Sientes unas manos frías y no hay nadie cerca. Sientes un aliento en la nuca y corres otra vez.
El hacha se cansó y los cortes son cada vez menores, tu vida escapa un poco más lento. Él observa complacido su juguete.
En el charco que vas dejando, la luna y tu rostro son los únicos acompañantes.
Sueñas con una sonrisa cadavérica, mirándote, esperándote ansiosa. Despiertas antes en la operación.
Miras tus manos manchadas de sangre seca. Estás solo en tu cama inmaculada. No recuerdas quién fue esta vez.
Despiertas en la oscuridad, tratas de levantarte y golpeas algo duro y piensas en cuánto aire aún tienes. Gritas, mientras nadie escucha.
El hombre siente unos rasguños cuando cierra el horno del crematorio. No es la primera vez.
La puerta se cierra nuevamente, ya pasaron seis meses de encierro y trata de ocultar su otra vida a ese que apenas conoce.
Escribe sin parar. Los dedos ya dejaron de conocer sus uñas. Las teclas tienen manchas de grasa y sangre. Los otros esperan su turno...
Ella famélica y él tan pequeño y tierno. El bebé empieza a llorar. La madre corre pensando en brujas y calderos. Silencio.
Cae la mano del príncipe inquieto, ante la Reina Nieves que ya no lo ve tan perfecto.
El esqueleto yace en un rincón, los huesos lisos por el fuego. La manzana pudriéndose en su mano.
Se sienta en el auto, busca sus hijos. No tiene auto, ni hijos. Sólo él tratando de escapar de esta realidad.
Se besan. Ella muerde primero. Él siente su calor. Cuando los encuentran, solo hay cenizas.
El hombre destapa una tumba, luego otra. En la siguiente oye rasguños y gritos muertos. Sonríe encontrando su futuro experimento.
Una casa gris. Niños traviesos. Noche oscura. ¿Fantasmas? En cada ruido o broma. Hasta que encuentran al real. Los que quedaron aún no hablan.
Las luces inquietas me deslumbran. Miro resignado como se acerca mi muerte en forma de un conductor dormido.
Hay una ambulancia. Trato de esquivarla. Luego estoy en ella. Cierro los ojos y me olvido de respirar.
Deseo verte. Deseo olvidarte. La luz de la heladera muestra tu rostro tan bello. Lo único que queda ya de ti.
Agua por todas partes, tapo una gotera, luego otra. El agua entra rompiendo la ventana y tomo aire para la próxima ola.
Luna de cazador llena de recuerdos. Ya no quedan hombres , solo los lobos.
Celular sonando, otra vez. Miro, contesto. Otra vez suena. Miro, contesto. El celular del otro suena. El mío yace tan apagado como yo.
Cárcel de piel, quiere arrancarla a mordiscos. Odia esos pelos, el sudor repugnante. Le ofrecen una alternativa. El robot sonríe en su perfección. Esos ojos tan humanos.
Ángel de venganza, los hombres ya siguen tu podredumbre, la tierra es una guerra ¿Qué más puedes ofrecerme que este infierno de todos los días?
El viejo camina sin rumbo. Sus ojos ciegos no ven el pozo que se acerca. Solo la noche siente su grito.
Negro sobre blanco, pasan las hojas. Trata de dejarlo, lo atrapa, lo termina. Quiere apagar la luz, otro libro aparece. Ya no dormirá otra vez. Nunca. Pasan las hojas.
Ella acaricia la mejilla lampiña del hombre de turno. Él mira extasiado su conquista. Pronto no tendrá nombre, ni vida, será el juguete del súcubo de turno.
Salen las llamas, trato de detenerlas. Inútil. Miro consumirse el amor imposible de mi princesa y un monstruo como yo.
No hay palabras, solo ojos observando las caras olvidadas. No hay miradas solo bocas abiertas sin dientes. Rostros que se pierden en el granito de su piel. Fisuras de piedra que buscan el aliento de su creador. Él trae a otro, con los ojos vendados, el cemento lo preservará como la carne no pudo.
Ella está a la orilla de la playa, perdida en recuerdos. Siente el frío tacto de una caricia olvidada, la compañía del viento que la abraza. Él está cerca, casi tocando su mano. La mira triste mientras desaparece en una ola.
Ella revisa lenta, pausada, mira cada punto, cada coma. Se pierde en la historia, respira. Vuelve atrás, encuentra una falta, se gira hacia el escritor y agarra el cuchillo.
Él sabe que le quedan pocos dedos y muchas palabras aún.
***
J. Gustavo Tochetto (Montevideo, Uruguay, 1973). Soy Analista programador, apasionado de la informática, la botánica y la narrativa. Además, integro un taller literario hace 11 años, escribiendo cuentos en sus páginas compartidas.
A veces me gusta pensar que creo algunos universos donde las palabras se cruzan con las personas incorrectas y suceden historias difíciles de olvidar.
Soy fanático de Stephen King, Rowling, Arthur C. Clark y me gusta leer cosas poco conocidas, como grimorios o biblias infernales, pero eso no lo quieren saber.
Proyecto una novela de historias invisibles para el año que viene, con 53 cuentos un número mágico para mí.
He publicado en varios libros de Taller, algunos como:
Antología: La rebeldía de los objetos
- Relato incluido: «Cosas»
- Editorial / Edición: Taller Literario Club Brasilero
Antología: Por Beber los Vientos
- Relato incluido: «Purificación»
También con el cuento «Gato» gané un 3er premio en un concurso hecho por la «Parroquia Reducto».

