MARTI LELIS: «CANICAS»

 


Manuscrito no hallado

 

Dame, pues, la respuesta de la mano que ha perdido el cuerpo. Mírala de noche y día, laboriosa en el tejido de las palabras. Como si no estuviera muerta sino a la espera de la memoria que no vuelve. O se pierde en los vericuetos de la que fue y la que está siendo. Meticulosa traductora de imágenes pasadas que se escapan de sus dedos. Y van a parar, ya transfiguradas, al papel de las mentiras luminosas, letras delante de las letras y blancos, un manuscrito para no se sabrá nunca qué ojos.

 

 

Bienvenida

 

No alcanzan mil poemas para decir lo que una página de prosa. No alcanzan mil páginas de prosa para decir lo que un poema. No basta un libreto para lo sucedido en las tablas. Las tablas jamás dirán lo que un libreto. En las pantallas no verás lo que en los libros, y en los libros, sólo imaginados tendrás los colores, los sonidos. En contra de la poesía no basta con estirar los versos, hay que eliminar la métrica involuntaria y el ritmo, llenar hasta los márgenes de palabras y puntuar las líneas con rigor como la vida. En contra de la prosa, amén de la cacofonía, abusar de la retórica, contar sílabas, tejer la trama como Penélope o como falsa hilandera de las hebras de la nada, escribir la minuciosa historia de un parpadeo. En contra de ambas: renunciar a ponerlo todo por escrito, a pastorear palabras. Si después de hacer esto que digo, persistes y escribes; si no te obligan las sirenas de la fama, ni la vanidad de tu nombre impreso, ni el llamado del compromiso con la humanidad sufriente ni los niños de Yemen y Biafra, sino que escribes como el caracol secreta, vive y carga su coraza, habrás comenzado tu camino de escritor rodeado por sirenas. ¡Bienvenido a las palabras!

 

 

Para una pequeña teoría del fragmento

 

En el punto de vista está el fragmento. Cuestión de escalas. Desde el espacio la Tierra es la unidad perfecta. Otra cosa es que rompas una taza contra el piso de la cocina. Mediante la abstracción fragmentamos porque nuestro apetito de conocimiento requiere de partes pequeñas de un todo para mejor apropiarse del conjunto. Médicos y biólogos, disecan para mejor describir la totalidad de un cuerpo, su funcionamiento. Quien arma rompecabezas tiene en mente su propia teoría del fragmento. Las piezas contienen una porción de la unidad rota. Así en la literatura: cada obra lleva un trozo más o menos grande de la Humanidad y al leer, a veces sin saberlo, estamos a la búsqueda de nuestra humanidad dispersa.

 

 

Comportamiento y utilidad de lo viejo

 

Produce toda suerte de añoranzas y a veces llanto. Asombro debería también, porque en todo lo nuevo lo viejo vive su infancia rozagante. De máscaras vestido: es un perder partículas, un desprenderse de células muertas; o acumular costras de la herrumbre sobre la lenta combustión de su materia. Tras la incansable acumulación de los instantes, lo viejo persiste aferrado a la forma, sólo mientras la metamorfosis no cambia la intención del ojo que atestigua. ¿Y la Humanidad? Es la vieja estrella que, disfrazada de boca y fruto, al comer se autodevora; ensimismada en su sueño de hombre, aguarda el ciclo que habrá de devolverla al simple fuego.

 

 

Elogio y apuntes sobre la mano I

 

En ausencia del cuerpo, amputada, la mano se va a los extremos: deviene horror o cosa bella. Horror, si de carne y hueso; belleza, si de bronce o piedra, y bien estilizada. Materia de contemplación o estudio. Indicio para el criminalista. Instrumento de magia. Si es la de Dios: o todo su amor o toda su furia. Con sus cómplices, los dedos, la mano siempre está bajo sospecha: lo mismo que acaricia, mata.

Como palabra, habita en la “M” del diccionario común, y es todo un acontecimiento en el de símbolos. Protagonista de cuento de Maupassant, de Nerval, de Schwob, del tumbado Onetti de sus últimos tiempos, y de un Cortázar, siempre profundo y niño.

Orgánica o inorgánica; ficticia o verdadera; móvil o inmóvil, la mano es estoica y epicúrea, todo un ejemplo de abnegación cotidiana.

 

 

Canicas

 

Simulacro de planetas, las canicas se nos quedan desde niños en las manos o en la boca. No nos recordamos comprándolas (y eso es bueno), simplemente aparecían en los juguetes. Cuántas no perdimos en las batallas de la escuela: las cuicas, las agüitas, los ojos de gato, las toninas, las bombochas, las de ondas de la psicodelia; unas opacas, otras transparentes, grandes o pequeñas, el tirito para el chiras pelas. Daba gusto llevarlas en el bolsillo del pantalón, hundir ahí la mano niña, hacerlas sonar, arrancarles el canto leve de lo vítreo en la ansiedad por el recreo. Se jugaba al rombo, al hoyito, al círculo de las constelaciones. Luego, por las tardes, en casa y a solas, las canicas eran exploradoras en los pliegues de la colcha, en las montañas de caminos sinuosos trazados sobre una almohada. Veces había que me llenaba la cara, las cuencas de los ojos cerrados. Yo sentía en lo párpados lo frío, mientras ponía una y otra, y otra. Ahora mis manos viejas han sacado de la caja de recuerdos las esferitas de vidrio, las bolitas. Las miro y son planetas, las pongo juntas, las muevo para escuchar su vítrea, antigua melopeya: la música de las esferas, los mundos de bolsillo, ya están aquí, ya están de vuelta.

 

 

*

Marti Lelis.(México D. F., 1968).

Escritor radicado en Tlaxcala (México) desde 1975.

Ha sido antologado en Cien fictimínimos (Ficticia, 2012), Alebrije de palabras (BUAP, 2013); en Cuentos pequeños, grandes lectores (Cofradía de coyotes, 2014); en el libro Cortocircuito (BUAP, 2018). En 2015 fue ganador del «Premio Estatal de Cuento Beatriz Espejo 2015»,del estado de Tlaxcala. En 2016 obtuvo el «Premio Estatal de Poesía Dolores Castro 2016», del estado de Tlaxcala.

 

 

Marti Lelis

 

 

 

KATALINA RAMÍREZ AGUILAR: «EL DESCUBRIMIENTO DE UNA VENTANA»

 

Ilustración: Erika Kuhn

 

Odisea marítima

Todas las noches sueña que es agua; a veces solo un charco, a veces agua saltarina en una fuente, a veces un riachuelo o un chorro de agua vertido en un vaso; noche tras noche se sueña de formas acuáticas diversas, pero siempre tiene un mismo objetivo: llegar al mar. Y cuando está a punto de fundirse con sus olas, de rendirse al éxtasis marino, la despierta la ansiedad por las fugas y goteras, que cada vez son más persistentes. Ella sabe que se debe a sus sueños, pero el plomero no lo entiende y exige su pago. Los muebles también están dañados, las paredes llenas de humedad, y el contrato de renta está por vencerse, así que hoy ha tomado un somnífero, ha rociado loción de lavanda en su almohada, se ha puesto tapones en los oídos, y ha dejado la puerta abierta. Esta noche nada detendrá su viaje.

*Este microcuento aparecerá en su próximo libro, Nueva cartografía.

 

La bruja del pueblo

Nunca fue aceptada en su pueblo. Su don era tan odiado como ella. «Te resbalarás en la regadera y morirás», «Tu mamá le será infiel a tu papá esta noche», «Tu papá perderá su empleo la próxima semana», le decía a sus compañeros de la escuela, por lo que terminaron corriéndola, a pesar de que todo lo que decía se cumplía. Vivió su infancia y adolescencia encerrada, y su madre iba todas las tardes a la iglesia a pedir que su hija dejara de ver esas cosas. Cuando quedó huérfana y no había nadie que la siguiera encerrando ni manteniendo, ideó una forma para subsistir; desde entonces se sienta todas las mañanas afuera de su casa y ve pasar a la gente, y cuando de repente ve un accidente, una infidelidad o cualquier desgracia en su futuro, los llama, y ellos, por seguir viviendo su vida como la conocen, por estirar su felicidad lo más posible, le pagan por su silencio, para poder seguir desconociendo.

*Este microcuento aparecerá en su próximo libro, Nueva cartografía.

 

Vacuidad

A Berna

Beben pulque y comen helado sobre el cuerpo del otro; montes y orificios fungen como platos para servir el placer. Sus caras se metamorfosean, sus oficios se confunden; ora son un ama de casa y un chico que le ayuda a cargar las compras, ora un maestro y una alumna de yoga, ora un escritor y su editora, ora una arquitecta y el maestro albañil. Se olfatean, se reconocen y reinventan; se contraen, se extienden y distienden, se interpolan en tardes eternas en que exploran todas las experiencias humanas posibles y entonces, el cuerpo se vuelve escalera, por la que suben y suben hasta alcanzar el éxtasis final.

 

«Pareces una niña»

«Pareces una niña», escucha la mujer que se dicen entre hombres y mujeres, como si no supieran que una niña es la fogata que antecede al incendio de una mujer.

*Microcuento incluido en la antología MicroDecamerón, editada por Quarks Ediciones Digitales (2020).

 

El descubrimiento de una ventana

Despierta un día sabiendo que ya no es la misma, aunque no entiende por qué. Se mira en el espejo y todo parece seguir igual, hasta que se mete a bañar y descubre que en el lugar donde antes estaba su ombligo, ahora hay una ventana. ¿Cómo pudo llegar ahí una ventana? y peor aún, ¿para qué? Se encuentra en medio de estas cavilaciones cuando recuerda que su luna se ha retrasado algunos días, así que espera ilusionada a que el astro cumpla ocho ciclos más —hasta que en el lugar donde antes estaba su vulva ahora hay una puerta— para poder conocer al habitante de la casa en que se ha convertido.

*Microcuento incluido en la antología MicroDecamerón, editada por Quarks Ediciones Digitales (2020).

 

Verdadera naturaleza

Las sirenas, a diferencia de lo que cree la gente, son presas a medio digerir de peces hambrientos; su canto, en vez de malévolo, es agonizante.

*Microcuento incluido en Música primigenia, editado por Fomento Editorial de la BUAP (2018).

 

Vocación arbórea

—¿Y tú quién eres?

—¿Yo? Yo soy un árbol.

—¿Cómo que un árbol? ¿Pos qué estás pendejo?

—Dime pendejo, pero estoy bien seguro que más que hombre soy árbol.

Y Demetrio se fue, arrastrando sus raíces, a buscar un lugar más fértil.

*Microcuento incluido en Música primigenia, editado por Fomento Editorial de la BUAP (2018).

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Katalina Ramírez Aguilar (1990) nació en Puebla, estudió la licenciatura en «Literatura y Filosofía» y un diplomado en «Edición y comercialización de libros», el cual ella misma gestionó, en la Universidad Iberoamericana de Puebla. Ha organizado eventos masivos de fomento a la lectura, como la primera Feria del libro infantil en Puebla, talleres de edición, entre otros. Ha trabajado como editora en edaf, de manera independiente, y actualmente dirige la editorial Cariátide. Ha impartido clases de Literatura y de Edición. Escribe microcuentos y poemas, y ha publicado textos de dichos géneros en una decena de antologías —siete internacionales—, y en revistas nacionales. Su primer libro de poesía —bilingüe español-náhuatl—, publicado por la editorial 3 norte y la Universidad Iberoamericana, se intitula Lengua soy, y su primer libro de microficción, publicado por la Buap, Música primigenia. Se encuentra incluida en la Enciclopedia de la Literatura en México y la Antología Virtual de Minificción Mexicana.

 


 

«BREVIRUS»: Microficciones en tiempos de pandemia

 


 

Por Esther Andradi (Berlín)


BREVIRUS: Microficciones en tiempos de pandemia

La novísima antología convocada por la escritora Lilian Elphick

 

No es la primera vez que la escritora Lilian Elphick (Santiago de Chile, 1959) convoca a una antología desde su revista virtual Brevilla, pero esta vez las circunstancias eran excepcionales. El confinamiento frente a la amenaza de un virus desconocido generaron y generan angustias, resistencias y las más diversas reacciones. La convocatoria movilizó todo el ámbito de las letras en español. Escritos desde la conmoción, la perplejidad, el miedo, la búsqueda, la irritación y la esperanza se congregaron a lo largo de semanas. Un equipo de editores de diferentes países  se dio a la tarea de selección: Alejandro Bentivoglio (Argentina), Eliana Soza (Bolivia), José Manuel Ortiz S. (México), Geraudí González (Venezuela), Guillermo Bustamante, Geraudí González y Cristian Garzón (Colombia), Sergio Astorga (Portugal y Brasil), Jorge Etcheverry (Canadá, EEUU), Alberto Sánchez Argüello (Nicaragua), Lluís Talavera (España), Rony Vázquez (Perú).

El 20 de junio, fecha bisagra del planeta que anuncia la llegada del solsticio de invierno en el hemisferio sur y el solsticio de verano en el norte, «BREVIRUS» vio la luz. 348 páginas reúnen microrrelatos, aforismos y haikus creados por 278 escritoras y escritores de veintidós países, desde Nueva Zelandia a Marruecos, de Europa y las tres Américas. Elphick escribe: Que decenas de minificcionistas hayan tenido el aplomo y la valentía de escribir en tiempos de pandemia y caos social, me parece una hazaña y una forma de decir: «Aquí estamos, vivos/as y creativos/as». Y manifiesta su emoción por la presencia de los dos más jóvenes: José Zenteno Aguilar (México, 2001) y César Zetino Peñaloza*(México 2000). En esta entrevista Elphick cuenta detalles acerca de BREVIRUS, documento urgente sobre esta marca que inscribe un ser «ni vivo ni muerto» en la experiencia de la especie humana.

 

Recuerdas el momento en que pensaste que sería buenísimo saber cómo se formula desde la microficción esta situación que estamos viviendo? ¿o no hubo tal momento y fue un proceso?

 

Hacer una antología de minificción se me ocurrió en marzo, cuando nadie sabía a ciencia cierta a qué nos estábamos enfrentando, pero que nos ponía los pelos de punta. Yo tenía un estrés muy grande porque la cuarentena y el cierre de fronteras me impidió ver a mi familia; una parte en Toronto, Canadá; y la otra, en la región de Valparaíso, Chile. El único modo de encauzar esa incertidumbre y miedo fue concentrarme en algo que valiera la pena no sólo para mí, sino para todos/as. La temática caía de cajón: confinamiento y psicosis colectiva. No quise nombrar explícitamente al Covid-19. Como otras antologías de Revista Brevilla, la respuesta tuvo muy buena acogida en las redes sociales. Sometí el título de la antología a votación democrática donde se propusieron nombres y finalmente mi voto fue para «BREVIRUS». Porque es absolutamente genial: aúna el nombre de la revista y la problemática que nos aqueja.

 

¿Qué expectativas tenías cuando hiciste la convocatoria? No era la primera vez para Brevilla, pero este es un momento muy especial.

 

Efectivamente, era y sigue siendo una circunstancia horrorosa, no por el virus mismo, sino porque con éste afloraron con más fuerza antiguas y conocidas instancias destructoras, como el mercado negro, saqueos, el racismo y clasismo, desigualdad, hambre y violencia de todo tipo. La cosa estaba (está) muy mala y yo llegué a pensar que la antología no “prendería”, pero prendió y con una fuerza titánica. Debo señalar que el esfuerzo «Brevirus» no sólo fue mío, sino de un grupo de escritoras y escritores, amigos y amigas del libro y la lectura y, en especial, de la minificción. Nunca terminaré de agradecer la labor de recopilación de los textos recibidos por parte de los/as compiladores/as y editores/as: Alejandro Bentivoglio (Argentina), Eliana Soza (Bolivia), José Manuel Ortiz S. (México), Geraudí González (Venezuela), Guillermo Bustamante, Geraudí González y Cristian Garzón (Colombia), Sergio Astorga (Portugal y Brasil), Jorge Etcheverry (Canadá, EEUU), Alberto Sánchez Argüello (Nicaragua), Lluís Talavera (España),  Rony Vázquez (Perú), y al escritor y profesor Camilo Montecinos, quien me ayudó con la edición general. Asimismo, valoro la colaboración técnica del escritor e informático español Lluís Talavera.

 

¿Cómo resuelves esa tensión entre editora/escritora? ¿O no existe tal tensión y todo fluye como sientes que debe ser?

 

No tengo ningún problema con ser ser escritora y editora. He difundido literatura desde los años '90 aproximadamente, participando y organizando congresos, encuentros, foros, charlas, etc. A partir de 2003 hasta 2015 fui editora, junto al escritor Miguel de Loyola, del portal Letras de Chile. Con orgullo destaco que la web Letras de Chile fue una de las primeras páginas chilenas en difundir minificción de modo constante a partir del año 2000, si mal no recuerdo.

Creo firmemente que la labor del escritor/a no se reduce sólo a generar obras propias, desde el trono de la arrogancia, sino que es su deber difundir y promover el libro y la lectura. Y digo ‘deber’ porque no concibo otro modo de hacer literatura: un sistema dialéctico de comunión entre escritores/as y lectores/as.

 

La pandemia, las condiciones de aislamiento, la falta de contacto físico, y las restricciones que ella implica... ¿en qué medida influye/modificó tu proceso creativo?

 

Frente a la posiblidad de la muerte no queda otra sino sacar fuerzas de flaqueza. Confinamientos ha habido siempre en la historia de la humanidad. No puedo evitar recordar a Ana Frank y su familia escondidos en un anexo secreto de una casa durante dos años, hasta que los descubrieron y los llevaron a los campos de exterminio de las SS. Edith, Ana y Margot Frank murieron en aquellos barracones del horror. Entonces, yo que estoy en mi casa escribiendo esto, no me puedo quejar, no tengo derecho a la queja cuando hay otras Anas desterradas y perseguidas, pasando hambre y muriendo de Covid-19 o cualquier otro virus. La llamada “normalidad” es una falacia. Si salimos de esta peste, ya nada será igual ni para bien ni para mal. Seguiré escribiendo y difundiendo literatura. Ahí está mi resistencia y la de muchos/as.

 

 ***

 

César Zetina Peñaloza * (México, 2000)

 

Cansancio

 

Después de un largo tiempo de encierro, la jaula se cansó del ave.

 *

Nota: Esta entrevista fue traducida al alemán y publicada por la prestigiosa revista ila!, Bonn, Alemania, septiembre de 2020.

 


 


 

PAOLA TENA: «EL CAZADOR»

 

                                                      Ilustración: Erika Kuhn
 

                        

Dragón

 

Lo apodan «Dragón», porque escupe fuego. Los otros niños le temen, y lo observan reverentes desde el arcén llevarse un buche de gasolina a la boca, acercarse a la carita un palo de madera con un trozo de tela ardiendo en la punta y lanzar una llamarada al cielo. «¡Ah!», exclaman sus bocas infantiles, rendidos de admiración. Después él, pequeño como es, con el rostro tiznado y la dignidad de un artista, camina entre los coches detenidos en la avenida, con las manitas abiertas pidiendo aunque sea una moneda «por favor, su mercé», hasta que el semáforo cambia a verde y el niño se prepara para la siguiente función.

 

(Cordón Colorado, Ediciones Sherezade, 2020)

                   

              

Churruscado

 

Negras, así te quedaban mis rebanadas de pan cuando espiabas a la vecina mientras lavaba el coche en pantalón corto. «¿Se te quemó el pan otra vez?», te preguntaba yo, cuando olía el tufillo. «No está quemado», respondías, «solo un poquito churruscado». Pero siempre te perdoné lo rabo verde, ya ves, y llámame sentimental pero desde que me hiciste viuda hasta extraño tus tostadas. Tanto, cariño mío, que espero sinceramente que ahí en el averno no estés quemado, sino solamente un poquito churruscado.

 

(Cordón Colorado, Ediciones Sherezade, 2020)

 

 

El cantarito

 

Remedios está enferma; bañada en sudor se remueve febril entre sábanas mojadas. ¿Dónde calientas el agua?, le pregunta su marido. Ella no contesta porque apenas lo oye, inmersa en el sopor como está, abriendo y cerrando la boca cual pez sediento. ¿Cómo se enciende la estufa, Remedios? Y ella siente que el fuego ya está encendido desde quién sabe cuánto tiempo, y que el agua del cantarito hierve igual que su cuerpo. ¿Mujer, y dónde guardas el café?, le recrimina el marido mirando frascos de vidrio como quien analiza muestras de tierra lunar, abriendo cada frasco y probando un poco, hasta que uno le sabe amargo, como amarga le sabe la boca a Remedios desde que delira en la cama de matrimonio, agotada por los años de ir al pozo a buscar agua en el cantarito que también fue de su madre, para preparar el café. Pero hoy, por un descuido demencial, el cántaro cae al suelo y se parte en mil trozos, haciendo tanto ruido que el marido no se percata de que su mujer se ha ido para siempre a través de sus ojos abiertos. Y es que es verdad, Remedios, tanto va el cántaro al pozo, hasta que acaba por romperse.

 

(Antología Lotería Mexicana: Canto de minificción, pendiente de publicación).

 

El cazador

 

El cazador apunta y apenas respira. El conejo algo intuye, porque se queda muy quieto y luego siente un golpe en medio de la cabeza que lo descentra y sin saberlo ya está muerto. El hombre vuelve a su casa con dos o tres incautos como este cogidos por las patas traseras y los deja encima de la mesa de la cocina.

La mujer del cazador los abre en canal usando un cuchillito afilado con la destreza de quien desabrocha una cremallera. Uno a uno les quita la piel como si se tratara de un abrigo y hurga en sus dentros hasta que solo son carne y hueso, carcasa. Las vísceras van a una bandeja plateada que luego vaciará crudas y sangrantes en el comedero de los perros de caza, para que no pierdan el ansia de olfatear presas. La mujer trocea al animal desnudo en partes grandes pero irreconocibles del original y las vuelca en un sartén con aceite hirviendo. Lo único que queda sin freir es la cabeza, y los ojos abiertos de los conejos parecen mirar aún sorprendidos al cielo, sin entender muy bien cómo han llegado hasta este punto.

Luego me sirven el plato de carne frita y yo, igual que siempre, les digo lo mismo a mis anfitriones: «Delicioso. Benditas las manos del cazador y de la cocinera», y trago el primer bocado.

 

(“Cuentos incómodos”, Cartonera Alebrije, 2019).

 

Infancia

 

Contenido:

 

1 monstruo violeta.
5 cartas de amiga imaginaria.
112 historias narradas en fascículos.
Set de frasquitos con enfermedades infantiles varias (paperas, varicela, rubéola; el de sarampión se quebró en casa del vecino).
253 gr. de costras variadas.
1 saco con dientes de leche.
7 pesos para comprar una dulcería entera.

 

Favor de embalar en papel de burbuja y almacenar la caja en el desván con cuidado. El contenido es muy frágil.

 

(Las pequeñas cosas, Ediciones La Palma, 2017).

 

              

Conserva de esperanza

 

Mi abuela envasaba la esperanza en frascos de conserva, para los tiempos de escasez. Los estantes resplandecían con los tarros alineados y aún recuerdo qué deliciosa era untada en pan recién hecho o disuelta en el café, acompañada de una buena charla sentados a la mesa de la cocina. Una mañana, sin embargo, por un accidente fatal se perdió lo almacenado durante todo un año, pero de la esperanza derramada brotó un árbol gigantesco que nunca pierde el verdor de sus hojas, bajo el cual todavía nos sentamos para recordar a la abuela, a quien siempre se le dio bien la conserva de esperanza.

 

(Inédito)

 

*

 

Paola Tena (1980, México). Pediatra y escritora. Imparte talleres de escritura creativa y elaboración de fanzines. Ha publicado en antologías de microfición (Señales mínimas, Ediciones Idea, Madrid, 2012; Érase una vez… un microcuento, Diversidad Literaria, Madrid, 2013; Saborea la locura, Chiado Editorial, Barcelona, 2013; Vamos al circo, BUAP, Cd. de México, 2017; Las musas perpetúan lo efímero, Micrópolis, Lima, 2017; Cortocircuito, BUAP, Cd. de México, 2018; Resonancias, BUAP, Cd. de Mexico, 2018; Colección Minibestiario, Ediciones Sherezade, 2019). En solitario ha publicado los libros “Cuentos Incómodos” (2019) y “MiniBestario” (2020) en Cartonera Alebrije y “Las pequeñas cosas” (Ediciones La Palma, 2017). 

 

 


 

PIERO DE VICARI:«LA LECTURA COMO TRAMPA»

 

SANTIDAD EN CUOTAS

Contó las moneditas que tenía en su monedero y sumó siete. Antes de dejarlas en la mano del mendigo, un impulso la retuvo. Volvió a depositar seis monedas en el monedero y dejó solo una para la limosna. «Es mejor dosificar la benevolencia, que ser solidario una sola vez», se dijo. Satisfecha con su buena acción, caminó feliz hacia su casa, sin sospechar que, a la vuelta de la esquina, un insensible ladrón le impediría cumplir con su dádiva diaria.

 

COMPROBACIONES EMPÍRICAS

—Este reloj no mide el tiempo, informa las horas que le quedan de vida… —aseguró el vendedor.

El cliente se lo probó en su muñeca izquierda y observó como la pantalla digital indicada «incalculable… bip … incalculable».

El comerciante no encontró explicación alguna a este extraño registro, solo atinó a expresar, entre disculpas, «nunca pasó algo similar, siempre funcionó bien...».

Al salir de la relojería, Dios suspiró tranquilo. Por fin pudo comprobar que su eternidad no era solamente un mito.

 

LA LECTURA COMO TRAMPA

Embalsamo cualquier tipo de cosas. Animales y personas, peluches y muñecas inflables, árboles y lombrices, almohadones y sueños, libros y pensamientos, teléfonos inalámbricos y colchones sin cotín. Embalsamo todo: insectos terrestres y estuches de terciopelo, cajas de cartón y paredes inflamables, pelotas de goma y armas de fuego, relojes pulseras y dientes olvidados. Nadie se resiste al encanto de mi oficio. De excelencia es mi trabajo y por la calidad me conocen. Soy el embalsamador más prestigioso del mundo y hoy traspasaré los límites de lo inefable: embalsamaré tus ojos, apenas dejes de leer este texto.

 

EFECTO BRADBURY

Un poderoso virus informático destrozó los servidores de todo el planeta y el mundo entero se quedó sin internet. La gente de los cinco continentes abandonó sus viviendas para indagar a los vecinos sobre lo sucedido. Grato fue el encuentro con personas no vistas en años, familiares, compañeros y amigos que el tiempo solo había arrinconado en fotografías sepias y olvidadas. Nunca supieron lo que pasó. La era de las cavernas, había terminado.

 

MODELO PARA ARMAR

Nadie supone lo que todos suponen, aunque por suponer, suponemos lo supuesto. Eso creyó Anselmo Benavidez quien supuso que ese paquete con la leyenda «Bomba» no era un artefacto explosivo sino una broma de mal gusto. Todavía están juntando sus pedacitos.

 

APOCALIPSE NOW

En realidad, a Dios, le demandó solo un día crear el universo. Los otros cinco fueron para remendar errores imprevistos en la materia de lo visible y no visible. Al séptimo día quiso descansar y se durmió con la idea de renovar su obra deshaciendo y rehaciendo todo lo creado de un modo, digamos, más perfecto. Acaba de despertar.

 

NUEVAS ESTRATEGIAS DE MARKETING

Ella viene caminando con su sensual vestido negro. Luce las curvas que su cintura modela con gracia sin igual. Ella sonríe tenuemente con un toque de poesía, también de seducción. Sus cabellos son dóciles y vibran mecidos por el viento. Sus labios, turgentes, voluptuosos, dispuestos a todo. Sus tersos brazos extendidos invitan al encuentro, y su guadaña, hábilmente escondida en los pliegues de su enagua…

 

INSTRUCCIONES PARA CONSERVAR LOS RECUERDOS EN ESCABECHE

 1/ Seleccionar los recuerdos teniendo en cuenta su frescura y real incidencia en nuestra vida. 2/ Apilarlos de menor a mayor, en un orden que contemple día, mes y año. 3/ Con una espátula de cerdas finas, quitar el polvo de los mismos, asegurándonos que ninguna mota de tiempo supure por sus costados. 4/ Dentro de un recipiente de vidrio transparente -sazonado con aceite, vinagre, cebolla y zanahorias fileteadas-, colocar los recuerdos, no sin antes certificar un ingreso de motu propio, sin presiones o amenazas, es decir: libres de todo remordimiento. 5/ Espolvorear el contenido con alguna lágrima, pestaña u hoja disecada extraída de un libro de autor reconocido. 6/ Cerrar el recipiente de vidrio con una tapa metálica, a rosca. Nada de corchos, cauchos, goma Eva o cualquier otro material. Es indispensable que la tapa sea metálica y a rosca. 7/ Agítese débilmente hasta observar que los recuerdos se acomodan solos como las canicas en los bolsillos. 8/ Dejar el recipiente en un armario, estante o repisa, lejos del calor y la humedad, a temperatura ambiente. 9/ El tiempo de sazonamiento dependerá de la ansiedad, pesadumbre, urgencia, soledad o expectativas del interesado. 10/ Antes de abrir, reiterar el agite por unos cinco segundos y destapado que fuere, consumir a gusto.

 

EL FANTASMA DE VELÁZQUEZ MERODEA EN LA CASA

 Apareció por primera vez un viernes 13. Nunca di crédito a lo que veía, es más, pensé que se trataba de una entelequia. Mis lentes ya viejos, necesitaban de cristales nuevos. Lo cierto –no tardé en comprobarlo- es que flotaba en el living con su paleta de pintor y aquellos bigotes tan particulares. Me dijo sin preámbulos: «Soy Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, mucho gusto…». Retribuí su saludo y le di la bienvenida. Desde entonces somos inseparables. Él sostiene que el fantasma soy yo y que mis apariciones son remedos del destino. No lo refuté, porque yo sé la verdad. Por eso, de cuando en cuando, recorro su atelier perdiéndome entre los cuadros, apreciando su genialidad pictórica, siendo uno de sus modelos más conspicuos. Me ha preguntado cuándo volveré al éter, cuando me mudaré a la dimensión abstracta de los muertos sin vida. Y aunque le repito hasta el cansancio que el muerto es él, se ríe de mi ocurrencia como de mis modales, mi ropa, mi español enrevesado y esta manía de flotar, cada viernes 13, entre las tumbas.

 

LEGIS

 En este país no existen las fotografías, las filmaciones, los retratos artísticos o cualquier adminículo tecnológico, ilusorio o natural que refleje, preserve o perpetúe la imagen de un ser humano. Está prohibido por ley. Y la ley se cumple a rajatablas. Así los duelos se elaboran rápidos, se prescinden de nostalgias o melancolías, se dejan de hacer culto excesivo a seres extintos, se elimina toda posibilidad de erigir epopeyas, mitos o leyendas, se clausuran para siempre las genealogías y –por sobre todo- se evita el pulular de falsos profetas. El libro sagrado que guía nuestra religión tiene el siguiente acápite: «ojos que no ven, corazón que no siente». Para que esta ordenanza tuviera éxito, cegar a la población ayudó bastante.

 

DECÁLOGO

Valeria ama a los animales. En su casa, las especies más comunes juguetean libremente. Es así como el desayuno encuentra el mejor alpiste en las escaleras, trozos de carne en los rincones, leche y cereales en las piezas, baño y otras dependencias, sin contar el patio que se impregna de su fragor culinario.

El almuerzo es trabajado en base a las exigencias lógicas de cada especie: Valeria no descuida la salud de sus cachorros ni pretende crear conflictos proteicos en sus dietas.

Avanzada la tarde, elabora unos bocadillos que, al mejor estilo merienda, deja en cada una de las bocas de sus insaciables criaturas.

Cuando la oscuridad comienza a mostrarse sobre lo terrestre, la casa alberga resignada a sus cientos de inquilinos, mientras Valeria (con la tranquilidad de conciencia ante la tarea cumplida) se dedica por entera a sus hijos, ávidos del calor maternal que sólo experimentan al promediar la noche.

 

ACTO FINAL

Soy mago. El mejor de los magos. Nadie podrá igualarme. Superarme, jamás. Para demostrarlo, desaparezco en los puntos suspensivos de este cuento…

 

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Piero De Vicari (San Nicolás, Buenos Aires, Argentina, 1963)

Poeta, narrador, ensayista y gestor cultural. Profesor de historia y empleado judicial. Dirigió la Escuela Municipal de Lengua y Literatura «Andrés del Pozo», entre los años 1991 y 2001. Desde 1994 a la actualidad es co-director del Sello Editorial sin fines de lucro Yaguarón Ediciones. Curador del Festival Internacional de Poesía «San Nicolás de Los Arroyos» desde 1991 a 2018. Ha recibido numerosos reconocimientos y premios por su obra literaria, trayectoria y labor de difusión cultural. Editoriales de Argentina, México, Chile, Colombia y Ecuador han editado sus libros. Entre sus poemarios publicados, podemos mencionar: “Vicio de manos” (1999); “Palabra Lázaro “(2002); “Texturas posibles” (2010); Al temblor de la hoguera” (2011); “Todo pesa” (2014); “Pasaporte para náufragos” (2015) y Noé en su arca o rostros de todos los diluvios” (2019). En microficción, ha publicado “Simbiosis de la guillotina y otras microficciones” (El español de Shakespeare, Santiago de chile, 2017); “Ínfulas ínfimas/bazar de brevedades y otras minucias” (Macedonia, Morón, 2018) y “Muerte del filósofo chino y otros textos insomnes” (El taller Blanco ediciones, Bogotá, 2019).

 


 

PATRICIA DAGATTI: «FIESTA SAGRADA»

 

 

ALAS

 

Debemos amputárselas a tiempo, de lo contrario comenzarán a notársele. Dos cortes serán suficientes, uno a cada lado de la espada de la niña; no sentirá dolor, aseguró. La madre, hundiendo los dedos en sus propias cicatrices, asintió.

 

(Texto publicado en la FanPage Basta Contra la violencia de género)

 

DESCUBRIRSE

  

El vestido se desliza y deja al desnudo los senos y el abdomen. Al llegar al pubis, ella lo sujeta con un movimiento apenas perceptible. Sus contornos insinúan la belleza femenina; despiertan el deseo. Pero la diosa de Milo no repara en la mirada ardiente de los mortales. Su atención se concentra en la manzana que le dio el príncipe troyano. Como si tuviera el brazo extendido, la imagina apoyada en su mano izquierda. No hay nada que Venus anhele más que la soledad de una alcoba, para deleitarse con el néctar de su fruto.

 

(Texto inédito)

 

EN DEFENSA PROPIA

 

En medio de la feroz discusión, el niño quitó por un momento la atención a sus padres y volvió la mirada hacia la pintura que colgaba de la pared. Cupido permanecía dormido. La situación, cada vez más tensa, lo conminó a tomar cartas en el asunto. Corrió hasta su cuarto, sacó de entre sus juguetes un arco y dos flechas y ganando una posición estratégica, les disparó.

 

(Texto publicado en A puerta cerrada, Antología de microficción de autor (2020). Quarks Ediciones Digitales)

 

FIESTA SAGRADA

 

En las placas recordatorias adheridas a los mármoles, encontraron los nombres que necesitaban. Eligieron sólo aquellos cuyas fotos eran visibles y se los repartieron.  Cada uno tomó la forma de los pensamientos de esos rostros. Asumieron también sus voces y todos los recuerdos y así, marcharon en silencio hasta el pueblo.

Al llegar, una vez más, los esperaban con las casas adornadas de flores coloridas y las mesas repletas de comidas y bebidas. El aire perfumado presagiaba el comienzo de la celebración.

Desde tiempos ancestrales y convocados por el mismo ritual, los seres del espacio descienden con el único propósito de saborear los manjares terrestres y compartir el pan de los muertos.

 

(Texto inédito)

 

PRESUNCIONES

 

La Urraca fue acusada de robo a mano armada. El Hornero la acusó y, como era un respetado padre de familia, nadie se atrevió a dudar de su palabra. No hizo falta investigar el caso. La fama de sus ancestros y la reputación del denunciante fueron prueba suficiente para condenarla. El Búho, único testigo de lo sucedido, luego de una larga noche de dudas y reflexiones, decidió declarar.

—No es necesario, estimado —lo detuvo el oficial apenas comenzó a hablar—. La culpable ya fue ejecutada.

 

(Texto inédito)

 

TRAVESURA

 

Todas las tardes camina hasta el lago. Exhausto se sienta en la orilla y permanece con la vista clavada en el agua. Aún tiene la esperanza de que su padre aparezca con vida. El día del naufragio, a él lo rescataron unos pescadores y al bote lo encontraron más tarde, dado vuelta. Eso se lo contaron, porque no recuerda casi nada de lo ocurrido;  salvo el momento previo en el que, mientras pescaban, amarró las piedras a los pies de su padre.

(Texto inédito)

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Patricia Dagatti nació en la provincia de Buenos Aires, Argentina, en el año 1970. Reside en la ciudad de Villa María, Córdoba. Es Contadora Pública, Licenciada en Administración, Magister en Escritura Creativa en Español por la Universidad de Salamanca (España).  Escritora de narrativa, los cuentos y microficciones de su autoría han sido publicados en Argentina, Chile y México tanto en antologías como en revistas literarias, radios y sitios web especializados en el género.

Actualmente, conduce el programa «La Minificción en la Voz de sus Autoras y Autores», un ciclo semanal emitido por Facebook Live, en el que participan escritoras y escritores de múltiples nacionalidades.