MANUEL SAUCEVERDE: «ÓNFALO»


 
Chema Madoz




Unboxing

Acción de desempaquetar un producto nuevo y publicarlo en las redes sociales; se le atribuye a Pandora de Hefestos.



Para quedar bien con Dios y con el Diablo

Escucha reguetón cristiano.



Éter

La quintaesencia de la microliteratura es el azar.



Ónfalo

En una hoja en blanco se encuentran en equilibrio presente, pasado y futuro: escribir es revelar un oráculo.

*

Manuel Sauceverde es Doctor en Economía por la UNAM y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Ha obtenido una docena de reconocimientos en economía, narrativa, poesía y música y ha publicado en diversos medios nacionales e internacionales. Es miembro del consejo editorial de La Otra: Revista de Poesía y del Ensamble Didar: Música Clásica Persa en México; además, dirige el proyecto Cómics Poéticos: collages digitales, gifs y libro-juegos de poemas y microficciones. Sus libros publicados: Entre una estrella y dos golondrinas (Poesía, Editorial Lectio) y Universos perpendiculares (Narrativa, Editorial Lectio).



«BREVIRUS», ANTOLOGÍA DE MINIFICCIONES


 
Sergio Astorga


Revista Brevilla tiene el agrado de presentar la antología de minificciones «Brevirus», que contiene no sólo microrrelatos, sino aforismos y haikús. Con 348 páginas y 278 escritoras y escritores de 22 países, esta reunión de textos se constituirá como un referente literario, creativo y dinámico que le hizo frente a la adversidad.

Nuestros más sinceros agradecimientos a la Corporación Letras de Chile por publicar el formato PDF «Brevirus» en su portal.

Revista Brevilla.
Minificción al x mayor.


      DESCARGA «BREVIRUS» AQUÍ


MUSTAPHA HANDAR: «ARMAS DE PAPEL»




El agua en los tiempos de la cólera

 —¡Nuestro boicot ha sido un exitazo!
 —Sí, ya nadie compra agua mineral.

[Tres meses después]

 —¡A todos los ciudadanos! Sentimos advertirles que el agua potable está contaminada por el cólera. Para la salud de todos, les recomendamos evitarla de momento y tomar agua mineral, es segura" - dijo el cejijunto portavoz del gobierno en la televisión.


El manuscrito Voynich

Gano la vida gracias a mis servicios de sicario hasta que leí aquel códice, único y recientemente descifrado, que una secta me suplicó encontrar y quemar. Convertí todo el museo en cenizas. El mundo entero lo descargó después.


Bisturazo

Se aproximaron. Sus labios se fundieron en un intenso beso. Ella le empaló el corazón con un bisturí. Él creyó que era simplemente un flechazo.


El abogado perfecto

Nunca perdió un caso. Sabía cómo acallar a los testigos opuestos para siempre. El cofre de su coche y el jardín trasero de su casa eran sus cómplices.

La bola negra

Somos un pueblo de bolas agotadas, rodeadas de seis hoyos y de muros en los cuatro puntos cardinales y gobernadas por un hombre que le gusta jugar al billar –dijo la bola negra antes de ser impulsada, con premeditada maña, a la fosa común. 


Correctivo submarino

«Estoy en una putrefacta cárcel. Pero menos mal que no estoy pasando hambre. A cada rato, me obsequian con toneladas de pescados frescos»  —dijo Jonás.

Lector empedernido

Quemó los libros de política y se escondió en El Quijote. Estaba seguro de que este lo defendería.


El cazador

A los niños que fueron violados o abandonados

Yo recogía uvas en el bosque. De improvisto, divisé a una chica, vestida de túnica talar con caperuza roja, caminar con pasos acelerados entre los espesos árboles. Miraba hacia todos los lados, mientras apretaba una canasta contra el pecho. La perseguí sigilosamente. Cuando se detuvo bajo un árbol muy sombreado, noté que un incontenible torrente de lágrimas le resbalaba por su precioso rostro. Puso allí la cesta con extremo cuidado y volvió sobre sus pasos corriendo.  Entonces, me acerqué y eché un vistazo a la cestita: un bebé de belleza angelical y semblante muy radiante dormía dentro. Tanto el niño como su madre de apenas diecisiete años eran víctimas del Lobo. Sin pensarlo dos veces, llevé al bebé abandonado a mi casa, se lo entregué a mi esposa para que le brindara cuidado y amor; y fui en busca de mi escopeta.


Armas de papel

Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar el mundo. La educación es la única solución.

Malala Yousafzai (Premio Nobel de la Paz 2014)

Un profesor jubilado se acercó a un punto fronterizo de vigilancia de un país en guerra para pedir a los centinelas que le permitieran entrar.
—¡Alto! —le ordenó el capitán. —¿Qué llevas en el vehículo?
 —Solo libros. Los quiero impartir gratis a las escuelas, si no a la gente.
 —¿No ves que el país está en llamas por una guerra civil?
 —Sí, yo sigo las noticias a diario desde que estalló la guerra, hace cuatro años. No os preocupéis por mí. Los reparto y abandono el territorio cuanto antes.
 —Que salgas de ahí, que te arrojen al crematorio o que te ahorquen, a nosotros nos importa un pepino. Yo estoy hablando de esta biblioteca que llevas en el coche. Aquí está prohibido introducir libros.
 —Pero ¿por qué? —inquirió asombrado el extranjero. —Solo son obras. Yo no soy un narco de armas.
 —Con estos libros vas a echar más papel al fuego. Aquí, ya no queremos más hojas ni lápices ¡Lárgate de aquí! —le chilló el jefe a la cara antes de dirigirse a un pelotón con un lenguaje tapado:
—¡Ducha caliente!
El grupo de soldados desparramó gasolina sobre el coche-biblioteca y le prendió fuego, mientras cedían paso libre a los camiones transportadores de armas masivas.

Fatal inspirations

Estaba tan encandilado por el estudio de Criminología y Antropofagia que viajé a varios países con el fin de entrevistar a los criminales seriales más prolíficos de la historia sobre qué mancha negra llevaban dentro para que perpetraran pavorosas masacres. Unos vivían quietos su cadena perpetua; otros, con un bozal, se paseaban en sus celdas aisladas como demonios en el averno.

—Exterminé a 88 almas aún sin cumplir 19 años. Si haces un gesto que me molesta, te aniquilo —me amenazó «Pedrinio Matador» con párpados que se negaban a cerrarse a lo largo de nuestra plática en una cárcel brasileña.

En México, visité al «Poeta Caníbal». —Era una delicia de poema. Freí cada verso en una sartén y me lo comí —me dijo aludiendo a su esposa.
Dahmer, el «Carnicero de Milwaukee», me introdujo en su tremebundo y pasional reinado de necrofilia y canibalismo. —Hueles a carne humana. Con aceite de oliva adquirirás un sabor inconfundible. No te preocupes, no te violaré mientras vivo estás- aunque me espeluznó, —¿les confío un secreto? —me engendró cierta admiración.

Un día de verano, cuando caminaba por la playa, sentí una extraña atracción hacia los cuerpos bronceados y arenosos de los veraneantes. Después, las playas eran mis supermercados favoritos. Las rubias eran mi predilección. Esta tarde, tengo otra cita muy peculiar. Ridley Scott acompañado de Anthony Hopkins y un guionista vienen a visitarme en mi calabozo. ¡Nos vemos en Hollywood!  

 *

Mustapha Handar

Nació bajo el signo Piscis en Agadir, Marruecos, en 1982. Es profesor, traductor, investigador, microficcionista y miembro del grupo literario Minificcionistas Pandémicos. Sus microrrelatos han sido publicados en las revistas literarias Círculo de Poesía (México), Letras Itinerantes (Colombia), Tardes amarillas (Argentina) y Papenfuss (España). Sus minificciones han aparecido también en antologías como Letras Marruecas II: Nueva antología de escritores marroquíes en castellano, compilada por Cristián H. Ricci (Chile, ed. Altazor, 2018), varias antologías de Diversidad literaria (España) y Piedra y nido (Argentina). Publicó, asimismo, relatos y artículos de crítica literaria en las revistas Hércules Cultural (España), Revista Dos Orillas (España) y en la revista electrónica Crítica.cl (Chile).



RICARDO BUGARÍN: «ALGUNAS BREVEDADES DEL AMOR»

SEBASTIÁN CHILLEMI



ACTO DE AMOR
Doña Inés se acaricia los cabellos y saca de ellos una golondrina que lanza a libre vuelo desde su ventana. Desde la fosa vemos aquel acto de amor desplegado en la cima del torreón y nos invade un sentimiento profundo de admiración por nuestra señora. Nada nos importa que los arqueros, apostados a unos metros, le den caza en sus ejercicios de práctica de ataque al enemigo. Sabemos que ellos desconocen la nobleza de la que están hechos los actos de amor.



UNA DE AMOR
Zenobia Lucero se recorrió todas las comarcas centrales con su guitarra al hombro. No bien llegaba a un pueblo, se ubicaba en alguna esquina y comenzaba a extender su repertorio. En Chirubí fue el encuentro. Un mozo grande, como de dos metros, se le presentó con un violín y, entre arpegios y arpegios, le arrobó los sentidos. A Zenobia nunca le parecieron tan alocadas y tan bien dispuestas, como en esa oportunidad, las siete notas que con mágica alternancia invadían los espacios. Zenobia se enchirubitó, se enviolonó, se agarró un mocetón de dos metros y se olvidó de su guitarra. En las playas bajas de la costa dicen que se los ve muy amarraditos y melodiosos. Él engalana las noches con su violín y ella hace pajaritas de papel que va lanzando al viento. Las historia de amor son muy chiquitas, pero profundas.

EL PARAISO PUEDE SER UN INFIERNO
«Dante es un calentón», se queja tía Beatriz a mamá. Se cree que el paraíso del amor radica en hacer de cada día un infierno. Los cosas quedan todas revueltas y después que se marcha al trabajo, siempre me toca a mí ordenar toda la casa.

ESPERANZADO BALANCE
Entre tu fonema y mi morfema hemos alcanzado una relación exponencial, equinoccial y ergonómica. Ahora intentaremos una etapa más rústica, más primitiva, como es preparar arroz con leche o el sentarnos en el banco de una plaza a ver pasar la gente. Ya verás que estamos en una etapa superadora en la que, muy pronto, se obtendrán los frutos.

A CUATRO MANOS
El encuentro se produjo bajo la palpitante emoción del recuerdo de la última cita. Tomamos el ascensor al tercer piso y entramos en la sala del gran ventanal que muestra al jacarandá en flor que da sobre las barrancas. Elegimos el sector B por la intimidad que ofrece para estos menesteres. Te quité el abrigo mientras sentía el modo en que tu mano tomaba mi paraguas. Decidimos aligerarnos un poco más y vi como tus ojos de pizpireta (nos gusta esta palabra en desuso: pizpireta) anticipaban las mirabas de ocasión y comenzamos el juego.
Fui la heurística que precisabas en ese instante. Fuiste la hermenéutica que habíamos convenido. Y en el fragor de la batalla, los logros alcanzados y el descuido de los roces del deseo, vimos, de repente, el desprenderse de una estantería y volar carpetas hacia el suelo. Nadie respondió al estruendo de papeles. Nos pasamos la tarde acomodando, a cuatro manos, el material disperso y, sigilosamente,  abandonamos la biblioteca sin despertar sospechas.
 *
RICARDO ALBERTO BUGARÍN
(General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962)
Escritor, investigador, promotor cultural.
Publicó Bagaje (poesía, 1981) y en microficciones: Bonsai en compota (Macedonia, Buenos Aires, 2014), Inés se turba sola (Macedonia,  Buenos Aires,2015),  Benignas Insanías (Sherezade, Santiago de Chile,  2016), Ficcionario (La tinta del silencio, México, 2017) y Anecdotario (Quarks, Perú, 2020).
Textos de su libro Bonsai en compota han sido traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitiers (Francia).


LLUÍS TALAVERA: «ÁNGULO DE REFLEXIÓN»


 
Patricia Lagarde: «Ars Combinatoria», 2012


Resiliencia

Antes de la guerra se hubieran peleado por lograr que posara para ellos de la manera que fuera, ahora sólo la llaman para hacerlo desnuda. Su cuerpo, algo desmejorado, todavía seduce a los pintores, que se aprovechan de que en estos tiempos pueden comprarlo por un plato de sopa. Sin embargo, el artista de hoy la ve como nadie la había visto antes. En su boceto, la mujer aparece fragmentada, una mano aquí, un pie allá, el torso separado de la cabeza y un esbozo del abdomen. Todo flotando en un mar de estrellas que iluminan con sutileza un limbo sombrío, como un símbolo de esperanza. Al acabar, la mujer recoge cada uno de sus pedazos y los cose de nuevo lo mejor que sabe. Se siente distinta, como un vestido con tantos remiendos que ya nadie puede reconocer la tela con la que lo hicieron.


De hombres y otras bestias

El Minotauro apenas se defiende, únicamente trata de distraer a Teseo mientras los jóvenes recogen el hilo buscando el camino de salida. El ateniense le hunde hasta diez veces la espada en el corazón, consumido por una rabia fruto de la conjura de aquellos que le debían obediencia. Desconoce que tras volver a arrojar a los muchachos al interior del laberinto, Ariadna ha marchado abandonándole a su suerte. Con el paso de los días, el cuerpo de Teseo se asemeja cada vez más al de un toro, aunque todavía se vislumbre en él un vestigio de humanidad. Se ensañará sin motivo alguno cuando encuentre la carne fresca que vaga perdida por pasadizos que no llevan a ninguna parte.


Estampa familiar

Voy a usar el papel y el lápiz que hallamos entre los restos del naufragio para dibujar este hermoso paisaje de palmeras y aguas cristalinas, por mucho que mi padre insista en emplearlos para enviar un mensaje de socorro. Parece evidente que ni la solitud de la isla, ni vernos forzados a enfrentarnos juntos a un entorno incierto, van a cambiar nuestra relación. Es la imagen de siempre, yo soportando su menosprecio por mi arte, mientras él me mira con el gesto torcido y una botella vacía en la mano.

Vade retro

Todavía en el paso del sueño a la vigilia, percibe en el aire el olor del incienso, abre los ojos y se encuentra en ese otro mundo que no conoce. El individuo vestido de negro da voces rabiosas en un idioma extraño haciendo el signo de la cruz. A su lado, la joven llora y grita que ha visto al diablo. La anciana repite un susurro incesante, como una plegaria, mientras rocía con agua la habitación. Aterrado ante la posibilidad de perder la cordura, se planta en la ventana y salta, con la única esperanza de que en aquel universo de pesadilla los ángeles de la guarda puedan volar.

Sinestesia

El sonido de su voz me deja un sabor amargo en el paladar. Y no en sentido figurado, dicen los médicos que la causa es un desorden neuronal. Las voces de tono grave las percibo saladas y las agudas en exceso me resultan ácidas. Pensé que la suya, equilibrada, con tonos de almendra y café, sería fácil de soportar. No contaba con esa persistencia cansina que ha acabado por convertirla en algo desagradable. La dejo sollozar indiferente, sorprendido por lo dulce que suena. Casi resulta empalagosa cuando se combina con el crujido de la viga de la que cuelga. Su último suspiro obra en mí un inesperado efecto terapéutico. Debo de estar curado porque no le encuentro sabor. Lo escucho con mis ojos.

Fugaz

Déjala junto a la verja cuando esté preparada, que enseguida pasarán a recogerla, ha dicho el señorito como quien habla de un mueble. La mujer viste a la niña con la ropa de los domingos y la lleva hasta el portón mientras menea la cabeza en señal de negación, con las prisas no le ha colocado el pasador en el cabello como es debido. No puede pararse a entrever la posibilidad de que algún día la aguja acabe clavada en el cuello del amo, ni tiene tiempo de cuestionar que unos manden tanto y otros no pinten nada. Ni siquiera le queda un momento para despedirse antes de que vengan a buscar a la pequeña. Luego, ya con más calma, dispondrá de media vida para recordar a aquella hija que un día tuvo y que nunca fue.

Ángulo de reflexión

Son gemelos que llevan años intentando parecerse. Por un capricho de la naturaleza, cada uno se ve en el otro como en un espejo. Si el primero tiene un lunar en el lado derecho de la cara, el segundo tiene el mismo lunar, pero en el izquierdo. Uno es diestro y el otro zurdo. Nunca pudieron presentarse al examen del hermano ni intercambiar las novias para gastar una broma, todo el mundo aprendía pronto a reconocer algún gesto o rasgo físico para saber quién era el mellizo «derecho» y quién el «izquierdo». Lo han intentado todo para acentuar sus semejanzas, cortes de pelo idénticos, vestir de forma similar o hablar con el mismo tono, y aún así siempre hay algo que permite adivinar sus identidades. Tras algún tiempo sin saber del otro, se han vuelto a encontrar para descubrir que han tenido la misma idea. El zurdo ha aprendido a manejar con soltura su mano derecha y el diestro la izquierda. Han eliminado sus lunares colocándose uno nuevo en el lado opuesto. Se miran en silencio, con un desconcierto que deviene en nostalgia, como si se vieran en una vieja fotografía sin reconocerse.


*
Lluís Talavera (Barcelona, España) es Licenciado en Informática y profesor universitario. Ha publicado microrrelatos en revistas como Plesiosaurio, Cuentos Para el Andén y Letralia. Ha sido ganador o finalista en concursos como Relatos En Cadena, de la Cadena SER; Wonderland, de Radio 4; Esta Noche Te Cuento o Purorrelato, de Casa África. Es colaborador habitual de la sección de microrrelatos de la revista cultural Amanece Metrópolis. Mantiene el blog Todo cabe.
 

Lluís Talavera

EL QUIJOTE EN MINICUENTOS


 
Gustave Doré



El loco y el podenco
Miguel de Cervantes Saavedra


Había en Córdoba un loco que tenía por costumbre traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol, o un canto no muy liviano, y en topando algún perro descuidado, se le ponía junto, y a plomo dejaba caer sobre él el peso; amohinábase el perro, y, dando ladrillos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que entre los perros que descargó la carga fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y sintiólo su amo, asió de una vara de medir, y salió al loco, y no le dejó hueso sano; y a cada palo que le daba decía: —Perro ladrón, ¿a mi podenco? ¿No viste, cruel, que era podenco mi perro?
Y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña. Escarmentó el loco y retiróse, y en más de un mes no salió a la plaza; al cabo del cual tiempo volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito, y sin querer ni atreverse a descargar la piedra, decía: —Éste es podenco: ¡guarda!
En efecto, todos cuantos perros topaba, aunque fuesen alanos, o gozques, decía que eran podencos; y así, no soltó más el canto.

(Don Quijote de la Mancha)



En aquel angustiado cofre de cal y canto
Marcelino Menéndez y Pelayo


Desde allí, rompiendo su imaginación las gruesas y toscas paredes que le aprisionaban, se espació por las dilatadas llanuras de la Mancha, por entre las ásperas quiebras, enmarañados breñales y bosques de Sierra Morena. A presentársele vinieron allí las bellas imágenes de Marcela la esquiva, Luscinda la tierna, y aquella Dorotea de los largos cabellos, acabado modelo de discreción y gracia, y aquella encantadora niña Clara, que amó sin saberlo y (envuelta en su almalafa de pies a cabeza, negando a codiciosas miradas sus brazos desnudos) la favorecida de Marién, la sin igual en hermosura Zoraida. Movíanse detrás luengas aspas de molinos de viento; por delante de ellos desfilaban mercaderes y religiosos, coches con damas, apuestos caminantes con lanzas y adargas, enlutados furtivos y galeotes encadenados; translucíanse caballeros y peones, cristianos y moros, gigantes y reyes entre espesas nubes de polvo, dentro de las cuales oía el preso balidos de ovejas. Allí percibía confusamente un león con la jaula abierta, grita y danzas de bodas, un palacio de cristal subterráneo, y en él llorosa procesión de encantadas vírgenes; a este lado un gallardo mozo, roto de bala el pecho, expirando en brazos de su amante homicida; acullá un túmulo rodeado de 100 blandones, y en él una joven que parecía sonreírse de la pompa fúnebre para ella dispuesta; más cerca discurrían el Licenciado y el Barbero, Sancho Panza, Tomé Cecial y Sansón Carrasco, y en el medio de todos aparecía sentado en una mesa, con la vista encendida, la boca entreabierta, la fisonomía desencajada, la siniestra mano en la frente, la diestra fuertemente cerrada, como si apretase la espada en ella, el infeliz Alonso Quijano con el libro de Amadís de Gaula delante. Ruido de cerrojos por la parte del patio, de pisar de caballerías y voces humanas por el lado de la calle, vendrían inoportunamente a desvanecer las halagüeñas ilusiones del encarcelado.

(Diccionario enciclopédico Hispanoamericano)


La mano
David Lagmanovich

No la había perdido, pero le había quedado inútil como una flor tronchada. El soldado la miró con lástima y se preguntó qué podría hacer ahora con ella. Luchar contra los infieles ya no, pues le haría falta la fuerza de las dos manos. Necesitaba buscar otro camino y encontrar una fortaleza nueva, se dijo. Pensó entonces en escribir un libro y entrevió que eso podría otorgarle alguna nombradía. ¿Conseguiría el favor del Conde de Lemos? ¿Protegería este alto señor al desconocido soldado Miguel de Cervantes? Nada se perdía con probar.

(Menos de 100. Mar de Plata: Martín, 2007)



Doble personalidad
Lilian Elphick


   —Dime Sancho, ¿quién es Don Miguel de Cervantes Saavedra?
   —El autor de vuestras aventuras, mi señor.
   —¡El autor de mis aventuras soy yo! ¡Dónde está ese hombre para acusarlo!
   —En la cárcel, mi buen señor.
   —¿Qué? ¿Ya ha sido condenado por plagio?
   —No, mi señor.
   —Entonces, ¿por qué? ¡Vamos, habla hombre, que no tengo todo el día!
   —Pues, por falsificación de identidad. Dice ser don Quijote de la Mancha.
   —Qué confusión me has creado, Sancho. Te prohíbo que hables más del tema.
   —Sí, don Miguel.

(Originalmente en Ojo Travieso. Santiago: Mosquito, 2007)


Aldonza
David Vivancos Allepuz


Interceda, señor cura. Interceda por el bien de todos, maese barbero. Saben hasta qué punto han llegado sus demenciales alucinaciones. Un secarral con cuatro cardos requemados se convierte a sus ojos, enfebrecidos por tanta lectura diabólica, en el más bello jardín de un palacio imaginario. Vergeles delirantes al margen, pretende que los demás veamos delegación de príncipes de reinos remotos donde no hay más que piara de lustrosos gorrinos. Las hoces son vihuelas; las horcas, arpas y diferentes instrumentos maravillosos cuyos nombres desconozco, como el de todas esas músicas cortesanas que se describen en los Amadises y en los Tirantes que con fervor devora. Les ruego encarecidamente que pongan fin a los padecimientos a los cuales esa desquiciada hija de mil padres, esa bellaca Aldonza a quien el Diablo confunda, tiene sometido a este pobre Alonso Quijano, hidalgo conocido de tanto tiempo por vuesas mercedes, que no es caballero andante ni señor de dama alguna, ni a ello aspira, y que únicamente ansía, al hallarse cercano el fin de sus días, vivir en paz y como buen cristiano lo poco que le queda en este mundo antes de reunirse, de forma definitiva, con su Creador.

(2019 - Ginés S. Cutillas [ed.] Los pescadores de perlas)


Espejismo 
Geraudí González Olivares


Aldonza Lorenzo entiende que su destino no va más allá de una aburrida y laboriosa vida, lavando ropa todo el día. Lo que no comprende es cómo la corteja un caballero andante que insiste en convertirla en una hermosa y fina dama.
Dulcinea del Toboso entiende que su vida es permanecer enclaustrada en medio de una élite respingada y sosa. Lo que no comprende es cómo su pretendiente, un simple hidalgo, intenta convertirla en una ordinaria lavandera con una vida trabajosa y monótona.
(Inédito)



Sobre el gobierno de Sancho
Cristian Mitelman


Luego de tres semanas, Sancho vislumbra la estructura del poder. Sabe que su mandato está condicionado por los condes y que toda medida humanitaria que adopte lleva en sí misma la marca de los poderosos.
Decide crear algo nuevo. Les explica a los súbditos que de ahora en más el estado es de ellos, y que lo único que deben contemplar es la justa distribución de la riqueza insular.
Pero cuando pronuncia tales palabras, los condes deciden cancelar el juego y los súbditos apenas han entendido lo que Sancho quiso transmitirles.
Uno de ellos, varios años más tarde, viaja por Europa y le cuenta a un señor Moro, que se dedica al noviciado, las delirantes palabras de un campesino mutado en gobernador.
El joven clérigo toma nota y dice que los libros de caballería son una utopía. Le gusta esa palabra, por lo que decide escribir un libro sobre ella.
Y es así cómo el Barroco español del siglo XVII influye en el Renacimiento británico del Siglo XVI. Y a su vez, aquel Renacimiento engendra el falansterio y a Marx, que escribe para que, en el siglo XX, un médico sureño que oficia de militar en el Caribe le narre a sus soldados los capítulos del Quijote, que trata sobre la aventura de un hidalgo y su humilde servidor...

«Aldonza», Cecilio Pla


*

SUSI UNDERGROUND: «INCLINACIONES»


 
Foto: Susi Underground



En este instante

Ayer habrás conseguido
que ya no crea en el tiempo,
siempre es el mismo instante,
mercancía con defecto en lo que no admite pruebas.
Un simple giro de astro me sitúa
en el trópico del eje de mi tierra,
confundida por el paso de un cadáver
bajo esa lluvia que suele caer
cuando estamos solitariamente desnudos.


En abril

Salir con el sol ausente
y una espiga en cada trenza
para las mujeres bálsamo,
nacer de nuevo en las sombras
de un mundo en la otra cara del infierno,
el que tiene nueve ojos
en su círculo central.
Hablar con la flor que canta
al fruto oculto
dentro de los huesos.
Agua y tierra en las manos,
los pies al vuelo.


Inclinaciones

Como un oráculo de manos sucias, 
de pie sobre el vacío,
cae un ángel de dudas y espirales ojos.
Desierto.
Un suspiro cambia el paisaje,
pájaros en la cabeza,
hilos de penumbra tejen aguas sobre el vértigo,
volviendo hacia atrás miradas 
sin nada que perder.
La puerta se abre,
pero entra por una grieta en el asfalto.


Decoración


Un bosque y sangre hirviendo
en la palma de la mano,
sumisión al desacato,
a los montes y a los vientos,
un plano que no importa
(la pregunta del niño es por qué,
no de qué forma),
una vuelta de llave,
otro estar diferente,
un consumir la frente
en luces orientales,
una gata que desnuda la madeja,
la silla donde reposan los pies
de catorce contenidos,
un ser el sol en el filo
de un ideal sin cárcel.

*

Susi Underground

Española,licenciada en Filología Francesa. Ha publicado el e-book Los hijos de la lluvia de las ranas. Mantiene la bitácora Flotando sobre un laberinto de sueños innombrables. Los textos aquí presentados pertenecen a Esto no es un lápiz de labios.