GABRIEL RAMOS: «GÉNESIS DE UN MICROUNIVERSO»

Robert Parkeharrison: «Study of a nest», 1994.


  

 

A TI QUE TE RESPETE

 

—Mamá, mamá, hoy en la escuela Pablo me volvió a pegar.

—Cuando lo veas, enséñale que a ti te tiene que respetar. Dale con todo lo que tengas.

—Sí, mamá, así lo haré —dijo Axel apretando con fuerza el cuchillo que tenía en la mano.

 

 

DÍA ESPECIAL

 

Él siempre fue muy especial con sus cosas, sobre todo con su ropa. Nunca permitió que nadie, siquiera, le sugiriera qué corbata debería usar. Pero ese día toda su vestimenta y hasta los zapatos los eligió su mujer. Afuera de la habitación, los de la funeraria esperaban para continuar su trabajo su trabajo.

 

 

EL OTRO

 

Me encuentro en un páramo, donde lo único que puedo ver son los matorrales, siento las intensas y fuertes ráfagas de viento que penetran en mis ropas y me provocan un frío insoportable. Llega un hombre montado en un caballo negro con un mechón blanco en su cabeza. No puedo distinguir quién es, aunque tiene un ligero parecido a mí en la forma de la cara y el pelo canoso. Cuando se aproxima un poco más, me doy cuenta que ambos tenemos los mismos ojos: uno azul, en tanto que el otro mitad azul y mitad verde.

Se acerca aún más y por su gesto puedo entender que está pidiendo ayuda, extiendo mi mano, la toma fuertemente, me tira hasta subirme al caballo y de manera casi instantánea yo quedo arriba, mientras él se baja.  

Ahora soy yo quién queda perdido en el tiempo.

 

 

GÉNESIS DE UN MICROUNIVERSO

 

Ella se encontraba dentro de aquel lugar, intentaba salir, por el contrario, él quería entrar. Ambos lucharon con intensidad contra la perilla de la puerta que, por fortuna explotó y lograron abrir al mismo tiempo.

 

 

La fuerza de la costumbre

 

Ayer fui al supermercado, tomé un carrito que fui llenando con todo aquello que hacía falta en casa. Siendo soltero, mis necesidades son pocas; fui a la sección de frutas y verduras, y al colocar en el carro el racimo de uvas me di cuenta que había un cuaderno para iluminar y unas crayolas; por supuesto que yo no necesitaba aquello, no tengo hijos. Pensé que alguien los había puesto ahí por equivocación. Llegué a la caja, pagué y salí del lugar, al llegar a mi auto y accionar el control remoto, la que abrió sus puertas fue la camioneta de al lado; subí y la eché a andar sin problema. Me dirigí a mi casa y la camioneta por alguna extraña razón tomó su propio camino. Me llevó hasta un edificio antiguo en donde automáticamente se detuvo. Sin pensarlo, subí en el elevador hasta el quinto piso, y con la llave que tenía en ese ajeno llavero, entré a un departamento en el que fui recibido por una bella pero extraña mujer que entusiasmada dijo: “Amor, qué bueno que llegaste”; y poco después con gritos de alegría, salió corriendo un niño que preguntó: “¿trajiste mi cuaderno?”.

 

OLVIDO

 

Cuando se separaron después de 30 años de matrimonio, él decidió olvidarla. Tiró a la basura sus fotografías, cartas, regalos y hasta las mancuernillas de plata del último cumpleaños.

 Hace varios días se sorprendió gratamente porque ya no recordaba cuál era el sonido de su voz, en diversas ocasiones fue incapaz de visualizar su rostro y solo entre sombras recuerda su figura. Ahora no tiene memoria para recordarla, pero ha olvidado el lugar donde vive y los nombres de sus hijos.

 

 

PARAÍSO

 

Después del accidente le quitaron una costilla; Adán, por fin se sentía completo.

 

 

PREMONICIÓN

 

Georgina era una colombiana que vivía en Nueva York, trabajaba como repartidora de correspondencia. De noche tuvo una pesadilla: soñó que un pájaro gigante la atacaba. Eso la atemorizó, pero al día siguiente continúo con sus actividades. Después de desayunar paso por sus paquetes y poco antes de las nueve estaba en el piso ochenta de la torre norte del WTC, al asomarse por la ventana vio venir un avión de enormes dimensiones.

 

 

REFUGIO

 

—¿Mamá, podemos dejar de jugar a las escondidillas? Ya estoy cansada.

—No, aún no, cariño.

Afuera papá alcoholizado seguía gritando insultos con un revólver en la mano.

 

 

TRES MINUTOS ANTES

 

La bala sale del hígado del heredero; sigue su trayectoria al reloj cuyos fragmentos se ensamblan y regresan a su estado original. El proyectil entra al cañón de la pistola y se guarda en el cargador junto con los cinco restantes. La pistola regresa a su funda, el hombre da nueve apresurados pasos hacia atrás, sube a su automóvil. Cuando Víctor pasa por el cruce anterior, ve a su medio hermano, que recibió la herencia del padre, y en unos minutos recibirá el disparo.

 

***

 

 

GABRIEL RAMOS (Ciudad de México - México, 1952)

 

Psicólogo Educativo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, graduado en la Especialidad en Alta Dirección por el Instituto Nacional de Administración Pública. Escritor y promotor cultural en diversos medios. Su interés está centrado en la microliteratura. Sus textos han aparecido en más de diecisiete Antologías Internacionales publicadas en Chile, Nicaragua, Perú, Colombia, Argentina y México. Es autor de Vivir es arriesgarse (Libro-objeto publicado por La tinta del silencio, 2017) traducido a los idiomas serbio y árabe, Sueños incumplidos (Libro digital de descarga gratuita de Libros del Fresno, (2020), en formato físico en Amazon, 2022), La fuerza de la costumbre (Ediciones Ser, 2021, en formato digital en Amazon, 2022),  Geografía del amor (Editorial Ex Libris, 2022), Autoconocerse en la escritura (Sello Editorial Minificción, 2022),  Escritura diaria (Sello Editorial Minificción, 2022) y a contracorriente, libro de microficciones en coautoría con Juan Manuel Dorrego (Cazadores de historias. Editores, 2022).

 

 


 

CAMILO MONTECINOS GUERRA: «ASUNTOS DOMÉSTICOS»

 

 

 NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE…

 

Ustedes son los escogidos, afirmó el líder. Ustedes no están aquí por voluntad propia, sino que fueron sacados del mundo para convertirse en mejores personas. Se escuchan aplausos. Dios los transformó en algo que no eran, cambió su alimento carnal por delicias espirituales para su deleite. Más aplausos. ¡Coman de la palabra de Dios!

Los aplausos aumentan, el público estalla y todos los fieles se abalanzan contra el hombre, deseosos de probar la carne divina.


SALTO A LA VIDA


Apresuras tus pasos para no arrepentirte. Sabes que debes estar a las 19.00 h en el lugar acordado. Así lo has decidido. Así lo has escrito en el block de notas de tu android. Así te lo has repetido tantas veces frente al espejo cada mañana antes de salir al trabajo. Intentas dejar la mente en blanco pero es imposible. Miles de imágenes se agolpan en tu cabeza. Gritos que te recorren de un lado a otro. Gritos que te van alejando del bullicio de las calles, de las personas caminando, de las masas que devoran cada milímetro del mall. Gritos que te van silenciando poco a poco hasta que llega la hora de lanzarse al vacío. No alcanzarás a oír el impacto del cuerpo contra el asfalto, no verás las luces de cientos de celulares inmortalizando la escena, ni conocerás a las personas que difundirán el suceso en sus redes sociales, lamentando con post tristes y hashtag tu vida que se apaga.


RUTINA ESCRITURAL

 

Prepara un café cargado para iniciar el proceso. Una vez sentado, con la taza en el lado derecho del escritorio, repasa algunos textos esbozados la noche anterior. Tacha, borra, reemplaza algunas palabras y continúa con el siguiente. De vez en cuando, recurre a uno que otro libro que tiene a mano para recordar algunas citas o completar la idea que se le insinúa en la página en blanco que ahora abre. Utiliza un lápiz, pues ama escribir a mano. Al costado izquierdo dispone de un pequeño panel donde inserta pegatinas con algunas frases o recuerdos o aromas de posibles historias que retomará más adelante. Mantiene todo en orden. Todo bien asignado. En un compartimento secreto un revólver espera expectante: un acto homicida es su mayor inspiración.

 

MENÚ DE BIENVENIDA

 

Revisas como de costumbre la alacena. Esperas que nada falte para coronar ese día perfecto. El ascenso en el trabajo merece una celebración apoteósica. Destapas el champán y te relajas en el asiento fresco y amplio de tu sala de estar; no falta mucho para que lleguen los invitados. Hoy tu departamento estará repleto, lleno de gente de todos tus círculos cercanos: familiares, amigos, compañeros y ex compañeros de trabajo que consideras, deben acompañarte en este momento glorioso. La hora se acerca y el apuro del tiempo interrumpe tu descanso. No te impacientas. Ya saboreas la cena. Ya disfrutas los manjares con los que darás rienda suelta a tus secretos instintos, esos que solo tú conoces. La hora se aproxima. No te preocuparás de la mesa, ni los cubiertos, ni de encender la cocina. No calentarás esa lasaña ni continuarás con el postre a medio terminar. Esta noche debe ser como ninguna otra. No hay cena que la amerite: ellos serán el plato principal.

 

LIBERACIÓN

 

El objetivo de su plan dependía exclusivamente de la prolijidad del ritual. Por eso, era importante pronunciar cada conjuro tal como estaban escritos. Sin ambigüedades, sin dubitaciones, sin errores, o de lo contrario las consecuencias serían desastrosas. La noche escogida era de una belleza indescriptible. La luna, en su calidad de espectadora, lucía blanca como una novia expectante. En algún rincón del cielo, era posible también vislumbrar el planeta Marte, como una pequeña mancha rojiza que dotaba a la escena de la infaltable alusión a la sangre. El ritual fue todo un éxito: en el piso, restos de cuerpos infantes cortados simétricamente; de pie, un ángel sonreía, satisfecho.

 

***

 

Camilo Montecinos Guerra (1987, Arica - Chile). Escritor, profesor y gestor cultural. Ha publicado dos libros de microficción: «Golpes sobre la mesa» (Ediciones Sherezade, Chile, 2017) y «Asuntos domésticos» (El Taller Blanco Ediciones, Colombia, 2022). Asimismo, sus textos han sido difundidos en antologías y revistas literarias de Latinoamérica, España y Alemania. Ha realizado talleres de fomento lector, escritura creativa y charlas sobre microficción. Dirige el taller literario «Contar desde lo mínimo» y forma parte del colectivo internacional Minificcionistas Pandémicos. Obtuvo Beca a la creación literaria del Ministerio de las Culturas de Chile, los años 2017 y 2021.

 


 

MERODEOS EN TORNO A LO CALLADO: «PAN DESMIGAJADO», DE NÉLIDA CAÑAS.

 


Por Lilian Elphick

 

 

«Cuando escribo sólo puedo dar merodeos en torno a lo callado. Lo que digo en la escritura es el nudo ciego que desata el lenguaje».

 

Nélida Cañas

 

Con este epígrafe tan conmovedor se inicia el libro Pan desmigajado, de la autora argentina Nélida Cañas. Hay otros dos que lo acompañan que también sirven de faros para guiar al lector/a en la travesía de la lectura. Porque este magnífico libro es un viaje de universos desmigajados. Nélida nos ha nutrido y enseñado diferentes modos de apreciar y aprehender sus mínimas historias. Somos sus pájaros y hemos comido de sus migas y hemos sido capaces de embriagarnos con sus minificciones. Cada una de ellas puede llegar a ser aquel nudo ciego que posibilita la apertura al lenguaje, la esencia de la palabra. Hay una delicadeza extrema en algunos textos, como si les hubiese llegado el rocío de una mañana aún no nombrada:

 

ALUMBRAMIENTO

 

De uno de los rollitos de papel arrojados en la noche escapó una palabra, que rodó como una lágrima en el vidrio de la ventana. Me quedé mirándola largo rato hasta que pude ver en su transparencia las vestiduras de un ángel de Soldi. El ángel se corporizó como si aquella lágrima hubiera sido su crisálida. En el piso había un universo desmigajado. Con infinita paciencia alisé los bollitos y los puse sobre la mesa. Los miré una y otra vez. La noche había hecho su trabajo. El poema tomó la leve forma de un ángel y casi sin proponérselo levantó vuelo.

 

VÓRTICE

 

Había caminado largamente por el desierto cuando llegó el poema que un anciano escribía en el empedrado de un parque. Un poema escrito con agua, que se iba diluyendo a medida que el pincel trazaba los signos. El poema hablaba de un hombre que había caminado largamente en el desierto. Las dunas se deshacían en nubes de arena, que formaban otras dunas. El hombre fue una imagen ligera. Un vórtice en el poema escrito con agua en el empedrado de un parque.

 

Entre vuelos y vórtices la palabra nos alimenta y nos saca de nuestro centro; logra que nos cuestionemos no una, sino varias veces sobre la misión de la literatura en y dentro del tiempo. Todo no es sino tiempo, nos recuerda Gloria Gervitz. Esta certeza se refuerza con la idea de la «monstruosidad» de la literatura: La literatura es una bestia, una criatura mutante, dice María Belén Aguirre. La función de los epígrafes es esencial en este libro. Están muy bien elegidos, porque, de algún modo, nos alisan el camino y nos preparan para enfrentarnos con el monstruo de la literatura. Monstruo, en su raíz latina, significa prodigio, pero también es lo que se muestra tal cual es. Entonces, la literatura, en su esencia, va desnuda. Muchos de los microrrelatos de este libro llevan esta marca. De tan desnudos son inefables, como los aquí citados anteriormente, y es como enfrentarse a Matsuo Basho. Son textos muy lejanos de la estridencia y la pirotecnia. Es el caso, entre otros, de  «Alumbramiento», «Vórtice» y «Bósforo», que nos remite de inmediato a la película El paciente inglés, basada en la novela homónima de Michael Ondaatje (1992).

 

BÓSFORO

 

La historia ha comenzado antes, mucho antes. Cuando ella leyó aquel poema frente a la hoguera en el desierto. Ahora Lazlo, la lleva en brazo hasta la Cueva de los nadadores. La deja con suavidad cerca de los helechos y el rumor del agua en la penumbra de la piedra. Ella respira con dificultad. Él enciende la lámpara y le deja su libro de Heródoto donde dibuja los mapas y escribe sus notas. La acaricia con delicadeza. Recuerda cuando detenía su mano en la leve depresión en forma de S. Entonces vuelve a decirle que aquel mínimo estrecho, que se abre en su pecho en su sitio en el mundo. Mientras se marcha de su lado en busca de ayuda recuerda su nombre, Bósforo. El estrecho que se abre entre dos continentes y recibe agua de dos mares. No la mira. Llora. Todavía hay luz cuando se aleja.

 

 A Lászlo Almásy

 

 

Este notable texto certifica lo que la misma autora opina del microrrelato:

 

Escribir microrrelatos no es fácil. Brevedad y concisión, dos de sus características, no nos habilitan a escribirlos sin compromiso. Si no es fácil su escritura, tampoco lo es su lectura. Una novela, por ejemplo, propone un universo, por complejo que sea, al que ingresamos en la primera página y salimos en la última. La lectura de micros nos propone un universo en cada página. Un universo en que nos quedamos rumiando sentidos. Y nos exige nuevas lecturas. (Apostillas para la lectura y la escritura, de Nélida Cañas. Publicación en FB).

 

El universo en unas pocas líneas y el arduo trabajo del lector/a para merodear en esos parajes, como tener muchas llaves para una sola cerradura. O presentar dos universos en un solo texto, dos visiones que a veces se contradicen o se repletan de la carga semántica del binomio:

 

OTROS FUEGOS

 

El hombre salió a la noche de la llanura. El fuego de los ratrojos teñía el horizonte. Los pajonales arrastrados por el viento eran quemados para preparar la tierra. Encendió un cigarrillo y recordó al muchacho corriendo entre las trincheras, huyendo de la hambruna de la guerra. Recordó la devastación de la casa solariega. El barco carguero donde viajó como polizón. La humillación y la miseria. La rabia que le crecía por dentro hasta teñirle el horizonte de rojo. Terminó el cigarrillo, busco refugio en la cocina. Su mujer alimentaba a su pequeño hijo y el farol alumbraba el tiempo de la siembra.

 

 

SOSTÉN

 

La llanura tiene sus milagros, pensó merodeando recuerdos, desde su mínimo departamento en el vértigo de la ciudad. Sus padres campesinos la ayudaban a cumplir su sueño y ella, que no alcanzaba a ver el horizonte entre los edificios, rumiaba fragmentos de vida: el sahumerio de la alfalfa recién florecida. El horizonte desangrando su pasión de lejanías. Su padre calentándose los pies en las madrugadas de invierno. Y el caballo. Su amado alazán sostiendo a destajo la llanura.

 

    

 

En estos dos microrrelatos se puede apreciar claramente la mostración de dos mundos, de dos fuegos muy diferentes entre sí. Por un lado, la guerra y la migración; por otro, la dicotomía campo-ciudad y el deseo de estar y ser en el locus amoenus, el lugar ameno, el predilecto, que no es otro sitio sino la tierra mojada por la lluvia o quemada para preparar una futura siembra.

     Luego de estas lecturas, sólo queda el silencio, lo callado. Celebro este nuevo libro de Nélida Cañas, por su escritura tan significativa y repleta de sentidos. Pan desmigajado nos nutre y nos otorga esa inquietante valentía para seguir leyendo y escribiendo.

 

 

*

    

Pan desmigajado, de Nélida Cañas es una obra de la colección digital de microficción iberoamericana, versión Kindle, dirigida por Homero Carvalho Oliva. Editora BGR, octubre de 2022.

 

 

«COSTURAS SILENTES», DE ALBERTO SÁNCHEZ ARGÜELLO


 

Por Lilian Elphick

CÓMO SE COSE UNA MINIFICCIÓN


Un buen microrrelato se cose con puntadas narrativas muy finas. El resto del universo fictivo está en silencio y así debe ser. Es lo que sucede con el libro Costuras silentes, del nicaragüense Alberto Sánchez Argüello, publicado en formato digital por Editora BGR, 2022. Cada texto es capaz de conmover de modo muy profundo al lector/a. Más que la brevedad, es la intensidad la que logra la conmoción. El texto leído me saca de mi centro narcisista y me genera empatía y una sensación esponjosa de sumergirme en las palabras, como si fueran agua o arena. Por ejemplo, dos textos de diferente temática, pero igualmente intensos, cosidos con una puntada hábil y filosa, como una telaraña o un machete abriéndose paso en la selva:

 

TRANSFORMACIÓN DE LA MATERIA

 

La niña, exhausta, se sienta cerca del río que cruza la ciudad. De su mejilla se desprende una lágrima que cae, rueda lenta por el asfalto, se pega al zapato de alguien que escapa y termina deslizándose entre las orugas metálicas de un tanque.

 

PREMONICIÓN

 

En la cabina, a la espera de los últimos pasajeros, finalmente llegó el mensaje: «No iré». Era seco, indiferente, como ella. Cerraste los ojos durante una hora y tu rabia alcanzó el punto máximo cuando la turbulencia empeoró y el capitán ordenó colocarse en posición de choque, segundos antes que las ventanas explotaran.

 

El escritor-maestro Ernest Hemingway dijo que lo más importante nunca se cuenta. Es la conocida Teoría del iceberg, que deja lo esencial, lo profundo, extirpando circunloquios y frases manidas, y que logra no sólo sorprender al lector/a, sino que lo somete a un estado de revelación o epifanía. Es el caso del cuento «Colinas como elefantes blancos», que genera dos historias: una superficial y una profunda.  

Al escribir microrrelatos también se puede usar esta técnica de supresión y silencio, y es lo que sucede en los dos textos ya señalados. El lector/a deberá organizar la materia narrada y discernir qué es lo más importante en el texto de la niña: ¿La lágrima que va de un lugar a otro?, ¿la transformación de la materia?, ¿las orugas del tanque? El lector/a audaz comprenderá más allá de estas «verdades».

     En primera instancia, el título «Premonición» nos podría dar alguna pista para aprehender cabalmente el texto, pero cabe preguntarse dónde está el nudo que tensa la historia: ¿En el mensaje de último momento?, ¿en la rabia transformada en desastre aéreo?, ¿en la vida y en la muerte del amor? ¿Dónde está esa verdad que acerca al lector/a al precipicio? Porque aquí se descarrila el texto y el que lo lee. El lector/a desprevenido, ciertamente, no «adivinará» la esencia de este microrrelato y zozobrará en la superficialidad de las palabras.

 

EL COSTURÓN APOCALÍPTICO

 

La serie «Prisioneros», que consta de 13 textos, podría considerarse una micro-nouvelle. Como los prisioneros/fugitivos, cada texto está encadenado al otro, según el avance del discurso narrativo. Impresiona la crudeza de cada palabra que estalla en los ojos de quien lee. Se trata de un costurón, una herida aún abierta que no sana. Los personajes no saben a ciencia cierta cuánto tiempo llevan encerrados, propiciando un paisaje físico y emocional que oscila entre el absurdo apocalíptico y una distopía que bien puede ser una llamada de atención hacia un mundo que perfectamente es capaz de habitar el Real. ¿Qué tan distópica es esta serie?, ¿qué tiene de distópica esta distopía, valga la redundancia, cuando se revela como las venas abiertas de América Latina, parafraseando a Eduardo Galeano?:

 

 

Hemos decidido escapar de este calabozo. No sabemos  cuánto tiempo llevamos aquí, sólo recordamos que somos  presos políticos de tres dictaduras dinásticas. Uno de nosotros dice recordar que su red de conspiración usaba códigos secretos a través del telégrafo. En total somos siete prófugos, incluyendo al guarda del  turno nocturno que ya está harto de su salario y el mal plan de salud estatal.

 

 

VI 

 

En nuestro recorrido por las kilométricas tuberías de aguas  negras conocimos las intimidades de presos y guardias.  Discutimos con un ejército de ratas que se nos quisieron  unir y Julián nos salvó de ser devorados al aceptar ser su líder y quedarse para siempre en aquella oscuridad.  

Salimos a través de estrechas alcantarillas que nos  obligaron a transitar desnudos, cubiertos de grasa de  cerdo. Luego corrimos desesperados a campo traviesa por  un bosque de pinos.  

Caminamos durante días, con hambre y frío, hasta que  llegamos a una pared tan alta que ocultaba el sol: entonces  descubrimos que no habíamos salido de la prisión. 

 

 

VIII 

 

El camarógrafo del reality nos pedía que asumiésemos poses dramáticas mientras escapábamos; pero sin  exagerar, porque llorar de terror y mearnos encima no era nada atractivo para la televisión internacional.

 

 

El narrador de la serie —sin nombre, quizás para otorgarle más universalidad a la historia— ha vivido casi siempre encerrado en las mazmorras: Era un niño cuando me trajeron acá.  Acompañaba a mi padre en una marcha cuando nos apresaron a los dos: mi edad no fue obstáculo para  incluirme entre los presos políticos (Texto VI, serie «Prisioneros»).  La infancia vulnerada es muy clara en este texto. El sistema totalitario o, mejor dicho, el capitalismo multinacional, apresa de modo arbitrario y violento a quien no esté de acuerdo con sus pautas de dominación y sojuzgamiento. A mi modo de ver, lo más descarnado y donde se sustenta el costurón apocalíptico, es en la aparición del reality (texto IV y VIII), que sitúa la atrocidad como algo perfectamente ‘normal’, dada la convulsión de los tiempos. Por lo tanto, el escape es susceptible de ser filmado y ‘actuado’. Según el teórico francés Jean Baudrillard «con la aparición de los primeros reality shows en 1971[…], nosotros ya no miramos más, sino que ésta [la TV] nos mira a nosotros «vivir», pues «se ha producido un giro del dispositivo panóptico de vigilancia...hacia un sistema de disuasión donde está abolida la distinción entre lo pasivo y lo activo».[1] El reality en la serie «Prisioneros», y siguiendo a Baudrillard, ya no se erige en el Real, sino en lo Hiperreal, que «es más que nada la sustitución de la misma por su imagen, por su máscara, por una construcción artificial de ella […] y se presenta como una realidad más real que la realidad pero además más atractiva y con mayor poder de seducción ya que ésta no es ya el reflejo, el clon o el holograma de lo real, sino la misma realidad perfeccionada, digitalizada, fotoshoppeada, cuya naturaleza acaba por sumir en el olvido a la realidad […]». (Martha Nélida Ruiz, 2011).

 

Esta simulación va de la mano con la ‘banalidad del mal’, término acuñado por la filósofa Hannah Arendt, en su libro Eichmann en Jerusalén:  «Fue como si en aquellos últimos minutos [Eichmann] resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes».( En Wikipedia).

El costurón apocalíptico (no pretendo agregarle una connotación religiosa a la palabra ‘apocalipsis’) va mucho más allá del Show de Truman, por citar aquí la película dirigida por Peter Weir, donde un hombre, sin saberlo, vive toda su vida dentro de un reality. La película es ingenua en comparación con la realidad mostrada en la serie «Prisioneros», que finaliza con una adaptación al perverso sistema social de encandilamiento, y que engulle a los personajes:

 

Años después logramos escapar finalmente y un país nos dio asilo. Nos acostumbramos a la luz del día y empezamos a salir a los espacios públicos. Algunos de nosotros fuimos invitados a  programas de radio y a Emilio le donaron un  brazo de plástico, con la mano en un eterno gesto de  victoria que mostraba a los paparazzi que nos seguían a las  cenas de gala de las embajadas. (Texto XIII, serie «Prisioneros»).

 

 

La serie «Revoluciones» consta de cuatro microrrelatos y exhibe un alto contenido absurdo y paródico. Como bien se sabe, la parodia supone un original y una copia deformada. El desencanto está presente en estos textos, a pesar del guiño festivo del narrador:

 

Para evitar que nos tacharan de terroristas le hicimos ver a la población que los funcionarios públicos no eran muy distintos a los muebles de una casa y después de cada explosión repartíamos flores y chocolates entre los niños que miraban arder los edificios. (Texto II, Serie «Revoluciones»).

 

Como figuras excelsas de la Revolución, pero miniaturizados y paródicos, los personajes peregrinan por el país a ‘revolucionar’, aunque en los textos no se explicite qué cambios desean llevar a cabo:

 

[…] fue Matías el que siempre descolló, con su mochila gris cargando las mínimas pertenencias, por su compartir generoso, su vida transparente y sus palabras que empequeñecían las nuestras con su fuerza y lirismo político.

     Todos fuimos unánimes en la decisión de embalsamarlo en pleno discurso, inmortalizándolo así para las futuras generaciones, un claro ejemplo de vigor y ética revolucionaria. (Texto III, Serie «Revoluciones»).

 

 

     El embalsamamiento del personaje Matías evidencia un punto de alta tensión. Se cristaliza el espíritu transparente de sus palabras para futuras generaciones que sí harán la verdadera revolución, como si la otra, la fallida, fuese sólo un ensayo. Se agregan otras rebeliones que merman los objetivos de los personajes y que, finalmente, acabarán devorados por el sistema, al igual que en la Serie «Prisioneros», aunque entre una y otra serie haya una diferencia abismal.

 

 

Vimos en grandes caracteres el llamado a una revolución popular pansexual, otro anunciaba el despliegue inminente de las masas de animalistas clamando por la revolución de las mascotas, uno en letras más pequeñas prometía la revolución de la niñez e incluso salió uno que llamaba a solidarizarse con la revolución plateada de la tercera edad.

 

Dejamos aquella batalla absurda y empezamos a vender camisetas con frases que sabemos que un día engendrarán la única y verdadera revolución. (Texto IV, Serie «Revoluciones»).

 

    

     Para finalizar, sólo debo agregar que el libro Costuras silentes, de Alberto Sánchez Argüello, va más allá de lo que normalmente se entiende como un conjunto de microrrelatos. Aquí, el lector/a no encontrará chistes ni finales sorprendentes, como si fueran un voladero de luces; no encontrará, asimismo, textos de anécdota facilona. No hay nada en este libro que haga conjeturar al lector/a que se trata de una lectura para las vacaciones o para quedarse dormido bajo las tibias arenas del lugar común. Costuras silentes, dada las temáticas trabajadas, es un escrito provocativo y conmovedor, que llama a la reflexión y al cuestionamiento de ciertos paradigmas socioculturales. No me queda sino felicitar a este gran autor centroamericano. Nos deja la vara muy alta: nos ha cosido el alma.

 

 

Santiago de Chile, octubre de 2022



[1] Reseña de «Cultura y Simulacro», de Jean Baudrillard. Martha Nélida Ruiz Uribe. Razón y Palabra  2011,  (75).

 

«Costuras silentes», de Alberto Sánchez Argüello constituye la sexta obra de la Colección Digital de Microficción Iberoamericana, Edición Kindle, dirigida por Homero Carvalho Oliva (Editora BGR, 2022)

https://editorialbgr.com/producto/costuras-silentes/

 

LILIAN ELPHICK: «FUERA DE TIEMPO»

 

Sergio Astorga




 

SAKURA


Cuando florezcan los cerezos, mi vida, te levantarás temprano y caminarás entre las ruinas buscando tu casa, tu reloj, la carta que ya habías perdido y recobrado. Las mil grullas de papel aún esperan para echarse a volar por aires más limpios, sin el estruendo cegador, lejos del polvo y la muerte, distantes del fuego. Cuando florezcan, mi vida, esos abrazos, renacerás en cada pétalo y en cada aroma. La ceremonia será sencilla: besarás tu piel desintegrada y crearás otra forma que permita la caricia necesaria.


GRANADAS

 

A Sergio Astorga


Comimos la fruta roja de ese árbol y nuestras bocas se deleitaron con las semillas ínfimas. Ácidas, luego de las explosiones. Dulces, antes de la muerte.


AQUÍ NO HAY NADA


Luego de desbrozar el silencio que nos pertenece, de borrar las huellas y corregir nuestra escritura hasta el mismo vacío, llevando la mirada hacia otros parajes más agrestes aún, más enmarañados, repletos de significados que no comprendemos ni alcanzamos. Luego de todas las verdades, devoramos el cuerpo de lo real y caemos en esta miel, esta melaza, este sopor líquido y pegajoso llamado nostalgia. Porque no hay ni habrá vergüenza para la contemplación del silencio. Caen los símbolos y se azota el mundo entero, como aquellos árboles viejos desplomados por el viento.


                             

EL OLVIDO


Mientras tú leías aquella novela decimonónica de amores imposibles, en donde ella pertenece a la alta sociedad y él es hijo de un aceñero, yo me desnudé del deseo, dejé atrás la nostalgia y fortalecí mi piel para inscribirla en la cadencia del amanecer. Así, el silencio me bañó de luz y me hizo olvidar, de una vez por todas, ese afán tan literario de titular lo que jamás se gestó.


LO QUE NOS QUEDA


A Nélida Cañas


Los atardeceres del silencio, los cerros recortados contra el viento, tu amor y el mío, que no es nuestro, que no significa posesión, sino un vuelo. La mariposa que sucumbe en la mano del leproso, los charcos donde juegan las ranas, un tatuaje en el antebrazo, una herida en la cabeza, una destrucción convertida en polvo blanco, arena, desierto, piedra caliza, ceniza de volcán. El árbol más viejo y las semillas en el delantal de una muchacha. Tu rabia y mi insistencia. La recuperación de seres queridos. El lastimero aullido de los coyotes. La brújula. Eso que ya perdimos.

 

EL COLECCIONISTA DE GRILLOS


El poeta sobrevivió a varias guerras y exterminios, cabalgó por las interminables llanuras del hambre y bebió el agua de ríos donde corría la traición. Escribió en papeles manchados, en tablas y cartones. Anotó el mundo entero, ése que sus ojos no se atrevían a mirar. Pero, bastaron los grillos para sacarlo del insomnio. Los fue juntando y les fabricó un pequeño paraíso de ramas y hojas tiernas en una caja donde antes almacenaba el amor.

Los grillos, sin motivo alguno para marcar territorio, guardaron silencio.


LOS ANCIANOS


Primero, fueron los bastones. La casa entera acogía el cloc cloc del desplazamiento. Luego, fueron los andadores con patas de goma, inaudibles. Las sillas de ruedas llegaron con el peor de los inviernos, rayando las paredes y maltratando el parqué. Se deshicieron de las mesas de arrimo y las vitrinas. Las alfombras se enrollaron para ir a dar al altillo.

La casa quedó vacía y con eco.

Los ancianos quisieron morir, pero nunca murieron. Con los ojos apenas entreabiertos, en las camas clínicas, esperan salir del sueño de la vida.


ANA

«Me siento como un pájaro con alas cortadas, que se tira contra los barrotes de la jaula. ¡Déjame salir!, grita una voz dentro de mí».


Diario de Ana Frank


Querida Ana: Tenías sólo 15 años en Bergen-Belsen, aquellos barracones donde repartiste el pan, infestada de piojos y cubierta sólo por una manta raída. Eras un esqueleto y seguías consiguiendo comida para las más débiles. Aún sonreías cuando viste que a tu hermana Margot se le helaba la mirada.

Escribiste un diario y yo te escribo para traerte de vuelta, sabiendo que estás demasiado lejos y que será difícil tu travesía a través de las colinas de los sueños. Desde la muerte sonríes, niña hermosa. Toma mi lapicera: borra mi huella e imprime la tuya.

No perdones ni olvides el encierro y la muerte. Todos tenemos a un pequeño Hitler girando en nuestras conciencias. 

*

Estos textos pertenecen al libro Fuera de tiempo, de Lilian Elphick, de próxima aparición.

 

Lilian Elphick (Santiago de Chile) Es Licenciada en Literatura y con estudios completos de Magíster en Literatura Chilena e Hispanoamericana por la Universidad de Chile; directora de talleres literarios desde 1990 y editora general de la página web Brevilla, dedicada a la minificción.

Ha publicado:

Cuentos: La última canción de Maggie Alcázar (1990); El otro afuera ( 2002); Praderas Amarillas (2019).

Minificciones: Ojo Travieso ( Chile, 2007); Bellas de sangre contraria (Chile, 2009. Premio Mejores Obras Literarias Editadas, categoría cuento, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Santiago, Chile, octubre 2010); Diálogo de tigres (Chile, 2011); Confesiones de una chica de rojo( Chile, 2013); K (Chile, 2014); El crujido de la seda. Selección y prólogo de Gemma Pellicer (España, 2016). Capilar (Chile, 2018). El libro Capilar fue seleccionado por el Programa de Adquisición de Libros del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Chile, 2019.

Ha sido incluida en numerosas antologías de cuento y microrrelato, tanto en Chile como el extranjero.

Sus textos han sido traducidos a varios idiomas.