Microrrelatos de Virginia Vidal

Van Gogh

Gotas de tinta y palabreos. Parvos relatos, de Virginia Vidal

Lavado de lana


Deshice el relleno de mi almohada y lo metí a la lavaza; pronto estuvo espesa y oscura. Amores secos, falsas ilusiones y sueños rancios estaban enredados en la lana. El enjuague diluyó la salazón de algunas lágrimas y se llevó los últimos residuos de pesadillas, tribulaciones y desvelos. Ahora estoy escarmenando los copos blancos y esponjosos; reluce uno color negro rebeldía. Las motas dejan escapar ecos de tus susurros, rebotes de tu risa; algunos nudos empecinados no sueltan tus confidencias.


Inversiones


Confirman las ratas: todo escribidor es impío. Dan fe de su inexorable devoción leyéndole la última galerada. La corrigen a su amaño; le bordan y tejen puntos. Eliminan un acento aquí; cambian una uve acá, una ese acullá. Más ciega que la fe del carbonero, la de ratas caga ruta y colma paciencia del impenitente escriba. Al fin, en delirio místico abren las jaulas de los gazapos, los echan a correr; éstos, victoriosos, se vuelven fervientes acólitos y ratifican su FE DE RATAS.


Síndrome


Me rodeas indigente de ternura. Me apretujas, me acorralas, me asfixias, me exasperas. Te esquivo, me asaltas, me persigues. Me aletarga tu sucio vaho. Me penetras, entumes, oprimes, estrangulas. Expectoras nube plúmbea. Lloriqueo, toso, me escabullo. Embozándome, respiro. Voy cediendo. Te aborrezco. Me haces falta si me alejo. Yo soy tú. Me empujas. Trastabillo y te evado. Me aturdes, te rechazo. Sabes segregar: arrinconas, separando; apartas, sojuzgando. Extenúas. Tú te arruinas. Me repelo de quererte. Resplandeces oreado. Me refulges de crepúsculos y plateas cordilleras malveando los celajes. Te repudio y te admiro. Pese al duelo, padezco síndrome de Santiago de Chile.


Iglesia de Tyn

Cada mañana, al despertar un judío praguense que escribe en alemán, corre la cortina de su ventana abierta en el muro del altar lateral de la Iglesia Tyn de la Virgen María y escudriña las actitudes remordidas de los orantes. Mirón de las contriciones, culpas y remordimientos, se baña de auras. La Iglesia de Tyn no da a la calle y su muro de piedra negra se traga la luz.


Cementerio de la ciudad vieja

K., el niño, para jugar, no tiene sino el cementerio judío de la Ciudad Vieja. Por fuerza, debe pasar ante la estatua de Jan Hus y, como toda vez, un aleteo de urraca le toca el corazón: cura que sabe latín y en checo escribe, puede asarse en la hoguera.

Dentro del cementerio no corre sino salta sorteando lápidas. Terreno erizado de piedras sin flores ni pasto, apenas unos adustos cipreses.

Nadie sabe qué deseo escribió en un papel y lo metió en un intersticio de la estela empinada sobre la tumba del rabino Loew, el creador del Golem.


Karlstein

Soberbia humana impregna la piedra del castillo construido para albergar el ascetismo, la meditación y la sensualidad atormentada de un rey lujurioso. Abajo, muy abajo, la aldea chata. Apenas un sendero tenue y escarpado accede al castillo donde nunca pudo entrar el joven K.


Acto fallido

El subconsciente del expresionista K. le jugó una mala pasada: pese al proceso y a la condena autoimpuesta, actuó en pro de la vida. Se negó a destruir a los hijos y, lanzando una botella al mar de la eternidad, se los encargó a su amigo Max Brod.


Pegazón del moridero

Envuelta en distancia y queja, cuando sube la cortina del sueño se sacude de los fantasmas amodorrados para descubrir que el cansancio del reciente baile, la larga caminata y la carrera fueron pura imaginación. Dolor palpable de no poder correr, trepar, agacharse, erguirse. Sus vértebras y coyunturas se sublevan, la ataca la tos y los pulmones resuellan como fuelles vencidos. El cuerpo duele a fondo y a pedazos como los recuerdos amargos de las injurias, las calumnias, las injusticias. Agobiados los hombros. Las manos que antes fueron tan inquietas ya no bordan, no tejen, escriben con torpeza, dejan caer las cosas, tiritan. Falla el pulso.

Los libros que fueron su razón, su juego, su vicio y sacrificio, su derroche, permanecieron un año amontonados en una bodega. Los protegió, atesoró, transportó contra viento y marea. Salen de la modorra desvencijados, fuera de orden y concierto como soldados borrachos perdidos en un campo desconocido después de la guerra.

Muchos la acompañaron en días amargos del exilio en piezas alquiladas, cuartos sobrantes junto a las cocinas: alguno maloliente a plátanos fritos, otro inundado después del repugnante desborde de una alcantarilla. Perdió la noción del espacio, se golpeaba contra la muralla al despertar porque no sabía dónde estaba instalada la cama esa vez. Se mudaba portando ladrillos y tablones para armar el improvisado estante de la biblioteca.

Ahora, casa desarmada, libros revueltos, dispersión de la mente, de los objetos, de los recuerdos. Vencimiento.

Cómo borrar la borradura. Borra dura encostrada en el alma.


Mirada interior

En las bóvedas del corazón insertaba sus sueños desbaratados. Pretendía escuchar el silencio del mundo en la noche total.


Alerce asesinado

Era un tronco poderoso, pero le embutieron una duela y la golpearon hasta rajarlo.


***

Virginia Vidal (Santiago, 1932-2016)

Novelista y periodista. Entre sus publicaciones destacan: Ensayo: Neruda Memoria Crepitante, Ediciones Tilde, Valencia, España 2003. Novelas: Javiera Carrera Madre de la Patria. RIL Ediciones, 2010 (2ª ed.). Javiera Carrera Madre de la Patria. Editorial Sudamericana, 2000; Oro, Veneno, Puñal. Brosquil Ediciones, 2002, Valencia, España; Balmaceda Varón de una Sola Agua. Editorial Los Andes, 1991. Declarada Material Didáctico complementario de la Educación Chilena, Informe Técnico Clase A Nº 110, 1991; Cadáveres del Incendio Hermoso, 1990. Premio de Literatura de la Municipalidad de Santiago, 1991. Premio de Novela “María Luisa Bombal” de la Municipalidad de Viña del Mar 1989; Rumbo a Ítaca, Editorial Pomaire, Caracas, 1987. Cuentos: Gotas de tinta y palabreos. Parvos relatos. RIL Editores 2009. Incluidos en Cuentos chilenos, edición y prólogo de Danilo Manera. Ediciones Siruela, Madrid, España, 2006; Crímenes de Mujeres, selección y prólogo: Ana Vásquez Bronfman y Virginia Vidal. Catalonia, 2004; Las mujeres cuentan, Simplemente Editores, 2010; Mujeres de palabras, Ministerio de Educación, 2009; Arden Andes. Antología de microficciones argentinochilenas. Ed. Macedonia, B. Aires 2010; La Flor del Día-Trofeos de Lectura, Raúl Brasca y Luis Chitarroni. B. Aires, 2007; La Pluma y el Bisturí, Luisa Valenzuela, Raúl Brasca, Sandra Bianchi, Catálogos, B. Aires, 2008; "Micrónicas y Chispas", en Asedios a una nueva categoría textual: el microrrelato. III Congreso Internacional de Minificción 2004, Andrés Cáceres Milnes y Eddie Morales Piña, Universidad de Playa Ancha, Valparaíso; Escritos Disconformes Nuevos modelos de Lectura, Francisca Noguerol Jiménez, Aquílafuente. Ediciones Universidad de Salamanca, 2004. Sus últimas novelas publicadas por Ceibo Editores son: Letradura de la rara (2013) y Agustina la salteadora a la sombra de Manuel Rodríguez(2015).
 
 
Descansa en paz, querida Virginia
 












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