ANGÉLICA SANTA OLAYA: «PEZ ROJO»

 

Alejandra Acosta

 

POLVO EN EL VIENTO

(Kansas)

 

Mantuvo muy abiertos los ojos, atorados en el azoro, mientras ella se alejaba. Luego los cerró con fuerza para disipar la imagen y volvió a abrirlos.  El universo de los años que pasaron juntos cupo en la fracción de segundo que duraba un soplo de viento y se esfumó en el polvo que, a trasluz, entraba por la ventana atravesando la efímera realidad. Bajó los párpados y el eco de los ligeros pasos sobre las baldosas se montó en el tic tac del reloj que, desesperado, intentaba aprisionar el último rayo de luz que, pegado a sus tacones, desmoronaba la tarde.

 

 

PEZ ROJO

(Saint Privat)

 

No tengas miedo. Mira, no sé gruñir. No tengo colmillos ni garras. Sólo tengo estos zapatos rojos que a nadie entusiasman, dijo la niña al león que temblaba bajo el mágico influjo de aquellos zapatos. El miedo, convertido en sonrisa, se alejaba dejando ver sus brillantes colmillos. Y Dorothy, harta de seguir un camino que no terminaba, ya no quería volver a casa, sino escapar y crear su propio tornado en aquella melena que parecía el sitio perfecto para sumergirse en el enrojecido inicio de otro cuento.

 

 

KOOP ISLAND BLUES

(Koop)

 

Te amo, dijo muy bajito mientras bailábamos. Marcó una vuelta y cuando nuestros ojos se encontraron de frente la música terminó. Siguió una despedida larga como la desabrigada cola de una espiral. Tomó mi mano. Nos miramos. Besó mi mejilla. ─Buenas noches─ dijimos─. Nuestras parejas se despidieron también. Y partimos, otra vez, a soñar con la imposible danza de los sin lugar.

 

 

DESEARÍA QUE ESTUVIERAS AQUÍ

(Pink Floyd)

 

Una guerra le ardía en las entrañas calcinando certezas y lloviendo máscaras que se tragaban el azul. Las aves, aburridas, llevaban y traían mensajes en el pico. Un gato triste maulló a la distancia porque no podía besar a la luna. ─Ven, el camino envejece ─dijo a la sombra en penumbras que lo escuchaba. Nadie respondió porque el amor es un miedoso fantasma con disfraz de héroe.

 

 

EL TANGO DE NEFELI

(Haris Alexiou)

 

Un perfume a jacintos viajó por el bosque alcanzando la nariz de los chicos que recogían ramas para el fogón. Era el aroma que emanaba la cabellera de la niña que lavaba su ropa a la orilla del río. De pronto, todo fue confuso. En una repentina vorágine giraron los árboles, el cielo y el vestido hecho jirones. No hubo miel ni granadas. Ni Zeus, ni el ángel de la guarda llegaron a tiempo para convertirla en nube como contaba la leyenda. De la ausente lluvia mitológica sólo le quedaron las lágrimas.

 

 

GIRANDO EN MI SOBRIEDAD

(Tanita Tikaram)

 

Mary no quiso tomar clases de costura como todas las niñas de su edad. Tampoco deslindó trabajo y amor como todos aconsejaban. Nada le salía bien. Por eso, cuando su amado, al verse ignorado por ella, dijo: “Mary, estoy hecho pedazos”. Ella, acostumbrada a la muerte, sin arrepentimientos, tomó pluma y aguja para iniciar el último intento. Aunque sabía que ser madre -estaba escrito en el destino- no era su especialidad. Y así, con el hilo de su paradójica esperanza puso un monstruoso espejo frente al rostro de la humanidad. Y lo firmó Shelley.

 

¿LO QUIERES MÁS OSCURO?

(Leonard Cohen)

 

Ahí estaba el muro; con sus huesos de acero y la tez cacariza y mugrosa lista para atrincherar los sueños.  Se erguía firme como un soldado lapidando la risa aferrada a la grieta de una ilusión. Montaba guardia, silencioso, como un grito que se ahoga entre los dedos clandestinos de la fe. ─Lo siento, bro… ayer, todavía, había por allá un huequito por donde pasar… estos gringos se las gastan…─ Apretó el puño repleto de la rabia que acompaña al desencanto y golpeó el gruñido de su panza que reclamaba algo más que frágiles espejismos.  El desamparo rodó por sus mejillas al recordar que otras cuatro pequeñas panzas gruñían en la casucha de cartón que había quedado muy lejos del sueño americano. Allá, a muchos kilómetros de distancia.

 

 

ME QUEDO CON MI CORAZÓN

(Sophie Zelmani)

 

Y claro que el amor es eterno. Aunque a veces cambie de ojos, de labios y tez. Aunque a veces, como las serpientes, para sobrevivir, se mude a otra piel.

 

 

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Angélica Santa Olaya (Ciudad de México, 1962). Poeta, escritora, historiadora y maestra de Creación Literaria en Minificción, Cuento y Haiku para el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Egresada de UNAM, ENAH y SOGEM. Primer lugar del concurso de cuento breve del diario El Nacional 1981 y del concurso de cuento infantil Alas y Raíces a los niños del Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato 2004. Segundo lugar del V Certamen Internacional de Poesía Victoria Siempre 2008 (Argentina). Mención Honorífica en el Primer Concurso de Minificción IER/UNAM En su tinta 2020 y Segundo Lugar en el Concurso Semanal Crónicas de un virus sin corona UACM 2020. Publicada en 80 antologías internacionales de minificción, cuento, poesía y teatro, así como en diversos diarios y revistas en América, Europa y Medio Oriente. Autora de 15 publicaciones de poesía, cuento, minificción y novela. Feisbuqueo, luego existo es su primer libro de minificción y 69 Haikus fue el primer libro de literatura mexicana presentado y difundido en Emiratos Árabes Unidos en 2015 y prepara la presentación de su plaquette minificcional Funambulistas (Letra Franca, Morelia, 2021). Homenajeada en 2015 por la Universidad Autónoma del Carmen. Traducida al rumano, portugués, inglés, italiano, catalán y árabe. Miembro del colectivo Minificcionistas Mexicanas y de los colectivos internacionales Minificcionistas Pandémicos y Red de Escritoras de Microficción REM.

 


 

KRAS QUINTANA: «ACUERDO MARÍTIMO»

 

Fotografía de Juan Yanes

Tina de baño

—Ya sabés, si cae cara entrás acá y salís de ese patético lugar. Por otro lado, si cae cruz te dejaré de molestar y me iré para siempre.

Con su mano temblorosa lanzó la moneda, dio varios giros en el aire hasta caer en la superficie del líquido.

— ¡Cayó cruz antes de hundirse!

—Desde donde yo lo veo, cayó cara —le dijo su reflejo en el agua.

Cuando los rescatistas levantaron el cuerpo de la bañera encontraron una moneda tapando el desagüe.



Revista El Hilo Azul, 2017)

 

Acuerdo Marítimo

Al adentrarse con la lancha en el océano, los dos amigos hablaban preocupados sobre los terribles asesinatos que agobiaban su tranquilo pueblo. No podían imaginarse el porqué de las atrocidades hechas a esas hermosas mujeres. Distraídos, se vieron envueltos en una espesa neblina, uno de ellos entrecerrando los ojos distinguió una figura y detuvo el motor de inmediato, se asomó y revolvió la superficie del agua con la mano. El otro intentó tomar la red de pesca que se encontraba aplastada por la hielera. No pudo levantarla por el inusual peso y sus dedos se deslizaron descubriendo la tapa; espantado gritó al ver el contenido, pero un golpe posterior lo dejó inconsciente.

—¿Me trajiste las piernas, querido? —dijo la sirena mientras el hombre la subía al bote.  

(Antología Brevestiario, 2021)

 

Renuncia

Su horror comenzó con un halago: ¡Qué lindos ojos tenés!
Su alivio: unas gafas negras y un perro guía.

 

(Revista El Hilo Azul, 2017)

Engaño

Distrae a la víctima con halagos mientras agrega los huevos de larva en su bebida. Al final de la noche, le declara su amor asegurándole que es el único que le hace sentir mariposas en el estómago.

(Revista El Hilo Azul, 2017)

 

Desengaño

Después de realizar la autopsia, se confirmó que un enjambre de larvas lo devoró por dentro. Según los médicos, las mariposas involucionaron tras la decepción amorosa.


(Revista El Hilo Azul, 2017)

 

Cinéfilo

 

Tras el aparatoso accidente y mi encuentro con la muerte, tuve la certeza que justo antes de morir, nuestra vida se nos proyecta como una película, con detalle vemos la cotidianidad de nuestros días.

Qué terrible película; la trama era un asco, las actuaciones eran lamentables, los escenarios sin brillos. ¡Vaya el aburrimiento que pasé! Por suerte, sobreviví para meterme en grupos mafiosos, asaltar bancos, traficar drogas, derrapar en carreteras perseguidos por policías. ¿Qué puedo decir?, siempre admiré a Tarantino.

 

Eco de sentencia

—¡La comida!

—Sí, amor.

—Rápido o te mató.

—Perdón, amor.

—Si hay otro, te mato.

—No, amor.

Parloteaban las loras incansablemente luego de engullir las pocas semillas que les quedaban en sus recipientes. En la sala, el cuerpo de su dueña empezaba a descomponerse sin haber creído las amenazas de su verdugo.

(Los Escribidores, 2020)



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Kras Quintana (1991) minificcionista y cuentista nicaragüense, ha participado en diferentes talleres literarios de narrativa. Ha publicado en revistas en México, Nicaragua, Colombia y Guatemala. En antologías en México, Chile, ECOS antología centroamericana, Colombia y entre otras participaciones literarias. Co-creador de la plataforma BreveMente espacio para la minificción. 

 


 

ELIANA SOZA M.:«INCONVENIENCIAS DE VIVIR EN MARTE»

 


 

QUERIDA ABIGAIL

Te empecinaste en continuar leyendo después del terremoto y escribir en esas hojas desvencijadas con el lápiz pequeñito de tanto usarlo. Te veía correr hacia el pedregal en días grises, escapando de nuestras tristezas y preocupaciones. Preferías las letras que podías controlar, armar a tu gusto, creando tardes soleadas, una casa bonita donde vivir, tu papá de vuelta trabajando en el jardín, la abuela preparando tu comida favorita y yo sonriendo viéndote en medio de los cuadernos y libros que te rodeaban siempre.

Ese mundo imaginado era mejor, más feliz. Me gustaría ser un poco como vos, niña querida, tener la capacidad de perderme en mis ideas o recuerdos bonitos, pero la realidad me pesa, me aplasta. Cada día viene con su problema, que dónde dormir, que la comida, que la tristeza, que el dolor. Por eso yo también prefiero que te vayas y te escondas en esas palabras, que la oscuridad no te toque o por lo menos que tu luz sea más fuerte. Ahora que perdiste tus libros solo te queda escribir tus propias historias. Me imagino al espíritu de tu papá susurrándote algunas, las que leían antes de ir a la cama.

Corre, Abigail, llena tu corazón de un lenguaje que te proteja de mis enojos y frustraciones, que te envuelva en su musicalidad y no escuches mi llanto por las noches, que te asegure que vendrán días mejores, que tu vida no siempre será esta. Durmiendo entre extraños, sin escuela ni profesores, sin papá y con una mamá que parece transparente por el dolor que la transforma.

 

LOS VIERNES

Al salir de la oficina, me gusta caminar por la orilla del mar, disfruto la sensación de mis pies descalzos sobre la arena y la brisa marina arrugando mi camisa. Luego de unos metros, me siento a escuchar el murmullo de las olas, a mirar el horizonte, que cada vez, parece más lejano. Algunas ocasiones el cielo ennegrecido anuncia tormentas, pero ni esas amenazas evitan mi deseo de admirar la vastedad de las aguas azules todos los viernes. Un paraguas es suficiente protección contra la lluvia, a no ser que la furia del viento arrase con él y conmigo.

Desde hace unas semanas me prometí no privarme de la belleza por miedo a los vendavales a su alrededor, qué sería de mi cordura sin esas expediciones semanales. Tal vez por esta reprogramación en mi vida me animé a invitar a Graciela, sin que importe nuestra edad y lo que pueda decir la gente de nosotros. Tiene algo de ola, es suave y fuerte al mismo tiempo, logra hipnotizarme y el aroma salado de su piel es cautivador. Tengo la esperanza que los siguientes viernes venga conmigo a estas caminatas y así no hablar solo como un loco, sino con ella sobre el futuro.

 

DUEÑO DE SU DESTINO

Para Homero Carvalho Oliva

 

Un niño triste admira a otros que cuentan historias de fantasmas en la Plazuela Triangular. Desearía ser como ellos, usar la voz para crear escenarios y personajes que hipnoticen a sus amigos, pero no puede, las palabras no terminan de salir, se tropiezan con la lengua; repite una sola sílaba y las risas de los demás lo enmudecen.

En su cama, mientras ve el cielo limpio de la pampa moxeña, sueña con ser un contador de cuentos, debe cumplir el destino de su nombre, piensa que el padre lo bautizó así con aquello en mente, pero su lengua no le obedece.

La oscuridad lo sume en un sueño, ve a su abuela que acaricia su cabeza pidiéndole que nunca olvide que todos nacemos con un pequeño sol interior que se recarga con nuestros deseos. Al amanecer recuerda esas palabras; aunque no logra entenderlas, las piensa cada vez que se siente solo.

Un día, mientras toma un lápiz en sus manos se da cuenta que ese sol está en las palabras, tal vez no en las que tienen sonido, sino en las que se escriben. Así empieza a hacerse realidad el destino de Homero de Santa Ana del Yacuma.

 

LA CULPA LLENA MI ESTÓMAGO

¡Fue mi culpa! No puedo olvidar sus caritas, estaba en mis manos salvarlos. Los vi transformarse, pero el miedo al contagio me ganaba. Una sola acción mía pudo cambiar su destino. No estarían en ese lugar frío y solitario. Los vería jugar, de nuevo, frente a mi casa, con sus pies descalzos y su pelota de bolsas plásticas. No me iba a hacer más pobre ni a quitar un bocado de la boca. Para ellos hubiera sido todo, pan llenando sus barrigas hinchadas por el hambre, sonrisas en medio de las lágrimas.

Ahora, ya no puedo comer, cada bocado me parece insípido. Siento hambre, sí, y me duele que lo hayan sufrido los pequeños sin tener qué merendar. No aguanto ni una migaja en mi boca. Creen que estoy loca, pero ellos no saben de la culpa que llena mi estómago y no deja que nada más entre.

 

A BAILAR

Él, con el pelo engomado y los mocasines bien lustrados, brillando bajo las luces del salón de baile. Ella, seductora con un vestido rojo y vaporoso, un escote en forma de corazón; los labios carmesí y el cabello con copete alzado y rizos. Sus miradas se cruzan mientras comienza a escucharse el contrabajo seguido de la guitarra y la batería. Ambos cuerpos se mueven al son de la música. Los tatuajes de ella le hablan a los de él. Sus manos se buscan, bailan incansables, como si se conocieran de siempre. Los dos saben que la realidad virtual solo dura de seis a siete. Después, deben volver a sus camas, sentados en sillas de ruedas.


 

CONFESIÓN

El próximo favor se lo pido a Santa Rita, nunca debí desconfiar de su intercesión, ella entiende a las esposas y obra para que se arreglen los problemas maritales. Es mi culpa que nuestra relación haya llegado a este punto. No recé ni creí lo suficiente, mi fe no alcanzó para los dos.

Quisiera volver el tiempo, levantarme de madrugada, ir a misa, encender una vela a la Santa con un rosario en mi mano frente a su imagen. Es imposible, solo me queda ir mañana y confesar todo al padre Damián, a ver qué penitencia me da por haberle partido la cabeza a Julián.

 

INCONVENIENCIAS DE VIVIR EN MARTE

Pienso volver a la Tierra y allí seguir mi exitosa carrera de asesino en serie. No es lo mismo practicar mi oficio en Marte. Ya no siento la emoción de contemplar ese líquido rojo pintando la hoja del cuchillo. Me confundo cuando apuñalo a los oriundos del lugar y en vez de sangrar, chorrean una espesa jalea verde. 

 

 

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ELIANA SOZA MARTÍNEZ (Bolivia). Seres sin Sombra (2018). 2da. Edición (2020) Editorial Electrodependiente, Bolivia.Encuentros/Desencuentros, Bolivia (2019).  Monstruos del Abismo (Microficción) (2020). Editorial Velatacú, Bolivia.

Pequeficciones (2020) Parafernalia, Nicaragua. Historias Mínimas (2020) y Microbios (2020),  Dendro Editorial, Perú. Brevirus, (2020), Brevilla, Chile. Umbrales: Antología de ciencia ficción Latinoamericana (2020), Ediciones FUNDAJAU, Venezuela. Error 404: Vinculo no encontrado. (2021). Editorial Libre e Independiente, Perú. La minificción en la voz de sus autoras y autores I (2021), Tusca editoras, Argentina.

 


 

RICARDO BUGARÍN: «MICROTEXTOS CON INFANCIA»

 


 

MUCHAS VARIACIONES

Dicen que el ganso es pariente de la oca. O que son la misma cosa. Para el cuento da lo mismo. Dicen que el niño corría con un ganso bajo el brazo o que corría como un ganso con un ganso bajo el brazo. Otros dicen que era tan ganso que, solamente, corría. De lo que no hay dudas es que era un niño. Aunque si se lo mira bien, hoy se desconfiaría de esa carita, de esas manitas apretadas y esa forma, sí, esa forma en que tiene el pelo. Dudaríamos incluso de la intencionalidad del cuento o de que si es un pan o un ganso lo que lleva bajo el brazo.

 

EL PESCADOR

Tira la línea y pesca un surubí. Vuelve a tirar la línea y saca un pato. Vuelve a intentarlo y obtiene un barco de tres colores con el nombre Suerte pintado en amarillo. La tarde es pródiga en riquezas. Lanza la línea por última vez para tentar al destino y saca un tapón. En el medio de la sorpresa, la bañera se vació.

 

EL NIÑO Y EL PINGÜINO

El niño caminaba con el pingüino debajo del brazo. Intuíamos que aquello sería un mal presagio. No atinábamos a decirle nada con tal que llegara hasta nosotros y pudiéramos tomarlo. Distraerlo en el trayecto sería de lamentar. El cuellito del pingüino se nos antojaba una pieza frágil bajo ese brazo infantil. El niño venía sonriente, ufano, servicial y atento a nuestras miradas. No bien llegó a nuestro lado, con holgada sapiencia sirvió el agua fresca en nuestros vasos.

 

LA TÍA EMILIA ES UNA INCRÉDULA

Las siestas adolescentes suelen ser muy aburridas si uno tiene tíos jodidos y que todo lo controlan. Nosotros sabíamos irnos al fondo de la finca, por el sector de los manzanos, y allí nadie nos incomodaba. Nos pasábamos la tarde de lo más entretenidos. Nos hacíamos enemas de miel. A veces se nos iba un poco la mano. Con un embudo y una goma nos íbamos endulzando y, después, nos tirábamos en el pastito a ver quién juntaba más hormigas. A veces nos agarraba una comezón de aquellas y las risotadas llegaban a sacudir las manzanas maduras en las ramas. Todo fue bien hasta que nos atacó el enjambre. Tuvimos que salir corriendo cachete al viento y cuando íbamos llegando a la casa nos sale el Boby y nos desconoce y despierta a todo el mundo a puro ladrido. La tía Emilia no nos creyó nunca que habíamos estado en el paraíso y que tuvimos que salir corriendo por la amenaza de una serpiente. Cuando convocó a plenario familiar dijo, convencidamente, que se terminaban en su casa las vacaciones entre parientes. Hay tías incrédulas que para lo único que sirven es para amargar la dulzura de los afectos.

 

EL CASO DEL CANGURO DE LA LECHE

Soy tan lento, mi musculatura es tan torpe, que me cuesta creer que yo sea ese niño tan hermoso que se ve en mis fotografías de infancia. Tal vez sea cierto que la infancia tiene algo de angelical que con el tiempo vamos perdiendo. El caso es que no me reconozco y debe ser por culpa del canguro de la leche.

Cuando era niño y vivíamos en la calle Ameghino, todos los días venía el lechero don Rodríguez a traernos su servicio. Lo veía llegar en su carro blanco, cargado de tachos, en el que se destacaba la figura de un esbelto canguro, parado sobre sus patas -bien enhiesto-, al lado del cartel que en un filete extraño decía “La leche es buena”. Ahora entiendo que aquello era una consigna publicitaria o una especie de campaña de concientización tan en boga en esa época.

Yo veía al canguro, sostenía su mirada, y pensaba que si me tomaba toda esa leche que, diariamente, dejaban en casa, un día sería fuerte y atlético como ese canguro. Yo me decía –para mis adentros- voy a ser un canguro Rodríguez. Convencido estaba que mi masa muscular –eso lo veo ahora- y el desarrollo de mi agilidad dependía de esos tachos que venían llenos de leche de canguro.

Lo angelical de la infancia –creo ahora, pero no lo digo- es una boludez tremenda. Yo que me pensé criado por leche de canguro soy ahora este pelotudo que no se reconoce en las fotografías de infancia. Soy tan lento y torpe que no me lo puedo creer. Si el canguro Rodríguez hubiera sido un colibrí, tal vez me creería que podría ahora estar suspendido en el aire o andar volando.

 

*Imagen: De la Serie “Octavio” de Andrea Conde

 

 

RICARDO BUGARÍN. (General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962). Escritor, investigador, promotor cultural.Publicó “Bagaje” (poesía, 1981) y “Textos hallados en una roca” (Micropoesía, 2020).  En el género de la Microficción ha publicado: “Bonsai en compota” (Macedonia, Buenos Aires, 2014),“Inés se turba sola” (Macedonia,  Buenos Aires,2015),  “Benignas Insanías” (Sherezade, Santiago de Chile, 2016) ,“Ficcionario” (La tinta del silencio, México, 2017) y “Anecdotario” ( Quarks, Lima, Perú, 2020).

 


 

ANTOLOGÍA DE MINIFICCIONES «BREVESTIARIO»

 

Sergio Astorga

Tengo el grato placer de presentar la antología Brevestiario, donde se reúnen 201 autoras y autores de, al menos, 23 países y que han modelado una colección exquisita sobre fantasías animales en formato breve, algunas acompañadas de bellísimas ilustraciones. Cada texto de esta antología surge de la maravilla, de un incendio de la mano escritora, del ansia de crear nuevos mundos, dejando atrás la cotidianeidad pasmosa de esta época virulenta, de manos sanitizadas y mascarillas. Quizás estos animales fantásticos nos salven del encierro y nos lleven en sus alas para refrescarnos la piel y el espíritu.

Agradezco enormemente a la Corporación Letras de Chile por publicar esta antología en su página web.

 

Lilian Elphick

Revista Brevilla

 

 

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LISTA DE AUTORAS/ES SELECCIONADAS/OS PARA ANTOLOGÍA «BREVESTIARIO»

Sergio Astorga

 

Mariángeles Abelli Bonardi

Gladys Abilar

Armando Alanís

Adriana Alarco de Zadra

Jesús Alcañiz García

María Belén Alemán

Ricardo Álvarez Mondaca

Aldo Altamirano

Esther Andradi

Sisinia Anze Terán

 

Sergio Astorga

Julián Avaria-Eyzaguirre

Ajedsus Balcázar Padilla

Karla Barajas

María Francisca Barbero Las Heras

Sandra Barrera Andrada

Alejandra Basualto

Márcia Batista Ramos

Darwin Bedoya

Débora Benacot

 

Santiago Benítez

Daniel Bernal

Ricardo Alberto Bocos

Jesús Bonilla Torres

Raúl Brasca

José Bueno Villafañe

Ricardo Bugarín

Noelia Buttice

Ricardo Calderón Inca

Marylena Cambarieri

 

F. Javier Cano Santa Bárbara

Nélida Cañas

Rosa Graciela Carretto

Homero Carvalho Oliva

Guillermo Castillo

Willan V. Castillo Briceño

Ingrid Córdova B.

Sara Coca

Marcos Fabián Cortez

Patricia Dagatti

 

Rogelio Dalmaroni

Rolando Dávila Sánchez

Fernando De Gregorio

Carmen de la Rosa

Piero De Vicari

Maritza Delgado

José Manuel Dorrego

Lilian Elphick

Cristopher Escamilla

Lorena Escudero

 

Hernán Darío España

Jonathan A. España Eraso

Juan Ángel Espinosa Netro

Julio Estefan

Damián H. Estévez

Jorge Etcheverry Arcaya

Silvia Favaretto

Claudia Beatriz Felippo

Caro Fernández

John Henry Fonseca

 

Azucena Franco

Denise Fresard Moreno

Daniel Frini

Camila Fuentes

Jésica Galeano Jarcousky

Ome Galindo

Juan Carlos Gallegos

Leo Galo

Maite García

Yobany García Medina

 

Walter Garib

Sergio Gaut Vel Hartman

Virginia Glez. Dorta

Esther Gómez Babin

Sophia Gómez Cardeña

Yurena González H.

Eduardo Gotthelf

Ana Grandal

Dina Grijalba

Raquel Guzmán

 

Leandro Hidalgo

Patricia Hidalgo

Carmen Hinojal Amores

Matsui Honda

Eduardo Omar Honey

Leonel Huerta Sierra

Sergio Infante

Maritza Iriarte

Daniel Izrailit

Heriberto Jiménez Enríquez

 

Ramiro Jordán

Pilar Laje

Tanja Langer

Lucila Rosario Lastero

Alfredo Lavergne

Esther Lázaro

Andrea Leyton B.

María Elena Lorenzin

Augusto Lozada Lince

Raquel Lozano Calleja

 

Romeo Lucchi

Juan Antonio Luniel

Laura Ester Madariaga

Magdalena Noemí Maldonado

Juan Martínez Reyes

Josefina Martos Peregrín

Sara Mateos G.

Marcelo Medone

Ana Delia Mejía Quiroga

Adán Méndez Córdoba

 

Leo Mercado

Paz Monserrat Revillo

Ana María Montalva

Israel Montalvo

Camilo Montecinos G.

Ximena Montero Miranda

Cris Morales

Patricia Morales Betancourt

Fabiola Morales Gasca

Martín Morales Garza

 

Yansey Morales Garza

Ernesto Moreno

Diego Muñoz Valenzuela

Luis Ignacio Muñoz

Patricia Nasello

Ildiko Nassr

Cesár A. Navarrete V.

Laura Nicastro

Edgar Núñez Jiménez

Scarlette Orozco

 

Zulma Ortiz-Fuentes

José Manuel Ortiz Soto

Zarela Pacheco

Cecilia Palma

Manuel Arduino Pavón

Gemma Pellicer

Humberto Peralta

Jorge Pérez Guillén

Javier Perucho

María del Carmen Pilán

 

Zulay Pinto

Estela Porta

Graciela Poveda

Marianela Puebla

Milton Puga

María Isabel Quintana

Kras Quintana

Jorge Quispe Correa

Fredy Ramírez

Katalina Ramírez Aguilar

 

Patricio Ramos Gatti

Gabriel Ramos Z.

Nanim Rekacz

Mariela Ríos Ruiz-Tagle

Patricia Rivas

Tessa Rivarola

Marcos Robledo

José Alejandro Rodríguez H.

Nana Rodríguez Romero

Lucía Rodríguez Rodríguez

 

Adriana Azucena Rodríguez Torres

Ernesto Rojas

Arnoldo Rosas

Álvaro Ruiz de Mendarozqueta

Fernando Ruiz

Mariana Ruiz

Rodolfo Sachún Montano

Carlos Enrique Saldívar

Alberto Sánchez Argüello

Claudia Sánchez

 

Silvia Angélica Sánchez

Angélica Santa Olaya

Norah Scarpa Filsinger

Alberto Serafini

Iván A. Silvero Salgueiro

Audberto Trinidad Solís

Eliana Soza Martínez

Fernando Suárez Saavedra

Lluís Talavera

Fiona Taler

 

Aurora Tárrega

Paola Tena

Roger Texier

Mario Torres Dujisin

Xuan Trenor

José Luis Velarde

Elena Vergara

Manuela Vicente Fernández

Cristián Vila Riquelme

Gabriela Vilchez

 

Angélica Villalba Cárdenas

Kevin Villacís

Emmanuel Villagómez León

David Vivancos Allepuz

Juan Yanes

Norma Yurié Ordóñez

Farina D. Zambrano Tapia

Omar Julio Zárate

José Zelaya

Aarón Zepeda Luna

César Zetina Peñaloza