locos y Literatura Libre, así como en prensa, en El Ideal Gallego. Colaboró en la obra colectiva Plantando Libros (AGPI / Xunta de Galicia, Betanzos, 2007). Es autor del poemario Los actos simples (Editorial Soldesol, Almería, 2026) y del libro de relatos El uso de los nudos (Amazon, 2026). Actualmente prepara una nueva colección de cuentos.