Necios mortales, por Audberto Trinidad Solís


 
José Guadalupe
 

TERQUEDAD


La mar no cesa de gritar su rumor mientras desgrana a la roca: dentro de algún tiempo no tendrá quien le escuche.


POR DELANTE


Nunca podemos impedirle el paso al cadáver.


SE ACABÓ


Muerto, ya no hay simulación: ni del cadáver ni de algunos vivos.


NECIOS MORTALES


Nunca damos razón al cadáver de que ya se quería ir.


COMPAÑERA


El muerto se lleva tan sólo su propia sombra.


AMOR IDEAL


Después amamos lo material: ofrendamos plegarias a lo que ya sólo es un montón de huesos.


INALCANZABLE


La gloria me espera en el cielo mientras yo la espero enterrado en el suelo.


AYUDA


Los borrachos, de perdidos, no le atinan nunca a la oquedad.
Otros cavan su tumba.


 

¡OH, APOLLINAIRE!


Si la humanidad muere, muere también Dios.


PROPIA SOPA

La consecuencia del proceder de los inquisidores fue reafirmar, hasta la actualidad, el postulado de su religión: ellos se pudren en el infierno, por los siglos de los siglos.


NOVEDAD


Cada vez que se anuncia la mejora de un producto, nos informan que se ha promovido, años atrás, lo peor del mismo.


BENDITO ESCLAVISTA

La idea, sin culpa alguna, es presa. El virtuoso la encadena a sí puesto que nació de sí. Cuando muestra al mundo la utilidad de ella...la libera.


LA PUBLICIDAD



La publicidad dice las bondades verídicas del producto: es desechable, como la misma publicidad.


***


Audberto Trinidad Solís


Licenciado en Pedagogía (Universidad Veracruzana). Coatzintla, Ver., México Miembro fundador del Taller Literario Xicotepec (2001). 4° lugar en el Concurso “Carta de amor” y reconocimiento en el 1er Concurso de Poesía Juvenil Libre, Poza Rica, Ver. (1997). Cuenta con curso de Guionismo para Radio y Televisión Educativa, ILCE. Participante en proyecto “Ciudad Mural Xicotepec“, del Colectivo Tomate (2014). Presea SETEPID 2015, Puebla, en el Ámbito Literario. Publicaciones en periódicos y revistas: “El Norte”, Poza Rica, Ver.; “Voces Magisteriales”, “Intolerancia”, “Magisterio, es tu voz”, “Expresión Magisterial”, La Gaceta “Letras de la Sierra”, de Puebla; en las revistas digitales “Conociendo mi México”, “Nocturnario”, “Minificción”, “Creamos”, “Primera Página”, “Poemas en red / Proyecto Tijuana Poética”, de Baja California Norte, además en “Xantolo.org Mapa Colaborativo”, del Programa de Desarrollo de la Huasteca ” ; en la Antología virtual de minificción mexicana; sección Literactúate, de la Escuela de Escritores “José Gorostiza “, Villahermosa, Tabasco . Publicó narrativa y poemas en la antología “Contraseñas”, del Taller Literario Xicotepec (2003). Autor de la plaquette “La mejor batalla”, 2004. Gusta por la lectura en voz alta. Radica en Xicotepec de Juárez, Pue. Preside el Taller Literario Xicotepec.
 

CRECIMIENTO PERSONAL Y OTROS NO CRECIMIENTOS


Por Saturnino Rodríguez Riverón


DEFINICIÓN

¿Una minificción? Un espermatozoide. No cualquiera; sino el
victorioso. El que penetra y fecunda.


SER MINÚSCULO

Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas, me sugirió Pessoa. Puse tanto empeño que no pasé de esta línea.


CONFERENCIA

El cuento estructura su cuerpo a partir de tres movimientos básicos:
El comienzo( o arranque); el final( o cierre); y la parte central o meollo ( algunos teóricos la comparan con el pollo del arroz con pollo). El elemento fundamental del cuento es el comienzo, el intermedio y el final. Un cuento es un cuento, y sin cuento no hay cuento.


INSURGENCIA DEL MINICUENTO

Este cuento terminó ayer. Si lo estás leyendo ahora, será que se rebeló y quiere perdurar en el tiempo. De pequeño se le notaba lo levantisco. Sin duda le dará por crecer. Quizá a la vuelta de unos años se haga un hombrecito.


EPISODIO 1

¿ Y cómo llamar a capítulo a un minicuento de apenas cinco líneas?


DOS EN UNO

Cuando Chuang Tzu despertó, la mariposa seguía allí.



EN TEORÍA

Un relato hiperbreve asistió al Congreso de Minificciones, y agradeció a los académicos presentes cuanto no habían hecho por su crecimiento personal.

 
RECETA OLVIDADA PARA ESCRIBIR MINICUENTOS

Preguntar a los cazadores de cabezas del Amazonas. Ellos saben cómo hacer para reducir la testarudez y que todavía parezca una cabeza.


CERCANÍA

El editor me solicitó cinco haikús para cerrar el libro. Me puse en guardia y rechacé la petición. Ya es bastante sospechoso que sólo escriba minicuentos. ¡Como si yo fuera poco escritor!


CERTAMEN LITERARIO

Detuvo los cronómetros por debajo de los nueve segundos. Los
organizadores del evento la calificaron como una ficción muy rápida.

AMOR VERTIGINOSO

NO dispongo de mucho tiempo -apostrofó la mujer-. Por favor, sea breve.

Entonces, él se vistió con prisa y no le hizo el amor, sino un microrrelato.


VESTIRSE DESPACIO

-¿En qué obra se halla enfrascado ahora?

-En un relato hiperbreve. Lo llevo bastante adelantado, hoy escribí la quinta palabra.



EXHIBICIONISTA

UN minicuento se despojó del sombrero, la ropa y los zapatos, y quedó en letras menores.
EL TREN

En las minificciones de dos líneas, el título actúa como locomotora, empujando. En las de una sola línea, son lógicos los descarrilamientos.


CUMPLIR QUINCE AÑOS

Cuando llega a la mayoría de edad, un minicuento que se respete siempre solicita vestirse de corto.


CERO COLESTEROL

Sin un gramo de grasa de más. Todo músculo, el minicuento se mantiene en la línea. O, por exceso, en varias líneas.


NÚCLEO FAMILIAR

Ficción rápida. Hiperbreves. Cuentículos. Relatos vertiginosos.
Literatura bonsái. Minificción. Textículos. Invención varia.
Minicuentos. Cuentos enanos. Cuentín. Microrrelatos. Fractales.
Nanocuentos. Liliputos. Eso sucede en las mejores familias.


FÁBULA ANÓNIMA

Hubo una vez un minicuento donde llovió tan intensa y prolongadamente, que se salió de cauce y se transformó en una novela caudalosa. El atribulado escritor, impotente de controlar el fenómeno atmosférico mediante las convenciones propias de la ficción narrativa, no halló más salida que lanzarse a las aguas turbulentas, en un arranque de
vergüenza profesional. Como no sabía nadar en aguas tan profundas y extensas, tragó tanta agua que las aguas volvieron a su nivel, y la narración otra vez se convirtió en un minicuento. Los estudiosos todavía indagan acerca del autor.


GAJES
-¡Quítate de eso, hijo! No haces un buen negocio.
-¿Por qué, pa? Si son como relámpagos: tajantes, rotundos. Navajazos
de luz. La quintaesencia de la literatura.
-Los poetas si acaso desayunan; los cuentistas almuerzan; los novelistas, cenan.
-¿Y yo,pa? ¿A mí qué me tocará?
-Escribiendo minicuentos, hijo, besarás arañas. Comerás papel. Si lo haces en ordenador, ni eso. Apenas si probarás bocado.


REBELIÓN

La novela, la novela corta, el cuento, creen que se trata de una carrera de velocidad. La minificción sabe que debe entrenarse para un evento de resistencia.


CERTAMEN LITERARIO


Exigían 600. El microrrelato contaba con 350. El divorcio sobrevino por incompatibilidad de caracteres.


CRISIS

Su economía de palabras también se fue a bolina.


LARGUEZA

Publicó sus Obras Completas en dieciocho líneas.



ATLETA

Saltó del cuento a la minificción. Se fracturó algunas cuartillas y varios párrafos.


SENTENCIA

Por cinco palabras lo condenaron a cadena perpetua. Nunca creyó que escribir valiera la pena.


MINI

Siempre contenido, frenando los caballos. Hasta que se lanzó a la carrera y no paró sino en el tomo veinticinco.
DE LA SALUD

Las buenas minificciones, padecen de por vida del síndrome de
crecimiento inmensurable sin ganancia de estatura física.


Estos textos pertenecen al libro Estimada Lucy, de Saturnino Rodríguez R., que será publicado prontamente por Letras Cubanas.


***

Saturnino Rodríguez Riverón. (Placetas, Cuba, 1958). Narrador y poeta. Ha obtenido premios y menciones en diversos concursos nacionales e internacionales. En 1999 obtiene el Premio Calendario Narrativa con el cuaderno Manuscritos en papel de cigarro ( Ed. Abril, 2001); publicó Cuentos de papel (Letras Cubanas, 2007)  y Muchas veces mucho (Letras Cubanas, 2013). Ha sido incluido en diferentes antologías, como: Cuentos cubanos contemporáneos. Palabra de sombra difícil (Ed. Letras Cubanas-Ed. Abril, 2001); Certamen Jara Carrillo, Premios 2003-2005, Vol. 8, Premios 2006-2007, Vol.9 (Alcantarilla, 2005, 2007); Karma sensual. Antología de relatos eróticos (El Taller del Poeta, Pontevedra, 2005); Con buenas palabras (Jirones de Azul, Sevilla, 2006), Bendito sea tu cuerpo (Ed. Olandina, Perú, 2008), Más allá de la medida (Museo de la palabra, 2010), Miradas y Letras en el camino de la lengua castellana (Camino de la lengua, 2010, 2011), entre otros.


Seis cuentos brevísimos de terror y descolocación, por José de la Colina



 
Thomas Barbey


Por José de la Colina

En la alta noche propicia a la duda, al insomnio, a la alucinación, cuando te miras al espejo y aburrido de encontrar el mismo rostro de siempre haces muecas para distraerte un poco, empiezas a asustarte pregúntándote quién es ese que aparece y te mira, y cuál de los dos, es decir Tú o el  Otro Tú, es el que verdaderamente existe, y después de decirte qué tontería sientes que va a arrebatarte el vértigo, y corres como un niño aterrado a tu habitación, te metes en la cama y te cubres la cabeza con la manta, y, sin poder dormir, te dedicas a temblar por toda la noche en espera de que llegue la quirúrgica luz de cuchillo del alba, porque te has dado cuenta de que allí, en el espejo ha aparecido un Tercer Tú que es un Tercer Otro, un inesperadamente aparecido de ojos irónicos.


El espejo de Narciso

En todas partes donde encontraba un espejo se detenía largo rato a contemplarse, pero su mala suerte quiso que un día hallase un espejo vampiro, en el que se miró tanto rato que su mismo reflejo lo fue sorbiendo, creando en el cristal una imagen cada vez más hermosa pero más evanescente, hasta que el espejo solo reflejó, y para siempre, una habitación vacía.

Inversión

El fantasma del caballero Ele, que por amor a la rapidez  y por mantenerse en forma había estado ejercitándose con éxito en hacer sesenta apariciones por segundo, descubrió un día, con horror, que había vuelto a ser el caballero Ele vivo.

La no recomendable magia del olvido.
—No existirás ya más para mí ni para nadie —dijo Luisa a Pedro—. Te olvidaré  tan intensamente que dejarás de existir.
Y lo olvidó tan intensamente que Pedro desapareció para siempre.
Pero, como Luisa ya era solamente un recuerdo de Pedro, a su vez desapareció del mundo.

Del fondo de la guitarra

El guitarrista desprevenido, mientras en las cuerdas sus dedos ejercían un bello dedear que lo tenía embelesado, se inclinó tanto hacia el negro agujero umbilical del instrumento que perdió el equilibrio y cayó allí como en un pozo. Y si al principio se asustó, luego poco a poco se halló a gusto, deleitado con la melodía que otro, ¿quién?, continuaba dedeando en la guitarra.

Una pasión en el desierto

El extenuado y sediento viajero perdido en el desierto vio que la hermosa mujer del oasis venía hacia él cargando un ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas.
-¡Por Alá -gritó-, dime que esto no es un espejismo!
-No -respondió la mujer, sonriendo-. El espejismo eres tú.
Y,en un parpadeo de la mujer, el hombre desapareció.

Marca La Ferrolesa

Al enterarse de la muerte del dictador Franco, el español Ramón Ramago, antifranquista exiliado por muchos años en México, corrió a su casa a celebrar el tan anhelado acontecimiento, llamó a la familia al comedor, abrazó a la mujer (Rosalía), a los hijos (Benitín y Encarnita), descorchó la botella de sidra y empezó a abrir con la llave la lata de sardinas de marca La Ferrolesa guardada también largo tiempo para aquella ocasión, y ya veía el aceite rezumar por los bordes, qué perfume salía, aroma de sardinas gallegas nada menos, las mejores del mundo, y la mujer y los críos cantaban, saltaban, palmoteaban, qué emoción ver  la tapa de hojalata enroscándose en torno a la llave. Y cuando la lata estaba a medio abrir la mujer y los críos gritaron, y Ramón no podía creer a sus ojos: lo que había allí dentro no eran sardinas,  sino una miniatura de hombre en uniforme militar de gala, con los tradicionales colores de la bandera española cruzándole el pecho ornamentado de medallas, con un espadín colgado de la faja y aquel rostro intolerablemente sabido que no podía ser sino el del mismísimo Caudillo Por La Gracia de Dios, la carita de un Franquito sonriente, guiñandole un ojito, y Ramón, pasando del espanto a la furia, tomó un tenedor para clavarlo en el monstruito, pero éste saltó de la lata, rebotó dos o tres veces en la mesa, cayó al suelo y echó a correr y la familia lo perseguía por toda la casa, pero se metía debajo de las camas, salía y saltaba y se colgaba de las bombillas de luz y de las cortinas, cantando con voz chillona: lero lero… aquí te espero… con la cuchara… del cocinero…







Microrrelatos de Mercedes Goiria




Explicación que dio Gengis Khan a sus jefes militares, que se mostraban curiosos porque siempre montaba el mismo caballo, contrariamente a la costumbre mongola:

El recinto  se elevaba cada vez más rápido.“Esto es un sueño. Controla el tuyo” repetía una  voz. Yo apartaba con el látigo  la materia brumosa nacida del dormir  de los demás. Conseguí  separarme de una figura encorvada, de una vieja llorosa, de un cadáver. Planta ocho, planta sesenta y cuatro, planta ciento veintiocho, recuerdo que escuché. La puerta  se abría y los soñantes iban saliendo,  unos más definidos que otros. De pronto hubo un caballo y salté sobre él. Planta mil veinticuatro, oí antes de salir a galope hacia la estepa. El caballo es veloz. Nunca he notado  que él o yo seamos un sueño.


Empatía

Sólo dos países, allá en los límites del imperio, seguían en guerra. El emperador deseaba acabarla, y temiendo que una paz impuesta resultara precaria,  envió mediadores con la misión de hacer comprender a cada bando las razones del contrario. Los emisarios explicaron a los combatientes la historia del pueblo enemigo, sus costumbres y creencias, los motivos para reclamar el territorio que disputaban. Contaron las matanzas, torturas y violaciones que habían sufrido, la destrucción de sus casas y cosechas. Sus argumentos fueron tan convincentes que, al acabar la tregua, los soldados intercambiaron bandos y lucharon con ferocidad renovada.


Cuento hasta cien y voy a buscaros

Juana era única jugando al escondite. Se le ocurrían mil maneras de ocultarse. Cuando  ya nos habían localizado  al resto, ella seguía quien sabe dónde. Entonces íbamos a buscarla entre todos. Pasaba de los recovecos de la casa, no los necesitaba. Le bastaba, por ejemplo, sentarse  en la butaca de la abuela, en su misma postura,  y resultaba indetectable. Podía integrarse en cualquiera de la casa, hasta en la cocinera que pesa el doble. Si estabas buscando por la cocina  notabas algo,pero ni de lejos podías  imaginar que era Juana  pelando cebollas. A veces, durante el juego, se escuchaba su risita, pero según ibas al sitio de donde provenía estaba ya sonando en otra parte. La última vez que jugamos fue increíble de verdad. Horas y horas de búsqueda y ella sin dar señales. Para descartar que se hubiera integrado en alguien, nos reunimos todos en un cuarto y hasta  pasamos lista.  Luego sacamos la ropa de los armarios, quitamos los cortinones, revolvimos los trastos del desván. Acabamos desmontando todos los muebles, y como si no. Esto fue el verano pasado. Algunos días  a mamá le parece que oye la risita de Juana  y nos pone a todos a buscarla. Le obedecemos para no entristecerla, pero pensamos que es el gato que a veces maúlla de forma rara.


Saltos 

Manuel  sube al escenario con las piernas temblando, un técnico le ajusta el micrófono y él empieza a hablar mirando al vacío. Ha olvidado los ensayos, las pausas, los   gestos.  Todo menos las  palabras, que  le salen  como si no fuera él. Alguien le hace una pregunta en  inglés. Él no procesa el significado.  Su jefe le repite la pregunta.  Silencio. Le hace la pregunta en español. Silencio. Empiezan los murmullos en la sala. Manuel grita: -¡Mamá!- Se apaga la luz. Los gritos de Manuel se mezclan con otras voces: ¿Qué dice? ¿Dónde hay un médico? Cuando sale de la oscuridad, está en brazos de su madre, con el pijama mojado de sudor. Ella dice ya pasó,  ya pasó. Él dice mamá yo era mayor y  hablaba en inglés. Ya lo sé contesta ella. Mece al niño en sus brazos y murmura ya está todo bien, ya pasó.
No puede mover un músculo,  pero  puede oír. Ha escuchado los llantos, los rezos en inglés, los preparativos. Lo último son las paladas de tierra sobre el ataúd. Manuel grita:  ¡Mamá!.  Cuando sale de la oscuridad  su madre le tiene en brazos, mejilla contra mejilla. Pobre pequeñito, susurra. Mamá, me estaban enterrando, solloza Manuel. Ya lo sé,  contesta ella. Yo te cuido, ya está todo bien.


El otro

Mi amigo invisible tiene otro amigo invisible que le gusta más que yo y todo el rato está hablando  de él, que juega  al futbol como Ronaldo y es muy  divertido y tiene un iphone que te mueres y más cosas guay. Yo no juego al futbol y no creo que sea divertido y tengo un móvil barato porque mis padres son pobres y por eso  voy vestido de mercadillo  pero digo yo que la amistad es más importante que todas esas cosas materiales, aunque ya me gustaría tenerlas. Y además  mi amigo invisible tampoco es nada extraordinario  aunque se cree muy gracioso y no es ni pizca de gracioso y  a veces me aburro con él como cuando empieza a hablarme de una operación por una enfermedad grave que tuvo de pequeño que yo creo que se la ha inventado, porque cada vez la operación es más grave y dura más tiempo,  y como me la sé de memoria me doy cuenta de las cosas que cambia, pero lo que de verdad me harta es lo del otro amigo. Me tiene muy harto  y si no para el rollo creo que  voy a acabar diciéndole que en realidad no existe. Y si él no existe digo yo que su amigo existirá todavía menos. A ver qué cara se le queda cuando se lo diga.   

***


Mercedes Goiria Telleria

Nací en Bilbao, España.  He trabajado casi toda mi vida como abogado de  multinacionales americanas (General Motors, AT&T, Lucent Technologies). Empecé a escribir hace seis años. Para mí ha sido descubrir un filón valioso, como un tesoro,  aunque me desespere cuando las comas no están en su sitio o las palabras  chirrían y no hay manera de arreglarlo. Ahora estoy preparando un libro de micros. Vivo en Madrid y hace dos años que tengo una casita con jardín, que es lo que siempre quise tener, y cultivo tomates, puerros, flores y demás.  Borges me ha parecido siempre el mejor escritor del universo. Me vuelvo loca con Alicia en el País de las Maravillas. Borges y Alicia mejoran con cada lectura. He publicado textos en varias antologías en México y en España y he sido premiada por la Universidad Autónoma de Madrid, el concurso de Terror de Sabadell y el Taller de Escritura de Clara Obligado. Finalista del premio IASA, con más de cinco mil participantes.


Táctica para salvar a una ballena, de Ricardo Bugarín


 
Ray Alley

TÁCTICA PARA SALVAR UNA BALLENA

Si se encuentra con una ballena triste, acérquesele con confianza, cuéntele una linda historia al oído y acaríciele el lomo. Si ve que comienza a los coletazos, quédese tranquilo, usted ha salvado una ballena y eso es una obra de bien.

La tristeza de una ballena es una tristeza inmensa.



HUELLAS EN LA BARRANCA

En la barranca han quedado las huellas. Esas huellas son de una estentórea evidencia. Da vergüenza el sólo verlas. Ellas también lo saben y van como retorciéndose, como queriéndose ocultar, como intentando decir aquí no ha pasado nada. En su ignorancia, las huellas, no saben que la barranca es muda. Yo tampoco diré nada. Que los demás opinen lo que quieran. Ya sabemos cómo son los pueblos, siempre se está en la búsqueda de que algo suceda.



VIOLENCIA DE GÉNERO

Después de diversas confrontaciones, nos pusimos de acuerdo. Hicimos nuestra versión libre del “Entremés del mancebo que casó con mujer brava”. Cuando cayó el telón, la crítica nos enrostró un proceso por violentar al género.



ADVERTENCIA

Jonás le andaba con ganas a la ballena y su mamá le decía: mirá Jonasito, esos bichos son muy traicioneros. Mucho gorgoritos por la cabeza, mucho vaivén con las olas, pero en cuanto más, zas, te dan un bocanazo. Y no agregó nada más porque, en cuanto se dio vuelta, Jonás ya no estaba.



CONSEJO PROFESIONAL

En el intersticio del oxo y el moxo hay una especie de elemento gelatinoso que si usted lo toma con cuidado y la extiende sobre una pantalla verá, con toda seguridad, la razón que ha dado origen a esa situación apremiante en que se encuentra. Observará que de un lado presenta como unas boquitas de calamares asustados pero si presta la debida atención podrá comprobar, como dice mi jefa, que es la viva presencia de nuestra santa patrona. Usted puede deducir lo que considere necesario explicar pero, por experiencia pública y privada, le sugiero que no se aparte de ese pequeño intersticio y cuando se  le consulte no deje de repetir que toda solución está en la buena avenencia del oxo y del moxo. Del elemento gelatinoso ni se recuerde, ni lo mencione. Lo van a volver loco a preguntas y eso puede complicarle mucho las cosas.



SEMIÓTICA DEL ENGAÑO

Insistente, bajaste el párpado izquierdo  cuatro veces, te tocaste, me hiciste cuquicuqui con los dedos y, obediente, marché hacia el fondo. Sacaste el arma y me despojaste de todo mi dinero. He avisado a la policía. Todavía espero.



LÁMPARA

Vi que el termómetro subía y que una especie de humito comenzó a salirle por detrás de la cabeza. Le ofrecí agua y me hizo señas que no. Le ofrecí ventilar la habitación y me hizo igual seña. Le sugerí llamar a alguien y dijo no. Cuando comenzó a reverdecer de transpiración volví a insistir con la necesidad de solicitar auxilio y se negó. Finalmente la desenchufé y la dejé ahí, aferrada a sus decisiones.

***



RICARDO ALBERTO BUGARÍN.(General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962). Escritor, investigador, promotor cultural.

Publicó “Bagaje”(poesía,1981). En microficciones ha publicado: “Bonsai en compota”(Macedonia, Buenos Aires, 2014), “Inés se turba sola”, (Macedonia, Buenos Aires, 2015) y “Benignas insanías” (Sherezade, Santiago de Chile, 2016).

Diversas publicaciones periódicas y revistas especializadas han publicado trabajos suyos tanto en Argentina como en Ecuador, España, Italia, USA, Venezuela, Chile, México, Colombia y Uruguay.

Textos de su libro “Bonsai en compota” han sido traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitiers (Francia).

Microrrelatos de Gabriel de Biurrun Baquedano

Juan Yanes


Línea de muertes y nacimientos

Hay una certeza enterrada en el límite mismo de la brevedad. El hoyo no es profundo, pero el terreno pedregoso lo mantiene oculto. Debe uno pisar con cuidado, sin arrastrar los pies, no sea que se descubra y la certeza lo agarre por la pantorrilla. En ese caso, que tampoco es tan terrible, basta con agacharse e ir retirando poco a poco los guijarros que la aprisionan, como quien libera con mimo la moneda que recién enterró en la playa para un hijo explorador.
Cuando la certeza comprenda que va a ser expuesta soltará su presa y se dejará extraer. Esta certeza vive fresca y útil a lo largo del camino que uno anda, mientras uno no pise otra certeza. En ese caso, la certeza vieja se desprende, como momificada, y yace quebradiza junto a la tumba de la que brota la nueva certeza que uno adopta. Así, el camino de la brevedad está sembrado de leves sepulturas profanadas, guardadas por los cadáveres de certezas previas. 

Cuerpos extraños

Estoy parado en la línea misma que los separa. A mi derecha, con un renqueante discurrir de norte a sur, fluyen los físicos abruptos. Entes cuyos orificios nasales parecen producto de un macabro juego de espejos, el sujeto de la cabeza extraña que no puede ser sino recipiente de forzados cubismos, bestias que son el resultado de apuestas divinas, de equilibrismos cromosómicos; multitudes con dedos aberrantes que señalan con requiebros aquí y allá, bellezas insondables que observan con ángulos insólitos desde sus irónicas bizquedades. Todos caminan o se arrastran a mi derecha, siguiendo el camino que la humanidad marcó para los cuerpos extraños.
A mi izquierda, sin embargo, en una densa secreción de masiva normalidad, brotan y corretean las perfectas formas, caderas de precisos cosenos, bíceps y trapecios, mentones y narices romanas pero poco. Un desfile de majorettes, un remolino de peces azules que vuelve pronto al caudal impuesto. La perfección marcando el compás con una armonía verde y roja de tan simple.
De vez en cuando, un fallo en el sistema, un pequeño temblor de pata de mesa hace saltar por el aire a varios individuos que caen en la mediana, donde la hierba descuidada alberga miles de caracoles de noches de lluvia. Y allí esta gente copula con una fiereza de ganas eternas, y de sus vientres salen los hijos que resbalan a lo que llamamos mundo.

Alimento

Igual que suenan quejosas las tripas del que todavía no ha almorzado, igual que quieren digerir el aire entre comidas, igual. Así suenan los ruidos en la noche de este campo abierto, con la vía del tren allí, en un dónde; con los árboles detrás, raspando unas gotas que habrán de caer al fin.
Devora el aire sus pequeños objetos, animales, gentes, que desaparecen, defecados en capas abstrusas de la tierra; que aparecen, a veces, medio digeridos en algún camino, muertos, heridos, mutilados o enfermos de un jugo gástrico de mundo, de un vivir.

Ser y dejar

Un día viene una mujer y le pregunta si es usted de ésos. Hay que contestar que no, obviamente. Tal vez ella se quede entonces más tranquila. O tal vez eche a correr y desaparezca. De lo acertado de una respuesta depende el viaje despavorido de una mujer, así como el detenerse –en el mismo tiempo– de un usted y una mujer que no ha huido. No es usted de ésos; al menos si quiere que ella se quede. Incluso siéndolo podría usted dejar de serlo en ese instante, siempre que tenga algún interés en que la mujer se quede. Así, la decisión de ser o dejar de ser, depende de la querencia por esta mujer, que podría, incluso, ser previa al hecho de ser, o al hecho de dejar de ser.
Por lo general trae menos problemas no ser.

***
Gabriel de Biurrun Baquedano (Pamplona, 1973) es biólogo y camarero. Sus microrrelatos han aparecido en antologías como Mar de pirañas (Menoscuarto) y De Antología (Talentura). Publicaba textos breves en su blog “Propílogo”, pero ahora tiene una tesis entre manos.


Comentario a "Dispara usted o disparo yo"


    
      Historias mínimas sobre asesinos, policías buenos y malos,
      disparos e intrigas con fondo de tiroteos y sirenas. 


Por Mariano Cuevas (Especial para Tardes Amarillas)
  
Antes que nada, desearía referirme a las antologías en general. En la actualidad, casi todos los días, en este infinito universo que es Internet se publican cientos de antologías. Antologías poéticas, antologías de microrrelato, en fin... No se puede mensurar con certitud la cantidad de compilaciones que se "suben" a la red cotidianamente. Sin dudas, uno de los ejercicios más frecuentes en los grupos que abundan en las redes sociales, es el de compilar antologías. De hecho, el sentido y la significancia actual de una antología ni siquiera se parece en su filosofía a las "antiguas" antologías que se publicaban hace no más de treinta o cuarenta años atrás.

Intentaré un brevísimo recorrido histórico. En sus comienzos, las antologías eran un "negocio" (por llamarle de alguna manera) de los editores. Raymond Chandler lo define muy bien en una carta dirigida a los editores de Sheridan House, fechada el 24 de noviembre de 1946. Allí dice: «...En general el negocio de la antología me produce un completo disgusto. Gente que no le ha dado nada al mundo en términos de escrituras (y nunca lo hará) presume de utilizar el trabajo de otros a precios nominales, y por Dios me refiero a precios nominales, para su propio beneficio y provecho y se justifican como compiladores o críticos o eruditos, en apoyo de lo cual escriben unas vomitivas pequeñas introducciones y se quedan sentados con una sonrisa indulgente y los bolsillos bien abiertos...»

El singular creador del antihéroe Philip Marlowe era un hombre desencantado, escéptico, alcohólico y solitario pero también un escritor genial como pocos y pienso que por estos tiempos en que, gracias a Internet, la velocidad de las comunicaciones o las características adquiridas por el negocio editorial, han proliferado, miles de antologías (virtuales, en papel, cooperativas y/o investigativas y algunas hasta de nombres rimbombantes) sus reflexiones resuenan con prístina claridad.

La segunda etapa llegó hace alrededor de veinte años y coincidió con la aparición de Internet, medio que facilitaba una mejor comunicación entre los aficionados a la literatura y permitió el nacimiento de una nueva filosofía de las antologías. En consonancia con el párrafo anterior, ya hace más de una década Antonio Cruz sostenía en el prólogo de una selección de microrrelatos en Santiago del Estero que, por estos tiempos de globalización, «Cualquier escritor,no importa sus cualidades literarias, puede integrar una antología con solo abonar determinado precio (generalmente abusivo) por cierto número de páginas y a cambio recibirá como retribución unos pocos ejemplares, mientras la editorial (usualmente poco conocida) vende por su cuenta un número mayor de copias de una obra que ya ha sido financiada por los propios autores, todo esto sin obviar aquellos casos en los cuales el compilador, de manera arbitraria, tiene la potestad de elegir a quienes incluirá en su recopilación.»

Pero en algún momento de esta historia, se produjo un quiebre y, si bien es cierto, todavía se siguen editando antologías según los preceptos más arriba descriptos, hizo su irrupción la antología puramente virtual o que comienza por ser virtual y termina repicándose en soporte papel y que responde a determinadas necesidades genéricas de lectoescritura (y cuando digo genéricas, me refiero en exclusiva a los géneros literarios como por ejemplo, la poesía y el microrrelato).


Habitualmente, esas compilaciones suelen ser más que nada con el objetivo de afianzar determinado género o grupos de escritores que se conforman en las redes sociales o algunas revistas electrónicas o páginas web y hasta editoriales independientes o quizás conjuntos de personas que manifiestan iguales intereses y, es menester decirlo, son de lectura absolutamente gratuita por lo que nunca representan un negocio sino una manera de hacer leer textos de autor y que los lectores, que abundan en la red, puedan acceder a su lectura de manera rápida y económica.

Hace pocos días vio la luz una antología de microrrelatos policiales, idea de la gente de Brevilla, revista on line sobre microliteratura (bien vale la pena visitar su sitio Web, que no es tan difícil de encontrar).


En su "Disparo final" (última página de la antología, valga la redundancia) dice Lilian Elphick: «El microrrelato crece: como género híbrido e indomable, como sistema contrahegemónico, como palabra subversiva. Forma fictiva mas no simple.»

Y no se autoelimina como la novela que, me atrevo a decir, está decayendo en su estructura épica. Frente a estos tiempos convulsos, violentos y fugaces el microrrelato, en el abanico literario, se construye día a día y en todo el mundo. Es una respuesta frente a la adversidad cotidiana, uno de los modos de negar los muros y de expandir la creación artística. La esencia libre de la palabra no puede ser silenciada.»


Lilian ha logrado formar una pandilla, un gang, una banda o una "familia" (como quieran llamarle ustedes) de apasionados del microrrelato y del género policial y, ayudada por sus cómplices, se ha dado a la tarea titánica de compilar una miríada de micros policiales en una antología imperdible que los autores intelectuales dieron en llamar "Dispara usted o disparo yo". Menuda cosa.

Los principales "caporegimes" de la familia, (ni siquiera Vito Corleone los hubiera elegido mejor), la argentina Patricia Nasello, el mexicano residente en Portugal, Sergio Astorga, el también mexicano José Manuel Ortiz Soto, Geraudí González Olivares de Venezuela, el peruano Beto Benza, Melanie Márquez de EE.UU. y el chileno radicado en Canadá Jorge Etcheverry, entre varios más que no ignoro pero ahora mismo no recuerdo sus nombres, han logrado reunir más de cien autores de minificción de quince países. No es poco. La antología, aunque lo que voy a decir es un tremendo "lugar común", merece ser leída y el tiempo que demande su lectura será una inversión en mayor conocimiento de este género tan amado y resistido al mismo tiempo.

Hay muchos "pezzonovantes" del microrrelato en lengua española, pero también los hay otros varios que son casi desconocidos para muchos de nosotros.

¿Hay más? Por supuesto que hay más... en el caso de aquellos países que hablan otras lenguas (inglés y portugués) los compiladores presentan los trabajos en una edición bilingüe lo que, sin duda, es un valor agregado que hace más valiosa la antología.

En síntesis, una iniciativa de inmenso valor para la minificción y dentro de ella, este subgrupo (por llamarle de alguna manera) relacionado en exclusiva con el relato policial. Quienes accedan a su lectura no habrán de arrepentirse de haberlo hecho y estoy absolutamente seguro de que los gestores que le dieron forma no podrán ocultar una sonrisa de satisfacción. Quedarán, indisolublemente unidos por ese feed-back que es el placer de escribir para que otros tengan el placer de leer.

PINCHA AQUÍ PARA LEER LA ANTOLOGÍA "DISPARA USTED O DISPARO YO"
 

Gran antología de microrrelatos policiales "Dispara usted o disparo yo"





"DISPARA USTED O DISPARO YO".PUEDES LEERLA AQUÍ  O AQUÍ.

REVISTA BREVILLA
 

Editora: Lilian Elphick

Comité Editorial: Lilian Elphick L.(Chile),Patricia Nasello (Argentina,Sergio Astorga(Portugal/México).


Compiladores/as: Patricia Nasello (Argentina), José Manuel Ortiz S. (México), Melanie Márquez A. (Estados Unidos), Geraudí González (Venezuela), Sergio Astorga (Portugal y Brasil), Jorge Etcheverry (Canadá), Solange Rodríguez P. (Ecuador), Alberto Sánchez Argüello (Nicaragua), Lilian Elphick (Chile/otros países), Pablo A. García M. (España), Alberto Benza (Perú).

Microrrelatos de Ingrid Córdova


 
Deanna Templeton


NÁYADET

Despierto agitada, de un manotazo saco el velo que cubre mi cabeza. En una bolsa de supermercado echo lo justo y preciso; mis sandalias favoritas, la bata roja -la blanca ya no me ajusta-, algo de maquillaje.
Sentado cerca de la ventana, acariciando las cuerdas, veo su silueta. La voz suena ronca cuando me dice:
–Sobre la mesa están las monedas para el trasporte. 
Las cojo y salgo, sin voltear a mirar. El sonido de una lira taciturna se pierde en el silencio de la madrugada, mientras camino a tranco rápido hacia el río.
Justo antes de embarcar, pienso que ya no necesito a ningún héroe que me salve del infierno.

EL BUEN SEÑOR 
                                         
El caballero de la casa es muy bueno con ella, su madre limpia los pisos brillantes del segundo piso y él la lleva al parque.
Subida en un columpio juega a tocar el cielo, con la punta de los pies. Sonríe feliz y tranquila.
De regreso a esa casa tan linda, grande, olorosita, con una piscina inmensa, donde el caballero la deja bañarse de vez en cuando, escucha a su madre lidiando con las ollas en la cocina.
Él la invita a jugar en el computador. La puerta del escritorio se cierra tras su espalda y la sonrisa se congela para siempre. 

PESTAÑAS POSTIZAS

Se mira atentamente al espejo, tratando de repasar cada detalle: el vestido que ajusta la cintura a la perfección, los largos guantes de seda, las tupidas pestañas que costó una hora colocar en su sitio.
Sale taconeando sin vergüenza alguna…al fin y al cabo, es la plata que gana cada noche la que sustenta los gastos. El pasillo es estrecho y Manuel, su padre, borracho como siempre obstaculiza el paso. Balbuceando incoherencias, lanza el escupitajo justo sobre sus rizadas pestañas.
Lentamente saca el guante derecho de su mano, cuidando de no ensuciarlo, lo pone en la cartera, cierra el puño y golpea con todas sus fuerzas. El cuerpo cae al suelo con estrépito…salta graciosamente sobre él  y se dirige a la puerta.
Su madre grita a su espalda:
–Hijo, hijo, ¿qué sucedió?  

NOSTALGIA

Mariana sale al patio el primer día nublado de la temporada. Lleva su pelo castaño cortado en una hermosa melena. La jornada anterior había decidido ir a la peluquería del barrio y deshacerse de una frondosa cabellera que solía atar en una “cola de caballo” o acomodar en un par de trenzas, prendidas con elásticos de colores.
Se sienta junto a la glorieta de madera, esperando que aparezca el sol y traiga con él la magia cotidiana que convierte ese rincón en un reino encantado, donde los árboles dan frutos dorados y el viento susurra melodías al oído.
Espera horas, inmóvil con el corazón impaciente, pero nada sucede. Dos lágrimas corren por su cara, cuando se despide para siempre de sus trenzas.


*
Ingrid Córdova Bustos, nacida en Santiago de Chile, profesora de Lenguaje y Literatura, Gestora Cultural y Poeta organizadora del Colectivo Poético “LA GUARIDA”.
Durante 25 años imparte clases Colegio Latinoamericano de Integración; establecimiento emblemático en Chile, vinculado al caso de los profesores secuestrados en Dictadura. Siempre interesada en hacer del arte, una forma de promoción de los valores humanos, desarrolla talleres literarios para jóvenes y adultos en diversas organizaciones del centro y periferia de la capital.
Ha sido publicada en diversos medios escritos y digitales del país y de Argentina. Su poesía recorre, básicamente, dos derroteros: poesía social y poesía erótica. Incursiona también en narrativa, a través de la crónica literaria y el relato breve.
En el 2016 publicó el poemario La Cueva de la Medusa, acompañado en su presentación de la performance “Corazones Rojos”. Hoy prepara la edición de sus poemarios: El Velo de la Catrina y Magma y de su libro de narrativa Crónicas de Ciudad.


Ernesto Ortega: "Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor"

Pierre Bonnard


Cuestión de tiempo
Cuando la vi por primera vez estaba tendida al sol, sobre la arena. Llevaba unas gafas oscuras y un bikini rojo, y bastaron un par de segundos para saber, sin ninguna duda, que quería pasar el resto de mi vida a su lado. Desde entonces, dedico todo mi tiempo a buscarla. Esta tarde la he encontrado. El sol ya comenzaba a ponerse en el horizonte y una brisa suave me acariciaba el rostro. Mientras corría hacia ella ha vuelto a suceder. La arena ha empezado a desaparecer bajo nuestros pies y nos hemos precipitado al vacío.
Durante un instante he logrado agarrar su mano. Luego, todo ha sido muy rápido. Una montaña de arena se nos ha venido encima y nos hemos soltado. Alguien ha debido de darle la vuelta al reloj. Ahora tendré que encontrarla de nuevo.

Adicciones
Ana solo tenía un defecto: siempre olía a tabaco. Todavía no había apagado un cigarrillo y ya tenía encendido el siguiente. En la mesa del salón, con la televisión de fondo, el cenicero se llenaba de colillas. Cada vez que le pedía que lo dejase, me contestaba con evasivas. Pero el amor también se consume y un día le obligué a elegir: o el Marlboro o yo.
Ahora, cada noche, antes de meterme en la cama, enciendo un cigarrillo. Cierro los ojos y doy una calada. Inspiro y la nicotina viaja a través de mi cuerpo hasta llegar a mis pulmones. Espiro y una nube de humo se extiende por la habitación y se difumina en la blancura del techo. Después apago la colilla y la luz. El olor trepa por las sábanas. Solo entonces consigo dormirme.

Colada
Coincidíamos muchas tardes tendiendo la colada. Las ventanas estaban tan próximas que nuestra ropa parecía confundirse y una ligera corriente de aire serpenteaba por el patio de luces, balanceando las cuerdas. Las mangas de mi camisa se estiraban hasta rozar su blusa, mis pantalones se agitaban intentando aproximarse a su falda y mis calzoncillos se mostraban desvergonzados delante de sus prendas más íntimas. Mientras yo tendía los calcetines y las sábanas del dormitorio, ella iba colgando la ropa de los niños, el mantel de cuadros del comedor… Poco a poco, las cuerdas se iban curvando por el peso, hasta que acabábamos de tender la ropa. Entonces cerrábamos las ventanas y volvíamos a nuestras vidas.

Echar raíces
Como mi novio no quería que nos fuésemos a vivir juntos, decidí plantarlo. Lo hice cuando llegó la primavera, en la parte de atrás del jardín, para que le diese el sol de la tarde. Cada mañana lo riego y le pongo música en la radio. De vez en cuando le podo la barba y los pelillos que le asoman por la nariz. Ya ha echado raíces. Ayer, por fin, le brotaron las primeras flores.

Empezar de cero
Dicen que todos tenemos un doble. Yo tropecé con el mío un mal día que había discutido con mi mujer y las acciones de la compañía habían bajado más de 30 puntos porcentuales. Entró en el metro tocando el acordeón. Llevaba una gorra de marinero y hacía días que no se había afeitado. Mi primer impulso fue ocultarme tras las páginas salmón del periódico para evitar que me viese. Lo observé durante un par de estaciones. Parecía feliz. Interpretó un par de melodías –tocaba bastante bien– y pasó la gorra por el vagón. Sonreía, deseando un buen día a todo el mundo, incluso a aquellos que no se dignaban siquiera a mirarle a la cara, pero apenas consiguió un par de monedas. Al pasar a mi lado, le eché un billete de 50 euros, le miré fijamente a los ojos y le dije: “¿Quieres ganarte unos cuantos como este?”.
Se afeitó y se cortó el pelo. Acordamos que me sustituiría los martes y jueves por la tarde en la empresa, los lunes y los miércoles se acostaría con mi amante, los viernes saldría a cenar con mi mujer y los domingos llevaría a mis hijos al cine. Reconozco que lo está haciendo bastante bien. Aprende rápido y, a cambio, le pago un buen sueldo. Mi mujer no sospecha nada, a los niños se les ve felices, mi amante está encantada y la empresa continúa en caída libre. Poco a poco empiezo a encargarle más tareas. Mientras tanto voy aprendiendo a tocar el acordeón.

Furtivos
Y un día prohibieron hacer el amor. Argumentaron que, como la reproducción de nuestra especie estaba totalmente garantizada por los avances científicos, ya no sería necesario ensuciar nuestros cuerpos con actos impuros. Al principio, desafiamos la ley y hacíamos el amor en privado, hasta que comenzó la represión.
Entraban de noche en las casas de todos los que éramos sospechosos de infringir el artículo 47.7, con la intención de sorprendernos in fraganti. Rompieron cristales. Derribaron puertas. Nos fotografiaban desnudos y nos sacaban a rastras de las habitaciones. Se nos acusó de pervertidos, de inmorales, de revolucionarios. Empezaron las delaciones y los interrogatorios, los procesos, las castraciones, las ablaciones. Pronto se prohibieron las caricias, los besos, las miradas. Para entonces muchos ya habíamos decidido huir de las ciudades y cada noche hacíamos el amor en los baños de los aeropuertos abandonados, en los coches de los desguaces, en las barcas encalla das de las playas, en los cobertizos de las granjas derruidas que encontramos de camino hasta aquí, donde todos vosotros habéis nacido, donde podréis seguir amándoos en libertad.

Llamadas
Hoy me ha vuelto a llamar nada más empezar el telediario, como suele hacer cada día desde hace cuatro o cinco meses. Habla sin parar, como si su boca estuviese llena de palabras. Me cuenta que se ha cortado el pelo, que ha estado lloviendo toda la tarde, que ha descubierto un bar donde sirven un café riquísimo. Yo me dejo acariciar por la cadencia de su acento y apenas intervengo, hasta que se despide, de súbito, alegando que tiene la cena en el fuego, sin que me atreva a decirle, esta vez tampoco, que se ha equivocado de número.

Vida desordenada
Son raros días. Confusos. Desordenados, vez tal. Creciste deprisa demasiado.
Porros y besos en los colegios de los coches, en los lavabos de los asientos traseros que conducían mayores chicos que tú. Roll y rock and sexo, drogas. Hoy que te haga reír te acuestas con cualquiera y amaneces que huelen a ambientador pensiones en. Solo que esperas día aparezca alguien un y te ayude a poner tu vida en orden.

*
Ernesto Ortega nace en Calahorra, La Rioja, cosecha del 71. De niño pasa mucho tiempo en la librería de sus padres y pronto aprende a hacer la O con un canuto. Se aficiona a las letras, hasta que le ponen los puntos sobre las íes y decide estudiar empresariales. Tras abrir un paréntesis en su vida, que todavía no ha cerrado, se traslada a Madrid, donde por h o por b, acaba trabajando como redactor publicitario.
Ha ganado varios concursos de relatos y microrrelatos y sus textos han aparecido en diferentes antologías, entre ella “Deantología” (Talentura-2013), “Desahuciados” (Traspiés-2014), “Fútbol en breve: Microrrelatos de jogo bonito” (Puertabierta Editores, 2014) y “Ballenas en hormigueros: Antología hispanoamericana de ficción” (Editorial ojo de pez, 2014). En 2012 publicó en solitario el libro de relatos La dictadura del amor (LCK15) y en 2016 “Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor”, con ilustraciones de Nacho Gallego (Talentura), al que pertenecen estos textos. Mantiene el blog http://latoalladelboxeador.blogspot.com