Nélida Cañas: «Hamacas»


 
Marc Chagall
Hamacas
Una vez sintió que le atraía el balanceo de las hamacas. Otra vez sintió que le atraía el abismo que se abría bajo sus pies. Más tarde comprobó una embriaguez de altura imposible para su cuerpo sin alas. Con los años encontró en la poesía esa embriaguez que la alejaba de todo y a la vez la religaba con una belleza lejana y frágil, tan pero tan parecida al vuelo de los pájaros.

*
Ángel
Sentado en la casa de la infancia un ángel solitario fuma y mira las estrellas. Mira las estrellas y fuma. Desde la otra orilla su madre le sigue bordando las alas como el primer día.

*
Afán coleccionista
Qué llevas ahí, le dijo su madre. El pequeño metió sus manos en los bolsillos y comenzó a mostrar sus tesoros: varias piedritas, ramas minúsculas, una plumita gris, un papel amarillo y unas cucharitas con incrustaciones de lapislázuli, que su abuela guardaba en la vitrina bajo siete llaves.
                                                                                           Para Santiago
*
El alazán
¡Qué no hubiera dado por verlo en una de esas noches de la llanura! Yo lo esperaba cuando oscurecía y empezaban a titilar las estrellas. Todos en la zona hablaban de él. Era un caballo alazán casi dorado al que nadie había montado nunca. Pero no era salvaje. Se acercaba y daba un relincho largo y hondo, que estremecía al escucharlo. Después daba media vuelta, caracoleaba, y se alejaba como una chispa en el paisaje. Se volvía liviano, casi alado. Aunque nadie había podido verle las alas.
                                                                                            A mi padre
*
Descarnadura
El cuarto era despojado hasta tocar los bordes del silencio. No había ventanas, solo un largo pasillo. Más un pasadizo que un pasillo, como en los antiguos monasterios. Una cama para un hombre solo y una silla con una manta oscura. Una austeridad monacal dibujaba los contornos. Al mirar el cielo del techo podían verse proyecciones de luz en círculos. Parecían vitrales con figuras geométricas enlazadas, caleidoscópicas. Enseguida pensé que ahí no podría vivir nadie que no fuera religioso. Un ser en dimensión vertical religado con la luz. Descarnado. Silente.
*
Historia de nunca acabar
Esta quería ser una historia de nunca acabar con un principio y un final, que volviera a empezar por el principio. Una especie de ouroboros. Un cielo eterno de destrucción y renacimiento. Una historia de primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera. O aquella historia de un hombre que sacaba fotografías en la misma esquina, a la misma hora todos los días, para registrar las pequeñas variaciones. O como la historia de Los galgos, los galgos, que formaban un círculo persiguiéndose en la flora amarilla. Historia cuyo fin es un eterno comienzo como esta de tomar la hoja en blanco y trazar signos para contar una historia.
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Visita inesperada
Una niña, poco más alta que el tamaño de un dedal, estaba sentada a la sombra de un hongo sombrilla, cuando el espíritu del bosque la vio. Enseguida se dio cuenta de que la niña estaba triste por el vacío de la mirada y la posición de los hombros, que se acercaban al centro del pecho. Solidario como era se acercó y le preguntó con su voz llena de rumor de hojas: ¿Pequeña, que haces aquí tan triste? Ella lo miró directo a los ojos y le dijo que se encontraba perdida. Que había salido en busca del jardín, pero luego de un tropezón inesperado se encontró en medio de ese bosque. ¡Ah, dijo el espíritu del bosque, buscas un jardín…! Y sonrió como si hubiera recibido una iluminación. No te preocupes, Alicia, a menudo el Conejo Blanco pasa por aquí. Solo es cuestión de esperar por él. Y volverás a tu cuento en menos tiempo del que se tarda en volver una página.
*
El perro del relato
Cuando me marché el perro del relato se fue conmigo. Por las noches le permito echarse a los pies de mi cama. Poco a poco se ha convertido en mi compañero más fiel. Aunque también es muy independiente. A veces sale por la mañana y regresa cerca del anochecer. La llanura es honda y extensa. Y él siempre regresa con algo en la boca. A veces un gorrión. Otras, un pájaro carpintero. También se ha llegado con un pájaro extraño y colorido como los de la selva tropical. Este atardecer, sin ir más lejos, regresó con una deslumbrante estrella marina en la boca. Enseguida me di cuenta de que había andado por el mar de Leocadia. No pude sino enternecerme con su preciosa ofrenda.
*
Tristeza
Mi padre ha regresado a casa cruzando los campos de trigo listos para la siega. Aunque amaba los trigales maduros y su aroma a pan recién horneado, nunca conoció los dorados trigales de Van Gogh.
*
Expiación
Justo ahí, en medio de los omóplatos, donde por las noches le crecían alas, siente ahora un dolor insoportable.

*Todos los micros son inéditos. Salvo «Tristeza» y «Expiación» que pertenecen a Como si nada, Macedonia Ediciones, Bs.As., 2018.

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Nélida Cañas (Córdoba, Argentina) Profesora de Literatura. Cultiva diversos géneros: poesía, narrativa, microrrelatos y ensayos. Ha sido publicada en numerosas antologías de poesía y microrrelato. Integra la antología Pescadores de perlas. Edit. Montesinos, España, 2019. Recibió Premios nacionales e internacionales. En poesía es autora de diez libros, entre ellos: El agua y la greda y Dibujo de mujer, ambos de Alción Editora.  En microrrelatos: De este lado del mundo (Salta, 1996), Breve cielo (Tucumán, 2010), Intersticios (Jujuy, 2014). Como si nada,  fue editado por Macedonia Editores, Bs. As. 2018. Integra el grupo Microlee (laboratorio de lectura). 


MICROFICCIONES


 
Juan Yanes
Por Ricardo Bugarín

AEROLITO
Sus leves modos hicieron historia en nuestra juventud. Era un deleite verlo proceder y todos queríamos parecernos a él en algún detalle. Hicimos varios intentos pero siempre nos traicionó el desborde. Él nunca desbordaba. Lo mirábamos hacer y nos derretíamos de envidia y de entusiasmo. Incluso el pronunciar su nombre era todo un acontecimiento: Lito. No parecía de este mundo. Nada de lo urgente de nuestra juventud parecía tentarlo con cosas terrestres. Era casi aéreo. O extraño.

DESNUDO EN ESTAMPILLA
La lascivia de tu mirada me humedece. Siento como un oleaje el modo en que acercarás  tu aliento y tu hambrienta boca en búsqueda de sabores nuevos. Siento el deslizar de tu lujuriosa lengua. El modo en que me arqueas. Y me quedo ahí. Con uñas y dientes adherida al sobre, como franqueo. El mensaje llegará a tiempo.

EN EL TERRARIO
Extiende el gusano en la palma de su mano izquierda. No se sabe si es panza o lomo lo que se ve a simple vista. Su ignorancia es suficiente como para generar duda. Piensa, entonces, en una crisálida. Se esfuerza y el envoltorio se concreta, definidamente. Se esfuerza, se esfuerza, se esfuerza y aparecen alas. Estamos ante un esbozo de libertad. Finalmente, hace el envión y sale volando.

HERENCIA
para Alejandro Bentivoglio
“Yo vendo unos ojos negros”, decía mi papá. “¿Quién me los quiere comprar?”, era siempre la pregunta. Parece que el negocio no fue próspero. Y aquí está ahora esa herencia. En una cajita, esos glóbulos oculares, ese par de iris aviesamente dilatados…Y esa mirada, esa mirada que no puedo quitarme de encima.

REALIZACIÓN
Metabolizarme es la meta. Por eso aguardo con determinada expectativa el encuentro pautado. Nos hemos prometido la concreción de todos nuestros anhelos, lo que llamaste “la razón de nuestras vidas” en el último mensaje que me enviaste. Y ahora estoy aquí, con el conducto abierto, la disposición a pleno y el cuchillo en la mano.

SI ESO FUERA UN RÍO…
No sabemos si es por la forma de inclinar las letras, el modo de tildar o la manera en que coloca la coma entre palabras pero, hay mucho morbo en su caligrafía. El copista, en vano,  ha intentado suavizar tanta sensualidad expresa que se observa en su escritura. El original se impone, abrasa intenciones y da por tierra con cada copia que se pretende trazar. Y es así que las capillas arden, los pasillos se alteran  y los cuartos conventuales se alborotan cuando las notorias humedades, que produce su lectura, muchas veces amenazan en convertirse en río.

INTENCIONALIDAD
Quiere aferrarse a una esperanza, a una ilusión, a un pedúnculo, a un acantilado, a lo que sea, con tal de no caer en el olvido Sabe que desde ese país jamás se vuelve. De nada sirve el retrato hecho por un gran artista, una fotografía a mejor luz y sombra que pueda lograrse, la evocación filmada del último verano, si el corazón ya no recuerda la emoción de una compañía. Sabe que no hay regreso, que la palabra huyó, que hoy hay silencio. Lo sabe. Y el silencio es como un inmenso iceberg que no puede romperse con un simple picahielo como el que usó para romper la cabeza de su mujer que, reposada en el sillón, se encontraba abstraída en el momento de la telenovela. Escribir, ahora es un intento. De ese modo comienza estas líneas.

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 RICARDO ALBERTO BUGARÍN
(General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962)
Escritor, investigador, promotor cultural.
Publicó “Bagaje” (poesía, 1981). En microficciones ha publicado:“Bonsai en compota”(Macedonia, Buenos Aires, 2014), “Inés se turba sola”, (Macedonia, Buenos Aires, 2015), “Benignas insanias” (Sherezade, Santiago de Chile, 2016) y “Ficcionario” (La tinta del silencio, México, 2017).
Diversas publicaciones periódicas y revistas especializadas han publicado trabajos suyos tanto en Argentina como en Ecuador, España, Italia, USA, Venezuela, Chile, México, Perú, Colombia, Bolivia y Uruguay.
Textos de su libro “Bonsai en compota” han sido traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitiers (Francia).
Integra las ediciones  “Borrando Fronteras-Antología Trinacional de Microficción Argentina, Chile y Perú”; “¡Basta! Cien hombres contra la violencia de género” (edición argentina);  “Antología Iberoamericana de Microcuento” (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia); “Vamos al circo. Minifición Hispanoamericana” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP, México) y “Cortocircuito. Fusiones en la Minificción” (BUAP, México); las reediciones de “¡Basta! Cien hombres contra la violencia de género” realizadas por el Gobierno de Mendoza (2018) y “La mirada del cóndor”, Microficciones mendocinas (2018); “Hokusai. Antología de Microrrelatos” (Brevilla, Santiago de Chile, 2018), “Gatos. Antología de Microficción” (Chile, Sherezade 2019) y  “Los pescadores de perlas. Antología de microrrelatos de Quimera” (Barcelona, 2019).



YOBANY DE JOSÉ GARCÍA: «CASA TOMADA»




La casa tomada
Mi padre mal gastó su vida después de que murió mi madre: alcohol, mujeres, televisión abierta, comida rápida y libros de autoayuda. Un día por fin logró matarse. Lo hallé tirado en la sala de su casa con una nota en la mano izquierda: “No olviden alimentar a mis demonios”.

Cuentos para niños
Hace algunos días fue revelada toda la verdad sobre los escritos del afamado H. P. Lovecraft: “es un simple plagiador”. Un sacerdote italiano descubrió el fraude al realizar un exorcismo. El demonio en cuestión acusa al supuesto escritor por abuso de confianza: “sustrajo los cuentos de mi pequeño Cw´lyts”, aseguró.

Desempleado
Cada noche, casi como una necesidad, le relataba un cuento a su hijo. Sin embargo, esa noche el niño replicó enfurecido: ¡Los cerdos no hablan! Al escuchar el padre aquella afirmación, cambió la historia de inmediato; ahora él y su trabajo eran los protagonistas.

Rebelión
¿Coges o vuelas? El imperativo fue más que categórico. Libertad antes que sometimiento, pensó, y se fue volando directo al infierno.

El séptimo día
Fatigado de escuchar su propia voz, se acostó a mitad de la nada y contempló en silencio el destino de sus palabras.

Aviso oportuno
Se solicita punketo para erradicar al sistema. Medio tiempo. Buena presentación. Traer currículum elaborado.

Canibalismo
De uno en uno pasaban por un trozo de carne. Después, insatisfechos y aburridos abandonaron la iglesia.

Antes de Perseo
Una vez al día se contonea frente a mí. No cabe duda, ¡tiene unos senos hermosos! Lástima que fui un caballero.

Telegrama para Unamuno
Soy Augusto. Renuncio. No quiero morir. Conseguí otra novela.

Regalo de bodas
Después de la fiesta, mi madre decidió hacer las paces con mi mujer, su compromiso fue tal que, con un gusto nunca visto, le obsequió "El almohadón de plumas" bordado con sus iniciales.

Fe de erratas
"Cuando la intertextualidad acabó desbordándose en plagio, los académicos más ortodoxos optaron por citar todos los textos" (Dios, ∞).

Apología de Nadie
Desde niño ha caído sobre mis hombros la sentencia: "tú no eres nadie"; y ahora que estoy seguro de ser Nadie, espero, con impaciencia, dejar ciego a mi primer cíclope.

Narcisolepsia
Yo soy un fiel partidario de la superación personal. Todas las mañanas me levanto y le escupo al imbécil que se asoma por el espejo.
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Yobany de José García Medina (Estado de México, 1988). Es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas, FES-Acatlán (UNAM). Es miembro fundador del Seminario Permanente de Metaficción e Intertextualidad (FES-Acatlán) y ganador del 1er. certamen de minificción “Fantástica Lascivia”, UNAM, 2013. Además de ser galardonado con el Premio Nacional de Poesía “Rogelio Treviño” en 2017, con el poemario Sótanos del insomnio.
Ha participado en diferentes congresos nacionales sobre estudios literarios y ha publicado en diversas revistas y antologías, tanto de creación, como de investigación, entre ellas: Microtextualidades, Revista Plesiosaurio, Antología virtual de minificción mexicana y Destiempos.
Además, se desempeña como profesor de Literatura Universal y Lengua Española a nivel media superior, e imparte algunos módulos en el Diplomado en Creación Literaria del Centro de Integración Humanística (CUIH). Recientemente, ha sido incluido en la Enciclopedia de la Literatura en México (Conaculta y FLM). 


Comentario a «Praderas Amarillas», de Lilian Elphick




Por Mariela Ríos Ruiz-Tagle

Al leer los cuentos de Lilian Elphick, la pregunta inevitable que vuela por mi mente es: ¿de dónde provienen estos relatos y ese ímpetu devastador que los crea?, y entonces intuyo que la única respuesta posible a esa pregunta existencial, la hallaremos hurgando minuciosamente algunos párrafos hasta encontrar lo esencial de su obra.
El siguiente epígrafe del cuento “Detrás de los ojos”, resume la intensidad de estas narraciones que van a permanecer intactas en nuestras memorias, sin morir, en una leve eternidad:

“Habla en medio de la noche y yo escucho su voz en pleno día”
   Masuo Ikeda.

Gratamente leyendo y analizando estos catorce cuentos, sentimos que nos transportan a mundos diversos, conocidos y diferentes, desde lo afectivo, la praxis,lo histórico,lo contingente, incluyendo al suspenso.
Praderas amarillas, es una metáfora de lo infinito, lo que no termina, lo que simula lo eterno, en una contradicción vital, sus cuentos finalizan de manera sorpresiva, a veces cruel, a veces mágica, a veces sutil y tangencialmente poética.
Mas, en todos ellos encontramos la profunda humanidad de seres que anhelan ser aquello que no logran, la idealización de sus vidas en proceso, descritas en forma magistral y prolija por la autora.
Se puede sintetizar esta conceptualización ontológica, en el primer cuento del libro, “Praderas amarillas”, dónde se destaca en cursivas lo primordial de la obra.
El magistral y extenso párrafo, del cual extraemos sólo una pequeña parte, consiste en un sueño de lobos, de una loba libre, esteparia, que decide su destino más allá del ensoñamiento, sueño del absoluto desde sus palabras de loba terrenal.

“Como si supieran que estoy siendo más loba que los lobos, entrometiéndome en la raza que más aniquila, sin compasión por la naturaleza que la rodea. Sin embargo, no soy ni la una ni la otra, acepto esta condición de soledad porque no tengo alternativa.”

Se requiere un estilo magistral para relatar este cuento y la autora lo tiene con creces.
La protagonista vive aprisionada en una realidad asfixiante, obsesionada por emular a su madre, quien imitaba a Marilyn Monroe, en cada detalle de su físico y personalidad.
Entre sueños va relatando su devenir, la vida en sueño, la loba en sueño, la Marilyn en vida, la madre obsesiva y detallista, la mujer encarcelada, la embajadora bajo cánones sociales, la libertad de la loba en su manada y la libertad de sus hijos, la loba que antes o en algún lugar del tiempo fue mujer. La mujer que intenta volver a ser loba y lograr su libertad y olvidar el recodo amarillo del cobertor de mamá para correr por las praderas amarillas. Un grandioso relato que hoy se instaló entre mis predilectos en la historia de todos los cuentos existentes y leídos.
El color amarillo aparece citado en gran parte de los textos, también los epígrafes literarios, escritores y las exquisitas citas a músicos, tales como Lou Reed, Bjork, Coltrane, Jobim, Miles Davis, Charly García y otros. Se agradece su incorporación para todos los que amamos estas artes.

Luego de este primer cuento magistral, resulta imposible para el lector no seguir navegando entre letras envolventes, sensuales, sin dormir, con los ojos abiertos, viajando entre luz y sombra, brindando por la vida y la muerte, donde nadie gana sin dejar antes todo en el camino, desnudos en la playa, escuchando los ladridos de algún perro a lo lejos.
El concepto recurrente e importante, presente en la obra de Lilian Elphick, es la relevancia de lo onírico, como premonición del deseo, en la mayoría de sus cuentos.
Lo detallamos en el cuento “Praderas amarillas”, y en el comienzo del cuento “Detrás de los ojos”, podemos encontrar esta frase tan expresiva:

“Ellos durmieron, se amaron, y durmieron nuevamente”

El eterno retorno de los amantes, la vida es un sueño y verán sus ojos la llegada de la muerte entre el velo de la lluvia.
Los personajes de estos cuentos son seres incomunicados, formando parejas separadas por distancias silenciosas, dudas, dónde no hay certezas, sino preguntas y rebelión frente a un sistema injusto.

Lo anterior se expresa claramente en el cuento “Liturgia de la sombra”, dónde el protagonista podría afirmar tal como lo hizo Romeo, en Romeo y Julieta de Shakespeare: “Soy un juguete del destino”.
Este gran cuento, logra conmovernos, al presentir a la muerte como una imposición inevitable, desde y fuera del hombre.
Así mismo, la narrativa de Lilian Elphick posee un claro elemento de suspenso, por ejemplo, en el cuento “La cena”, cuyo sorpresivo desenlace no es un punto final, sino un final abierto digno de un relato de Stephen King.

Existe un enorme componente poético en la obra de Lilian Elphick, sus relatos emergen como oleaje, nos sumergen y nos recogen como el mar en sus imágenes oceánicas.

“(…las olas iban y venían a lo lejos; las miré, dejando el libro enterrado en la arena. La brisa mojada del mar refrescó mi cara y los versos que recién había leído pasaron al olvido, como si la sal del agua hubiera mamado esas palabras de sangre. Aquí no hay pena, me dije, mientras caminaba con el sol a mis espaldas, sintiendo que el cuerpo estaba vivo y solo, rodeado de esa ínfima gratitud que tienen las playas de invierno…)”
Del cuento “Felicidad en blanco y negro”.

Será un placer para los lectores, como lo ha sido para mí, desentrañar y ver a través de los ojos lúcidos de la autora, estos cuentos, estos parpadeos simbólicos que nos permiten observar una realidad que nos pertenece, una sociedad agresiva con sus habitantes y protagonista de un anhelo que no se cumple y se transforma en sentimientos compartidos, ciegos y frustrados.
Este es un magnífico libro, pleno de sensualidad, de magia, de imágenes inmersas en un caleidoscopio excitante, cómo si el húmedo tiempo se hubiera detenido en cada letra de nuestra gran escritora Lilian Elphick, ella que está afuera, observándonos sin temor, en sus cuarteles invisibles, desde sus praderas amarillas.

*
Texto leído en la presentación del libro Praderas Amarillas, de Lilian Elphick. 26 de julio de 2019, Santiago de Chile.

Praderas Amarillas, de Lilian Elphick, Simplemente Editores, Santiago de Chile, 2019.

Microrrelatos de Kalton H. Bruhl


 
Robert & Shana ParkeHarrison
LA BODA

El juez miró a su hija y sonrió con orgullo. Todavía no terminaba de creérselo. Le parecía que había sido ayer cuando ella lanzaba al aire el birrete durante su graduación de la secundaria y, ahora, se disponían a entrar juntos a la iglesia, donde tendría que entregarla a su futuro esposo. El pulso se le aceleró, al tiempo que el corazón parecía encogérsele. Suspiró profundamente y se dijo que tenía que recomponerse. Hasta el momento, todo había resultado perfecto y no quería ser él quien estropeara la ceremonia con un desmayo inoportuno. Cerró los ojos y entreabrió los labios para pedir en silencio que todo saliera bien.
El asesino, desde su escondite, ajustó la mira telescópica y de inmediato se arrepintió de haber enfocado la cara de aquel maldito juez. El muy idiota, sin haber medido las consecuencias, había ordenado varias detenciones y ahora los jefazos del cartel lo habían enviado a liquidarlo. Sin embargo, se presentaba un problema inesperado. Al ver la expresión en su cara no había podido evitar sentirse identificado con él. Hacía apenas una semana, recordó, su propia hija se había casado y él también había rezado calladamente para que nada saliera mal. Era obvio que por primera vez fallaría en un encargo. Dejó escapar una palabrota y, mientras desarmaba el rifle, se enjugó una lágrima. Las bodas siempre lo hacían llorar.

ENTRENAMIENTO

En su juventud, el abuelo había recorrido la India, estudiando las costumbres de los faquires. Nos contaba cómo permanecían inmóviles durante semanas, sin comer ni beber nada. Casi sin respirar.
–¿Crees que ya practicamos lo suficiente? –me pregunta de pronto mi hermano menor.
–No lo sé –le respondo y luego me quedo callado.
Creo que él también empieza a sospechar que el abuelo ya olvidó adónde nos dejó enterrados.

Instrumento de Justicia

Cuando admitieron mi escrito de personación, tuve la certeza de que muy pronto prevalecería la justicia. La vista del juicio llevaba ya varios meses, durante los cuales, sin haber hablado siquiera con el que luego fue mi cliente, trabajé sin descanso en el diseño de una defensa impecable. Tras una sola entrevista me nombró su apoderado y, en poco tiempo, lo declaraban inocente. Toda la asistencia a la sala del tribunal dio señales de indignación. Yo evité sus miradas. Se sabía que mi representado desaparecería de la ciudad ese mismo día, así que lo invité a mi casa a celebrar con unas copas. Diluí un somnífero en su bebida y me limité a esperar. Despertó en mi sótano, atado a una mesa. Lo defendí porque sabía que la prisión no era castigo suficiente para un pederasta. Esgrimí la estatuilla de Temis. Nos esperaba una larga jornada de trabajo.

DONDE LE DIJE ADIÓS

“No sé cómo puedes ensuciar tanto tu ropa –dice mamá mientras levanta entre el índice y el pulgar mi camisa llena de lodo–. Espero que mañana seas un poco más considerado”.
Yo asiento con un gesto de la cabeza y vuelvo a pensar en los ojos verdes de la dulce niña que conocí esta mañana.
Más tarde, cuando mamá ya duerma, los buscaré debajo de mi cama y seré feliz, sosteniendo entre mis manos aquellos ojos verdes, tan verdes como el agua del pozo donde le dije adiós.

LA GRAN TRIBULACIÓN
Recuerdo los sermones dominicales sobre la segunda venida. “Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz”, nos decía el pastor, citando el Evangelio de San Juan. Luego nos pedía, con los ojos llenos de lágrimas, que imagináramos la inefable felicidad que nos embargaría al reencontrarnos con nuestros seres queridos tras su resurrección. Hace ya un mes que sonaron las trompetas en el cielo y se produjo el tan esperado regreso. Desde entonces, nos hemos refugiado en la librería de la iglesia con las pocas provisiones que logramos juntar. El pastor está tan asustado como el resto de nosotros y se pasa las horas hojeando la Biblia mientras repite entre sollozos que no hay ningún versículo que explique cómo hacer para que nuestros parientes y amigos regresen a sus tumbas.

LA FUERZA DE LA COSTUMBRE
Cada tarde, a las cinco en punto, se repite la misma historia. Nuestro padre se detiene frente a la cerca, sin decidirse nunca a cruzarla. Se queda varios minutos así, inmóvil, con la mirada perdida, como si se negara a aceptar que ahora las cosas son diferentes. Los ojos de mamá se llenan de lágrimas. Sé que, en el fondo, todavía lo quiere y que lo que desearía es correr a abrazarlo; sin embargo, se limita a llevarse el índice a los labios para indicarnos que guardemos silencio. Todo es cuestión de tiempo. Si no hacemos ruido, papá siempre termina por cansarse. Es entonces cuando mamá nos llama con un gesto de la mano y vemos a papá, con sus pasos lentos y torpes, alejarse hacia el resto de los zombis.


CENIZAS
Sólo cenizas. Eso era todo lo que quedaba de su tío y, sin embargo, no podía olvidar aquella última amenaza. “Regresaré a vengarme”, le había advertido antes de que lo asfixiase con la almohada. Había obtenido millones con la herencia, pero había perdido su tranquilidad. Fue hasta la sala y tomó la urna de encima de la chimenea. Necesitaba confirmar que los restos del viejo permanecían allí. Justo cuando la abrió, una repentina corriente de aire esparció las cenizas sobre su rostro. Cayó de rodillas, aullando de dolor. Estaba ciego. Su tío, desde un retrato, parecía sonreír.

***

Kalton Harold Bruhl (Honduras, 1976) ha publicado los libros de relatos El último vagón (2013), Un nombre para el olvido (2014), La dama en el café y otros misterios (2014), Donde le dije adiós (2014), Sin vuelta atrás (2015), La intimidad de los Recuerdos (2017), El visitante y otros cuentos de terror (2018), La llamada (2019); Novela: La mente dividida (2014).  Es premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa” y miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua, Correspondiente de la Real Academia de la Lengua. 


Cristopher Escamilla: «Enseñanza de vida»


Paul Klee

Enseñanza de vida

El estricto método de la profesora era cruel, pero efectivo. Me mostró cómo debía acechar a mis víctimas y yo sólo imité cada uno de sus pasos.

Me volví un asesino implacable: Matarla confirmó que ya la había superado.



Pesadilla

Te abrazo y al fin logro acercarme a ti. Asido a tu ser, te beso, nos acariciamos, nos revolvemos. En mi lengua reconozco tu aroma, degusto tu esencia.

Despierto, y en el despabilo de las palpitaciones: sólo encuentro tu ausencia.



Hasta el último peso

Regresaba a casa en el transporte público. Me sentía tan cansado que no lograba dormitar. Entre los dos trabajos que desempeño, no me da mucho tiempo para descansar.

Tal vez, la intranquilidad que me frustra sea resultado de la precaria situación en la que nos encontramos en la familia.

Para distraer la mente, me puse a conjurar una fórmula que, a manera de milagro, me ayude a calcular bien mis gastos para pagar las medicinas de mi padre y cubrir el costo de los pasajes que en el resto de la semana ocuparé.

Ya es medianoche, por suerte hoy sí alcancé el último camión de la ruta. De seguir así mi racha, podré librar una quincena más.

Inmerso en mis cuentas, me percato de que el anciano sentado a mi lado ya no resuella.
         

Emplazamiento

Una prima se tomó la libertad de colocar mi nombre como referencia personal en una agencia bursátil. Me avisó que estuviera atento del teléfono. Fue amable, hasta me lo solicitó por favor.

Sé que a últimas fechas, tiene problemas económicos fuertes: la enfermedad de su padre y el desempleo de su marido son buenos motivos para recurrir al préstamo que le ofrece el banco a cambio de su palabra avalada por las escrituras de la casa.

Es el segundo día y no recibo ninguna llamada, sólo la de mi tía Soledad, ella siempre habla para preguntar qué haremos de comer. Yo le apresuro, me disculpo y le cuelgo rápido, a la espera de que en ese momento no se cruce el intento de llamamiento del prestamista.

Está por terminar la tarde, ojalá pronto reciba ese timbrazo tan anhelado porque, de no hacerlo, tendré que desperdiciar otra jornada laboral y ya sería la tercera en filo. Motivo suficiente para que el patrón se despida de mis servicios; y yo tenga que hacer uso del folleto que llegó junto al estado de cuenta de la tarjeta en el que me ofrecen un dinero extra.



Enfrascado

Heme aquí, embebido en un monólogo, una disertación sobre mis sentimientos; Un disentimiento que no se diluye con el paso de los tragos. La botella comienza a escasear en sus fluidos. La reconstrucción de los hechos, a pesar de lo borroso en mi mirada, es un fallo que no me explico.

Termino uno más, sirvo otro. Continúo.

Según lo explícito, no hay concilio. Me dejaste. O me retiré, depende de la perspectiva. Pero ya no somos.

Desemboco el vaso. Y vierto otro más.

¿Por qué?

Esa pregunta que es una constante: Me persigue. Persiste. Me enjuicia.

Sentencia que hallé sin explicación alguna. Cierto, no hacía falta, pero si alguien pudiera desembrollar tu decisión,  seguramente no tendría la necesidad de destapar la siguiente botella.



Dulce truco

Llegué a la puerta de su casa decorada con los más vistosos adornos de la temporada. Toqué, argumenté el tradicional ardid: La amenaza de “si no recibo lo que vine a buscar, dañaré su fachada”.

Ella abrió, venía disfrazada de hermosa ama de casa, me arrastró al interior. Su belleza siempre cautivó mi voluntad. Arrojé el artificio, descubrí que vestía un ceñido atuendo que resaltaba sus pechos.

Tomó un bote, agarró algunos caramelos, otras tantas golosinas. Justo cuando soltaba un segundo puñado en mi calaverita, la quité, distraído, rápidamente para que algunos de los dulces cayeran al piso. 

Mientras me flexionaba, torpe y lento, ella, la mamá de Armandito, me dio el mejor de los regalos, tras inclinarse a levantar lo que yacía en el piso, los dulces y frondosos senos asomaban más su exquisitez.

Maravillado, puse cara de lerdo niño bueno. Revolvió mi cabello, besó mi frente pintada de Drácula. Salí disparado, y corrí a la casa de Jaimito. Se difundió el rumor de que su mamá también portaba un escote pronunciado.


***


Cristopher Josué Escamilla Arrieta es mexicano, modelo 83, nació un 25 de diciembre en las afueras de la gran ciudad; es un opinador desmesurado, aficionado escribidor de fantasías fugaces. Como productor radiofónico, hacer ruido es su nombre y jugar con el silencio su vida. Y como cuentista, relatos suyos aparecen publicados en las antologías en Internet: 50 palabras, 100 palabras, Letras Itinerantes, Esta noche te cuento y Letras de Chile. Además, edita el portal en internet de la Revista de minificción y otros cuentos: Prosa Nostra Mx.