ELIANA SOZA MARTÍNEZ:«MIS LLAVES Y YO»


 
Chema Madoz

FANTASÍAS

Nunca había preparado con tanto gusto una cena, la mesa está arreglada como si fuera un día festivo, mis hijos se asombrarán y quedarán encantados.
Toda mi vida quise complacer a los demás, nada de lo que hacía lo había elegido libremente, ni mi carrera, ni mi esposo, ni siquiera mis amigas. Mi vida entera es una actuación, una mentira escrita y dirigida primero por mis padres, luego por mi marido y ahora puedo sentir que mis hijos también me controlan.
Todo esto me asfixia, en cada cosa que hago siento que se me va la alegría, ya no sé sonreír, siento que vivo en un infierno rodeada de demonios que torturan mi alma. Pensé en el suicidio, pero soy muy cobarde para hacerlo.
Lo único que me queda es buscar esta ansiada libertad en mi mente, en mi imaginación, por ejemplo fantasear en cómo renunciar a mi trabajo y envenenar la comida de la cafetería para ver morir a todos vomitando sus intestinos; visitar por última vez a mis padres y despedirme iniciando un incendio en su casa, finalmente asesinar a mi marido despedazándolo y preparando de su carne y con mucho gusto una exquisita cena.

EL NACIMIENTO

Los dolores de parto comenzaron a la una de la madrugada, retorcijones que aumentaron en intensidad, no era suficiente gritar y llorar para sacar el dolor fuera, intentar romper la mano de Javier sí. La partera llegó a las dos, una hora y media el dolor la torturó sin que nada pudieran hacer todas las vecinas que le acompañaban. Después de luchar para que aquel niño naciera, a las 3:33,  lo hizo con un imperativo grito que estremeció a todas las que estaban en la habitación.
La partera, al divisar la cabeza del neonato llena de sangre coagulada no vio nada especial además del tamaño desmedido del cráneo; pero cuando lo tuvo entre sus brazos y lo empezó a limpiar, casi se desmaya, nunca había visto una criatura de ese tipo, todas empezaron a gritar y a escapar, dejando sobre la nueva madre al recién nacido; ella orgullosa y con una sonrisa macabra empezó a lamer a su cría.


CONTIENDA

Rumiaba mi problema, recordando cada detalle de aquella discusión, lo que más me dolía era cómo no había salido ni una sola palabra de mi boca, ninguna frase coherente por lo menos. Y claro justo después, las oraciones precisas viniendo a mi mente, argumentos sólidos con los que hubiera ganado la disputa y hubiera hecho callar a mi contendiente. Por eso decidí estar preparada para la siguiente vez, armé en mi cabeza un pequeño discurso firme pero agresivo. En el reencuentro, cuando estuve a punto de soltar todo de una vez, él me besó y lo olvidé todo.

UN NEGOCIO PARA TODOS

Era una tarde de otoño, que pintaba los pasajes del parque de anaranjado y café, cuando Justina se paró con un pequeño cartel que había hecho a mano. Vender sonrisas sería un éxito, podía intuir que la gente lo necesitaba, ella misma experimentó aquella necesidad. Muchas personas que pasaban la vieron mofándose y pensando que era una broma, pero al final del día, muchos de ellos llegaban a casas vacías, que los recibían sin calor de hogar y se daban cuenta que nadie les había sonreído, entonces ya no parecía una locura comprar una sonrisa.
Una mujer la compró escéptica pero cuando recibió aquella sonrisa cálida y sincera sintió que una luz atravesaba su corazón, como si el sol hubiera podido, de alguna manera penetrar su piel; sus propios labios fueron moviéndose automáticamente formando con  sus comisuras un paréntesis y sus dientes asomaron como diciendo hola, esto la levantó más que las píldoras que tomaba para superar un mal día. Así el negocio fue creciendo, cada uno de sus clientes, por diferentes razones, estaba convencido que su inversión diaria valía la pena porque lo hacía sentir bien.
Con tantos compradores, después de un tiempo, Justina se fue sintiendo agobiada,  porque no quería vender sonrisas vacías, sino entregar su corazón en cada una, para lo que se preparaba anímicamente todos los días, esto la apesadumbró y tuvo que dejar su negocio. Sus clientes lo resintieron tanto que la buscaron por todas partes, incluso hubo alguien que publicó su foto como extraviada, sin éxito. Ahora cuando ella camina por el parque vestido de primavera, algunos la reconocen, le sonríen y ella es feliz.

EZEQUIEL

Ezequiel disfrutaba el ocaso en aquella campiña tan diferente a la ciudad. Sintió que la obscuridad llegó como si un manto negro hubiera caído repentinamente. Ahora, la tenue luz de la luna menguante daba al paisaje un halo tétrico. Apuró el paso hacia su alojamiento.
De pronto, divisó un bulto al margen del camino, al acercarse vio un cuerpo descuartizado, al que le faltaba la cara, los intestinos florecían sobre su abdomen y la sangre formaba un charco profuso en la tierra.
Sintió su corazón desbocarse y una arcada formarse en su garganta, corrió pensando solo en ponerse a salvo; lo que le esperaba era peor; encontró, a cada paso, cientos de cuerpos tirados a la vereda del camino, todos expuestos de la misma forma que el primero. Caviló por un segundo, quién o qué pudo hacer aquello y el terror se apoderó de él; al intentar volver sobre sus pasos vio una niña de rostro arrugado, con ojos desorbitados relamiéndose la pequeña boca ensangrentada.

ABSTINENCIA

Debía dejar el café, sintió que podía lograrlo, pero mientras pasaban las horas era cada vez más difícil; no soportaba los dolores de cabeza, el sueño a todas horas ni las pesadillas que lo angustiaban. Pero todo llegó al límite cuando en un sueño se vio en medio de la nieve, sin un refugio a la vista; de pronto un embriagador aroma a café lo condujo hasta una taberna alejada, allí rogó por un café irlandés. Cuando tuvo la taza enfrente y trató de tomarla emergieron de la mesa, como de un pantano, unas manos obscuras y húmedas que tiraban de su café para no dejarlo beber aquel elixir deseado, peleó con ellas derramando todo, enfurecido sacó una navaja y las apuñaló una por una, creando un charco de sangre.
Despertó exasperado, vio sus manos ensangrentadas. No podía ser verdad, corrió al baño a lavarse y tirar la navaja. Sentía que el intenso dolor de cabeza volvía y que todo su cuerpo, especialmente sus manos empezaban a temblar, bajó desesperado por un café, cuando estaba a punto de beberlo golpearon estruendosamente su puerta: ¡abra, es la policía!

MIS LLAVES Y YO

Estoy llegando a creer que mis llaves tienen vida propia; estoy segura que todo el tiempo me juegan bromas escondiéndose por todo mi departamento. En las noches me las imagino caminando, usando sus cuerpos con dientes como piernas, las veo contonearse con sus cabezas redondas y triangulares; las más modernas, las que llevan un forro de plástico de colores son las líderes, las que encabezan la sublevación en mi contra. Los pequeños agujeros que tienen en medio de sus cabezas, me hacen pensar en el ojo de un cíclope, inmenso y que todo lo ve; con ellos me ven mofándose cuando estoy a primera hora de la mañana buscándolas para salir corriendo a la oficina, mientras ellas escondidas muestran sus dientes cuando se ríen.
En vano, afanosamente, clavé un portallaves sobre la mesita del teléfono y dejé un plato debajo del espejo a la entrada del departamento, nada de esto me salvó, las sigo perdiendo o en realidad, como yo creo se siguen escondiendo y riéndose a mis espaldas.
Me enteré sobre un artefacto que contenía un control remoto, a través del cual se emite una alarma y las llaves se encuentran fácilmente. Pensé que podría ser mi salvación. Lo compré decidida, pero al día siguiente usé el control, presioné el botón y en todo el departamento, a pesar de un silencio profundo, no se escuchó ni un solo sonido; otra vez me ganaron; entretanto, en medio de una tonelada de ropa que ahogó el pitido del artefacto, ellas, de nuevo, riendo y burlándose de mí.

***
Eliana Soza Martínez nació en la ciudad que está más cerca del cielo, Potosí – Bolivia, en 1979. En la carrera de Comunicación Social conoce a Lidia Valverde, que le abre las puertas hacia el mundo de la literatura. Así conoce a su más grande inspiración, Julio Cortázar. En 2017 participa en la “Antología Iberoamericana de Microcuento”, compilada por Homero Carvalho. En 2018 es parte del libro colectivo “Armario de letras” de la Editorial Caza de Versos de México; también del libro “Sombras en la Obscuridad” de la REED Potosí (Red de escritores Potosinos). De mayo a julio, seis microcuentos son seleccionados para su publicación en la Revista española Historias Pulp "Paradojas" y “Onomatopeyas”. En junio publica su primer libro de cuentos “Seres sin Sombra”. En julio junto a la Editorial Soy livre publica la antología de cuentos de terror “Macabro Festín” y es invitada en el I Encuentro Internacional de Microficción de la Feria del Libro en Santa Cruz y en agosto a la Feria Internacional del Libro en La Paz.  De julio a septiembre sus cuentos fueron publicados en revistas literarias de México, Argentina, Chile y Colombia.


Milton Puga: «Hippo»


 
Foto: Beso Gulashvili / Georgian Prime Minister's Press Service via European Pressphoto Agency


Hippo

Estos últimos días ha llovido mucho por aquí. El río que pasa cerca de la ciudad se desbordó y siguió su curso por las calles de la ciudad. El torrente también llegó hasta el zoológico.

El nivel del agua subió tanto que muchos huéspedes salieron flotando por encima de la reja, como si alguien los hubiera tomado en brazos para liberarlos de su aburrido encierro. En cuanto estuvieron fuera, todos fueron a dar un paseo por el centro de la ciudad. Avestruces, monos, osos, tigres, cocodrilos, leones, elefantes... y yo.
Muchos lamentan que calles y plazas estén cubiertas de barro. Para mí es el paraíso. A pesar de mi tamaño y mi aspecto imponente, tengo la piel muy delicada. Todos los días me doy baños de barro para protegerla y mantenerla tersa y suave. No es vanidad, es un imperativo fisiológico.
Justo aquí, delante de la tienda, se ha formado un gran charco. Creo que voy a tomar un baño ahora mismo. Y después voy a entrar a probarme un reloj. Siempre me han gustado los relojes de marca. Tengo la muñeca un poco ancha, pero seguro habrá una correa que le calce.
Apuesto a que ya vieron al hombrecito que intenta ocultarse torpemente tras el árbol. Cuando menos lo espere, le voy a dar una gran sorpresa. Tal como hizo mi amigo el cocodrilo cuando trataron de llevarlo de regreso al zoológico. En cuanto sonrió, todos salieron corriendo. Tiene una dentadura perfecta. Y es terriblemente simpático. Igual que yo.


Viuda

Era el experto más renombrado de la Facultad en los mecanismos reproductivos de los arácnidos tropicales. Los especímenes que atesoraba en el terrario que había construido en el jardín de su casa eran una leyenda viviente.

Al examinar un insecto es fácil prescindir de cualquier consideración y atravesarlo sin más con un alfiler entomológico. No obstante, si el objeto de estudio es una Phoneutria fera, la veloz tarántula corredora del Brasil, la actitud del observador cambia, necesariamente.
Su veneno puede matar a un varón recio y bien conformado en menos de dos horas. No existe ningún antídoto. La mordedura produce contracciones musculares y respiración anhelante, culminando con un espasmo terminal y muerte por asfixia.
Con todo, el veneno, en cantidades moderadas, se ha usado para remediar el vergonzante síntoma de un penoso trastorno de la condición viril.
Quizá éste fue el origen de los insidiosos rumores que corrían en la Facultad.
Aludían a las atenciones que el profesor prodigaba a sus estudiantes más agraciadas.
Sólo la envidia podría atribuir semejantes intenciones al hecho que el profesor invitara con regularidad a algunas alumnas a tomar el té. En tales ocasiones, además, siempre estaba presente su esposa.
Luego del accidente todo cambió. Probablemente él se confió demasiado al manipular uno de los especímenes más agresivos.
El terrario fue desmantelado y la viuda del profesor se mudó a otra ciudad. En todo momento demostró ser una mujer de gran carácter. Durante las exequias, enteramente vestida de negro, irradiaba un aura de severa dignidad.


Appassionata

Yo contaba con su devoción por la música. Y por mi esposa.
Me las arreglé para que ella misma lo convenciera.
Sería una acción de arte. Esa clase de extravagancias habían cimentado su fama. Más que talento, tenía un apetito voraz por la novedad.
En una playa debía interpretar una de sus composiciones en un piano, mientras éste era consumido por las llamas.
Él ya estaba vestido con un traje de asbesto cuando el público comenzó a llegar. Al caminar en dirección al piano, la gente lo aplaudió.
Se sentó frente al teclado y se ajustó el casco. Rechazó los guantes. Como estaba previsto, con los primeros acordes se activó la combustión y el piano comenzó a humear. Instantes después una lengua de fuego asomó bajo la caja de resonancia.
Él apuró la ejecución. De pronto, una llamarada envolvió la cubierta. Instintivamente él se apartó del teclado, sin dejar de tocar. Estaba completamente poseído por el éxtasis de la vanidad.
A esas alturas, las cuerdas y los martillos, deformados por el fuego, habían transformado la vibrante melodía inicial en una pesada monstruosidad.
Cuando los parlantes instalados en la playa sólo reproducían el sonido de la madera crepitante y él parecía un mimo patético imitando a un pianista, una llamarada violenta lo lanzó de espaldas.
Ya no se movía. Mi esposa corrió junto a él. Minutos después los paramédicos anunciaron que el insigne artista había muerto. Paro cardiorrespiratorio fulminante. “Ars longa, vita brevis”, pensé, mientras confortaba, sin éxito, a mi mujer.


B 612

Atrás quedó el hogar, las tristes discusiones, el despecho. Atrás quedó Consuelo. Sobre el desierto todo lo que se nombra nace del silencio. Entre oasis y ciudades, a mil millas de todas las regiones habitadas, volando a treinta mil pies, es posible alcanzar la eternidad. “Tú serás para mí único en el mundo”, dijo. Los relojes se detuvieron. En la soledad del vuelo, la Tierra es la mansión de los hombres. Unidos por una sonrisa, buscan el mar. Última misión. En el último día de julio, vamos andando juntos por calles y por islas el niño, el zorro y yo.


A las puertas del cielo

Todos venían del mismo lugar. Todos hablaban el mismo idioma. Todos tuvieron la misma idea. Nada les impediría alcanzar su propósito. La palabra era el cimiento de su obra. Encendieron fuego, cocieron ladrillos, alzaron andamios y comenzaron a construir. Día y noche se afanaban entre cuerdas y poleas. Con entusiasmo se daban instrucciones, compartían cifras y símbolos. De mano en mano pasaban escuadras y plomadas. Algo más fuerte que el alquitrán unía las palabras a las cosas. Al amanecer del último día, justo antes de colocar el último ladrillo, a un palmo de tocar el cielo, los envolvió el silencio.


Top trending picture

Estas aguas hablan de arriesgadas travesías y de héroes audaces; de la ira de los dioses y de un hombre empeñado en regresar a su hogar. Ahora muchos han debido abandonar el suyo, convirtiéndose en protagonistas de una nueva odisea. El cruce es difícil y el horizonte parece muy lejano. Por dos mil euros es posible hacer el viaje. Él terminó boca abajo en una playa, cerca de un exclusivo resort. Parecía dormido, con la placidez de los niños cuando sueñan. Vestía una polera roja y pantalones azules. Aún tenía sus pequeñas zapatillas puestas. Una imagen vale por cien palabras.


***
 
Milton Puga

Rancagua, Chile, 25 de noviembre 1960.

Profesión: Diseñador Gráfico.

Oficio: Publicista.

Vocación: Lector que escribe.

Desde diciembre de 2011 reside en Temuco, en La Frontera del Reyno de Chile, donde asesora a empresas e instituciones en gestión de marca y comunicación estratégica.

Un libro publicado: Amanecer, Sudamericana, 2003; doce relatos de ficción.

Tiene la esperanza de publicar pronto otra docena de cuentos con el título Reverso.

Cultiva la microficción. 


ANTOLOGÍA DE MICRORRELATOS.CONVOCATORIA


 
Katsushika Hokusai


¡ATENCIÓN, MICROCUENTISTAS DEL MUNDO!

Se reciben microcuentos con el tema de «El sueño de la esposa del pescador», de Katsushika Hokusai. 

OBJETIVO: Creación de la antología digital de la Revista Brevilla que reunirá microrrelatos basados en «El sueño de la esposa del pescador», de Katsushika Hokusai.

CONDICIONES DE ENVÍO:

*Un (1) solo texto por persona, de 200 palabras como máximo.

*Envíos en doc. word a lilian.elphick@gmail.com o vía inbox FB, mismo formato.

*Mini bio autor/a de no más de 5 líneas.

*Texto y minibio en un solo archivo.

*No se aceptarán PDF ni fotos ni textos pegados en el cuerpo del mail.

*Se reciben textos en otros idiomas, con su correspondiente traducción al español.

*Los textos serán evaluados por el comité editorial de Brevilla.

*El incumplimiento de cualquiera de estas formalidades equivale a la descalificación automática.

FECHA TOPE: 20 DE DICIEMBRE.

Yayoi Kusama

«CAPILAR», DE LILIAN ELPHICK




Del libro Capilar, de pronta aparición:

Cinco
Juan y Laura. Así nos llamamos. Nuestros registros dicen otros nombres. Los padres no quisieron aventurarse en lo original y recordaron que la proclama es una familia muerta a balazos.
Crecimos en el mismo barrio; fuimos a la misma escuela. Tuvimos las mismas manchas de tinta en los dedos.
Atesoramos pistolas que fueron nuestras enamoradas.
Leímos Eloy, de Carlos Droguett.
Tuvimos toda la juventud por delante, y nos amamos bajo los álamos del invierno. Algún día, dijimos, todo esto va a cambiar, mientras la bencina escurría por nuestros cuerpos.
 Nos enterraron juntos, hueso contra hueso. 
***
Capilar, de Lilian Elphick. Ediciones Eutôpia, Santiago de Chile, 2018.

Nieves Pascual Soler: «Soplo de humo negro»

Zoizick Meister


CARIÑO

Cariño, esto. Cariño, lo otro. Cariño, lo de más allá, que si por arriba y para abajo. Y es que se había olvidado de mi nombre.


EL NÚMERO TRES

Se dijo que el tres era sagrado en Roma, Grecia, Asiria, Fenicia, Escandinavia, México, Perú, China y Japón, siendo su peculiar significado que es el primer número impar que contiene uno par, así que la tercera vez nunca falla. El hombre se convenció de que si no hacía todo por triplicado ocurrirían desgracias. Digamos que, por ejemplo, no cerraba la puerta del frigo tres veces. Entonces moriría electrocutado. Si no miraba bajo la cama tres veces antes de dormir nunca se despertaría. Si no se lavaba la cara tres veces cada mañana contraería una terrible enfermedad en la piel. Esta visión tridimensional de la vida consumía su existencia. Perdió el trabajo, pero había heredado una pequeña fortuna para cubrir sus caprichos. Se quedó sin amigos porque lo atrevidamente divertido deja de serlo al repetirlo.
Un día mientras desayunaba su tercer croissant en la cafetería de enfrente de su edificio vio a la nueva vecina entrar al portalón. Era guapa, más o menos de su edad. Enseguida salió, olvidadiza y confusa, pero volvió a entrar y de repente a salir. Le pareció al hombre que entró de nuevo y luego salió. Se enamoró y le pidió una cita. Ella, que también se encontraba muy sola, accedió y una noche él se decidió a besarla. Un beso, dos besos y cuando se disponía a un tercero, ella le detuvo las intenciones y le dijo que no más de dos.

ES LA COSTUMBRE

Perdió la cabeza por ella que la conserva, como le enseñó su madre, dentro de una urna antigua de cristal soplado con base de madera, sobre la repisa de la chimenea, junto a las otras.

PERFECCIÓN

Teníamos unos trabajos perfectos, una casa perfecta, unos vecinos perfectos, unos niños perfectos y el mismo divorcio habría sido perfecto si antes de salir a trabajar no me hubiera percatado de una mancha en la camisa de mi marido, a la altura del ombligo. Dorada, pequeña y redonda al igual que una moneda. La restregué con un paño húmedo, pero a su regreso había reaparecido. A la mañana siguiente en otra camisa limpia, y a la siguiente y a la otra recurría. No crecía, no cambiaba la forma ni mudaba el color. La misma mancha afeaba toda mi ropa. Cambié de marca de detergente. Usé un nuevo quitamanchas. Me deshice de las alfombras y aireé los armarios por si el problema fuera de humedad. Todo fue inútil, pero nos sentimos irresistiblemente atraídos y una noche dormimos juntos. La luz de la luna se filtraba por la ventana. Empecé a lamerle con perfección los ombligos. Primero uno, luego el otro. Él también me los lamía. El segundo ombligo nos rezumaba líquido como una tubería rota. 

SOPLO DE HUMO NEGRO

El Sr. Cuentista soñó que a las doce de la noche se le apareció la bruja frente a su escritorio en un soplo de humo negro. Estaba harta de ser bruja. Él, que se encontraba cansado y no de muy buen humor, le dijo que se evaporara. Ella insistió:
 -No quiero vivir para siempre.
 -Tu vida no está en mis manos. Es parte del inconsciente colectivo, le dijo él.
 -¿Qué he hecho yo para merecer esta desgracia? Algunas noches sueño que me muero y entonces encuentro algo de paz. ¿Podría al menos darme un nombre?
Él negó con la cabeza.
 -No lo esperan así los lectores y existes para ellos.
 -Pues un tratamiento en el spa para un fin de semana.
 -No digas tonterías y evapórate.
 -Solo si me concede un beso, le dijo ella mirándolo fijamente a los ojos, sin pestañear.
En contra de su voluntad, él se inclinó hacia la maligna bruja y le imprimió en su pérfida boca del infierno un beso. La bruja desapareció en otro soplo de humo, pero el Sr. Cuentista se olvidó de despertar.

***

Nieves Pascual Soler (Almería, España, 1966). Catedrática acreditada de Filología Inglesa. Enseña online para la Universidad de Jaén y la Universidad Internacional de Valencia. Ha publicado múltiples ensayos y libros de carácter académico. Autora de: A Critical Study of Female Culinary Detective Stories: Murder by Cookbook (2009), Hungering as Symbolic Language (2011) y Food and Masculinity in Contemporary Autobiographies (2018). Co-editora de: Rethinking Chicana/o Literature Through Food: Postnational Appetites (2013), Comidas bastardas. Gastronomía, Tradición e Identidad en América Latina (2013), Traces of Aging: Old Age and Memory in Contemporary Narrative (2016), Cartografía del limbo. Devenires literarios de La Habana a Buenos Aires (2017) y Pasión Caníbal (2018). Desde 2016 reside en los Estados Unidos.

HAIKUS DEL SUR DEL MUNDO II


 
Katsushika Hokusai


Por María Isabel Quintana



Suena el silencio
En cielo sin estrellas
El pueblo duerme

     - o –

Frente a la lluvia
Se bate en retirada
El arcoiris

     - o –

Hielo nocturno
Sobre la telaraña
Teje cristales

     - o –

Viento inclemente
Los árboles se inclinan
Con resignación

     - o –

Despeña el agua
Suicidio irrefrenable
De la cascada

     - o –

Quebranta el verde
Se visten de naranjo
Los arrayanes

     - o –

Al son del viento
Abandonan la tarde
Las hojas muertas

     - o –

Trucha arcoiris
En aguas cristalinas
Mira mi sombra





Sawako Utsumi


***

Maribel Quintana


María Isabel Quintana inicia sus actividades literarias en Coyhaique, Región Carlos Ibáñez del Campo. Columnista durante un año en el Suplemento literario Alhuén del diario El Divisadero de Coyhaique.

Obtiene la Beca de Escritores el año 1999. Ha sido antologada en Cuentos integrados de la región Patagónica y en Cien microcuentos chilenos, selección de Juan Armando Epple, 2002.
 
Ha publicado El último dinosaurio y otros cuentos, 2002; Con la muerte en la cartera, 2003, y Vivir en Puerto Aysén. Diario de Noemí Coyopae,2012, premio Escrituras de la Memoria, Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, 2010.

Reside en Viña del Mar, Chile.







LAURA ELISA VIZCAÍNO: ABISMO


 
Vasili Kandinsky


LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

Una mosca murió aplastada dentro de la libreta de un ingenioso que le encontró forma y sentido al bicho. Ahora, el diminuto cadáver es una hermosa estrella de color tostado en la obra de un autor.


HOJA EN BLANCO

Apoyé la pluma sobre el papel en espera de que las ideas brotaran. De pronto vi muchas letritas en mis dedos, subieron por mi brazo hasta rozar mi cuello, hacerme cosquillas detrás de la oreja y acurrucarse en mi cerebro. Con la piel erizada y sin moverme, esperé a que bajaran. Finalmente, a las tres de la mañana, vi resbalar unas cuantas letritas (todas ellas mayúsculas), hasta llegar al papel y formar la palabra RÍNDETE. Después subieron por mi brazo hasta rozar mi cuello, hacerme cosquillas detrás de la oreja y acurrucarse en mi cerebro.


ABISMO

El lápiz reposa junto a la hoja blanca y ambos se dirigen la vista con compasión. El tiempo transcurre y las miradas se agotan hasta cerrarse. Los dos permanecen sobre la mesa como cuerpos inmóviles. El autor, desde arriba, los observa aterrado.


PARODIA

A falta de espejo, un Relato cualquiera se miró en el Lector, descubriendo tras de sí una hilera de Quijotes tocando el infinito.


PROBLEMAS CON EL ESTAMBRE

La doncella Aracné abrió una Escuela de Tejido y Bordado. Entre millones de alumnas sólo una no pudo graduarse. La creían holgazana e irresponsable, incapaz de hacer la tarea completa. Sus compañeras se burlaban de ella y, como no le dirigían la palabra, nadie le preguntó por qué deshacía el tejido todas las noches.



INFLUENCIAS

Soñé que soñaba con un lugar común, en el que mi otro yo pretendía revelarme la verdad absoluta. De repente Borges me sacó del primer sueño, ahogándome con una almohada y gritando algo sobre los derechos de autor.
Cuando desperté por completo, fui directo a mi biblioteca y quemé todos los libros del envidioso.


EGOS

Es tan sólo mi sombra la que se hace grande con tus palabras de luz o la que empequeñece con tu noche de silencio. Es tan sólo mi sombra la que te anhela. Pero ¿quién se llaga? ¿Quién camina hasta tu casa? A las sombras no les salen lágrimas. La que se enfría en el abandono de la noche tan sólo es una.


ENTRADA POR SALIDA

Asomada a la ventana vi tu fragilidad de colibrí, tu hermoso cuerpecito verde y tus alas queriendo entrar. Mi codicia por tenerte fue aguda, empujé el cristal y me dejé ir. Entraste emocionado, mientras yo caía sin freno desde el último piso.


ASTERISCO

Me tachas, me crucificas y me convierto en estrella.



*

Laura Elisa Vizcaíno nació en la Ciudad de México en 1984. Es doctora en letras por la UNAM. Publicó el libro para niños El barco de los peces pirata (con Fernández Editores en 2014), el libro de microrrelatos CuCos (con Ficticia Editorial en 2015), Bienmesabes (con La tinta del silencio en 2017) y ha participado en una veintena de antologías de minificción. Sus estudios teóricos sobre narrativa breve han sido publicados en revistas arbitradas y libros colectivos. Colabora en www.senalc.com y es tallerista en www.ficticia.com