TEXTOS: JONATHAN ESPAÑA ERASO

ILUSTRACIÓN DE ÁLVARO PANTOJA


Senryūs

No hay nadie aquí
sólo el libro abierto.
¿Alguien me ve?

*
**

Oigo lloriqueos
que provienen del espejo.
Nace un vampiro.


*
**

Como en tus sueños
la luna aparece.
Aullido en silencio.

*
**

Se me cayeron
las palabras del libro.
Brotan abismos.


*
**

Todo es verdad,
incluso la no existencia
de este senryū.


*
**


Se ve al espejo:
Vuelve a ser tan feo
como antes.



Haikus

Bajo la lluvia,
se empantana la choza.
Quilla en la cama.

*
**

En un pueblo brumoso,
un forastero se pierde.
Se escuchan lamentos.

*
**

Jacarandás.
En casa del difunto,
fosas vacías.

*
**

Arriban sombras
entre aullidos de perros.
Luna creciente.

*
**

Llueven días.
El invierno estruja
mi ataúd.

*
**

Tu fantasma es
un grito de ausencia
sobre la flor marchita.

 
ILUSTRACIÓN DE FERCHO YELA

Minificciones

¿Quién es?

-¿Quién es?
Se escucha una voz desde el lugar más oscuro del patio. Un hombre atemorizado, con arma en mano, pregunta:
-¿Eres tú?
-Soy yo.
-He venido a matarte.
Y al instante un disparo certero.
-¿Quién es?- se escuchan dos voces quebradas, desde el lugar más oscuro del patio, que responden al unísono:
-Soy yo, soy yo.

Muñeca rusa

Al ordenar los juguetes de mi infancia, encontré la muñeca que tanto terror me causaba. En sus ojos espejados miré mi rostro encogido. Justo detrás de él, apareció una pequeña silueta. Temerosa quise saber quién era. Descubrí que una mujer estremecida, de rostro enjuto, se asomaba para perderse en el resplandor de mis ojos.


Suerte[1]
       
Me dijiste: “dame alas para vivir”. Tienes suerte, las conseguí: Se las corté a mi ángel de la guarda.


***

Jonathan Alexander España Eraso (Pasto, Nariño, Colombia). Ha publicado cuentos, poemas y ensayos en diversas revistas impresas y virtuales, tanto colombianas como internacionales. Co-fundador y co-editor de la Revista Cultural Avatares, editada en Pasto. Dirigió el suplemento cultural, bajo el sello editorial Avatares, "La Conjura de los Necios". Actualmente dirige Alebrijes: Revista Nariñense de Minificción. Su primera novela tiene dos ediciones (una colombiana y la otra española).


«Capilar», de Lilian Elphick




Por Diego Muñoz Valenzuela
Que yo esté presente en esta simple y significativa ceremonia en que liberamos este libro de Lilian Elphick para que navegue, explore y afronte novedades y riesgos, no tiene demasiada novedad. Creo que me he convertido en parte obligada del ritual de lanzamiento, y lo digo con agrado, con cariño y con alegría. Espero mantener este cargo tan honorífico en el futuro próximo, porque esto equivale a decir -junto con muchas otras personas bien informadas- que esperamos mucho más de su trabajo creativo en el ámbito del microrrelato.
He escogido la denominación que asumo la misma Lilian ha escogido: microrrelato, aunque sabemos que compite con muchísimos, quizás demasiados otros nombres: microcuento, minificción, microficción, minicuento, cuento brevísimo, minirrelatos y más…  Lilian cultiva con mano precisa y creativa el microrrelato desde hace mucho tiempo: 2007 si fijamos el hito de su primer libro del género publicado, Ojo travieso. Sabemos que es preciso anticipar varios años de trabajo silencioso, y antes de eso, lecturas y deliberación interna, para llegar a ese primer libro tan meritorio. Es un trayecto extenso.
Lilian Elphick con talento, constancia y osadía ha construido una obra singular en el género narrativo brevísimo, y eso le otorga un puesto de honor dentro de la galería de autores de habla hispana, como atestigua su inclusión en una amplia variedad de antologías y muestras publicadas en Latinoamérica, España y otros países. Cuando se habla de la microficción chilena, Lilian Elphick es nombre obligado junto a próceres notables como el recientemente fallecido, amigo entrañable y notable escritor, Pedro Guillermo Jara (a quien le digo “salud” y con una reverencia agrego “hasta pronto”), Pía Barros y Juan Armando Epple. Esta, podría decirse, es la delantera de nuestra selección, donde brilla una serie de nombres cuya enumeración sería lato exponer, porque en Chile el género ha experimentado un desarrollo rápido y nutrido en los años recientes.
Lilian ha ganado un puesto único y significativo por su exploración de frontera en el límite con la poesía, uno de los bordes borrosos que delimita el impreciso dominio del microrrelato. Esta tendencia filo-poética se manifiesta hace varios años, primero fue subrepticia, apenas insinuada; luego más y más intensa. Algunos hemos ido percibiendo estos cambios graduales, no obstante las precauciones que haya tomado la autora para no prevenirnos de sus incursiones. Esta avanzada hacia la poesía no constituye infracción; por el contrario, la vemos como una invasión virtuosa apta para paladares literarios refinados.
Confesiones de una chica de rojo (2013) es el cuarto libro de microrrelatos de Lilian Elphick, donde va más allá de escribir microtextos individuales con pluma eficaz y de bellos trazo -ya en sí una tarea compleja en los planos narrativo y estético-  sino que asume el desafío de crear series de microrrelatos que a su vez constituyen sistemas. Y todavía más: constituir un cuerpo global (como libro) con partes fuertemente interrelacionadas, cuyo efecto conjunto transmite una intención del autor.
En Diálogo de tigres (2011), el tercero de nuestra autora, Lilian empuja el género hasta las fronteras con la poesía y la filosofía, empleando como materiales la imaginación, la fábula, el lenguaje y el erotismo, alcanzando un resultado de considerable belleza. Este libro nos habla del dolor esencial de la existencia, de sus grandes ámbitos de incertidumbre: el sufrimiento, la muerte, el amor y el desamor. De otra parte también puede leerse como una gran metáfora sobre el autor y sus creaciones, vástagos desprendidos definitiva y brutalmente de su matriz uterina.
Disfrazado de poema en prosa, el microrrelato expandió sus dominios hasta invadir las fronteras de la poesía. Renunció a la brevedad extrema, no así a la concisión, para acercarse al cuento. Cargado de filosofía se acercó peligrosamente a los dominios del aforismo. Aprovisionado de humor y belleza se arrastró hacia los límites del chiste. Y con microcargas dramáticas y buenos diálogos las emprendió con la comarca del teatro.
Con el tiempo el microrrelato eclosionó, sumo fuerzas con sus congéneres y se convirtió en libro. Y comenzó a ganar adeptos, autores y lectores. También bastantes detractores… Hay quienes han llegado a descalificar por secretaría los libros de microcuentos que concursaban en el género cuento en grandes certámenes. Por suerte, nuestra Lilian Elphick rompió este silencio son sabor a ninguneo cuando ganó en 2010 el Premio Mejores Obras Literarias con esa estupenda obra de joyería llamada Bellas de Sangre Contraria (2009), su segundo libro del género.
En el origen estuvo Ojo travieso (2007), excelente volumen que abre la colección de Lilian Elphick. Más recientes son K (2014) y El crujido de la seda (2016), publicado por la prestigiosa editorial española MenosCuarto.
Dicho todo esto, Capilar es un paso nuevo y seguro en la senda de Lilian Elphick dentro del microrrelato. Hay continuidad y cambio, como es de esperar en una autora desarrollada y aventurera. La voz poética, la intertextualidad, el juego con la historia son recursos recorridos, pese a lo cual siempre aparecen renovados y sugerentes.
Emerge con fuerza la referencia a la época de la dictadura y sus huellas de dolor y muerte, que ha tenido una presencia menos gravitante (no ausente ciertamente) en su obra anterior. Ahora las alusiones a esta época – si no el escenario directamente- aparece con intensidad dominante en muchos textos cargados de pasión y profunda significancia. Eros y Tánatos conversan en esta clase de textos, lo cual resulta natural para quienes vivieron la adolescencia y la juventud bajo el influjo de la represión sanguinaria del fascismo criollo. Viene a representar un reconocimiento de la matriz donde la autora -más allá de sus deseos- estuvo sumergida como todos los autores de su generación. De alguna forma es natural que estos hechos atroces resurjan con el paso del tiempo, en lugar de pasar al éter del olvido: al contrario, emergen con fuerza porque constituyen una carga potente en todos los ámbitos humanos. Un golpe militar y la experiencia de 17 años de dictadura constituye un golpe brutal a las emociones, el cuerpo y el intelecto de varias generaciones de jóvenes. En esa matriz nos volvimos escritores, como forma de sobrevivencia y liberación o lucha por la libertad; no por una posición en los puestos de venta de libros, en los canones académicos o presencia en los medios de comunicación.
Otra tendencia más desarrollada que en los libros que conocíamos -y no es que no estuviera presente- es el humor, eso sí que dentro de una estructura que lo dota de trascendencia, de una parte, y de sentido estético, de otra. El mero chiste en este libro carece de espacio y eso se agradece, porque se ha llegado a producir una confusión en este aspecto. La intención de cualquier texto literario, en particular la minificción, debe ser primordialmente estética, lo cual no obsta para el uso del humor, pero tampoco lo eleva a la condición de recurso necesario, ni mucho menos. Incluso asumiendo la posición de considerar primario y  estructural lo estético, se tiende con frecuencia a entender que lo lúdico constituya un rasgo obligado en la microficción. La mayor parte de este libro tiende -a mi modo de ver- a demostrar la idea que expongo, de modo que el microrrelato es un territorio libre, abierto a todos los temas y todos los recursos.
Solo me queda reafirmar lo esencialmente ya dicho: estamos ante el trabajo de autora cuyo trabajo es trascendente -y en el futuro lo será aún más- porque es una aventura de frontera, indagación permanente, búsqueda sincera y arriesgada, todos sellos que celebro y ahora mismo aplaudo.
*
Capilar, Lilian Elphick, microcuentos, 80 pp., Eutopia Ediciones, 2018.

Presentación del libro Capilar, por Diego Muñoz Valenzuela, el día 29 de marzo de 2019, Santiago de Chile.

SATURNINO RODRÍGUEZ, DE LA ANTOLOGÍA «TRES TOQUES MÁGICOS»



Enojo libresco

Un libro rebelde y contestatario que al abrirlo cualquier lector desaprensivo en una página determinada- digamos la 53- todas las letras le saltan a la cara y comienzan a entrarle por la nariz, los oídos, mientras otras le aprietan el cuello fuertemente y le gritan enojadas: “¿Por qué, por qué vienes a pasear tus ojos intrusos precisamente aquí en nuestro mundo?” y aprietan, aprietan hasta asfixiarlo. Después ellas mismas se encargan de cerrar el libro y borrar las huellas del crimen.


Palindromo casi

Revés al mundo este para respuesta la descifrar logre que seguramente aparecerá alguien. Arriba patas todo puesto ha que la guerra la es.
Derecho anda nada ya. Agonía, sangre, insultos. Babel gran una como, mucho entendía se tampoco mismo él y prójimo su a comprendía nadie.
Pelea una esquina cada en. Pie en idea una,sano hueso un, intacta cabeza una quedó no. Coincidencias de remanso un hallar sin dilataba se cadena la, así... Pobreza la a ricos los, ricos los a pobres los,anárquicos los a estoicos los,estoicos los a escépticos los, escépticos los a altruistas los,altruistas los a eclécticos los, eclécticos los a incriminaban grupos ambos.  Sí entre luchaban también pensadores los y otros a unos acusaban se soldados los  entre aún pero. Soldados los a pensadores los y pensadores los a culparon guerreros los. Vainas sus de salieron aceros los y pronunciadas fueron palabras las y. Sangre la brotar hacen que  las espadas las son pero, hieren palabras las

Un poeta recalcitrante

Dejo de pensar en ti, para volver a pensar en ti. Pudiera, con excepción, pensar en mí, pero yo también estaría pensando en ti.


Destino

Llegó corriendo atropelladamente, con temor a perder el barco, que efectivamente, acababa de zarpar. Impulsado por la carrera, tropezó con un bloque de hielo que los cargadores habían dejado indolentemente sobre el muelle y cayó al mar, todavía sosteniendo el equipaje.
Como no sabía nadar y nadie lo auxilió, el hombre murió ahogado.
Cuando lo izaron, las ropas chorreando agua, encontraron en el bolsillo de la chaqueta, un pasaje en primera clase para el Titanic, el mismo barco que se alejaba de la costa a todo vapor.

La nada

Yo fui durante mucho tiempo un hombre perfecto. Hasta que conocí a la mujer perfecta, y la desposé. Mutuamente, nos anulamos. Ahora somos un matrimonio de fantasmas que no saben a ciencia cierta de qué cuerpo escaparon.


Duelo sideral

-¡Bang, bang!

-¡Big Bang!


Lepidóptero

Oruga. Crisálida. Chuang-Tzu.


Colegas

Entre escritores, como entre bomberos, es frecuente que alguien le pise la manguera a otro. Máxime si pensamos la literatura como un fuego inextinguible.



Atlas
Tose de continuo por los gases que le obligan a respirar. La esfera le quema las espaldas. En cualquier momento soltará la papa caliente.


Letra peligrosa

Sócrates( aunque nada escribió) obligado a tragar veneno. Esquilo, el trágico, con la cabeza aplastada por una tortuga voladora. Dante desterrado. Cervantes manco. Pushkin asesinado por un duelista profesional. Nerval pendiendo de una soga. Emilio Salgari abriéndose la barriga como un samurai. Virginia Wolf con los bolsillos llenos de
piedras hundiéndose en el río. Celan también ahogado. Stefan Zweig, Maiakovski, Hemingway, disparándose cada uno por su cuenta. Federico fusilado. Pavese y la Pizarnik dormidos con abundancia. Tolkien mordido por una tarántula. Borges, ciego de tanto leer la Enciclopedia Británica. Roland Barthes arrollado por una camioneta. Hijo, te lo imploro. Suelta esas cuartillas. La literatura es muy peligrosa.


Colisión amorosa


Como legado obtuve un deseo vehemente de que fueras mía, desde el primer instante. Tus continuos rechazos, sin embargo, pulverizaron mi corazón. Entonces, decidí emplear la antigua técnica de la reina de Ítaca: esperaría. Hasta esa noche cuando nos encontramos; por accidente. Sin que tú indagaras por mí, o yo te procurara ansioso.
Gracias a la negligencia de un guardagujas somnoliento. A fin de cuentas, siempre fuimos pasajeros de dos trenes que viajaban en direcciones opuestas.


Aguada

El fuerte aguacero le borró los tatuajes. Un mural altamirano
acumulado por su piel durante años. En su lugar, las gotas de lluvia le grabaron una sinfonía de nubes derramadas, que pronto diluyó su cuerpo, el cual se escurrió presuroso por los desagües de la ciudad.


Sin pasar en limpio

Tuve que cerrar el libro de golpe y colocarlo otra vez en el librero.
Me estaba leyendo. El muy desvergonzado me trataba al descuido; se mojaba las páginas para pasar mis dedos. Cuando le venía en ganas me tiraba sin aviso en cualquier sitio, y seguía con su vida. Al parecer mi historia no le convencía; a ratos bostezaba aburrido, como si detestara la narración en primera persona, las faltas de ortografía, la mala letra. Como si aborreciera las ficciones inconclusas donde abundaban los seres de papel semejantes a él mismo. En fin, como si abominara leer manuscritos.

*

Saturnino Rodríguez Riverón. (Placetas,Cuba,1958).
Narrador y poeta. Ha obtenido premios y menciones en diversos concursos nacionales e internacionales. En 1999 obtiene el Premio Calendario Narrativa con el cuaderno Manuscritos en papel de cigarro ( Ed. Abril, 2001). Ha publicado, además, Cuentos de papel (Letras Cubanas, 2007); Muchas veces mucho (Letras Cubanas, 2013 y Tres toques mágicos. Antología de la minificción cubana, Editorial Letras Cubanas, 2017.Trabaja como periodista en la emisora Radio Reloj, de La Habana.

«CAPILAR»: MICROFICCIÓN PARA DEGUSTAR Y JAMÁS OLVIDAR





Por Francisco Martínez Bouzas

    Lilian Elphick es uno de los referentes fundamentales de la microficción tanto en España como en Latinoamérica, ese género nuevo -menor para algunos- y que poco a poco se está abriendo camino porque, con la calidad de muchas de sus producciones, ha convencido a autores, lectores y críticos de que no es un subgénero baladí, subordinado a la narrativa extensa o de largo recorrido. Las mismas obras de Lilian Elphick (Bellas de sangre contraria, Diálogo de Tigres, Confesiones de una chica de rojo y K), comentadas en esta bitácora, son una prueba palpable y de difícil refutación de cuanto digo. Sus microrrelatos, esos «textículos» a los que se refería Cortázar, incluidos en múltiples antologías han servido para enaltecer esas ficciones de hechura breve, de desenlace inesperado y de la recompensa inmediata.
   La microfición de la escritora se ve aumentada en este inicio de 2019 con Capilar, cerca de sesenta minificciones en las que Lilian Elphick  no se repite, sino que sigue explorando nuevos caminos y haciendo gala de su creatividad. Y se enfrenta por enésima vez a ese arte, hasta ahora poco valorado, que se juega la vida en las primeras líneas y resucita, si su excepcionalidad es insoslayable, en las últimas, tal como declaraba Andrés Neuman.
   Capilar se halla estructurado en dos secciones de desigual tamaño, aunque de similar enjundia: «Capilar» y «Las aristas del tiempo». Una cita de Primo Levi sobre la perniciosa ilicitud de callar («No es lícito olvidar, no es lícito callar. Si nosotros callamos, ¿quién hablará?», que remite sin duda a Si esto es un hombre, abre la puerta a diecisiete breves relatos en los que el amor, la pasión, el erotismo toman el protagonismo, mientras la protagonista y el ser apelado «huyen de los gases, del agua sucia de la policía», hasta que en la bravura de las aguas del Pacífico  explotan sus cuerpos amarrados con alambres y dejados caer desde las alturas. Otros relatos de esta primera sección reescriben en nuestras pupilas  la persecución -no precisamos preguntarnos cuál, la de la dictadura pinochetista-, fusionada con una pasión irrefrenable capaz de acariciar al mismo miedo.
   Capilar, en su brevedad y por la sangre vertida, es el testamento de los enterrados juntos, «hueso contra hueso», de los masacrados, de los silenciados en las salas de tortura; en la lucha por la libertad y contra la tiranía, pero alimentados por el inmenso poder del amor y del erotismo. Es el olvidado recordatorio de la muerte que revive en las flores, en la naturaleza y en la bondad del mundo, a pesar del olvido porque eso fue hace mucho tiempo. Historia de los amantes que acaso reviven en la zona capilar. E historia de un país frustrado que parece que ya se olvidó de aquellas traumáticas experiencias.
   «Las aristas del tiempo», la segunda parte de estas minificciones, introduce al lector en amplio un puñado de historias en las que el tiempo, la vida que transcurre a través del tiempo, deja sus tijeretazos en personajes que, no solo por su nombre, sino por su hechura, parecen extraídos de un sueño de Cien años de soledad. Personajes de ficción y personas reales como Adolf Eichmann, Josef Mengele o Walter Rauff, pueblan con bondad o con sus demenciales crueldades estos relatos, aterrorizando todavía hoy a los fanatismos «que navegan por los fiordos de la memoria». Historias de personajes temidos, de sangre vengativa, otros defensores de la igualdad y el pan de los hambrientos, de lavanderas temporeras y prostitutas cuando anochece.
   Microcuentos muy cultos e intensamente profundos, capaces de hablar de lo cotidiano y de lo filosófico. Otros rebosantes de sentido común, de ansías utópicas y del orgullo de las más humildes. Sin que, al final falta ese embrujo del amor, la fragilidad  de ser amantes, la fuerza del deseo y la renuncia al amor bravo para seguirse amando, rodeados por la inocencia de múltiples sueños.
   Como excelente maestra del microrrelato, Lilian Elphick echa mano de vez en cuando de la intertextualidad, con guiños a escritores y lingüistas. Y sobre todo condensa tramas completas en estructuras lingüísticas hiperbreves, en muy pocas líneas. El tercio sumergido en la condensación y nos las transmite con la exquisitez de una prosa primorosa, elegante, fuerte  a veces y siempre llena de tensión e impulsos torrenciales. Leer algunos textos de Lilian Elphick significa tener la posibilidad de degustar unos de los mejores lenguajes literarios que hoy se escriben en español.

***

Tres microrrelatos de Capilar

Tres

«Escríbeme, dame forma, conmuéveme y descéntrame. Escríbeme, señala el norte de las palabras, hazme historia fugitiva para arrancarme esta piel y entregarme a tus manos, Escríbeme, inventa cómo era yo en el tiempo de las cerezas corazón de paloma, cómo tu boca recorría las caderas y besaba el cielo del pubis.
Querías ser testigo de mis sueños. Me veías marchando por las calles, huyendo de los gases, del agua sucia de la policía. Me veías gritando consignas: «queremos comida», «queremos salud”, «queremos justicia”, «queremos memoria».
Dijeron que merecía la muerte. Así, amarraron mis pies y manos con alambre y, desde un avión, me lanzaron al Pacífico. Llevé tu nombre al agua.
No te olvides de mí: escríbeme.»

...

La soldadera

« Iba a pie. Él, a caballo. Asaba las tortillas, lavaba sus ropas, colocaba paños húmedos en su cuello. Mantenía el filo de la navaja con el cuero, revolvía el jabón y era la guardadora del espejo.
Muchas veces perdí criaturas en las trincheras. Tanta era la sangre. Es que a él no le gustaban mis modos de afeitarlo. Me tenía miedo. Decía que cualquier día iba yo y lo degollaba. Y me pateaba en el suelo. Por eso, esa mañana, le sostuve el espejo. Ante las tres señales de luces, mi comadre tomó su 30-30  me encajó la bala en el corazón. Tal cual le pedí. A ella la acribillaron allí mismo. Este hecho no pasó inadvertido para la revolución: nos recordaron como valientes lesbianas.»

...

Hija de Afrodita

«Son las cinco  de  la tarde y camino por las calles vacías. Pero, ojos, esto es una canción; no hay un yo melancólico que desee cambiar las cosas, no hay nada. Desde el vacío me rebelo. Y no es que no pueda ir a  la esquina a comprar pan  y cigarrillos. Eso es muy fácil. No es que no logre mirar al cielo y decir: va  a llover. No me hallo en esta detención de valva imperfecta, esta ruina de mis ojos, que siguen viendo las maletas de mi bisabuelo en el fragor de la guerra.
Temblores de labios.
Labios como espadas, decía Aleixandre
Voy a la bala y a la muerte, como una hija de la tierra.»

(Lilian Elphick, Capilar, páginas 13, 41, 62)


Capilar
Lilian Elphick
Ediciones Eutôpia, Santiago de Chile, 2018, 81 páginas.


«HOKUSAI», ANTOLOGÍA DE MICRORRELATOS




Hokusai es una antología digital que reune microrrelatos basados en «El sueño de la esposa del pescador», de Katsushika Hokusai (1760-1849), pintor y grabador japonés, adscrito a la escuela ukiyo-e del periodo Edo. La xilografía en cuestión pertenece al género shunga, de contenido erótico.

Los microrrelatos pertenecen a escritores/as de Argentina, Chile, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Colombia, Perú, Bolivia, Portugal, Canadá, México, Australia, España, Italia, nacidos/as o que viven es estos países. Cada uno/a de estos/as autores/as sembró una perla en sus minificciones. Brillante, pulida, cautivadora. Que nos perdone el maestro Hokusai por habernos montado arriba de su xilografía, que se apiade de nosotros/as, escribientes de mínima factura, por haber retorcido y subvertido a aquella mujer soñadora, con palabras que, al final, son colores y texturas. Una imagen re-creada, transformada, convertida en historias. ¿Soñaremos con el castigo de «La gran ola de Kanagawa» rompiendo en nuestras barcazas ficticias? Quizás no. Quizás Hokusai se esté riendo en este mismo momento por haber provocado e inflingido tanto erotismo a nuestras plumas. Erotismo al modo de George Bataille:



«Podemos decir del erotismo que es la aprobación de la vida hasta en la muerte». 

        

    Aquí, apreciado/a lector/a, encontrarás viscosidades y placeres varios bañados en sueños. Podrás, incluso, aprender a cocinar el pulpo según varias recetas; o ilustrarte acerca de las buceadoras de perlas que aparecieron en algunos textos de esta antología. Sabrás, también, de escenarios marinos, intertextualidades grecolatinas, musicalidades, guiños a Kafka, Lovecraft y Cthulhu, coqueteos con Chuang Tzu y con el psicoanálisis. Los microrrelatos que hallarás aquí son como el aleph borgiano: se reúnen todos los tiempos, pasado, presente y futuro; cronos y aión. No se trata de una esfera, sino de tentáculos que se enredan unos con otros. Estos brazos literarios, plenos de frescura, actúan en rebeldía. Se oponen a la moral y las buenas costumbres, al temor al placer sensual y sexual y son, definitivamente, un estallido de significados. Aquí no hay nada obsceno; es más obscena el hambre y la guerra, las murallas fronterizas que impiden la entrada a miles de migrantes, las matanzas, la ascención del fascismo, los femicidios diarios. La literatura siempre será un acto de rebeldía y resistencia. Estoy segura que esta antología no será censurada por aparatos estatales ni eclesiáticos, como lo fueron El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence, Lolita, de Vladimir Nabokov, Madame Bovary, de Flaubert, Persépolis, de Marjane Satrapi, los escritos de Boccaccio, Marqués de Sade, Oscar Wilde, Henry Miller, Cela, J.K. Rowling, por citar algunos ejemplos. Aunque más de alguien pondrá el grito en el cielo: aquellas/os frígidas/os damas/os del jurado que aún pululan bajo las piedras de la ignorancia. Y seremos acusados/as de incitar a la zoofilia.

    Los microrrelatos aquí reunidos destruyen el cliché de lo erótico donde la mujer es castigada por amar/gozar y reorganizan un sistema literario diferente y desprejuiciado.





Lilian Elphick

Enero de 2019


PUEDES LEER LA ANTOLOGÍA «HOKUSAI» AQUÍ





 



Anderson Imbert, el escritor que enojó a Perón


Enrique Anderson Imbert


Por Ernesto Bustos Garrido (Corebo)


Hacia fines de 1949, Enrique Anderson Imbert fue despedido de su cátedra en la Universidad Nacional de Tucumán. La orden vino "desde arriba". El entonces omnipotente dictador de Argentina, el general Juan Domingo Perón, lo colocó en una "lista negra". ¿Su pecado? Ser opositor y dirigir el diario socialista Vanguardia. Así el profesor Anderson Imbert, por cumplir los 39 años de edad, debió exiliarse y partió a Estados Unidos con una beca de la Universidad de Columbia.
El episodio aparece en la vida del escritor, ensayista, poeta y crítico literario como un mazazo en la cabeza, que sin duda lo fue, pero en el fondo el dictador Perón le hizo un favor, porque Enrique Anerson Imbert, nacido en Córdoba el año 1910, obtuvo al poco tiempo en Estados Unidos una cádetra para enseñar literatura en la Universidad de Harvard. Antes fue también docente en la Universidad de Michigan entre 1951 y 1965. En Harvard estuvo entre ese año y 1980.
Su paso por esos planteles dejó huellas. Aparte de ser un hombre ilustrado, poseía la sabiduría de los antiguos profetas y el don de gente de los diplomáticos vaticanos. Escribió incansablemente y redactó un gran estudio sobre las características del cuento. (Teoría y técnica del cuento -Ariel Letras, 1979).
Su obra literaria en cuanto a ensayo y crítica literaria es amplia. Escribió junto a Pedro Orgambide y Raúl Scalabrini un ensayo llamado Anti-Borges, en el cual vapuleaban la obra y la postura filosófica del autor de El Aleph. Afirmaban que la producción literaria de Borges tenía un futuro obscuro y no perdudararía. Sostenían que Borges era superficial y que nunca "quemó las naves" para fijar de cara al lector sus principios sobre la crisis moral del pueblo argentino. Al parecer se equivocaron, y en grande, porque Borges los sobrevivió a todos.
No obstante este desliz (todos tenemos uno o varios) no emsombrece la magistratura de Anderson Imbert en el campo de las letras.  Algunos dicen que echó las bases de la crítica literaria como disciplina de alta academia. Y hay quienes opinan que este resplandor obscureció en gran medida sus grandes dotes de novelista y autor de cuentos.
Estos se mueven entre el realismo y la fantasía. Buena muestra de ello son sus cuentos "El suicida" y "El fantasma". Hay muchos más, y todos los ingredientes que definen al cuento son parte de una literatura que se podría rotular como andersoniana: la sorpresa, la economía, la universalidad. Un escritor no se define desde la política, la religión o el lugar heredado que ocupa en la sociedad: se definiría, en todo caso, por su estatura humana y su vigor mental. Y se lee por el interés que despierta su escritura.
De su estilo se dijo siempre que brotaba de una imaginación frondosa y a la vez acotada al europeísmo del Río de la Plata. "Son estructuras montadas sobre bases casi matemáticas y la pluma propia de quien da prioridad al raciocinio", sostuvo Bloom.
Escribió hasta muy tardía edad (falleció en Buenos Aires a los 90 años de edad) hasta después de dejar la docencia. Su último proyecto, según sus biógrafos, era un relato donde un prestigioso violinista perdía u olvidaba su partitura poco antes de dar un concierto. ¿Cómo habría encaminado Enrique Anderson Imbert esta historia para grabarle su sello y hacerla enteramente suya?

***

Dos textos de Enrique Anderson Imbert:


El aprendiz de brujo


Páncrates era un mago de Menfis que aprendió su magia viviendo veinticuatro años en el centro de la tierra. Cierto día invita a Éucrates a viajar juntos. Éucrates observa que cada vez que llega a una posada el mago toma una maja de mortero, o una escofina, o una aldaba de la puerta, la envuelve en un paño, pronuncia unos versos misteriosos, y he aquí que la cosa se trasforma en un hombre. Este hombre es un sirviente que cumple con todo lo que el mago le manda: adereza la comida, pone la mesa, hace la cama y saca el agua del pozo. Cuando ya no hay otra cosa que hacer, Páncrates pronuncia otros versos y el hombre vuelve a su primitivo estado de maja de mortero o de escofina o de aldaba de la puerta.
Éucrates quiere averiguar la fórmula secreta para transformar una cosa en sirviente y se oculta para oír al mago en el momento de pronunciarla. Oye los versos que hacen al hombre, pero más tarde no alcanza a oír los versos que lo deshacen. Aprovechando la ausencia del mago, Éucrates toma la maja del mortero, la envuelve en el paño y pronuncia los primeros versos. ¡Qué maravilla! ¡Ahí está el sirviente!
–Trae agua del pozo.
Parte diligente el mozo y trae el cántaro lleno.
–Riega la casa.
Y el sirviente va por otro cántaro.
Éucrates teme que de un momento a otro vuelva el mago y se enoje por su intromisión, así que ordena al sirviente que no traiga más agua sino que se convierta otra vez en maja de mortero. El sirviente no obedece. Sigue trayendo agua e inunda la casa. Éucrates agarra un hacha y parte al sirviente en dos. Ahora son dos sirvientes que con sendos cántaros sacan doblada agua. En eso entra Páncrates, se enoja, deshace a los diligentes sirvientes y se va para siempre dejando a Éucrates con la mitad de un secreto que nunca se atreverá a usar porque no sabe la otra mitad.


Alas


   Yo ejercía entonces la medicina en Humahuaca. Un tarde me trajeron un niño descalabrado; se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando para revisarlo le quité el poncho, vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté:
   —¿Por qué no volaste, m'hijo, al sentirte caer?
   —¿Volar? —me dijo— ¿Volar, para que la gente se ría de mí?


Imagen vista en el blog "En frasco pequeño".


*

Ernesto Bustos Garrido


   Nací el año 1943 en Santiago. Aprendí a leer en la Revista El Peneca. Fui al mismo colegio durante los doce años de mi educación formal: Los salesianos de Don Bosco. Ingresé a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile el año 1964. Trabajé en distintos medios de comunicación. Estuve 17 años en La Tercera de la Hora.  También dirigí El Correo de Valdivia y Austral de Temuco. Paralelamente fui docente en la U. de Chile, en la Católica y en la Diego Portales. Soy casado y tengo cinco hijos: Dos periodistas, una ingeniero comercial, una abogada laboralista,  y una antropóloga social que tiene un doctorado en Brasil. Mi autor preferido es Ernest Hemingway. Me gustan Flaubert y Daudet. De los chilenos, Mariano Latorre, Rojas Manuel, y Coloane y entre los argentinos Arlt, Borges y Cortázar. Escribo cuentos y colaboro regularmente con algunos blogs literarios de España y México.