Denise Fresard: "Leyendas de Urukabú"



Anatoly Timoshkin



“Leyendas de Urukabú”



Fantasía Romana


Aquel hombre, que se coronaría como un héroe, noble y generoso, fue traicionado por el jefe de su ejército, el brazo derecho del rey, que era en realidad, el padre de su enemigo. Y aunque su enemigo mereciera la muerte por aspirar al poder con un afán tiránico, déspota y resentido, era también su hermano, hijo de su madre, la reina, en secreto con el jefe del ejército.


Fantasía Turca


La silueta de dos hombres con el cielo de fondo, ambos llevan turbante y babuchas, uno le clava al otro una cimitarra en la espalda. Caballos desbocados y banderas arrasan un poblado, el fuego consume todo. Vuelan loros multicolores y chillan monos. Cae un imperio.


Fantasía Celta


Cuando despertó el dragón de fuego, cegó al ejercito de la ciudad, abrazó todas las cruces de madera y derritió todo lo que hubiera sido hecho en la fragua: armaduras, espadas y yelmos, hasta las monedas de cuño. El metal corrió como sangre por las calles y selló todas las puertas y soldó las cerraduras, se obstruyeron los canales y se contaminó el agua. El rey se ahorcó en un mástil de marfil en la torre principal del castillo, esperando llegar al cielo. Los sobrevivientes corrieron aterrados y se tiraron al río huyendo del metal ardiente. Salieron desnudos, cien millas más al sur, atónitos y exhaustos.


Fantasía Española



Acamparon en los márgenes del poblado a vista de todos, con sus trajes de hierro y sus caballos. Muchos indígenas acompañaban la expedición. Se quedaron en el valle porque estaba poblado y constituía un centro cívico. Para controlar a quien se les acercara, se apostaron en una isla del río, de difícil acceso. Desde la cima, se tenía una excelente vista del valle y la cuenca del río. La plaza existía naturalmente. Los nativos nunca habrían podido imaginar qué significaba en realidad esa expedición. Era la tercera de los últimos años. Y ahora estaban allí: un hombre y una mujer, huyendo de una sociedad que insistía en separarlos, dispuestos a fundar una ciudad en nombre del Rey.

*

Denise Fresard


Escritora microcuentista. 
Chilena.Investigadora. Nació en 1964.
Libros publicados: “El país que huye”, “Antonio Quintana 1904-1972”, “Una re-visión al rostro de Chile”. Cuentos traducidos al alemán, inglés y francés. Investigadora, profesora y tallerista. 







Carlos de Oliveira

Rufino Tamayo



Posto de gasolina

Poiso la mão vagarosa no capô dos carros como se afagasse a crina dum cavalo. Vêm mortos de sede. Julgo que se perderam no deserto e o seu destino é apenas terem pressa. Neste emprego, ouço o ruido da engrenagem, o suave movimento do mundo a acelerar-se pouco a pouco. Quem sou eu, no entanto, que balança tenho para pesar sem erro a minha vida e os sonhos de quem passa? 

Puesto de gasolina

Ponía la mano con pereza en el capó de los coches como si acariciara la crin de un caballo. Me parece que se perdieron en el desierto y su destino es sólo tener prisa. En este trabajo, escucho el ruido del mecanismo, el suave movimiento del mundo acelerarse poco a poco. ¿Quién soy yo, entre tanto, que balanza tengo para pesar sin equivocarme con mi vida y en los sueños del que pasa?


Papel

Pego na folha de papel, onde o bolor do poema se infiltrou, levanto-a contra la luz, distingo a marca de água (uma ténue fugura emblemática) e dexo-a cair. Quse sem peso, embate na parede, hesitia, paira como as folhas das Árvores no outoño (o mesmo voo morto, vegetal) e poisa sobre a mesa para ser o vagoroso estrume doutro poema.


Papel

Tomo la hoja de papel, donde el moho del poema se ha infiltrado. A contraluz la levanto. Se distingue la marca de agua (una tenue figura emblemática) y la dejo caer. Casi sin peso bate en la pared, oscila, planea como las hojas de los árboles en el otoño (el mismo vuelo muerto, vegetal) y se posa en la mesa para ser el pausado abono de otro poema.



Dunas

Contar os grãos de areia destas dunas é meu ofício actual. Nunca julguei que fossem tão parecidos, na pequenez imponderável, na cintilação de sal e oiro que me desgasta os olhos. O inventor de jogos meu amigo veio encontrar-me quase cego. Etre a névoa radiosa da praia mal o conheci. Faluo com a exactidão de sempre:
“O que le falta é um microscópio. Arranje-o depressa, transforme os grãos imperceptíveis en grandes massas orográficas, em astros, e intale-se num deles. Analise os vales, as montanhas, aproveite a energia desse fulgor de vidrio esmigalhado para depois uma sombra confortavável e espere a que os astronautas o acordem”


Dunas

Contar los granos de arena de estas dunas es mi oficio actual. Nunca pensé que fueran tan parecida esa pequeñez imponderable, esa cintilación de sal y oro que me desgasta los ojos. El inventor de juegos, mi amigo, vino a encontrarme casi ciego. Lo conocí entre la bruma de la playa. Habló con la precisión de siempre:
“Lo que te falta es un microscópico. Consíguelo de prisa, transforma los granos imperceptibles en grandes masas orográficas, en astros y, instálate en uno de ellos. Examina los valles, las montañas, aprovecha la energía de ese fulgor de vidrio fraccionado para enviar a la tierra datos científicos seguros. Escoge después, una sombra confortable y espera a que los astronautas lo despierten".






Carlos de Oliveira, nacio el 10 Agosto 1921 (Brasil). Murió en 01 Julio 1981 (Lisboa) Hijo de migrantes portugueses, llegó a los dos años a Portugal. Estudió Letras en la Universidad de Coimbra. Escritor depurado y con una cadencia poética. Algunas de sus obras  Mãe Pobre [Mamá Pobre] (1945), Colheita Perdida [Cosecha Perdida(1948), Descida aos Infernos  [Caída a los Infiernos](1949), Terra de Harmonia [Tierra de Armonía (1950), Cantata (1960), Sobre o Lado Esquerdo [sobre el lado Izquierdo] (1968), Micropaisagem [Micropaisage] (1969).
Los textos que aparecen pertenecen al libro: Sobre el lado izquierdo.
Traducción de Sergio Astorga.

Microrrelatos de Leonardo Dolengiewich

Benton Murdoch Spruance



EL MOTIVO

Penélope rechazó sistemáticamente las propuestas amorosas de los pretendientes: ninguno de ellos logró hacerla gozar tanto como Ulises.



Y COLORÍN COLORADO

Una de las pocas cosas que le ponían algo de color a mi vida en estos últimos años era la relación que entablé con mi niño interior. A él le encanta que le lea en voz alta. Se involucra en las historias y las vive intensamente: corre detrás del conejo con Alicia, investiga crímenes con Sherlock Holmes, recorre el laberinto con Teseo. En sus periplos, a veces me produce dolores o me hace cosquillas.
Yo solía pasarla bien leyéndole pero desde hace un tiempo ya ni eso disfruto. Acabo de narrarle un cuento sobre niños caníbales.


VOLVER A SER FAMILIA

Mi hermana menor y yo caminamos por la playa. Vamos a encontrarnos con papá. Hace años que no lo vemos y la emoción nos ha puesto nerviosas. Pero nos damos aliento y seguimos. Ya lo divisamos. Está contemplando el ocaso junto con su novia y su hijita nueva.
Nos ponemos frente a sus narices y, mirándolo a él, comenzamos a cantarle una canción, como hacíamos de niñas. Papá se pone pálido. Para completar la sorpresa, mamá y mi hermana mayor se acercan por detrás de ellos tres y disparan, eliminando a las que sobran.


DESTINO CRUEL

La escritora y el cuentacuentos decidieron ponerle a su primera hija un nombre simbólico, que le señalara a la niña un camino. Pero Scherezade nació muda.


PRIMER ENCUENTRO

Tal como acordamos, nos encontramos en la esquina de Sargento Cabral y Alfonsina Storni. Yo tengo mis motivos para hacerlo, ella tendrá los suyos. Aunque es la primera vez que nos vemos cara a cara, casi no dudamos en reconocernos. Yo la identifico por la flor roja sobre la oreja derecha, la misma que usa en todas las fotos que ha subido a su Facebook. Nos damos un beso y le pregunto si está lista. Ella cierra los ojos a modo de afirmación. El semáforo da verde. Nos arrojamos juntos, tomados de la mano, bajo el primer colectivo que pasa.


DOLORES FANTASMA

Son terribles los dolores fantasma. Desde la amputación, cada día me duele, me pica, me arde tu cuerpo.





*

Leonardo Dolengiewich    

Naciò en 1986 en Mendoza, Argentina. Es escritor y estudiante de Psicología. 



Durante 2009 y 2010 coordinó un taller de creatividad literaria para adolescentes. Y desde principios de 2016 coordina un taller de cuento y microficción para adultos. 

Sus microficciones han sido publicadas en Argentina, Chile, Perú, México, España e Italia, tanto en antologías como en revistas literarias y sitios web especializados en el género. 

En 2015 publiquó "La buena cocina", su primer libro.



Diez recursos para lograr la brevedad en el microrrelato





Por Dolores M. Koch (†)

Universidad de la Ciudad de Nueva York, Estados Unidos

Al igual que la novela, que existió antes de que fuera definida, el relato muy breve de nuestros días se ha desviado de las formas tradicionales, como la viñeta o el poema en prosa. Igual que en la novela, en la minificción se han trillado nuevos rumbos antes de que existiera un mapa crítico. La distinción entre las variantes existentes y su nomenclatura constituyen las interrogantes mayores.
Hace veinte años comencé a estudiar una de estas variantes, la que denominé microrrelato (“El microrrelato en México: Torri, Arreola, Monterroso y Avilés Fabila”, Hispamérica 30 (1981): 123-130) para distinguirla de otra variante muy popular, el minicuento. El distinguido crítico Harold Bloom ha hecho una distinción semejante en su más reciente aporte, How to Read and Why(Simon & Schuster: New York, 2000) cuando opina que hay dos clases de cuentos: al estilo de Chejov y al estilo de Borges. Aunque se han publicado varios estudios sobre el minicuento, ninguno parece ofrecer razones convincentes que desmientan el hecho de que el minicuento se adhiere generalmente a las convenciones del cuento como lo definieran Poe, Quiroga y Cortázar, cuya extensión nunca ha sido realmente delimitada. Hay cuentos largos, medianos, cortos y, por lo tanto, también minicuentos. Debo aclarar que no todas las minificciones son minicuentos o microrrelatos. Hay otras formas, algunas intermedias, y hay microrrelatos y fragmentos relacionados, articulados en una obra mayor como en la novela fragmentada. Y aunque las minificciones sean muy breves, esto no significa que carezcan de envergadura A otras formas muy breves como, por ejemplo, el haikú, se les ha atribuido calidad literaria sin discusión.
Los diez recursos para lograr, la brevedad que vamos a ver en este trabajo aplican, sin exclusividad, al microrrelato, y utilizaremos microrrelatos muy breves para ilustrarlos. Y una última aclaración: ¿Cómo podría diferenciarse el microrrelato del minicuento? En el minicuento los hechos narrados, más o menos realistas, llegan a una situación que se resuelve por medio de un acontecimiento o acción concreta. Por el contrario, el verdadero desenlace del microrrelato no se basa en una acción sino en una idea, un pensamiento. Esto es, el desenlace de un minicuento depende de algo que ocurre en el mundo narrativo, mientras que en el microrrelato el desenlace depende de algo que se le ocurre al autor. Esta distinción no es siempre fácil. Otra característica esencial del microrrelato es la fusión de géneros. Algunos elementos narrativos lo acercan al cuento convencional, pero el microrrelato se aleja de los parámetros del cuento y del minicuento porque participa de algunas de las características del ensayo y del poema en prosa.
Veamos el final de un microrrelato de Juan José Arreola:

Apuntes de un rencoroso

...todavía hoy puedo decirle: te conozco. Te conozco y te amo. Amo el fondo verdinoso de tu alma. En él sé hallar mil
cosas pequeñas y turbias que de pronto resplandecen en mi espíritu.
(Prosodia, en Bestiario, 1972, 120-121.)

Como vemos, en el desenlace de este microrrelato no ocurre nada que dé fin al relato. Lo que  sucede es que al yo narrativo se le ocurre algo; esto es, que el desenlace descansa en una idea explicita o sobreentendida: Una meditación, una paradoja, una desproporción, un golpe de ingenio, o una epifanía, para usar el concepto de James Joyce, o una entelequia, si nos apropiamos uno de Miguel de Unamuno. Y en cuanto a la fusión de géneros, vemos que este microrrelato combina, en distintas proporciones, el lenguaje esmerado del poema en prosa, el tono a veces confesional o meditativo del ensayo, y un elemento narrativo, ficcional, propio del cuento.
En este pequeño manual práctico veremos diez recursos ingeniosos utilizados en el microrrelato para lograr la brevedad.

Recurso # 1. Utilizar personajes ya conocidos, esto le permite al autor abreviar, pues no tiene que describir ni contexto ni personajes: pueden ser bíblicos, históricos, legendarios, mitológicos, literarios, o de la cultura popular. El elemento narrativo se hace además evidente en este ejemplo, de Ana María Shua:

La ubicuidad de las manzanas

La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la
cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca
llega a formularse la ley de la gravedad.

(Latinoamérica fantástica, Augusto Uribe, ed., 1985, 194.)

Ana María Shua utiliza a Guillermo Tell, legendario-literario; Newton, histórico; y Eva, bíblico. El mismo microrrelato pudiera servir para introducir el próximo recurso.

Recurso # 2. Incluir en el título elementos propios de la narración que no aparecen en el texto del relato.
En “La ubicuidad de las manzanas”, el título es la razón y gracia del relato, esto es su resolución. Otro ejemplo, esta vez de Marco Denevi, se titula:

Justificación de la mujer de Putifar

¡Qué destino: Putifar eunuco, y José casto!
(Falsificaciones, 48.)

El título nos da parte de la información indispensable, y a veces nos obliga a volver a él al final. Nótese que también se recurre al Recurso # 1 al utilizar personajes bíblicos que no requieren explicación (Putifar y José).
Luisa Valenzuela lleva traviesamente este recurso al extremo con un largo título en el que incluye gran parte de la narración:

El sabor de una medialuna a las nueve de la mañana en un viejo café de barrio donde a los 97 años Rodolfo Mondolfo todavía se reúne con sus amigos los miércoles por la tarde
—Que bueno.
(Aquí pasan cosas raras, 91.)

Vale notar que Valenzuela se vale también de los signos ortográficos para añadirle significado a sus breves palabras La exclamación “que bueno” llega con tan poco entusiasmo que le suprime los signos de admiración y deja la palabra “que” sin acento.

Recurso # 3. Proporcionar el título en otro idioma. Para lograr mayor brevedad, pueden añadírsele también otras funciones al título, como por ejemplo, ubicar rápidamente al lector en otro tiempo o lugar determinado. Así tenemos “Veritas odium parit”, de Marco Denevi:

Traedme el caballo más veloz —pidió el hombre honrado—, acabo de decirle la verdad al rey.
(Falsificaciones,1977, 70.)

El título en latín sugiere un contexto antiguo, medieval. Jorge Luis Borges utiliza un título en inglés con otro propósito. En “An unending gift” (Obras completas,984) ubica geográficamente al lector en el mundo anglosajón, y con el título en italiano “Inferno, I, 32” (Obras completas,807) lo transporta a la Italia de Dante. Monterroso utiliza un título en latín con otra intención. Según el, la fábula de la gallina, o en este caso gallo, de los huevos de oro resultaba “tan vulgar que necesitaba estar revestida de un tono absolutamente severo” (Viaje al centro de la fábula,26) y le dio el título de “Gallus aureorum ovorum”. Marco Denevi usa este recurso con frecuencia. Veamos su “Curriculum Vitae”:

A menudo un dictador es un revolucionario que hizo carrera. A menudo un revolucionario es un burgués que no la hizo.

Denevi también usa el latín para evitar el lengua vulgar y titula otro de sus microrrelatos “Post coitum non omnia animal triste”, que además da la clave del relato.

Recurso # 4. Tener por desenlace rápido un coloquialismo inesperado o una palabra soez.
Ayuda a la concisión hablar sin ambages, y esto puede tener un efecto humorístico. En el microrrelato titulado “La trama”, Jorge Luis Borges comenta que “Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías”, y después de recordar la famosa interpelación de Julio César a Bruto, “Tú también, hijo mío”, su personaje, un gaucho agredido por su sobrino, exclama “¡Pero, che!” (Obras completas,793).
Augusto Monterroso cuenta que cuando su Pigmalión se cansaba de sus Galateas, les daba una patada en... “salva sea la parte” (La oveja negra,1983, 56). Crear el desfasaje es el golpe de gracia que le sirve de desenlace.

Recurso # 5. Hacer uso de la elipsis. Desde luego, se logra mayor brevedad si no se dice todo.
Un lector activo se da por entendido. En ese caso, la expresión del desenlace o epifanía no necesita ser explícita. De Julio Torri, gran pionero del microrrelato, sacamos de un relato breve el siguiente ejemplo:

Desde que se han multiplicado los automóviles por nuestras calles, he perdido, la admiración con que veía, antes a los
toreros y la he reservado para los aficionados a la bicicleta. (Tres libros,1964, 111.)

Hacer uso de la elipsis requiere también un golpe de ingenio. Veamos el texto íntegro de “Cláusula III”, de Juan José Arreola, que dice así:

Soy un Adán que sueña con el paraíso, pero siempre me despierto con las costillas intactas. (Bestiario,1972.)

Como puede apreciarse, el lector tiene que hacer uso de conocimientos previos, pero no queda duda en cuanto al significado. Uno de los más ingeniosos es “Fecundidad”, de Augusto Monterroso:

Hoy me siento bien, un Balzac: estoy terminando esta línea.
(La oveja negra,1969, 61.)

A veces la elipsis es de tal apertura, que requiere un golpe de ingenio de parte del lector para encontrar la conexión, como en un cuadro surrealista de Magritte. De Julio Cortázar es el siguiente ejemplo:

Tortugas y cronopios

Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural.
Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Las famas lo saben, y se burlan.
Los cronopios lo saben, y cada vez que se encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina.(Elementos para una teoría del minicuento, Nana Rodríguez Romero, 1996, 99.)

La elipsis permite inferir poéticamente la razón de ser del relato sin necesidad de expresarlo. Veamos este microrrelato de Luis Britto García:

La canción

Al borde del desierto en el ribazo, y con la lanza clavada en la arena, mientras yo estaba sobre la muchacha, ella dijo una canción que pasó a mi boca y supe que venía desde la primera boca que había dicho una canción ante el rostro del tiempo para que llegara hasta mí y yo la clavara en otras bocas para que llegara hasta la última que diría una canción ante el rostro del tiempo. (Cuentistas hispano-americanos en la Sorbona, Gilberto de León, ed., 1982, 77.)

Desde luego, el relato más elíptico e interactivo, el más recordado por todos, y quizá por eso algo sobrevaluado literariamente, es “El dinosaurio”, de Augusto Monterroso:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. (Obras completas, 1972, 75.)

Recurso # 6. Utilizar un lenguaje cincelado, escueto, a veces bisémico palabra certera. Éste es uno de los recursos más obvios para lograr la brevedad, y uno de los más difíciles. Jorge Luis Borges ha impactado nuestra literatura, para bien o para mal, con su lenguaje certero y juegos de palabras. Gabriel Jiménez Emán nos proporciona un microrrelato humorístico:

El hombre invisible

Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello. (Los dientes de Raquel, 141.)

Algunos son tan concisos que corren de boca en boca como un chiste. Veamos “Toque de queda”, de Omar Lara:

—Quédate —le dije. Y la toqué.(Brevísima relación. Nueva antología del microcuento hispanoamericano, Juan Armando Epple, ed., 1990, 51.)

Recurso # 7. Utilización de un formato inesperado para elementos familiares. Esta estrategia narrativa ubica el texto sin preámbulos dentro de un código o contexto sorpresivo o en desuso.
Se dice que Ambrose Bierce, nacido en Ohio, Estados Unidos en 1842, y precursor en inglés del microrelato, ha influido en la obra de Jorge Luis Borges. Bierce utilizó con éxito el formato de diccionario. Ésta es, por ejemplo, su definición de “Violín”:

Instrumento para regalo del oído humano creado por la fricción entre la cola de un caballo y las tripas de un gato.
(The Devil’s Dictionary of Ambrose Bierce,1958, 24.)

El formato más popular utilizado en este recurso es el bestiario medieval. Borges nos habló de seres imaginarios y de zoología fantástica, y Arreola de animales con rasgos humanos. Monterroso añade un elemento de crítica social. Este recurso ayuda a lograr la brevedad porque, a decir de Monterroso, “nunca describo un animal, pues todos los que aparecen en mis fábulas son enteramente familiares” (Viaje al centro de la fábula,1982, 147). Arreola por su parte combina la gracia de expresión con una inocencia adánica que parece contemplar el mundo por vez primera.
En “Felinos”, por ejemplo, razona la inferioridad del león, debida a que como tiene melena, no se ve obligado a cazar la presa que se come. Termina diciendo que:
Si no domesticamos a todos los felinos fue exclusivamente por razones de tamaño, utilidad y costo de mantenimiento.
Nos hemos conformado con el gato, que come poco.
(Bestiario, 1972, 20.)
Recurso # 8. Utilizar formatos extra-literarios. En general, éstos sirven para mantener el texto breve cuando se quiere poner en evidencia lo absurdo de algunos conceptos comunes. Marco Denevi, en este ejemplo, se burla del clásico silogismo A = B y B = C, A = C. Veamos “Catequesis”:

—El hombre —enseñó el Maestro— es un ser débil.
—Ser débil —propagó el apóstol— es ser un cómplice.
—Ser cómplice —sentenció el Gran Inquisidor— es ser un criminal. (Falsificaciones,104.)

Se utilizan también con éxito formatos o códigos de los medios de comunicación en masa.
Juan José Arreola, por ejemplo, usa el anuncio clasificado y el boletín de noticias. De L’Osservatore (Prosodia,89) es un simple anuncio clasificado de la pérdida de unas llaves. La gracia es que el personaje es San Pedro, y el objeto perdido, desde luego, son las llaves del cielo. Veamos también otro.

Cláusula IV

Boletín de última hora: En la lucha con el ángel, he perdido por indecisión. (Cantos de mal dolor,1972, 66.)

En este microrrelato Arreola pone en juego inesperadamente una frase hecha del código lingüístico del boxeo, “perder por decisión”.

Recurso # 9. Parodiar textos o contextos familiares. Con este recurso se puede lograr la brevedad cuando se quiere hacer un contraste humorístico u ofrecer nuevas perspectivas ante un pensar anquilosado. Se re-escribe la historia o algún pasaje bíblico. Se parodian dichos populares, frases hechas, situaciones o leyendas conocidas. Para lograrlo, el escritor se vale de la paradoja, la ironía o la sátira. Veamos un ingenioso juego de perspectivismo de René Avilés Fabila:

Apuntes para ser leídos por los lobos

El lobo, aparte de su orgullosa altivez, es inteligente, un ser sensible y hermoso con mala fama... Trata de sobrevivir. Y observa al humano: le parece abominable, lleno de maldad, cruel; tanto así que suele utilizar proverbios tales como: “Está oscuro como boca de hombre”, para señalar algún peligro nocturno, o “el lobo es el hombre del lobo”, cuando este animal llega a ciertos excesos de fiereza semejante a la humana. (Los oficios perdidos,1985, 56.)

Veamos también, de Marco Denevi, una parodia moderna de un cuento muy viejo. El contexto ya está dado y el escritor no tiene que describir la situación ni los personajes.

La bella durmiente del bosque y el príncipe

La Bella Durmiente cierra los ojos pero no duerme. Está esperando al príncipe. Y cuando lo oye acercarse, simula un sueño todavía más profundo. Nadie se lo ha dicho, pero ella lo sabe. Sabe que ningún príncipe pasa junto a una mujer que tenga los ojos bien abiertos. (Antología precoz,1973, 215.)

Y por último:

Recurso # 10. Hacer uso de la intertextualidad literaria. En un diálogo de libros universal, usualmente se rinde homenaje a escritores del pasado. Monterroso nos ofrece un excelente ejemplo.

La cucaracha soñadora

Era una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha.(Viaje al centro de la fábula,1982, 49.)

La literatura se hace de literatura, como muchos han dicho, y en este caso, el microrrelato parece rendir homenaje no sólo a Kafka, sino también a Jorge Luis Borges, quien a su vez rindió homenaje, desde otro continente, a un poeta chino al decir que “hace unos veinticuatro siglos, soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser hombre” (Obras completas,768).
Como hemos visto en estos ejemplos, los recursos para lograr la brevedad en el microrrelato pueden resultar casi más importantes que la brevedad misma. En resumen, “Lo que importa, entonces, no es su carácter escueto, sino la eficacia de su síntesis”, apunta el escritor venezolano Gabriel Jiménez Emán, en Ficción mínima: Muestra del cuento breve en América,(Fundarte: México, 1996, 9), quien en un microrrelato titulado “La brevedad”, comenta:

Me convenzo ahora de que la brevedad es una entelequia cuando leo una línea y me parece más larga que mi propia vida, y cuando después leo una novela y me parece más breve que la muerte. (Los dientes de Raquel,1993, 167.)


En: El cuento en red. Junio de 2000.


Dolores Koch

Microrrelatos de Miguel Ángel Molina

Anatoly Timoshkin


HAMBRE


Después de muchas horas, con tocino y un chusco de pan, dos naranjas son su merienda-cena. Antonio cree que son mandarinas pero su madre asegura que son naranjas. La guerra continúa y con ella el racionamiento, la miseria y el hambre. Cuando está a punto de llorar, por el dolor que le corroe el estómago, oye unos pasos. Al volverse ve a Lucio, con el abdomen hinchado y los ojos como platos, recogiendo las cáscaras que casi sin pasar por sus manos devora con ansia. Entonces es cuando, tras mirar la naranja que aún le queda, rompe a llorar.


MUSAS FAMILIARES

Todas las mañanas sale a la calle buscando historias inspiradoras. Primero visita el bar de su amante y escucha las conversaciones de los otros clientes. Después sube al metro y observa el comportamiento del resto de viajeros. Para acabar se acerca a la oficina del Inem y escruta la desesperación de los que allí aguardan. Casi todos los días regresa hastiado, sin ideas aprovechables para sus microrrelatos. Mientras tanto su hija de quince años chatea con un cincuentón; su hijo esnifa unas rayas para salir de fiesta, y su mujer aliña la comida entre lingotazos de anís y antidepresivos.


EL MAESTRO

Tenía veinticinco años y en su pelo abundaban las canas provocadas por una mezcla de dolor, hambre y desesperación. Llevaba solo dos meses en la cárcel pero ya había comprendido que a pesar de lo que dijeran los noticieros, la guerra no había terminado. Nunca había disparado a nadie, ni había delatado a sus adversarios; su delito fue intentar enseñar algo más que rezos e himnos patrióticos. Dicen que una noche se lo llevaron y que nunca más se supo de él, pero es mentira. Aún hoy sus palabras y sus versos siguen retumbando por las callejuelas del pueblo.


SIN CONEXIÓN


Acabó de cenar, y nada más sentarse en el sofá comenzó todo. Primero falló la conexión a Internet y después la pantalla de su portátil se quedó negra. Quiso encender la televisión pero las pilas del mando habían dicho basta. Repasó los libros de su biblioteca y comprobó que ya los había leído todos. Se fue al dormitorio y buscó como un poseso la radio pero no apareció. Fue entonces cuando le entró el pánico. ¿Qué haría ahora? Entró aterrado al salón, se sentó y con una voz apenas audible dijo: ¿Qué tal te ha ido el día cariño?


*


Miguel Ángel Molina


Nació en Madrid, aunque actualmente reside en Leganés. Se licenció en Química y se dedico a la enseñanza. Los números, las fórmulas y las reacciones químicas son las que le dan de comer, pero hace unos años descubrió su afición por la escritura y los microrrelatos, y desde entonces no ha parado. Además de su blog “En 99 palabras”, algunos de sus textos han aparecido publicados en revistas literarias, y otros en antologías colectivas, la última de ellas “De antología (la logia del microrrelato)” publicada por la editorial Talentura. En mayo de 2016 ha publicado con la editorial Baile del Sol, su primer libro, titulado: 99x99 (microrrelatos a medida)
 
 

Microrrelatos de Norah Scarpa F.

Joan Miró


Primera incisión

Hundió el filo con minuciosidad tortuosa y se fue dibujando así el mapa del mundo.



Sistema


Y llegaron los hunos. Y dejaron tierra arrasada.

Y quedó Atila multiplicado por miles.



Pequeña fábula sin importancia


El gato persa, rechoncho y peludo, nunca llena su estómago. Reclama porque todo lo que va a su plato le resulta insuficiente. Reclama si acaso algún ratoncito mordisquea una cascarita de su pan. Los ratones, sometidos pero solidarios, arriman lo que tienen a su alcance, privándose del propio alimento. Cada vez engorda más el gato, y cada vez enflaquecen más los ratones.

El gato sabe convencerlos de que así, son todos felices.



Génesis

Y Dios creó a la mujer. Y la puso en los jardines del paraíso que había sembrado de leves tréboles y desafiantes orquídeas, y los jaguares se acercaban a lamer sus pies mientras se solazaba en lagunas de agua tibia.

Un día el Señor de todo lo creado vio un dejo de tristeza en sus ojos y se dijo: “No es bueno que la mujer esté sola”. Y dio forma a un nuevo ser para que le hiciera compañía. Sumido en esta labor, travieso, tomó de los cromosomas de la mujer un puñado de sus miles de genes y los agregó al nuevo cromosoma y, recién imaginado.

No es dable conjeturar si lo que se inició, fue a sabiendas.


Aldonza


La fama que le acarreó el libro de aquel viejo loco que una vez la galanteó le valió unos cuantos pretendientes, todos escritores.



Amo los caballos

Era el caballo de fuego. El cuello potente, la cabeza erguida, crines al viento; las patas nerviosas sacando estrellas los cascos, pura noche los ojos destellantes, ancha la grupa y el pecho negro. Tenía, además, un nombre que no podía haber sido otro: el Imperial. Seguramente ese flaco caballito blanco, casi angélico, no podría competir con él. Dieron la señal de largada. Galoparon uno junto al otro durante un largo rato. Casi me parecía oír el resoplar de los belfos espumosos en la carrera, que a poco fue disminuyendo en velocidad hasta que el carrusel al fin paró con el tilín tilín de la musiquita.



La llave


Cierro la puerta y comienzan los rumores. Ya estoy acostumbrada a ellos. Al principio me detenía a escuchar ese bisbiseo creciente de palabras truncas, sobrepuestas, siempre en el mismo tono de voz. A veces alcanzaba a desbrozar algunas voces: Romeo reclamando amores a Julieta, Antígona airada, Paolo y Francesca amándose en el infierno.

Ahora giro la llave de la biblioteca y vuelvo a mí.

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Norah Scarpa Filsinger, exdocente, argentina, vive en Tucumán. Publicó Hojas al tiempo, poesía, 2010; Cuentas de maíz, 2009; Incisiones mínimas, 2011 y La vida y otras inquisiciones, 2014, microficciones. Integró el grupo de dramaturgos de Arte en voz y Dramaturgos Asociados. Obtuvo diversas distinciones entre ellas en el Concurso de Textos Teatrales 2001 auspiciado por el Instituto Nacional del Teatro, I Premio con puesta y publicación por su obra Estación sin rosas y en el Concurso Iberoamericano de Poesía de SADE Córdoba 1999. Jurado en certámenes de cuentos, teatro y títeres de objetos, sus textos fueron incluidos en antologías regionales, nacionales y extranjeras.