Microrrelatos de Gabriel de Biurrun Baquedano

Juan Yanes


Línea de muertes y nacimientos

Hay una certeza enterrada en el límite mismo de la brevedad. El hoyo no es profundo, pero el terreno pedregoso lo mantiene oculto. Debe uno pisar con cuidado, sin arrastrar los pies, no sea que se descubra y la certeza lo agarre por la pantorrilla. En ese caso, que tampoco es tan terrible, basta con agacharse e ir retirando poco a poco los guijarros que la aprisionan, como quien libera con mimo la moneda que recién enterró en la playa para un hijo explorador.
Cuando la certeza comprenda que va a ser expuesta soltará su presa y se dejará extraer. Esta certeza vive fresca y útil a lo largo del camino que uno anda, mientras uno no pise otra certeza. En ese caso, la certeza vieja se desprende, como momificada, y yace quebradiza junto a la tumba de la que brota la nueva certeza que uno adopta. Así, el camino de la brevedad está sembrado de leves sepulturas profanadas, guardadas por los cadáveres de certezas previas. 

Cuerpos extraños

Estoy parado en la línea misma que los separa. A mi derecha, con un renqueante discurrir de norte a sur, fluyen los físicos abruptos. Entes cuyos orificios nasales parecen producto de un macabro juego de espejos, el sujeto de la cabeza extraña que no puede ser sino recipiente de forzados cubismos, bestias que son el resultado de apuestas divinas, de equilibrismos cromosómicos; multitudes con dedos aberrantes que señalan con requiebros aquí y allá, bellezas insondables que observan con ángulos insólitos desde sus irónicas bizquedades. Todos caminan o se arrastran a mi derecha, siguiendo el camino que la humanidad marcó para los cuerpos extraños.
A mi izquierda, sin embargo, en una densa secreción de masiva normalidad, brotan y corretean las perfectas formas, caderas de precisos cosenos, bíceps y trapecios, mentones y narices romanas pero poco. Un desfile de majorettes, un remolino de peces azules que vuelve pronto al caudal impuesto. La perfección marcando el compás con una armonía verde y roja de tan simple.
De vez en cuando, un fallo en el sistema, un pequeño temblor de pata de mesa hace saltar por el aire a varios individuos que caen en la mediana, donde la hierba descuidada alberga miles de caracoles de noches de lluvia. Y allí esta gente copula con una fiereza de ganas eternas, y de sus vientres salen los hijos que resbalan a lo que llamamos mundo.

Alimento

Igual que suenan quejosas las tripas del que todavía no ha almorzado, igual que quieren digerir el aire entre comidas, igual. Así suenan los ruidos en la noche de este campo abierto, con la vía del tren allí, en un dónde; con los árboles detrás, raspando unas gotas que habrán de caer al fin.
Devora el aire sus pequeños objetos, animales, gentes, que desaparecen, defecados en capas abstrusas de la tierra; que aparecen, a veces, medio digeridos en algún camino, muertos, heridos, mutilados o enfermos de un jugo gástrico de mundo, de un vivir.

Ser y dejar

Un día viene una mujer y le pregunta si es usted de ésos. Hay que contestar que no, obviamente. Tal vez ella se quede entonces más tranquila. O tal vez eche a correr y desaparezca. De lo acertado de una respuesta depende el viaje despavorido de una mujer, así como el detenerse –en el mismo tiempo– de un usted y una mujer que no ha huido. No es usted de ésos; al menos si quiere que ella se quede. Incluso siéndolo podría usted dejar de serlo en ese instante, siempre que tenga algún interés en que la mujer se quede. Así, la decisión de ser o dejar de ser, depende de la querencia por esta mujer, que podría, incluso, ser previa al hecho de ser, o al hecho de dejar de ser.
Por lo general trae menos problemas no ser.

***
Gabriel de Biurrun Baquedano (Pamplona, 1973) es biólogo y camarero. Sus microrrelatos han aparecido en antologías como Mar de pirañas (Menoscuarto) y De Antología (Talentura). Publicaba textos breves en su blog “Propílogo”, pero ahora tiene una tesis entre manos.


Comentario a "Dispara usted o disparo yo"


    
      Historias mínimas sobre asesinos, policías buenos y malos,
      disparos e intrigas con fondo de tiroteos y sirenas. 


Por Mariano Cuevas (Especial para Tardes Amarillas)
  
Antes que nada, desearía referirme a las antologías en general. En la actualidad, casi todos los días, en este infinito universo que es Internet se publican cientos de antologías. Antologías poéticas, antologías de microrrelato, en fin... No se puede mensurar con certitud la cantidad de compilaciones que se "suben" a la red cotidianamente. Sin dudas, uno de los ejercicios más frecuentes en los grupos que abundan en las redes sociales, es el de compilar antologías. De hecho, el sentido y la significancia actual de una antología ni siquiera se parece en su filosofía a las "antiguas" antologías que se publicaban hace no más de treinta o cuarenta años atrás.

Intentaré un brevísimo recorrido histórico. En sus comienzos, las antologías eran un "negocio" (por llamarle de alguna manera) de los editores. Raymond Chandler lo define muy bien en una carta dirigida a los editores de Sheridan House, fechada el 24 de noviembre de 1946. Allí dice: «...En general el negocio de la antología me produce un completo disgusto. Gente que no le ha dado nada al mundo en términos de escrituras (y nunca lo hará) presume de utilizar el trabajo de otros a precios nominales, y por Dios me refiero a precios nominales, para su propio beneficio y provecho y se justifican como compiladores o críticos o eruditos, en apoyo de lo cual escriben unas vomitivas pequeñas introducciones y se quedan sentados con una sonrisa indulgente y los bolsillos bien abiertos...»

El singular creador del antihéroe Philip Marlowe era un hombre desencantado, escéptico, alcohólico y solitario pero también un escritor genial como pocos y pienso que por estos tiempos en que, gracias a Internet, la velocidad de las comunicaciones o las características adquiridas por el negocio editorial, han proliferado, miles de antologías (virtuales, en papel, cooperativas y/o investigativas y algunas hasta de nombres rimbombantes) sus reflexiones resuenan con prístina claridad.

La segunda etapa llegó hace alrededor de veinte años y coincidió con la aparición de Internet, medio que facilitaba una mejor comunicación entre los aficionados a la literatura y permitió el nacimiento de una nueva filosofía de las antologías. En consonancia con el párrafo anterior, ya hace más de una década Antonio Cruz sostenía en el prólogo de una selección de microrrelatos en Santiago del Estero que, por estos tiempos de globalización, «Cualquier escritor,no importa sus cualidades literarias, puede integrar una antología con solo abonar determinado precio (generalmente abusivo) por cierto número de páginas y a cambio recibirá como retribución unos pocos ejemplares, mientras la editorial (usualmente poco conocida) vende por su cuenta un número mayor de copias de una obra que ya ha sido financiada por los propios autores, todo esto sin obviar aquellos casos en los cuales el compilador, de manera arbitraria, tiene la potestad de elegir a quienes incluirá en su recopilación.»

Pero en algún momento de esta historia, se produjo un quiebre y, si bien es cierto, todavía se siguen editando antologías según los preceptos más arriba descriptos, hizo su irrupción la antología puramente virtual o que comienza por ser virtual y termina repicándose en soporte papel y que responde a determinadas necesidades genéricas de lectoescritura (y cuando digo genéricas, me refiero en exclusiva a los géneros literarios como por ejemplo, la poesía y el microrrelato).


Habitualmente, esas compilaciones suelen ser más que nada con el objetivo de afianzar determinado género o grupos de escritores que se conforman en las redes sociales o algunas revistas electrónicas o páginas web y hasta editoriales independientes o quizás conjuntos de personas que manifiestan iguales intereses y, es menester decirlo, son de lectura absolutamente gratuita por lo que nunca representan un negocio sino una manera de hacer leer textos de autor y que los lectores, que abundan en la red, puedan acceder a su lectura de manera rápida y económica.

Hace pocos días vio la luz una antología de microrrelatos policiales, idea de la gente de Brevilla, revista on line sobre microliteratura (bien vale la pena visitar su sitio Web, que no es tan difícil de encontrar).


En su "Disparo final" (última página de la antología, valga la redundancia) dice Lilian Elphick: «El microrrelato crece: como género híbrido e indomable, como sistema contrahegemónico, como palabra subversiva. Forma fictiva mas no simple.»

Y no se autoelimina como la novela que, me atrevo a decir, está decayendo en su estructura épica. Frente a estos tiempos convulsos, violentos y fugaces el microrrelato, en el abanico literario, se construye día a día y en todo el mundo. Es una respuesta frente a la adversidad cotidiana, uno de los modos de negar los muros y de expandir la creación artística. La esencia libre de la palabra no puede ser silenciada.»


Lilian ha logrado formar una pandilla, un gang, una banda o una "familia" (como quieran llamarle ustedes) de apasionados del microrrelato y del género policial y, ayudada por sus cómplices, se ha dado a la tarea titánica de compilar una miríada de micros policiales en una antología imperdible que los autores intelectuales dieron en llamar "Dispara usted o disparo yo". Menuda cosa.

Los principales "caporegimes" de la familia, (ni siquiera Vito Corleone los hubiera elegido mejor), la argentina Patricia Nasello, el mexicano residente en Portugal, Sergio Astorga, el también mexicano José Manuel Ortiz Soto, Geraudí González Olivares de Venezuela, el peruano Beto Benza, Melanie Márquez de EE.UU. y el chileno radicado en Canadá Jorge Etcheverry, entre varios más que no ignoro pero ahora mismo no recuerdo sus nombres, han logrado reunir más de cien autores de minificción de quince países. No es poco. La antología, aunque lo que voy a decir es un tremendo "lugar común", merece ser leída y el tiempo que demande su lectura será una inversión en mayor conocimiento de este género tan amado y resistido al mismo tiempo.

Hay muchos "pezzonovantes" del microrrelato en lengua española, pero también los hay otros varios que son casi desconocidos para muchos de nosotros.

¿Hay más? Por supuesto que hay más... en el caso de aquellos países que hablan otras lenguas (inglés y portugués) los compiladores presentan los trabajos en una edición bilingüe lo que, sin duda, es un valor agregado que hace más valiosa la antología.

En síntesis, una iniciativa de inmenso valor para la minificción y dentro de ella, este subgrupo (por llamarle de alguna manera) relacionado en exclusiva con el relato policial. Quienes accedan a su lectura no habrán de arrepentirse de haberlo hecho y estoy absolutamente seguro de que los gestores que le dieron forma no podrán ocultar una sonrisa de satisfacción. Quedarán, indisolublemente unidos por ese feed-back que es el placer de escribir para que otros tengan el placer de leer.

PINCHA AQUÍ PARA LEER LA ANTOLOGÍA "DISPARA USTED O DISPARO YO"
 

Gran antología de microrrelatos policiales "Dispara usted o disparo yo"





"DISPARA USTED O DISPARO YO".PUEDES LEERLA AQUÍ  O AQUÍ.

REVISTA BREVILLA
 

Editora: Lilian Elphick

Comité Editorial: Lilian Elphick L.(Chile),Patricia Nasello (Argentina,Sergio Astorga(Portugal/México).


Compiladores/as: Patricia Nasello (Argentina), José Manuel Ortiz S. (México), Melanie Márquez A. (Estados Unidos), Geraudí González (Venezuela), Sergio Astorga (Portugal y Brasil), Jorge Etcheverry (Canadá), Solange Rodríguez P. (Ecuador), Alberto Sánchez Argüello (Nicaragua), Lilian Elphick (Chile/otros países), Pablo A. García M. (España), Alberto Benza (Perú).

Microrrelatos de Ingrid Córdova


 
Deanna Templeton


NÁYADET

Despierto agitada, de un manotazo saco el velo que cubre mi cabeza. En una bolsa de supermercado echo lo justo y preciso; mis sandalias favoritas, la bata roja -la blanca ya no me ajusta-, algo de maquillaje.
Sentado cerca de la ventana, acariciando las cuerdas, veo su silueta. La voz suena ronca cuando me dice:
–Sobre la mesa están las monedas para el trasporte. 
Las cojo y salgo, sin voltear a mirar. El sonido de una lira taciturna se pierde en el silencio de la madrugada, mientras camino a tranco rápido hacia el río.
Justo antes de embarcar, pienso que ya no necesito a ningún héroe que me salve del infierno.

EL BUEN SEÑOR 
                                         
El caballero de la casa es muy bueno con ella, su madre limpia los pisos brillantes del segundo piso y él la lleva al parque.
Subida en un columpio juega a tocar el cielo, con la punta de los pies. Sonríe feliz y tranquila.
De regreso a esa casa tan linda, grande, olorosita, con una piscina inmensa, donde el caballero la deja bañarse de vez en cuando, escucha a su madre lidiando con las ollas en la cocina.
Él la invita a jugar en el computador. La puerta del escritorio se cierra tras su espalda y la sonrisa se congela para siempre. 

PESTAÑAS POSTIZAS

Se mira atentamente al espejo, tratando de repasar cada detalle: el vestido que ajusta la cintura a la perfección, los largos guantes de seda, las tupidas pestañas que costó una hora colocar en su sitio.
Sale taconeando sin vergüenza alguna…al fin y al cabo, es la plata que gana cada noche la que sustenta los gastos. El pasillo es estrecho y Manuel, su padre, borracho como siempre obstaculiza el paso. Balbuceando incoherencias, lanza el escupitajo justo sobre sus rizadas pestañas.
Lentamente saca el guante derecho de su mano, cuidando de no ensuciarlo, lo pone en la cartera, cierra el puño y golpea con todas sus fuerzas. El cuerpo cae al suelo con estrépito…salta graciosamente sobre él  y se dirige a la puerta.
Su madre grita a su espalda:
–Hijo, hijo, ¿qué sucedió?  

NOSTALGIA

Mariana sale al patio el primer día nublado de la temporada. Lleva su pelo castaño cortado en una hermosa melena. La jornada anterior había decidido ir a la peluquería del barrio y deshacerse de una frondosa cabellera que solía atar en una “cola de caballo” o acomodar en un par de trenzas, prendidas con elásticos de colores.
Se sienta junto a la glorieta de madera, esperando que aparezca el sol y traiga con él la magia cotidiana que convierte ese rincón en un reino encantado, donde los árboles dan frutos dorados y el viento susurra melodías al oído.
Espera horas, inmóvil con el corazón impaciente, pero nada sucede. Dos lágrimas corren por su cara, cuando se despide para siempre de sus trenzas.


*
Ingrid Córdova Bustos, nacida en Santiago de Chile, profesora de Lenguaje y Literatura, Gestora Cultural y Poeta organizadora del Colectivo Poético “LA GUARIDA”.
Durante 25 años imparte clases Colegio Latinoamericano de Integración; establecimiento emblemático en Chile, vinculado al caso de los profesores secuestrados en Dictadura. Siempre interesada en hacer del arte, una forma de promoción de los valores humanos, desarrolla talleres literarios para jóvenes y adultos en diversas organizaciones del centro y periferia de la capital.
Ha sido publicada en diversos medios escritos y digitales del país y de Argentina. Su poesía recorre, básicamente, dos derroteros: poesía social y poesía erótica. Incursiona también en narrativa, a través de la crónica literaria y el relato breve.
En el 2016 publicó el poemario La Cueva de la Medusa, acompañado en su presentación de la performance “Corazones Rojos”. Hoy prepara la edición de sus poemarios: El Velo de la Catrina y Magma y de su libro de narrativa Crónicas de Ciudad.


Ernesto Ortega: "Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor"

Pierre Bonnard


Cuestión de tiempo
Cuando la vi por primera vez estaba tendida al sol, sobre la arena. Llevaba unas gafas oscuras y un bikini rojo, y bastaron un par de segundos para saber, sin ninguna duda, que quería pasar el resto de mi vida a su lado. Desde entonces, dedico todo mi tiempo a buscarla. Esta tarde la he encontrado. El sol ya comenzaba a ponerse en el horizonte y una brisa suave me acariciaba el rostro. Mientras corría hacia ella ha vuelto a suceder. La arena ha empezado a desaparecer bajo nuestros pies y nos hemos precipitado al vacío.
Durante un instante he logrado agarrar su mano. Luego, todo ha sido muy rápido. Una montaña de arena se nos ha venido encima y nos hemos soltado. Alguien ha debido de darle la vuelta al reloj. Ahora tendré que encontrarla de nuevo.

Adicciones
Ana solo tenía un defecto: siempre olía a tabaco. Todavía no había apagado un cigarrillo y ya tenía encendido el siguiente. En la mesa del salón, con la televisión de fondo, el cenicero se llenaba de colillas. Cada vez que le pedía que lo dejase, me contestaba con evasivas. Pero el amor también se consume y un día le obligué a elegir: o el Marlboro o yo.
Ahora, cada noche, antes de meterme en la cama, enciendo un cigarrillo. Cierro los ojos y doy una calada. Inspiro y la nicotina viaja a través de mi cuerpo hasta llegar a mis pulmones. Espiro y una nube de humo se extiende por la habitación y se difumina en la blancura del techo. Después apago la colilla y la luz. El olor trepa por las sábanas. Solo entonces consigo dormirme.

Colada
Coincidíamos muchas tardes tendiendo la colada. Las ventanas estaban tan próximas que nuestra ropa parecía confundirse y una ligera corriente de aire serpenteaba por el patio de luces, balanceando las cuerdas. Las mangas de mi camisa se estiraban hasta rozar su blusa, mis pantalones se agitaban intentando aproximarse a su falda y mis calzoncillos se mostraban desvergonzados delante de sus prendas más íntimas. Mientras yo tendía los calcetines y las sábanas del dormitorio, ella iba colgando la ropa de los niños, el mantel de cuadros del comedor… Poco a poco, las cuerdas se iban curvando por el peso, hasta que acabábamos de tender la ropa. Entonces cerrábamos las ventanas y volvíamos a nuestras vidas.

Echar raíces
Como mi novio no quería que nos fuésemos a vivir juntos, decidí plantarlo. Lo hice cuando llegó la primavera, en la parte de atrás del jardín, para que le diese el sol de la tarde. Cada mañana lo riego y le pongo música en la radio. De vez en cuando le podo la barba y los pelillos que le asoman por la nariz. Ya ha echado raíces. Ayer, por fin, le brotaron las primeras flores.

Empezar de cero
Dicen que todos tenemos un doble. Yo tropecé con el mío un mal día que había discutido con mi mujer y las acciones de la compañía habían bajado más de 30 puntos porcentuales. Entró en el metro tocando el acordeón. Llevaba una gorra de marinero y hacía días que no se había afeitado. Mi primer impulso fue ocultarme tras las páginas salmón del periódico para evitar que me viese. Lo observé durante un par de estaciones. Parecía feliz. Interpretó un par de melodías –tocaba bastante bien– y pasó la gorra por el vagón. Sonreía, deseando un buen día a todo el mundo, incluso a aquellos que no se dignaban siquiera a mirarle a la cara, pero apenas consiguió un par de monedas. Al pasar a mi lado, le eché un billete de 50 euros, le miré fijamente a los ojos y le dije: “¿Quieres ganarte unos cuantos como este?”.
Se afeitó y se cortó el pelo. Acordamos que me sustituiría los martes y jueves por la tarde en la empresa, los lunes y los miércoles se acostaría con mi amante, los viernes saldría a cenar con mi mujer y los domingos llevaría a mis hijos al cine. Reconozco que lo está haciendo bastante bien. Aprende rápido y, a cambio, le pago un buen sueldo. Mi mujer no sospecha nada, a los niños se les ve felices, mi amante está encantada y la empresa continúa en caída libre. Poco a poco empiezo a encargarle más tareas. Mientras tanto voy aprendiendo a tocar el acordeón.

Furtivos
Y un día prohibieron hacer el amor. Argumentaron que, como la reproducción de nuestra especie estaba totalmente garantizada por los avances científicos, ya no sería necesario ensuciar nuestros cuerpos con actos impuros. Al principio, desafiamos la ley y hacíamos el amor en privado, hasta que comenzó la represión.
Entraban de noche en las casas de todos los que éramos sospechosos de infringir el artículo 47.7, con la intención de sorprendernos in fraganti. Rompieron cristales. Derribaron puertas. Nos fotografiaban desnudos y nos sacaban a rastras de las habitaciones. Se nos acusó de pervertidos, de inmorales, de revolucionarios. Empezaron las delaciones y los interrogatorios, los procesos, las castraciones, las ablaciones. Pronto se prohibieron las caricias, los besos, las miradas. Para entonces muchos ya habíamos decidido huir de las ciudades y cada noche hacíamos el amor en los baños de los aeropuertos abandonados, en los coches de los desguaces, en las barcas encalla das de las playas, en los cobertizos de las granjas derruidas que encontramos de camino hasta aquí, donde todos vosotros habéis nacido, donde podréis seguir amándoos en libertad.

Llamadas
Hoy me ha vuelto a llamar nada más empezar el telediario, como suele hacer cada día desde hace cuatro o cinco meses. Habla sin parar, como si su boca estuviese llena de palabras. Me cuenta que se ha cortado el pelo, que ha estado lloviendo toda la tarde, que ha descubierto un bar donde sirven un café riquísimo. Yo me dejo acariciar por la cadencia de su acento y apenas intervengo, hasta que se despide, de súbito, alegando que tiene la cena en el fuego, sin que me atreva a decirle, esta vez tampoco, que se ha equivocado de número.

Vida desordenada
Son raros días. Confusos. Desordenados, vez tal. Creciste deprisa demasiado.
Porros y besos en los colegios de los coches, en los lavabos de los asientos traseros que conducían mayores chicos que tú. Roll y rock and sexo, drogas. Hoy que te haga reír te acuestas con cualquiera y amaneces que huelen a ambientador pensiones en. Solo que esperas día aparezca alguien un y te ayude a poner tu vida en orden.

*
Ernesto Ortega nace en Calahorra, La Rioja, cosecha del 71. De niño pasa mucho tiempo en la librería de sus padres y pronto aprende a hacer la O con un canuto. Se aficiona a las letras, hasta que le ponen los puntos sobre las íes y decide estudiar empresariales. Tras abrir un paréntesis en su vida, que todavía no ha cerrado, se traslada a Madrid, donde por h o por b, acaba trabajando como redactor publicitario.
Ha ganado varios concursos de relatos y microrrelatos y sus textos han aparecido en diferentes antologías, entre ella “Deantología” (Talentura-2013), “Desahuciados” (Traspiés-2014), “Fútbol en breve: Microrrelatos de jogo bonito” (Puertabierta Editores, 2014) y “Ballenas en hormigueros: Antología hispanoamericana de ficción” (Editorial ojo de pez, 2014). En 2012 publicó en solitario el libro de relatos La dictadura del amor (LCK15) y en 2016 “Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor”, con ilustraciones de Nacho Gallego (Talentura), al que pertenecen estos textos. Mantiene el blog http://latoalladelboxeador.blogspot.com


 

Alejandro Barrón: "A manera de epílogo"

Raymond Depardon

Bierce
Aún se le puede ver vagando por los desiertos del norte. Ambrose Bierce no sabe que ha muerto en el paredón, no se ha visto el boquete que tiene donde debería de ir su corazón. A él sólo le interesa seguir en la bola, sin preguntarse por qué después de tanto tiempo sus compañeros de armas es que no han envejecido.

En la comandancia
Me llevaron a la comandancia. Me sentaron y me abofetearon. Me dijeron, me gritaron, manotearon, sermonearon; se rascaron la oreja, me rondaron, me lamieron la cara, me mordisquearon el tobillo, sacaron la lengua y tiraron litros de baba.
Tomé una vara y la lancé muy lejos.
Se fueron tras ella, ladrando de alegría.

Vampira
Ella no te supo querer, -me dice su madre, del otro lado del auricular. Pero confía en mí, que yo sí sabré... -repone con su voz más dulce y suplicante.

La H
es la cama de un enano mudo…
y
solitario.

La vecina del 604
es tan pero tan gorda... que me haré su amante.
Y así llevaré a cabo uno de los más grandes sueños de mi vida: convertirme en marinero.
Navegaré sus carnes y domaré el Kraken que guarda entre sus piernas.

A manera de epílogo
Hoy no habrá historia de terror para antes de dormir, niños... Lo lamento, estoy un poco cansado...
Y diciendo esto, empalideció, se quedó rígido, se pudrió, se hinchó, reventó, se cubrió de gusanos, quedó en los huesos, los huesos se fragmentaron, se hicieron polvo y el viento dispersó todo eso por debajo de la puerta.
¡Qué mamón! -exclamaron los niños al unísono.

***
Alejandro Barrón (Tepic, México, 1987). Ha publicado el libro de cuentos Pinche Malena (Morvoz, 2016) y las plaquettes Patrañas (NadaEdiciones, 2014), Desquiciados (NadaEdiciones, 2016) y Mozalbetes (NadaEdiciones/BUCARELI, 2017). Desde 2010 reside en la Ciudad de México. 


Miguel Ángel Molina: «Desamores y otros guiños»

Christine Von Diepenbroek


DESAMORES

Cualquier día explotará y cortará con esta mierda de vida. Ya no soporta más babas por la cara, no quiere seguir haciéndolo sin preservativo y cada vez odia más ese olor nauseabundo a sudor, orines y perfume barato.
Tumbada en la cama, recibe las embestidas deseando terminar cuanto antes. En eso él también está de acuerdo, así que en dos minutos todo ha acabado. Tras derramarse sobre ella le dice con desprecio: «Puedes largarte, he tenido suficiente». Deseosa de perderle de vista cuanto antes se malviste corriendo, pero antes de salir se vuelve y dice: «En diez minutos cenamos».


EL ALMENDRO DEL CEMENTERIO

Abril-1945: la hambruna no hace distinciones.
El mercancías viaja atestado de críos que buscan por los pueblos algo con lo que engañar al hambre. Atiborrados de necesidad saltan antes de que el tren pare, pero uno de ellos falla y pierde sus piernas en la vía. Lleva una almendra en el bolsillo y la muerte escrita en su cara. Una mujer le acoge mientras aguardan al médico del pueblo vecino. Minutos después ya nada importa. Un sermón, tierra y un agujero acaban con sus trece años. Ni tan siquiera sabían su nombre.
Marzo-2009: una vez más el almendro florece.


GUIÑOS MACABROS

Ajeno al exterior, acurrucado con una manta vieja, procura conciliar el sueño en tres metros cuadrados, suficientes para no dormir al raso. Allí solo le molesta algún trasnochador necesitado de más dinero; por eso no se sorprende cuando unos chicos le piden que abra.
Al correr el pestillo se abalanzan sobre él y le llueven los golpes e insultos. Enseguida descubre los guiños macabros de la vida. Su sueño infantil de ser bombero se cruza con el de su padre, deseoso de que trabajara con él en la gasolinera, cuando aquel líquido le empapa y la cerilla se enciende.


MIMO

Cuando Bob Esponja termina su espectáculo, Daniela aplaude emocionada. Es entonces cuando el mimo aprovecha las súplicas de los niños para vender a sus mamás un globo con la forma del muñeco. La niña se acerca hasta él y cuando Bob ve su rostro ilusionado le regala uno. Daniela se marcha feliz acompañada de su madre que, acuciada por la situación económica que vive la familia, agradece en silencio el detalle. En la plaza Manuel se cambia de ropa a toda prisa para llegar cuanto antes a casa. Sabe que al menos hoy, sí encontrará allí algo de felicidad.

***

Miguel Ángel Molina

Nació en Madrid, aunque actualmente reside en Leganés. Se licenció en Química y se dedica a la enseñanza. Los números, las fórmulas y las reacciones químicas son las que le dan de comer, pero hace unos años descubrió su afición por la escritura y los microrrelatos, y desde entonces no ha parado. Además de su blog “En 99palabras”, algunos de sus textos han aparecido publicados en revistas literarias, y otros en antologías colectivas, la última de ellas “De antología (la logia del microrrelato)” publicada por la editorial Talentura. En mayo de 2016 ha publicado con la editorial Baile del Sol su primer libro, titulado: 99x99 (microrrelatos a medida).

Miniaturas de Guillermo Samperio


 
Tatsuya Tanaka

LA LETRA ENE
La letra ene envidia a la eme porque ésta tiene una nalga más.

LAS COSQUILLAS
Las cosquillas son las hormigas del cuerpo.

LAS AGUAS DEL ESPEJO
El espejo que huye lleva agua de ríos subterráneos en sus imágenes. Debido a ello ningún hombre puede mirarse dos veces en el mismo espejo. En la segunda ocasión, las corrientes profundas del espejo podrían arrastrarlo y perderlo.

HUMO  
Enciendo mi cigarro sin darme cuenta de que tengo otro encendido; este me lo fumo en la memoria, aquel es mi absurdo.

BEBO TU BOCA
Cuando beso tus labios de agua, nunca son los mismos.

En: La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Edición de David Lagmanovich. Ed MenosCuarto – 2005

LOS VIDRIOS
Los vidrios de los trenes llevan untada la nostalgia.

BODAS DE FUEGO
Un cerillo, ataviado de novio, sale hacia la iglesia. Al llegar se entera, por boca de los cerillos parientes, que la novia escapó en compañía de un cerillo vestido de amante. El novio frota su cabeza y aparece un pequeño bonzo ardiendo bajo el cigarro.

EN MI MENTE
En mi mente de arena transita sobre el horizonte una caravana de camellos contra media naranja solar y una grácil palmera.

LA MOSCA
La mosca llena de puntos suspensivos el calendario.



EL FANTASMA



“El fantasma”, de Guillermo Samperio, está incluido en la antología Por favor, sea breve 2 (Páginas de Espuma, 2009, edición a cargo de Clara Obligado, prólogo de Francisca Noguerol).

***
GUILLERMO SAMPERIO

Nacido en la Ciudad de México el 22 de octubre de 1948, Samperio estaba en proceso de publicar una nueva novela, titulada Vosotros los mismos, según informó el INBA.
Un adelanto de ese libro puede leerse en Maravillas malabares, antología que reúne lo más relevante de su trabajo y que fue presentada el pasado febrero en el Palacio de Bellas Artes.
De naturaleza versátil y generosa, antes de dedicarse a las letras Samperio fue vitralista, dibujante, diseñador y supervisor técnico industrial del Instituto Mexicano del Petróleo, entre 1967 y 1977. Como dibujante participó en diversas exposiciones colectivas.
Además, incursionó en la elaboración de guiones y la producción de programas radiofónicos, entre ellos La literatura hoy, de Radio Educación, y el Noticiero Cultural del INBA.
También se desempeñó en diversos cargos en instituciones públicas y privadas, como la Secretaría de Educación Pública, la editorial El Tucán de Virginia y la Universidad de las Américas.
Autor de más de una treintena de libros, su obra ha sido traducida al francés, inglés, rumano y vietnamita, y antologada en múltiples ediciones nacionales y extranjeras.
Colaboró en diversos medios, suplementos y publicaciones periodísticas, como La Jornada, Novedades, El Gallo Ilustrado, Revista de la Universidad de México y Tierra Adentro.
Integrante del Sistema Nacional de Creadores de Artes desde 1994 y del Pen Club México desde 2005, en su palmarés figuran los premios de cuento El Museo del Chopo 1976, por Bodegón; La Palabra y El Hombre 1977, por Desnuda, y Casa de las Américas 1977, por Miedo ambiente.
El Nacional de Periodismo Literario 1988 al mejor libro de cuentos, por Cuaderno imaginario, y el Instituto Cervantes 2000, otorgado por Radio Francia Internacional, por Mentirme (La mujer de la gabardina roja).
Guillermo Samperio falleció en diciembre de 2016.


Foto: Gissela Sauñe




Microrrelatos de Virginia Vidal

Van Gogh

Gotas de tinta y palabreos. Parvos relatos, de Virginia Vidal

Lavado de lana


Deshice el relleno de mi almohada y lo metí a la lavaza; pronto estuvo espesa y oscura. Amores secos, falsas ilusiones y sueños rancios estaban enredados en la lana. El enjuague diluyó la salazón de algunas lágrimas y se llevó los últimos residuos de pesadillas, tribulaciones y desvelos. Ahora estoy escarmenando los copos blancos y esponjosos; reluce uno color negro rebeldía. Las motas dejan escapar ecos de tus susurros, rebotes de tu risa; algunos nudos empecinados no sueltan tus confidencias.


Inversiones


Confirman las ratas: todo escribidor es impío. Dan fe de su inexorable devoción leyéndole la última galerada. La corrigen a su amaño; le bordan y tejen puntos. Eliminan un acento aquí; cambian una uve acá, una ese acullá. Más ciega que la fe del carbonero, la de ratas caga ruta y colma paciencia del impenitente escriba. Al fin, en delirio místico abren las jaulas de los gazapos, los echan a correr; éstos, victoriosos, se vuelven fervientes acólitos y ratifican su FE DE RATAS.


Síndrome


Me rodeas indigente de ternura. Me apretujas, me acorralas, me asfixias, me exasperas. Te esquivo, me asaltas, me persigues. Me aletarga tu sucio vaho. Me penetras, entumes, oprimes, estrangulas. Expectoras nube plúmbea. Lloriqueo, toso, me escabullo. Embozándome, respiro. Voy cediendo. Te aborrezco. Me haces falta si me alejo. Yo soy tú. Me empujas. Trastabillo y te evado. Me aturdes, te rechazo. Sabes segregar: arrinconas, separando; apartas, sojuzgando. Extenúas. Tú te arruinas. Me repelo de quererte. Resplandeces oreado. Me refulges de crepúsculos y plateas cordilleras malveando los celajes. Te repudio y te admiro. Pese al duelo, padezco síndrome de Santiago de Chile.


Iglesia de Tyn

Cada mañana, al despertar un judío praguense que escribe en alemán, corre la cortina de su ventana abierta en el muro del altar lateral de la Iglesia Tyn de la Virgen María y escudriña las actitudes remordidas de los orantes. Mirón de las contriciones, culpas y remordimientos, se baña de auras. La Iglesia de Tyn no da a la calle y su muro de piedra negra se traga la luz.


Cementerio de la ciudad vieja

K., el niño, para jugar, no tiene sino el cementerio judío de la Ciudad Vieja. Por fuerza, debe pasar ante la estatua de Jan Hus y, como toda vez, un aleteo de urraca le toca el corazón: cura que sabe latín y en checo escribe, puede asarse en la hoguera.

Dentro del cementerio no corre sino salta sorteando lápidas. Terreno erizado de piedras sin flores ni pasto, apenas unos adustos cipreses.

Nadie sabe qué deseo escribió en un papel y lo metió en un intersticio de la estela empinada sobre la tumba del rabino Loew, el creador del Golem.


Karlstein

Soberbia humana impregna la piedra del castillo construido para albergar el ascetismo, la meditación y la sensualidad atormentada de un rey lujurioso. Abajo, muy abajo, la aldea chata. Apenas un sendero tenue y escarpado accede al castillo donde nunca pudo entrar el joven K.


Acto fallido

El subconsciente del expresionista K. le jugó una mala pasada: pese al proceso y a la condena autoimpuesta, actuó en pro de la vida. Se negó a destruir a los hijos y, lanzando una botella al mar de la eternidad, se los encargó a su amigo Max Brod.


Pegazón del moridero

Envuelta en distancia y queja, cuando sube la cortina del sueño se sacude de los fantasmas amodorrados para descubrir que el cansancio del reciente baile, la larga caminata y la carrera fueron pura imaginación. Dolor palpable de no poder correr, trepar, agacharse, erguirse. Sus vértebras y coyunturas se sublevan, la ataca la tos y los pulmones resuellan como fuelles vencidos. El cuerpo duele a fondo y a pedazos como los recuerdos amargos de las injurias, las calumnias, las injusticias. Agobiados los hombros. Las manos que antes fueron tan inquietas ya no bordan, no tejen, escriben con torpeza, dejan caer las cosas, tiritan. Falla el pulso.

Los libros que fueron su razón, su juego, su vicio y sacrificio, su derroche, permanecieron un año amontonados en una bodega. Los protegió, atesoró, transportó contra viento y marea. Salen de la modorra desvencijados, fuera de orden y concierto como soldados borrachos perdidos en un campo desconocido después de la guerra.

Muchos la acompañaron en días amargos del exilio en piezas alquiladas, cuartos sobrantes junto a las cocinas: alguno maloliente a plátanos fritos, otro inundado después del repugnante desborde de una alcantarilla. Perdió la noción del espacio, se golpeaba contra la muralla al despertar porque no sabía dónde estaba instalada la cama esa vez. Se mudaba portando ladrillos y tablones para armar el improvisado estante de la biblioteca.

Ahora, casa desarmada, libros revueltos, dispersión de la mente, de los objetos, de los recuerdos. Vencimiento.

Cómo borrar la borradura. Borra dura encostrada en el alma.


Mirada interior

En las bóvedas del corazón insertaba sus sueños desbaratados. Pretendía escuchar el silencio del mundo en la noche total.


Alerce asesinado

Era un tronco poderoso, pero le embutieron una duela y la golpearon hasta rajarlo.


***

Virginia Vidal (Santiago, 1932-2016)

Novelista y periodista. Entre sus publicaciones destacan: Ensayo: Neruda Memoria Crepitante, Ediciones Tilde, Valencia, España 2003. Novelas: Javiera Carrera Madre de la Patria. RIL Ediciones, 2010 (2ª ed.). Javiera Carrera Madre de la Patria. Editorial Sudamericana, 2000; Oro, Veneno, Puñal. Brosquil Ediciones, 2002, Valencia, España; Balmaceda Varón de una Sola Agua. Editorial Los Andes, 1991. Declarada Material Didáctico complementario de la Educación Chilena, Informe Técnico Clase A Nº 110, 1991; Cadáveres del Incendio Hermoso, 1990. Premio de Literatura de la Municipalidad de Santiago, 1991. Premio de Novela “María Luisa Bombal” de la Municipalidad de Viña del Mar 1989; Rumbo a Ítaca, Editorial Pomaire, Caracas, 1987. Cuentos: Gotas de tinta y palabreos. Parvos relatos. RIL Editores 2009. Incluidos en Cuentos chilenos, edición y prólogo de Danilo Manera. Ediciones Siruela, Madrid, España, 2006; Crímenes de Mujeres, selección y prólogo: Ana Vásquez Bronfman y Virginia Vidal. Catalonia, 2004; Las mujeres cuentan, Simplemente Editores, 2010; Mujeres de palabras, Ministerio de Educación, 2009; Arden Andes. Antología de microficciones argentinochilenas. Ed. Macedonia, B. Aires 2010; La Flor del Día-Trofeos de Lectura, Raúl Brasca y Luis Chitarroni. B. Aires, 2007; La Pluma y el Bisturí, Luisa Valenzuela, Raúl Brasca, Sandra Bianchi, Catálogos, B. Aires, 2008; "Micrónicas y Chispas", en Asedios a una nueva categoría textual: el microrrelato. III Congreso Internacional de Minificción 2004, Andrés Cáceres Milnes y Eddie Morales Piña, Universidad de Playa Ancha, Valparaíso; Escritos Disconformes Nuevos modelos de Lectura, Francisca Noguerol Jiménez, Aquílafuente. Ediciones Universidad de Salamanca, 2004. Sus últimas novelas publicadas por Ceibo Editores son: Letradura de la rara (2013) y Agustina la salteadora a la sombra de Manuel Rodríguez(2015).
 
 
Descansa en paz, querida Virginia