CARLOS MARCHENA GONZÁLEZ: «RETIRADA»

Magnific

 

MUERTE

Nunca supe cómo llamarla, porque su nombre no quería ser mencionado. Su presencia era inmaterial, como ese pecado original que nunca existió. La lluvia no mojaba sus pisadas, pues ya dejo de caminar. Perdió su deseo de seguir creciendo y decidió acompañar a los ríos que añoran el mar.

 

PROFETAS

Maldigo todo aquello que no llego a entender, jugando al escondite con la más ortodoxa de las lógicas. Siempre un para qué pendiente de entrar en escena, borrarlo todo y volver a comenzar. Un suspiro que no rompe a salir, que comprime tus sentimientos y te obliga a dejar pasar una oportunidad más ¿Cuántas han sido?

Esperas a la próxima, convencido que vendrá a poner fin a este sufrimiento huérfano que te dejaron en herencia. Pero no llega ese momento, siempre está flotando en el limbo de los deseos. Te sientes estafado, tus creencias traicionadas. Las salidas tabicadas.

 

RETIRADA

No espero más que encontrar un rincón donde dejar pasar el no tiempo, bajo la sombra de un árbol cuyas raíces me alimenten de soledad. Quiero encontrar una orilla sin olas, donde la mar no tenga prisa en marcharse y deje permanentemente húmeda la arena. Un lugar cubierto por un cielo plomizo que ayude a volver a recordar todo aquello que nunca llegue verdaderamente a olvidar. Poder respirar el calor sincero de todos aquellos momentos vividos y cuyo vacío nunca será llenado, pues con ellos se fue marchando mi existir.

 

FILOSOFANDO

El orden garantiza la estabilidad. El cumplimiento de las normas se hace imprescindible para una convivencia adecuada. Sin reglas reinaría el caos y, por tanto, la imposibilidad de evolución. Las Historia está escrita sobre cimientos estables y cuando no ha sido así las contiendas bélicas reinaron. Es bien fácil, acatemos las normas que nos regulan y todo fluirá como el agua en una pendiente. Por todo ello, le rogaría guardase la fila. Hay personas que llevan tiempo esperando su turno, con resignación, para poder ser atendidas.

¡ Vaya gilipollas estás hecho!

El número cuarenta y tres.

 

SER

No existen lugares, sino recuerdos de su visita. No existe el tiempo, sino momentos que añorar. No existe el pasado, sino experiencias vividas. No existen metas por conquistar, sino espacios desocupados. No existen paraísos, sino miradas diferentes para los mismos lugares. No existen diferencias, sino igualdades por completar. No existe la perfección, sino la suma de cosas bien hechas. No existen altruistas, sino avaros camuflados. No existen banderas, sino trapos de egoísmo volando al viento. No existe el destino, sino opciones para elegir. No existe la eternidad, sino promesas religiosas incumplidas.

 

***

Carlos Marchena González. Sevilla. Maestro, pedagogo y psicólogo «singular». Lector infatigable y descubridor del mundo mágico de la escritura. Autor de relatos cortos aparecidos en revistas como Alborismos, Nagari, Falsaria, Almiar, Ruta, Freibrújula, Papenfuss, Versal y Montaje. Finalista en el VII concurso «Gadis de microrrelatos» (2026). La primera novela, editada en Amazon, se titula Eternity (septiembre 2025).

 


 

RAMÓN GIL: «ASTILLAS»

Freepik

 

 

 

 

Hay pausas que no tienen final.

*

Hoy mi caracol se disfrazó de escalera.

*

Simplificando: el mundo es un lugar salvaje.

*

Las uñas de las estatuas crecen hacia dentro.

*

También hay desconocidos en mi yo, sombras opacas.

*

La verdad que devuelve un espejo es un espejismo.

*

Un espantapájaros me observa violentamente quieto.

*

No está claro que las dunas se dividan sin resto.

*

En el hueco de mis ojos bailan mis ojos.

*

Los mancos pesan sus heridas en balanzas sin brazos.

*

Para acertar elijo al azar cualquiera de mis errores.

*

Mi oído interno es mi guarida.

*

Vagabundeo decidido hacia una meta.

*

Escribo puntos suspensivos sin pausas.

*

Mi mapa mudo habla por mí.

*

La trayectoria de la luz termina en los ojos.

*

En la superficie me defiendo de los arañazos de la profundidad.

*

Solo las estrellas fugaces son verdaderas.

*

Parpadeo dentro de mí.

*

Lo insalvable: la discontinuidad del dormir.

*

¿Dónde está mi centro? Yo soy periferia.

*

Un poema es la muleta de un mendigo.

*

Mi reloj de arena adelanta sus gritos.

*

Oigo a mis fotografías murmurar a mis espaldas.

*

La poesía es una lupa.

*

Vuela la sombra del pájaro que vuela.

*

Tengo un bonsái al que se le han caído todas las hojas. Es su pequeña venganza, imagino.

*

La muerte escribe silencios a una velocidad de vértigo.

*

La ira se abriga en palabras a quemarropa.

*

Después de una marea viva se entierra el cadáver del mar.

*

¿Qué se gana al ganarse la vida?

*

Mi piel es mi maleta.

*

Los espejos guardan las apariencias.

*

Ventaja: en minoría de uno contra nadie.

*

El artista, un pintor de bodegones, conoce doblemente la verdad brutal.

*

También el feliz tiene cicatrices que enseña cuando pronuncia la palabra felicidad.

*

Los suicidas mudos no saben morderse la lengua.

*

Es posible que de todas las escaleras de caracol la escritura sea la más lenta.

*

El asfalto es la vejez de los caminos.

*

Hay líneas negras en los mapas, restos de hogueras.

*

Siempre quise ser transparente. Mi codicia no tiene fin.

*

Mi bala está en el hueco de mi sien jugando a las cuatro esquinas que son tres: derecha e izquierda.

*

El juego es anterior a sus reglas.

*

El cielo es un acantilado azul.

*

Un relámpago lentísimo, el poema.

*

Todo llanto es simétrico.

*

Se llega, tarde o temprano, siempre a un punto muerto.

*

¿Qué sudario elegir para ser sincero?

*

Mi lengua materna murió ayer.

*

Me veré en un espejo pero me queda saber contra qué ojos.

*

Los puntos de partida son mis finales.

*

En el caso contra mi muerte alegaré defensa propia.

*

En paz descansa mi lucha.

*

Hoy perdí mi guerra civil.

*

Cuando la memoria es exacta al olvido, ninguna vida nos alcanza.

*

Hay un animal que examina mi conciencia cuando yo respiro.

*

El tiempo violenta su tregua.

*

Nadie comprende lo que significa verdaderamente la sentencia: morirás.

*

Un vigía ciego admira el otoño que crece dentro de mí.

*

Cada uno es el único testigo de su propia muerte.

*

La eternidad no tiene amparo.

*

Mis huellas abandonan a mis pies.

*

Aquí la distancia no se alcanza.

*

Seré breve.

*

También hay cuencas en los ojos de la tierra.

*

¿Cuántos dentros hay en mi dentro?

*

La noche más larga no tiene día.

*

Yo es tú.

*

Esta ambición por ser el último.

*

Todo termina en un gesto mínimo.

 

 

 

Astillas es la tercera parte del poemario (Los actos simples). Las otras dos son Los actos simples y Mecánica interior. 

 

 

Ramón Gil Sánchez (A Coruña, 1964) es escritor y profesor de filosofía en la enseñanza pública. Mantuvo durante años el blog «Textos ocasionales», donde publicaba poemas y cuentos. Ha colaborado con otros espacios literarios en Internet como Letras de Chile, La máquina de coser palabras, La nave de los locos y Literatura Libre, así como en prensa, en El Ideal Gallego. Colaboró en la obra colectiva Plantando Libros (AGPI / Xunta de Galicia, Betanzos, 2007). Es autor del poemario Los actos simples (Editorial Soldesol, Almería, 2026) y del libro de relatos El uso de los nudos (Amazon, 2026). Actualmente prepara una nueva colección de cuentos. 

 


 

RAFAEL AYALA PÁEZ: «EL CASQUILLO DE BALA»

  

Freepik

 

LA MATA DE CIRUELAS

La hija de doña Isabelina le trajo un saco de ciruelas rojas a Lorenzo, que se las fue comiendo una a una, saboreando su dulzor y escupiendo las pepas. Al caer la tarde, solo quedaba el saco vacío. Se levantó con un peso en el vientre, y de sus manos empezaron a brotar ramas y de sus pies raíces. Hoy hay una mata de ciruelas donde enraizó Lorenzo.

 

FRAY MARCELO EN EL JAPÓN

Dejo la carta sobre el escritorio. El obispo me escribió para felicitarme por el trabajo de Fray Marcelo evangelizando los pueblos más remotos del Japón. Voy a su habitación. Lo encuentro dormido. Nunca ha salido de este monasterio venezolano.

 

LAS CAYENAS

Lo mejor de mi infancia era recoger del suelo las cayenas rojas, envolverlas en hojas y enterrarlas para unos días después desenterrarlas. Salían marchitas, moradas. Hoy entierro y desentierro cuerpos humanos.

 

LA PRISA DE LA MUERTE

La Muerte me dice:

—Apúrate, que ya van a hacer las doce y tengo que buscar a mis chamos al colegio.

 

EL CASQUILLO DE BALA

Encuentro en el patio un casquillo de bala herrumbroso. Imagino dispararle a unos hombres que vienen hacia mí a caballo, armados con máuseres. Al volver en mí, me desplomo de rodillas y palpo el tórax: mis manos se llenan de sangre y la tarde se ennegrece.

 

LA CADENA DE ROSAURA

La joven nos pidió si le podíamos entregar una cadena a su mamá, que vivía cerca. Su vuelo ya partía. Sosteniendo la cadena en la palma de su mano, la señora nos dijo:

—Es la que llevaba mi hija Rosaura el día del accidente. Hace treinta años que no la veía.

 

LA VISITA DEL SILBÓN

En el bar Royal del mocho Arveláez, el Silbón y yo nos tomamos unas cervecitas bien frías. También los del más allá sufren el calor.

 

LA JALEA DE MANGO

Jacinto miraba a su abuela muerta preparar jalea de mango.

—Cierra bien la puerta cuando me vaya —le dijo ella.

El cerrojo, mientras tanto, se derretía.

 

***

 

Rafael Ayala Páez (Venezuela, 1988). Fotógrafo, cuentista y poeta. Licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura por la Universidad Simón Rodríguez. En 2013 fue invitado al XI Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo. En 2017, junto al poeta Mario Martín Gijón, elaboró el dossier de literatura venezolana para la Revista Quimera. En 2025, la Revista Nagari publicó cuatro de sus últimos poemas.

En 2026, la revista Dodho Magazine publicó en su página web su fotoensayo In the Footsteps of the Christ of Health: A Visual Chronicle. Este mismo año, su trabajo fotográfico fue destacado y publicado por la prestigiosa revista francesa L’Œil de la Photographie, y la plataforma «The Pictorial List» publicó su serie With gratitude and devotion.

Actualmente trabaja en la escritura de su primer libro de cuentos.