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MUERTE
Nunca supe cómo llamarla, porque su nombre no quería ser mencionado. Su presencia era inmaterial, como ese pecado original que nunca existió. La lluvia no mojaba sus pisadas, pues ya dejo de caminar. Perdió su deseo de seguir creciendo y decidió acompañar a los ríos que añoran el mar.
PROFETAS
Maldigo todo aquello que no llego a entender, jugando al escondite con la más ortodoxa de las lógicas. Siempre un para qué pendiente de entrar en escena, borrarlo todo y volver a comenzar. Un suspiro que no rompe a salir, que comprime tus sentimientos y te obliga a dejar pasar una oportunidad más ¿Cuántas han sido?
Esperas a la próxima, convencido que vendrá a poner fin a este sufrimiento huérfano que te dejaron en herencia. Pero no llega ese momento, siempre está flotando en el limbo de los deseos. Te sientes estafado, tus creencias traicionadas. Las salidas tabicadas.
RETIRADA
No espero más que encontrar un rincón donde dejar pasar el no tiempo, bajo la sombra de un árbol cuyas raíces me alimenten de soledad. Quiero encontrar una orilla sin olas, donde la mar no tenga prisa en marcharse y deje permanentemente húmeda la arena. Un lugar cubierto por un cielo plomizo que ayude a volver a recordar todo aquello que nunca llegue verdaderamente a olvidar. Poder respirar el calor sincero de todos aquellos momentos vividos y cuyo vacío nunca será llenado, pues con ellos se fue marchando mi existir.
FILOSOFANDO
El orden garantiza la estabilidad. El cumplimiento de las normas se hace imprescindible para una convivencia adecuada. Sin reglas reinaría el caos y, por tanto, la imposibilidad de evolución. Las Historia está escrita sobre cimientos estables y cuando no ha sido así las contiendas bélicas reinaron. Es bien fácil, acatemos las normas que nos regulan y todo fluirá como el agua en una pendiente. Por todo ello, le rogaría guardase la fila. Hay personas que llevan tiempo esperando su turno, con resignación, para poder ser atendidas.
¡ Vaya gilipollas estás hecho!
El número cuarenta y tres.
SER
No existen lugares, sino recuerdos de su visita. No existe el tiempo, sino momentos que añorar. No existe el pasado, sino experiencias vividas. No existen metas por conquistar, sino espacios desocupados. No existen paraísos, sino miradas diferentes para los mismos lugares. No existen diferencias, sino igualdades por completar. No existe la perfección, sino la suma de cosas bien hechas. No existen altruistas, sino avaros camuflados. No existen banderas, sino trapos de egoísmo volando al viento. No existe el destino, sino opciones para elegir. No existe la eternidad, sino promesas religiosas incumplidas.
***
Carlos Marchena González. Sevilla. Maestro, pedagogo y psicólogo «singular». Lector infatigable y descubridor del mundo mágico de la escritura. Autor de relatos cortos aparecidos en revistas como Alborismos, Nagari, Falsaria, Almiar, Ruta, Freibrújula, Papenfuss, Versal y Montaje. Finalista en el VII concurso «Gadis de microrrelatos» (2026). La primera novela, editada en Amazon, se titula Eternity (septiembre 2025).





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